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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-05-2010

Grecia, Euro, Europa... Crisis y chismes. La hiptesis de "cuanto peor, mejor"

Jean-Michel Vernochet
geostratgie.com

Traducido para Rebelin por Juan Agull


 Y si todo este cuento, esta crisis econmica degenerativa, no fuera ms que una conjura, de enormes dimensiones, para doblegar a los gobiernos europeos? Si no se tratara ms que de mantenerlos ocupados y de hacerles aceptar una suerte de tutela econmica internacional; un dirigismo ajeno, por supuesto, a la voluntad popular, a la que se le estara hurtando toda forma de expresin? La Unin Europea que, vctima de una aguda crisis fiscal, ha necesitado la ayuda del Fondo Monetario Internacional (FMI, de unos 250.000 millones de euros) no poda arriesgarse a repetir el fiasco electoral de 2005, cuando fue votado [NDT: y rechazado] el Tratado Constitucional Europeo. En el contexto actual, una vez que se ha despojado a los Estados miembros de sus ltimas veleidades soberanistas, se les puede hacer operar, a golpe de silbato, como si de un solo hombre se tratara. Teora de la conspiracin? No tanto, si se contemplan las cosas con atencin

El ataque financiero lanzado contra Grecia como consecuencia de su elevado endeudamiento y de su potencial insolvencia se ha transformado, rpidamente, en una ofensiva contra el euro, o sea, contra la Unin Europea. Tcnicamente hablando, el referido escenario solo tiene una lejana relacin con los problemas estructurales de la economa helnica. Los vicios que se le achacan a Grecia se parecen mucho, en realidad, a los de la mayora de pases postindustriales que es verdad que tienen la mala costumbre de vivir del crdito, muy por encima de sus posibilidades. Eso es lo que explica crecimientos exponenciales del endeudamiento y en ltima instancia, burbujas financieras susceptibles de estallar en cualquier momento.

Todo apunta a que, tras la brutalidad del ataque contra el euro y ms all de la ancdota coyuntural de un puado de especuladores inconscientes, vidos de ganancia, subyacen otros objetivos geopolticos- calculados mucho ms framente. Y ello, sobre todo, porque los apetitos especulativos, por codiciosos que sean, no pueden explicar por s solos la duracin de una ofensiva que amenaza, incluso a corto plazo, no solo a la Zona Euro sino a la mismsima Unin Europea.

La multiplicacin de las crisis durante estos ltimos decenios est desplazando el eje de la poltica mundial hacia Eurasia (regin particularmente cara al geopoltico estadounidense Zbigniew Brzezinski) y permite suponer, adems, que Europa est siendo, precisamente en estos momentos, escenario de una gran batalla, librada en el marco de una gran guerra geoeconmica mundial en la que, por cierto, el Viejo Continente tiene muy poco que hacer.

De hecho, la adopcin como consecuencia de las insistentes presiones de la Casa Blanca- de un plan europeo para la financiacin de la deuda pblica (Plan de Ajuste) no solo no constituye un remedio serio a la crisis financiera, que es estructural (y que adems, en realidad, afecta por igual a todos los pases occidentales, comenzando por Estados Unidos) sino que va en contra de los deseos, explcitos, de una rpida integracin europea como condicin sine qua non para la creacin de un bloque occidental slido e incluso necesario, en el marco de unas relaciones internacionales cambiantes.

El referido Plan de Ajuste responde a una crisis de confianza y de solvencia (extremadamente artificial al principio pero convertida, posteriormente, en real como consecuencia del efecto bola de nieve que se termin induciendo) provocada por la necesidad de recapitalizacin de los Estados en un contexto de liquidez menguante. El Plan Europeo, de 750.000 millones de euros, supera al Plan Paulson (de 700.000 millones de dlares) que se ide, tras la debacle del sistema financiero estadounidense -en septiembre de 2008- para reflotar a este ltimo con fondos pblicos. Las consecuencias de dicha medida las estamos padeciendo actualmente: la recapitalizacin del sector financiero solo ha servido para endeudar a los Estados a ambos lados del Atlntico.

El problema de fondo radica en que la crisis financiera, cuyo epicentro estuvo en Estados Unidos, tras desencadenar la recesin es decir, tras carcomer el crecimiento econmico- ha terminado por gangrenar los recursos fiscales de los Estados, complicando an ms el pago de los intereses de una deuda que, de por s, ya resultaba algo ms que considerable (la tasa media de endeudamiento en la Zona Euro ronda el 78%!). Actualmente, la Unin Europea con su Plan de 750.000 millones de euros- est endeudndose an ms, lo cual, en lo inmediato, est afectando a los presupuestos pblicos de todos los pases. Y todo esto, en teora, para restablecer la confianza de los mercados

Con el referido objeto y en lnea con su lgica soberanista- la UE acaba de ponerse bajo la gida del FMI, que va a concederle crditos por valor de unos 250.000 millones de euros. Hasta ahora, la especialidad del FMI haba consistido en acudir en ayuda de las titubeantes economas de los pases del Tercer Mundo imponiendo, sin misericordia, sus llamados planes de ajuste estructural. Se trata, por consiguiente, de un organismo supranacional, militantemente globalizador, que pretender supervisar de forma ms o menos directa- las estructuras de gobernabilidad econmica de las que probablemente se dotar la Zona Euro si antes, eso s, no termina desapareciendo sin solucin de continuidad.

Desde Londres, el demcrata estadounidense Paul Volcker (ex Presidente de la Reserva Federal) est demandando con insistencia dichas iniciativas, ya que el relanzamiento del euro constituye una necesidad imperiosa para mantener a flote las economas estadounidense y britnica (pas que, al ser un alumno privilegiado de la clase euroatlntica, se est manteniendo al margen de la crisis que padece el Continente).

La Canciller Federal alemana, Angela Merkel, se ha tenido que resignar a aceptar el Plan de Ajuste del FMI para los pases de la Zona Euro como consecuencia de las amenazas que segn un persistente rumor- le habra realizado su homlogo francs de salirse del euro para regresar al franco. Y es que, aunque es cierto que a la Alemania productiva le cuesta prestar, no lo es menos que un eventual retorno al marco resultara catastrfico para su economa ya que, al tener una divisa demasiado fuerte, Alemania perdera competitividad, uno de los fundamentos ms importantes de su economa. Bast un chantaje, por consiguiente, para que Berln se plegara a pasar por las Horcas Caudinas impuestas desde la Casa Blanca.

Lo malo es que estos dictados nos estn conduciendo hacia una gran trampa: los capitales obtenidos por los Estados en los mercados o prestados por el FMI para salvar a los PIIGS [NDT: acrnimo de Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y Espaa que, en ingls, remite a la palabra pig , "cerdo"] al conllevar, implcita, la posibilidad de una bancarrota, vienen acompaados de la obligatoriedad de activar mecanismos adicionales que garanticen la sostenibilidad, a largo plazo, del euro. Dicha moneda, siempre desde esta perspectiva, para ser slida (y devolver, as, la confianza a los sacrosantos mercados) necesitara apoyarse en la existencia de toda una serie de instituciones federales (reclamadas en Francia con especial ahnco por Jacques Attali). La reivindicacin bsica radica en la creacin de una Agencia Europea del Tesoro -que prestara en nombre de la UE- y de una suerte de Fondo Presupuestario Europeo, al que se le otorgaran plenos poderes para controlar que el gasto pblico de los pases de la Zona Euro no sobrepasara, jams, el 80% de sus PIB.

Retrica al margen, de lo que en el fondo se trata es de imponer una tutela econmica a los Estados miembros, con la excusa de salvar a la Zona Euro de una, al parecer, indefectible desarticulacin. Dicha amenaza, por lo visto, funciona muy bien ya que, en Europa, la eventual desaparicin de la divisa nica constituye un autntico tab poltico.

Actualmente existen proyectos que prevn que, incluso, los presupuestos de los pases de la Zona Euro pudieran ser fiscalizados y aprobados por una suerte de triunvirato compuesto por la Comisin Europea [NDT: lo ms parecido a un ejecutivo], el Banco Central Europeo y el Eurogrupo. Si eso ocurriera, dnde quedara la voluntad popular y para qu servira el Parlamento Europeo?

El problema es que, hasta el momento, nadie se ha tomado la molestia de denunciar el sofisma (por no decir el absurdo) que supone argumentar que restauracin de la confianza en los mercados ha de pasar, necesariamente, por la aplicacin de toda una serie de polticas de ajuste. En primer lugar porque acaso se va a permitir que los mercados impongan, por s solos, sus propias leyes a todos los dems? Por otro lado porque acaso no empieza a ser momento de poner en duda el capitalismo accionarial, annimo y viscoso, capaz de arruinar a un pas detrs de otro, siguiendo quin sabe qu opacos criterios?

La gobernabilidad econmica europea no es la solucin, como tampoco lo es la liquidez: ninguna de las dos garantiza, por s misma, una superacin de la actual crisis. El sobreendeudamiento inducido por el Plan de Ajuste no es ms que una falsa solucin impuesta desde el exterior, cuya finalidad ltima consiste en promover una subordinacin de Europa a los mercados de capitales y por ende, a los trminos de su ignominiosa dictadura.

La simple idea de una gobernabilidad econmica es autoritaria y carece de sentido, ya que ignora toda la gama de matices sociales y polticos sobre los que se asienta el proceso de construccin europea (modelos de crecimiento diferentes, regmenes fiscales heterogneos, etc.). Se trata, por ende, de una concepcin muy ideologizada, en suma, de un proyecto poltico camuflado que incorpora elementos incompatibles con la prosperidad econmica y el bienestar social.

Algunos que no dudan en hablar de una dictadura econmica que se le estara imponiendo a la UE- resaltan que esta crisis no es ms que el pretexto perfecto para instaurar un Gobierno europeo centralizado que despreciara la voluntad popular, ya pisoteada mediante el Tratado de Lisboa. Cierto o no, lo que parece seguro es que la actual crisis tiene algo de artificial, de prefabricada, de contrapuesta, en definitiva, al curso normal de las cosas. Pese a ello se habla de una lgica mecnica que de todos modos, lejos de ser annima, est indisolublemente ligada al proceder de los grandes traficantes de dinero y otros mandones que suelen dejarse caer, como buitres, sobre las Bolsas.

Ms all de las apariencias, lo que hay que tener claro es que los que en realidad siguen haciendo y deshaciendo son los grandes barones del Partido Republicano, y ello gracias al seductor Barack Obama. Por eso Estados Unidos tiene un doble discurso: el de los mercados y el de su presidente, que suele intervenir para tranquilizar a los europeos en estricta aplicacin de la Doctrina Monroe de no intervencin en los asuntos internos europeos, a menos que los intereses estratgicos de Estados Unidos pudieran verse afectados- y para urgirlos a estabilizar su moneda, o sea, las polticas econmicas europeas, indisociables de la salud, buena o mala, de su moneda comn. Todo eso, por supuesto, no es injerencia en los asuntos internos de Europa, no! Aunque se han parado a imaginar por un momento a Angela Merkel o a Nicolas Sarkozy organizando Manhattan?

El otro discurso, inaudible fuera de los crculos de poder, es el que enarbolan los amos de los mercados; es decir, los personajes annimos que ordenan millares de operaciones sin que los gobiernos puedan identificarlos fcilmente, como reconoci hace poco, patticamente, la ministra francesa de Finanzas, Christine Lagarde. Se trata de aquellos que juegan al yoy con las bolsas como los gatos lo hacen con los ratones: descontando las mismas subidas y bajadas que ellos mismos provocan.

Esta criptocracia, ese poder internacional ante el cual el margen de maniobra real de los polticos es reducido, est compuesto por un puado de personas con magnos intereses materiales e ideolgicos (porque no olvidemos que las ideas son las que, en realidad, gobiernan el mundo; el dinero es solo un instrumento para ponerlas en prctica). A dichos personajes les caracteriza un irrefrenable deseo de poder y una bajeza moral sin lmites, como demuestran las guerras que alientan o preparan en Asia Central, en el Cucaso o en Oriente Medio.

Esos oligarcas conforman la lite financiera, trabajan en los complejos militar-industriales, en las petroqumicas y en la ingeniera gentica, pero tambin son detectables entre los idelogos y los grandes tericos que viven de legitimar el sistema; entre los nuevos predicadores, en definitiva, de la religin de la ganancia como nueva forma de monotesmo, el del mercado. Lo curioso es que esa gente tiene un discurso muy diferente al que articula el ventrlocuo que tiene en sus rodillas el carismtico Barack Obama para que suelte sandeces neurolpticas destinadas a las masas inquietas o para sermonear a los dirigentes europeos.

Cmo explicar, entonces, la evidente contradiccin existente entre las inquietudes expresadas por el presidente Obama con respecto a la devaluacin del euro legtimas, ya que a Estados Unidos le conviene un euro fuerte que siga garantizando que sus empresas sean competitivas, financie sus terrorficos dficits presupuestarios (1,4 billones de dlares) pero, sobre todo, pague el esfuerzo blico del Pentgono en Irak, Afganistn y Pakistn- y la campaa de desestabilizacin de las economas occidentales (e incluso asiticas) mediante ataques reiterados y sistemticos contra el euro en los mercados?

Hasta tal punto son voraces, inconsecuentes e irracionales los especuladores? No son, acaso, lo suficientemente inteligentes como para darse cuenta de que esta ofensiva contra la UE pone en peligro a todo el sistema porque est llevando a la economa mundial al borde de una nueva fase de caos? Por qu, entonces, esta suerte de danza al borde del abismo? Porque lo que ya no puede seguir sirviendo de excusa es esa estpida frivolidad, segn la cual, los mercados tendran vida propia y que, precisamente por eso, resultaran incontrolables En otras palabras, que todo esto no sera culpa de nadie sino simple consecuencia de una imposibilidad material para controlar a los actores implicados y a sus excentricidades irracionales.

Plantemoslo, entonces, claramente: el riesgo de crac forma parte del meollo de la ttrica partida que est siendo jugada. Los grandes jugadores, fros y calculadores, gustan de la teora de juegos (de Neumann y Morgenstern), construccin probabilstica ideada, en su tiempo, para asentar la doctrina de la disuasin nuclear Gana el que ms rdagos letales lanza. El ejemplo ms elocuente es lo que est ocurriendo actualmente: desestabilizar las economas europeas, a pesar de las incidencias, notables y ya mencionadas, que eso puede tener en trminos sistmicos, para algunos, tiene sentido. Por qu? Pues, para empezar, porque el caos financiero, monetario y econmico puede hacer ganar mucho dinero.

A comienzos del siglo XX, el economista Werner Zombart teoriz sobre la destruccin creadora, concepto posteriormente retomado por Joseph Schumpeter. Desde entonces, dicha idea en principio, positiva- se fue abriendo camino gracias, entre otras, a la teora de la catstrofe, enunciada por el matemtico francs Ren Thom y posteriormente, revisada y corregida por Benot Mandelbrot. Al final, gracias a la geometra fractal, termin aplicndose a los mercados financieros donde ya como Teora del caos- se puso de moda.

En paralelo, el economista Von Hayek, uno de los padres del neoliberalismo, pretendi aupar a la economa liberal al grado de ciencia exacta. De hecho, segn su bigrafo Guy Sorman el liberalismo converge con las teoras fsicas, qumicas y biolgicas ms recientes y en especial con la Teora del caos, propuesta por Ilya Prigogine. En la economa de mercado, como en la naturaleza, el orden nace del caos: la proliferacin descontrolada de millones de decisiones e informaciones conduce, ms que al desorden, a un orden superior. No se puede expresar mejor la que, desde nuestro punto de vista, constituye clave explicativa de esta crisis.

A finales de los aos 1990, el neocon estadounidense Michael Leeden, reputado Dr. Frankenstein de la economa moderna, aport un nuevo paroxismo conceptual al panten neoliberal: el desorden superior como paradigma legitimador, entre otras cosas, de todas las guerras de conquista del siglo XXI. Desde dicho punto de vista el caos iraqu o el que actualmente reina en Asia Central se pueden considerar generadores de ciertos efectos benficos a medio-largo plazo. Europa podra ser otro ejemplo.

Hipoticemos, de hecho, que el nuevo orden mundial que los promotores del caos global pretenden que salga de la actual crisis, d como resultado una Europa unificada, centralizada y federativa, controlada desde Washington a travs de una Reserva Federal que convierta al Banco Central Europeo en una suerte de sucursal suya tcnicamente controlada, eso s, desde el FMI (emanacin de un poder mundial emergente, tan desterritorializado como tentacular).

La deificacin del mercado, asociada a la idea de un caos creativo promovido a partir de la teora de juegos, podra terminar descontrolndose y todo ello, para satisfaccin del discreto club de aprendices de brujo que, bajo cuerda, conducen las riendas del mundo libre. Llegados a este punto, parece oportuno realizar un matiz: el caos (provocado, por supuesto) no es ms que una forma de gestin y de transformacin social, aparentemente pacfico, que no es ms que una especie de versin moderna del clsico divide et vinces (divide y vencers).

De hecho, el arriesgado juego habr valido la pena si, al final del mismo, Europa termina arrodillndose, comenzando por la pequea Grecia. Dicho pas que es -junto con Italia, Espaa, Irlanda y Portugal- uno de los eslabones ms frgiles de la Zona Euro ha sido, hasta ahora, una suerte de electrn libre que ha dificultado una integracin plena de los Balcanes en el tejido geoestratgico estadounidense y un control total de la VI Flota sobre el Mediterrneo Oriental (futuro spercorredor energtico en el que, actualmente, el proyecto de gasoducto occidental Nabucco est compitiendo con el programa ruso South Stream).

Si la UE, como consecuencia de la crisis, termina avanzando a marchas forzadas- hacia una gobernabilidad econmica federativa (que no hara sino confirmar y asentar las renuncias a las soberanas nacionales, ya consentidas para parir el euro) concluira una etapa histrica: la Comisin Europea compuesta, bsicamente, por tecncratas no elegidos y reclutados en funcin de criterios indiscutiblemente atlantistas- terminara teniendo un poder prcticamente discrecional. Ello supondra la prctica desaparicin de los Estados-nacin en Europa. De hecho, ya nada se opondra a la disolucin de nuestro Continente en un Bloque Transatlntico. La fusin del dlar y del euro terminara sellando la (re)unificacin del Viejo y el Nuevo Mundo.

No se trata de simples especulaciones, sino una proyeccin de las tendencias geopolticas en marcha consecuencia de una recomposicin del poder mundial- al alcance de cualquier avezado observador. De hecho, la suerte de los pueblos europeos parece estar echada, es decir, encadenada para lo mejor y para lo peor- al Destino Manifiesto de Estados Unidos. Y ello, con independencia de que termine convocndose o no un eventual nuevo Bretton Woods.

Al final de todo este proceso, puede que los especuladores tengan bastante que perder si la comunidad internacional termina ponindose de acuerdo para controlar sus apetitos y regular los mercados, pero, en todo caso, ellos, al haber promovido un caos constructivo, habrn creado las condiciones para que se produzcan nuevas confrontaciones. De hecho, el peor de los escenarios (a menudo evocado, en Francia, por personajes influyentes de la talla de Bernard Kouchner o Jacques Attali) es que los gobiernos terminen sintindose acorralados. En Kuwait, en 1991 o en Irak en 2003, entre los objetivos de la guerra apenas hechos pblicos, estaba el relanzamiento de la economa global, va reconstrucciones locales. Y eso por no mencionar otros intereses, mucho ms evidentes e inmediatos como las energas no renovables, la venta de armas y sus derivados, etc.

Sean los que sean los acuerdos, firmados por Turqua e Irn, sobre el enriquecimiento del uranio con fines mdicos; sean los que sean los problemas diplomticos que esos acuerdos entre aliados y enemigos de Washington puedan plantear, basta con releer al viejo cuentista Jean de La Fontaine para comprender de que la retrica del lobo siempre termina imponindose a la del cordero Esperemos que, en el actual contexto de extrema fragilidad de la economa mundial, cualquier salida de la crisis por la puerta del caos (constructivo) sea, al menos, pacfica, porque se ven venir guerras contra Irn, Siria y Venezuela a las cuales, por cierto, la pelcula Avatar hace una sorprendente alusin. Estados Unidos, por cierto, no sabra emprender esas iniciativas sin el apoyo de serviles coaliciones de Estados vasallos Una curiosidad: qu actitud adoptara, en ese caso, una Europa endeudada y desorientada?

Fuente: http://www.geostrategie.com/2647/grece-euro-europe-crise-et-chuchotements-lhypothese-du-pire

rJV



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