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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-05-2010

Dnde est la gente?

Daniel Guerra
Rebelin


Hace unos das tuve una interesante conversacin con un alumno, un estudiante de Filosofa inteligente, que razona sus argumentos y analiza cabalmente el entorno sociopoltico. Se preguntaba cmo acabara la crisis del capitalismo, y esperaba una reaccin popular, la aparicin de una nueva izquierda y la extensin de la democracia participativa. Yo le mostr mi escepticismo.

La mayora de ciudadanos estamos de acuerdo en el anlisis: los agentes que han provocado la crisis han sido ayudados por los Estados con fondos pblicos, mantienen sus posiciones de dominio y condicionan la recuperacin econmica a su favor con ataques especulativos contra focos de debilidad como la zona euro. Desde la cada de Lehman Brothers, llevamos dos aos escuchando por parte de los gobernantes cantinelas sobre la refundacin del capitalismo y la regulacin de los mercados, pero al cabo de ese tiempo seguimos igual, si no peor. No cabe esperar grandes regulaciones del mercado por parte de polticos liberales, conservadores, socialdemcratas y democratacristianos que volvern al sector privado tras su paso por la poltica. El aplazamiento de la regulacin europea de los hedge funds a peticin de Brown fue muy sintomtico: el lder laborista, supuestamente de izquierdas, tema los efectos electorales de una medida de izquierdas. El lder laborista no quera molestar a los sindicatos, sino a los financieros de la City: el mundo al revs, o ya no tanto.

Paradjicamente, las nicas intervenciones activas de los gobiernos han sido para ayudar a los bancos y recortar derechos sociales. Las ayudas a los bancos se han justificado por el temor a su falso chantaje: si caen ellos, caemos todos. No es cierto: si caen ellos, caen los accionistas y los directivos, pero no los depositantes, cuyas cuentas estn cubiertas por los Fondos de Garanta de Depsitos. Y si de crdito a familias y PYMES se trataba, lo propio era que el Estado, mediante un banco pblico, lo facilitara directamente. Al final, los fondos pblicos han sido utilizados por la banca para equilibrar sus balances, pedir prstamos al BCE al 1% y comprar deuda del Estado al 4%: negocio redondo. En el caso espaol, habra sido ms lgico que un Gobierno supuestamente socialdemcrata prestara dinero pblico a los bancos a cambio de acciones antes que de activos financieros. As, el Estado ha perdido la oportunidad de entrar en el capital social de los mismos y de poder controlar el destino del dinero facilitado.

El capitalismo no est en crisis, sino en reestructuracin. Una cierta izquierda lo plantea como derrota del neoliberalismo por sus devastadores efectos: todo lo contrario, pues para el neoliberalismo tales efectos no son intrnsecamente indeseables, sino contingentes. La mano invisible descrita por Adam Smith (*), esa mano que est detrs de todas las operaciones y que acaba ajustando los factores econmicos, acta en clave de seleccin natural, en la que los fuertes se estn comiendo a los dbiles. No estamos, pues, ante una crisis DEL capitalismo, sino EN EL capitalismo; no una crisis del sistema, sino de algunos de sus componentes, que otros no slo no la sufren sino que se benefician de ella. El sistema se est adaptando, y tras los necesarios ajustes -con la agradecida ayuda de los Estados- resurgir con ms fuerza que antes. Para el marxista, el capitalismo ha fallado; para el neoliberal, han fallado los dbiles y los chapuceros, pero el sistema tiene larga vida porque no hay otro. Algn da, esa mano invisible har encajar las grandes cifras macroeconmicas y todos volveremos a vivir por encima de nuestras posibilidades, que son cuatro das.

En este contexto, dnde quedan los ciudadanos, la democracia, la izquierda? Ni estn, ni se les espera. En el combate entre Estado y Mercado, claramente vence el segundo. Constatamos que los bancos y los especuladores se aprovechan de la situacin y consolidan sus posiciones de dominio econmico y poltico. El abuso es manifiesto y provoca ms desempleo, ms desigualdad, ms recortes sociales y mayor dependencia de los Estados, cuya soberana se ve limitada. Todos lo vemos. Reaccionamos? No. Algo en Grecia, la primera vctima propiciatoria, pero poco ms. El sentido internacionalista de una verdadera izquierda se tomara las revueltas griegas como el anticipo del fantasma que va a recorrer Europa. Presentara a los ciudadanos griegos como la vanguardia del movimiento popular europeo que se alzara contra este capitalismo arbitrario y salvaje. Sin embargo, las revueltas griegas se ven como eso, especficamente griegas, lejanas, televisivas. De momento, parece que no hay riesgo de contagio y los capitalistas siguen tranquilos.

En el caso espaol, ni los sindicatos se atreven a convocar la Huelga General. Su dependencia de las subvenciones estatales les ha llevado a una identificacin excesiva con un gobierno dbilmente socialdemcrata, y en este momento no gozan de la credibilidad necesaria para provocar la contestacin popular. Por otra parte, el sindicalismo de clase se ha convertido en un sindicalismo de empresa: se movilizan los empleados de un centro de trabajo ante un cierre o un ERE, pero eso no provoca la solidaridad automtica de los dems trabajadores. En una sociedad tan estratificada como la actual, el concepto de clase se ha diluido. La dualidad creciente entre obreros empleados y desempleados identifica a las centrales sindicales con la defensa de los primeros y el olvido de los segundos.

Por ello, observamos cmo las respuestas a la crisis son mucho ms individuales que colectivas: cada uno se busca su salida, lo que detrae energas para una contestacin masiva. La escasa asistencia al reciente Primero de Mayo es un ejemplo de la apata y del desinters de muchos ciudadanos por articular una respuesta de clase o cvica contra la crisis. Ni los sindicatos ni las izquierdas estn en condiciones de movilizar a la sociedad. La supuesta izquierda gobernante es la que, con todo el dolor de su corazn, recorta los derechos sociales como les mandan los mercados y la UE; y la izquierda alternativa no encuentra ni su espacio ni su discurso, envuelta en interminables refundaciones y peleas internas. A falta de lderes y de un discurso coherente, el juez Garzn se erige en icono de una izquierda que se moviliza por causas del pasado ms que del presente.

El alumno de Filosofa, impecable en su discurso cvico, confa en las posibilidades de Internet y de la democracia participativa. Cuidado: la red abre espacios de democracia de opinin, pero no necesariamente de movilizacin. En trminos de Manin (**), ampla los mrgenes de la democracia de audiencia, pero no de la participativa. Podemos expresar abiertamente nuestra opinin ms radical e intransigente en los numerosos foros abiertos en la red, pero no est claro que eso inquiete a los poderes financieros si no se traslada a la calle.

En cuanto al desarrollo de la democracia participativa y deliberativa, la Ciencia Poltica sigue analizando ms o menos los mismos casos desde hace aos: los ensayos de democracia local en Porto Alegre y el Suroeste de Brasil, el voto electrnico y las listas independientes de los caucus norteamericanos, la elaboracin social y abierta de los presupuestos en algunos ayuntamientos, y las consultas que de vez en cuando se convocan en diversos municipios. La democracia participativa se mantiene en un contexto local y en una fase experimental. La representativa, por su parte, sigue mediatizada por las lites de unos partidos cerrados, poco flexibles al debate interno y reacios a las listas abiertas y desbloqueadas. Mediante las redes clientelares que extienden en los territorios que gobiernan, estrechan sus relaciones con los poderes econmicos. Los sistemas de partidos nacionales estn bien encauzados por las lites dirigentes, y mientras tanto la Unin Europea sigue con su dficit democrtico. La ofensiva actual del neoliberalismo contra el poder poltico hace que el mercado condicione al Estado y la economa a la poltica, cuando debera ser al revs. La democracia liberal acaba siendo una quimera. En esto, no le faltaba razn a Marx.

Por lo tanto, muchos ciudadanos conocemos el problema y acordamos el diagnstico: el capitalismo no funciona, es injusto y socava la democracia: hace falta una alternativa. Pero quin la define, quin la defiende y quin la aplica? El comunismo fracas y la socialdemocracia se ha vendido. Quin le pone el cascabel al gato, y cmo ha de ser este cascabel? Sinceramente: no lo s. Hay activistas, polticos y un pensamiento econmico de izquierdas. Pero no hay lderes ni organizacin. No falta la alternativa terica, sino la prctica. Falta el referente. Y falta lo bsico, el agente protagonista: el pueblo, cuya soberana est en discusin y no hace gran cosa por evitarlo. Por desidia, por desengao, por cansancio o por individualismo, no se prev una contestacin social en un pas con casi cinco millones de parados. Con la que est cayendo, la pasividad es la nota dominante. La actitud de la clase poltica no es modlica, el desencanto derrumba la esperanza, la educacin se resiente y la televisin nos inunda con programas en los que los modelos sociales son personajillos que triunfan sin estudiar ni trabajar. Programas deleznables que son vistos diariamente por millones de personas.

Nuestro entorno cultural no es cvico, crtico y social, como en el norte de Europa. Nuestro entorno cultural es consumista, materialista, individualista y, en cierta medida, comprensivo con la corrupcin. La corrupcin econmica, la poltica y la cultural es la que define en buen grado esa mano invisible de la que antes hablaba, y que penetra en todos los resortes del poder. Este es el entorno que nos envuelve, en el que vivimos y respiramos. Es un entorno cultural capitalista, y no es fcil impedir que nos contamine. La izquierda alternativa juega, voluntariosamente, en terreno visitante. El resultado es una encrucijada pirandelliana: o la izquierda no encuentra a su pueblo, o el pueblo no encuentra a su izquierda. Econmicamente, el pueblo no se plantea otro sistema, y polticamente vota a una izquierda de mentirijillas para que no gane la derecha de verdad. Las diferencias polticas cada vez son ms inapreciables, pero an nos creemos que sirve de algo votar a Sagasta para que no gane Cnovas.

Hace ms de treinta aos, Llus Llach nos contaba, en Damunt duna terra, que la gente lo tena ms claro: en Maurici sap molt b / que si noms dubta poca cosa t / En Maurici sap qu fer/ trobar els companys i sortir al carrer (Mauricio sabe muy bien / que si slo duda poca cosa tiene / Mauricio sabe qu hacer / encontrar a los compaeros y saldr a la calle).

Mauricio saba qu hacer: no dudar y salir al encuentro de la gente. Entonces la gente, los compaeros, estaban ah. Hoy estn viendo la tele, tomando unas caas, preparando las prximas vacaciones o buscndose la vida como pueden, que no es poco. La gente est demasiado ocupada para pensar en revueltas contra el sistema. Por favor, no molesten.

Nota:

(*) Smith, Adam (1776, ed. 2009), Una investigacin sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, Madrid, Alianza Editorial. 

(**) Manin, Bernard (1998), Los principios del gobierno representativo, Madrid, Alianza Editorial.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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