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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-05-2010

A 24 aos del desembarco de armas de Carrizal Bajo por el FPMR

Luis Chino Rojas
Rebelin


A las seis de la maana del pasado viernes 21 de Mayo, en una impresionante camioneta 4x4, pintada al mas puro estilo Rally del desierto, desde Santiago emprendimos nuestra aventura hacia la zona de Carrizal, situada en los linderos del desierto de Atacama, el ms rido de la tierra. Tres expedicionarios integrbamos esta verdadera patrulla de exploradores de la historia. Nos esperaban un poco ms de ochocientos kilmetros de carretera al norte y casi cien de terraplenes y senderos hacia la costa, talvez borrados o disimulados por el paso del tiempo. Han pasado 24 aos desde las noches del 26 y 27 de mayo de 1986, cuando casi sesenta hombres y mujeres comunistas desembarcaron en medio de la oscuridad y el fro de estas costas desrticas, en una diminuta y escondida caleta, un poco ms de treinta toneladas de armamento, municiones y explosivos desde la goleta Chompalhue. Eran solo parte de los medios y recursos de la operacin de logstica clandestina de mayor envergadura realizada a lo largo de toda la historia de lucha de los pueblos en Amrica Latina.

Me acompaaban Freddy y La Negrita, el primero en verdad es Pablo Flores, uno de los huireros que desde noviembre de 1985 se mantuvo en la caleta Corrales, lugar preciso del desembarco clandestino, situada exactamente a diez kilmetros al norte del otrora puerto minero de Carrizal Bajo. Pablo en ese entonces, con veintisis aos recin cumplidos, se mimetizara con el entorno hasta llegar a predecir las mareas, apreciar la calidad y la oportunidad del alga a comercializar y lograra determinar con certeza, por la caca y las huellas, el momento y la direccin del transito de los guanacos del desierto.

Era el ltimo de los subordinados de la empresa comercializadora de algas, Productos del Mar, diseada para encubrir la permanencia de estos hombres mientras preparaban las condiciones para el desembarco y trasiego del armamento. Ella, es una hermosa mujer a quin los represores y el paso del tiempo nunca lograron encontrar, es Vilma Olivares Cayul, parte de la empresa de cultivo de ostiones Chungungo Ltda., instalada en La Herradura, ensenada a menos de dos kilmetros al sur del mismo puerto y diseada para enmascarar hombres y botes durante casi un ao, tiempo de preparacin y realizacin de la operacin que haba nacido en diciembre de 1984, como consecuencia y requerimiento del Plan de la Sublevacin Nacional del Partido Comunista en su lucha contra la dictadura militar.

La primera noche nos hosped la misma familia que haba participado casi ntegramente en la operacin, la familia del Loco Juan. Muy temprano del sbado 22 salimos hacia Vallenar, la ciudad ms cercana al lugar de los hechos; desde all hay setenta kilmetros hasta el desaparecido puerto de Carrizal. Al momento de dirigirnos hacia la costa, el novsimo terrapln fue la primera gran sorpresa para Pablo y Vilma. Hoy es una amplia y compacta carretera, como lista y en espera del pavimento. Al poco andar nos sorprendi una lnea frrea de reciente creacin, un poco ms a la costa, nos cruzamos con un reluciente y largo tren cargado de mineral. El pueblito de Carrizal de cara al mar no ha cambiado mucho despus de 24 aos, las mismas deslucidas casas de tablas y calamina, la misma aosa iglesia azul y blanco de gruesos portones de madera, mientras salteadas se dejan ver algunas casas de dos pisos nuevas y de colores vivos.

La casa de la Alcaldesa de Mar, quin en los primeros das de agosto de 1986, denunciara extraas cosas que ocurran en la Caleta Corrales, dato inicial desencadenante del desastre de la operacin, estaba igual, sin grandes cambios y contigua a la casa oficina coronada por la bandera nacional, al frente, an resiste el mismo gran galpn rectangular y desvencijado, restos de almacn del desaparecido puerto. No son ms de doscientos habitantes respondi el joven dueo de uno de los pocos negocios-pulpera del pueblito ante la interrogante de Vilma, la gente emigra, la escuela es slo hasta sexto grado, no hay ms, remat como decepcionado. Al enrumbar con la poderosa camioneta preparada para la huella costera que nos llevara hasta la entrada de la caleta, nos sorprendi un imponente y pavimentado puente sostenido por gruesas columnas que cruza la ancha quebrada contigua al pueblito. Nos adentramos y todo el camino estaba igual, amplio y compacto. Nada de esto haba, exclam Pablo mientras miraba extasiado el perfecto terrapln; y yo preocupado por los cambios, talvez la entrada a la caleta habra desaparecido sellada por las autoridades. Vilma, sin poder abstraerse de su permanente sensibilidad social, nos trajo a la realidad sustancial: la gente est iguallas mismas y mayoritarias casas pobres, las menos son nuevas y relucientes y a la vista una imponente carretera, es como una reproduccin del pas en chico. Crecimiento sin desarrollo, apunt Pablo filosofando.

Pablo tena fundados temores de no encontrar la entrada. Mientras ingresbamos al paisaje desrtico y montono, a cada rato nos sorprendan numerosas huellas como urgindonos a tomarlas hacia el mar. El dato principal eran los diez kilmetros que existan por la costa desde Carrizal hasta la entrada de nuestra caleta. Eso no poda cambiar. El cuenta kilmetros marc diez y doscientos metros, y apareci la entrada. Estaba todo removido, se notaba el movimiento fresco de tierra. El camino va descendiendo a la costa a lo largo de mil trescientos metros, es estrecho, no obstante estaba limpio y parejo, a ambos lados, las mismas alturas rocosas y ridas de siempre lo escondan. Habamos avanzado apenas un poco ms de cien metros y encontramos una quebradita lateral que sala perpendicular al costado derecho del camino. Pablo emocionado y olvidando sus cincuenta aos, ascendi casi corriendo 20 o 30 metros por esa accidentada quebradita. Era el almacn de transito hacia donde se trasladaba el armamento desde la playa. All permaneca en espera para subirlo hacia el camino costero donde era cargado en camiones cerrados, imposibilitados de llegar hasta la caleta. Hoy podran descender hasta la misma rocosa playita. En el lugar an existen parte de las pircas levantadas con lascas rocosas como paredes del almacn refugio.

Al finalizar el camino la caleta apareci de bruces. Pablo y Vilma se quedaron en silencio, en algn instante l rompi con la fascinacin del momento: Me duele la guatame salta aqu seal apuntndose al epigastrio. La playita no tiene ms de diez a quince metros. La ensenada no llega a ms de trescientos metros hasta su salida, doscientos puede tener de un ancho muy irregular. Todo es como una bolsa de agua accidentada y escabrosa, rocas de todos los tamaos estn dispersas por doquier, mientras los altos farallones costeros protegen el extraordinario escenario. En ese minuto la mar se meca con calma. Caleta Corrales, estaba como diseada para cualquier operacin de desembarco clandestino. All mismo, en un ruco de paredes de piedra haba vivido Pablo con sus compaeros durante nueve meses. Con este escenario como un testigo indeleble, estos protagonistas recrearon la noche del 26 y 27 de mayo de 1986.

La goleta pesquera Chompalhue arrib a la caleta al filo de la medianoche de ese primer da. No se vea absolutamente nada y haca tremendo fro, acota Vilma. En algn instante encendieron una gran fogata para orientar a la goleta en medio de la oscuridad. Pancho, el patrn del pesquero con su corazn desbocado, la vio y puso proa hacia la luz con el barco achatado por la carga excesiva. La mar estaba brava, haba una fuerte y peligrosa marejada, recuerda Pablo. La nave entr a la baha, se meca con fuerza mientras Pancho y Santana con sus seis tripulantes luchaban por evitar chocar con las rocas; los botes de goma tiraron cuerdas intentando sujetarlo a las salientes cercanas. En un minuto una cuerda se enreda en la hlice dejando al barco peligrosamente sin control. Los buzos desde la playa se lanzaron y se sumergieron en las aguas oscuras, cortaron la soga y la Chompalhue por fin se estabiliz. Dos botes de goma y uno de madera deban realizar los viajes desde la goleta a la costa, mientras en la playa una larga fila de ms de cuarenta hombres y mujeres hacan una cadena desde los botes hasta el improvisado almacn del ruco.

Los primeros estaban con el agua a media pierna; ante alguna seal que nadie recuerda, comenzaron a llegar los primeros botes a descargar los paquetes. Todos estaban alborozados, nerviosos, algunos sentan una alegra infinita. Vilma no poda creer lo que estaba viendo, cuando de repente escuch que todos muy emocionados comenzaban a cantar la Internacional, mientras otros exclamaban ahora s ganamos, por fin se acab la impunidad. Compipita, este es un canto a la vida, gritaba Buschmann con su vos teatral, mientras el Loco Juan lanzaba continuas arengas graciosas. Pedro, el jefe de toda la operacin, desde la oscuridad miraba el trasiego sin permitirse la excitada algaraba. Saba que todo estaba recin comenzando. Los botes iban y volvan con insistencia, los hombres se agotaban, se mareaban y vomitaban en el ir y venir con esa mar encrespada. El fro era intenso, algunos sorbos de vino o pisco lo mitigaban. Con las horas los paquetes de fusiles o municiones parecan subir de peso.

El barco y su tripulacin agotada se fue al despuntar el nuevo da. Los hombres de tierra se dispersaron a dormir por el da en cuevas y resquicios preparados. La mayora haba llegado haca pocos das en camiones cerrados, exclusivamente para el descargue. Estaban extenuados y faltaba la mitad del cargamento. Al llegar la noche del veintisiete, todos vieron recalar nuevamente al Chompalhue. La maniobra de descargue y viaje de los botes logr una rtmica y eficiente coordinacin. Los hombres y mujeres en la playa formaron la misma cadena, dbiles arengas reflejaban el cansancio general. Con algunas excepciones, casi todos sufran dolores musculares.El Loco Juan, conocido por su extroversin y carisma, en algn instante y ante la peligrosa lentitud del trabajo, detuvo la operacin y los form a todos. Pablo ni Vilma recordaron expresamente sus palabras, pero en esencia les dijo que esas armas eran una extraordinaria oportunidad para ayudar al pueblo a derrotar a una dictadura atroz que haba desaparecido, asesinado, torturado, encarcelado y exiliado a cientos de miles de chilenos, los verdaderos comunistas ahora deban demostrar su amor por el pueblo por fin podramos defendernos y terminar con la impunidad y la humillacin. Dignidad, rescatemos nuestra dignidad, habra gritado casi al finalizar. La arenga dio resultado, hombres y mujeres salieron a comerse los paquetes que con velocidad llenaban el gran ruco de la playa. Al llegar los primeros claros del da, la tarea del primer desembarco haba terminado.

Vilma y Pablo revivieron con intensidad esas noches, me sorprendi la frescura del recuerdo, la intensidad de las emociones actuales. Cuando en medio del recuento hablaron de los que ya no estn, le rendimos homenaje. Viejos comunistas de puro pueblo, en ese entonces con ms de cincuenta aos, hoy ya no estn. Maforito, Challita y el viejo Rafael. Otros murieron por enfermedad. Nunca nadie les reconoci esta misin. Ninguno de ellos tuvo relacin con la cada del armamento de Carrizal. Salimos de all con cierta pesadumbre, la historia de estos viejos llega a doler. Dos de ellos, en ese entonces, nunca fueron apresados. Son parte de leyendas nunca contadas escritas en medio del desierto por varios protagonistas de esta tarea.

Nos fuimos a la Herradura, situada muy cerca del Carrizal, no obstante, este camino s estaba igual que antao. Por fin pudimos justificar el empleo de tamaa camioneta 4x4. All, en una diminuta ensenada al costado de la Herraduras, creci el falso criadero de ostiones. Todava estaban las pircas de las habitaciones donde Vilma con Vctor y Alexis mantenan los medios tcnicos y los botes para la operacin. All recordamos el segundo desembarco realizado casi exactamente dos meses despus, usando otra goleta pero idntica modalidad. No poda faltar el examen del descubrimiento de la operacin desatada el 6 de agosto de 1986, las cadas en cadena de las minas donde se ocultaba de manera transitoria el armamento y la posterior entrega en los meses venideros de los almacenes en Santiago. No podan faltar las salidas extraordinarias de los participantes sobrevivientes del desierto. Todo parte de esta historia an no contada de manera integral por sus protagonistas. Como tan ausente ha estado en la reconstruccin, la verdadera colaboracin de Cuba en la gesta de la lucha contra la dictadura, y la desconocida y determinante participacin del contingente del equipo de logstica exterior del PC de Chile.

Todos apenas son los ttulos de historias que estos exploradores esperan encontrar, develar y reconstruir, en honor a la verdad, a la justicia, y a la legitimidad de haber luchado contra el rgimen ms violento e ilegtimo que ha existido en Chile. Esta historia, como cualquier otra, nunca se terminar de escribir, no obstante, cuando est concluida, habremos dado un paso ms para aproximarnos a la verdad. La excepcin a todo lo anterior: La estn rehaciendo sus protagonistas.



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