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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-05-2010

Medios de comunicacin y democracia
Cmo se excluy al pueblo del gobierno y cmo se le convenci de lo contrario

ngeles Diez
Rebelin


Si algo distingue al fascismo y al imperialismo como tcnicas de infiltracin es precisamente su empleo tendencioso del lenguaje, su manera de servirse de los mismos conceptos [...] para alterar y viciar su sentido ms profundo y proponerlos como consignas de sus ideologas. (Julio Cortzar)

Que los medios de comunicacin de masas son un elemento esencial para el funcionamiento de las democracias modernas resulta una afirmacin evidente tanto para los estudiosos de los medios como para el ciudadano de a pie; de modo que parece lgico preguntarse hasta qu punto podran funcionar las democracias sin estos, concretos y especficos, medios de comunicacin?, e incluso cul es el peso, o la medida, de su necesidad para el ejercicio del gobierno? Aunque a primera vista podamos pensar que se trata de dos preguntas retricas, desde mi punto de vista, se trata, como dira Hanna Arendt, de preguntas elementales y directas que surgen cuando no hay o no son vlidas las respuestas dadas por la tradicin1, ya que su desarrollo puede arrojar luz sobre de las caractersticas de nuestros sistemas de gobierno a los que llamamos democracias y, ms aun, despejar el camino sobre la posibilidad de otros medios de comunicacin cuyos principios de servicio pblico se correspondan realmente con sus prcticas cotidianas.

Un paso obligado es comenzar aclarando que, desde el punto de vista de la teora poltica, no es lo mismo democracia que sistemas representativos, aunque la evolucin terica y conceptual a partir de la revolucin francesa y especialmente de la estadounidense acabaron por identificar el trmino democracia con los sistemas de gobierno indirecto, delegado o representativo. Como seala Bernard Manin, lo que hoy llamamos gobiernos democrticos contemporneos son sistemas que evolucionaron a partir de un sistema poltico, especialmente el estadounidense, que, en su origen, no se consideraba una forma de democracia o gobierno del pueblo; es ms, surgieron en oposicin al propio concepto de gobierno del pueblo. Para los padres fundadores y fervientes defensores del sistema representativo o republicano (Madison, Hamilton) exista una gran diferencia entre gobierno representativo y gobierno democrtico; en el primero, el pueblo estaba excluido de cualquier participacin en el gobierno y no era as en el segundo. El gobierno representativo no era una forma de democracia sino un sistema poltico diferente y superior, ya que el ejercicio del gobierno recaa en un grupo de ciudadanos ms capacitados que saban reconocer los verdaderos intereses del pas y no se dejaran llevar por las coyunturas, los prejuicios o los intereses particulares. As pues, se identificaba el juicio de los representantes con el bien del pueblo. El pueblo era considerado menor de edad e incapaz de gobernarse tanto como de reconocer sus intereses colectivos2.

Esta visin del gobierno y del pueblo era profundamente aristocrtica y contradictoria con el propio contexto independentista de las colonias norteamericanas, dominado por la demanda de autogobierno y libertad respecto de la metrpoli britnica. Ambos, autogobierno y libertad, eran principios que daban legitimidad a las reivindicaciones de las colonias norteamericanas pero que al mismo tiempo podan volverse en su contra a la hora de disear el nuevo gobierno, dando cabida a sectores sociales, turbas desposedas que numricamente les superaban3. Esta situacin contradictoria tambin se dio en la revolucin francesa, en donde los principios de libertad, igualdad y fraternidad permitieron que la burguesa se apoyara en el campesinado empobrecido para derrocar a la monarqua y cambiar poco a poco la legitimidad monrquico-hereditaria por la legitimidad democrtica (Ferrero, 1988)4. Pero el miedo a que las masas pudieran reivindicar el ejercicio del gobierno y no ser slo sostn legitimador es lo que origin los distintos sistemas de voto restringido, gobierno delegado o representativo. Los ms encarnizados debates del proceso constituyente estadounidense se relacionan con esta necesidad de restringir y/o excluir cualquier posibilidad de un gobierno democrtico (entendiendo como tal aquel en el que el pueblo se autogobierna)5.

Adems, esta conceptualizacin, que, como decimos, es el origen de los sistemas de gobierno actuales, obtena sus nutrientes del sistema econmico propio de la sociedad industrial y capitalista. Para los defensores del sistema representativo, ste no slo era el mejor sistema porque permita la administracin desapasionada del gobierno, sino que era la forma ms apropiada para liberar a los individuos de tareas que no podran ejercer por su dedicacin a la produccin y al intercambio econmico. Se trasladaba as la divisin del trabajo smithiana de la produccin al gobierno; con una interesante diferencia: mientras que para los antifederalistas norteamericanos esta divisin del trabajo no significaba que los que gobernaran fueran diferentes a los gobernados (principio de distincin), para los federalistas, que finalmente fueron los que plasmaron sus criterios en la Constitucin estadounidense, la nica capacitada para estas tareas (por su virtud, su inteligencia y su propiedad) era la elite propietaria.

A diferencia del gobierno representativo o delegado, cuando hablamos de sistemas democrticos el referente o el modelo al que aludimos no es tanto el periodo concreto ateniense, que por lo dems fue muy breve, como los principios de igualdad poltica entre los ciudadanos y el poder ejercido, es decir, al autogobierno o a la democracia directa (Bobbio,2003). Este ideal o conjunto de principios, en la Grecia clsica, suponan en la prctica una combinacin de procedimientos de delegacin y de ejercicio del gobierno directo (en la democracia ateniense existan cargos electos y sorteados; y la asamblea popular no era el centro de todo el poder). Tanto en el caso de las funciones que se ejercan por delegacin como en el de las que eran asumidas directamente por los ciudadanos, hablamos de democracia o de gobierno del pueblo porque la delegacin era muy diferente a los cargos delegados actuales. Manin pone el ejemplo del mensajero que lleva un mensaje de una persona a otra de modo que ambas se comunican indirectamente, y en el que el remitente controla el contenido y el destino de su mensaje, y la funcin del mensajero consiste exclusivamente en realizar o trasladar la comunicacin; muy diferente al ejercicio de delegacin que ejerce un banco en el que depositamos nuestro dinero y desde el mismo momento en que depositamos este dinero perdemos el control sobre dnde ser invertido, slo controlamos la recuperacin del capital. As pues, el gobierno indirecto que ejercan los cargos delegados en la democracia ateniense poco se parece al gobierno indirecto de los sistemas representativos, nuestros modernos sistemas a los que llamamos democracias.

Tericos de la democracia como Manin o Guy Hermet consideran pues que los sistemas de gobierno modernos se basan en la exclusin del pueblo del ejercicio del gobierno tanto como en la lucha de ste por hacer coincidir estos sistemas de gobierno con el ideal democrtico del que han tomado su nombre.

El porqu los sistemas de gobierno representativo acabaron por incorporar en su denominacin el trmino democracia est en estrecha relacin con la mayor capacidad legitimadora del ejercicio del poder de las democracias (gobiernos del pueblo) frente a los sistemas de delegacin o representacin en los que una elite o minora ejerce el poder sobre la mayora. Entendemos por legitimidad el conjunto de valores y principios aceptados por la poblacin mediante los que el ejercicio del poder es aceptado y justificado (Lipset, 1987).

As pues, los sistemas representativos basados en el gobierno en nombre del pueblo, es decir, nuestras democracias delegadas o representativas, han necesitado apropiarse del capital legitimador del paradigma democrtico, posibilitando el ejercicio del gobierno por parte de unos pocos, al hacer descansar en el pueblo la soberana (la fuente de legitimidad) y desarrollar los procedimientos para que el pueblo sancione peridicamente la forma de ejercicio del poder (el sufragio universal). El procedimiento se convierte en la propia imagen de la democracia: hay democracia cuando hay elecciones y viceversa, hay elecciones cuando hay democracia (aunque no siempre es aceptada esta correlacin cuando se trata de sistemas que no se subordinan a los intereses del capital, como es el caso de la Venezuela actual, donde 8 procesos electorales no han conseguido que se hablara de la legitimidad del presidente Chvez). Junto con los procesos electorales, el otro pilar del procedimiento legitimador de los sistemas representativos es el concepto de la voluntad popular materializada a travs de la opinin pblica6.

Ya Hume en los Primeros Principios del Gobierno consideraba sorprendente la facilidad con que los muchos son gobernados por los pocos y, teniendo en cuenta que la fuerza est siempre del lado de los muchos, la nica explicacin que encontraba era que los gobernantes se apoyaban en la opinin; ciertamente, conclua, el gobierno se basa tan slo en la opinin; y esta mxima se extiende tanto a los gobiernos ms despticos y ms militares como a los ms libres y ms populares (N. Chomsky, 2001:335). De esta forma, reconoca la importancia de la legitimidad en el mantenimiento de los sistemas de gobierno: daba igual que se tratara de una legitimidad basada en las creencias religiosas (legitimidad monrquico-hereditaria, que dira Ferrero) o en los principios de la razn (legitimidad democrtico-electiva). Decir que el gobierno nazi no era legtimo no sera correcto desde el punto de vista de la aceptacin y consentimiento de la poblacin, pero tampoco desde el punto de vista electoral, dado que fueron las urnas las que dieron el poder a Hitler.

Si la opinin es quien otorga a los gobernantes el derecho a ejercer el poder sobre los gobernados, las situaciones de conflicto se disuelven no slo por la fuerza de la ley, sino por va del consentimiento y/o del convencimiento. Los medios de comunicacin surgen pues como pilares de nuestras formas de gobierno, ya que si el Estado carece de la fuerza para coaccionar y puede escucharse la voz del pueblo, es necesario asegurarse de que la voz dice lo correcto (Chomsky, 2001). stos adquieren la funcin legitimadora del sistema poltico, al asumir, junto con el procedimiento electoral, la expresin de la voluntad popular.

Como seala Santiago Alba, la modernidad da lugar a la separacin entre la fuente de poder y la fuente de legitimidad. El poder y el ejercicio del gobierno estn en manos del capital mientras que la legitimidad descansa en el pueblo. Esta paradoja lleva a los sistemas representativos a desarrollar y controlar los dispositivos de convencimiento (instituciones y medios de comunicacin). Si no se controlaran estos dispositivos, la separacin entre el poder y su fuente de legitimidad hara inviable el capitalismo, que se vera constantemente contestado por las revueltas sociales. Para que el sistema funcione sin mayores quebraderos de cabeza para el capital, se necesita controlar al pueblo porque, en tanto que fuente de legitimidad, ste no est desprovisto de poder: el de acabar con los poderosos (Alba, 2004).

Un ejemplo ilustrativo de lo anterior es el de los palestinos. El poder que poseen tiene que ver con la gran legitimidad que les confiere su situacin de pueblo sometido a una ocupacin. Un hecho que an no ha podido ser borrado del imaginario colectivo del resto de los pueblos, el derecho a la autonoma y la autodeterminacin, sigue fungiendo como principio legitimador para el ejercicio de la rebelin contra la potencia ocupante. Sin embargo, E. Said se quejaba de que los palestinos no se haban ocupado de incidir en los medios de comunicacin y, como consecuencia de ello, estaban perdiendo la batalla de la legitimidad. Son los israeles los que han desplegado todo su arsenal, tambin meditico, para minar esta fuente de poder palestina (Said, 2004:2).

Por otro lado, la separacin entre la fuente de poder y la fuente de legitimidad es el punto de conexin entre la democracia y los sistemas representativos a los que actualmente llamamos democracias y es la que confiere a los medios de comunicacin su centralidad. Como consecuencia de dicha escisin surge la necesidad de dar cuenta/informar al pueblo de las decisiones que se toman en su nombre, obliga a las campaas electorales y a crear la ficcin, en ltima instancia, de que el poder no slo reside en el pueblo, sino que lo tiene el pueblo y lo ejerce de forma indirecta. En este sentido, constituye uno de los principales impedimentos para el ejercicio del poder que la gente pueda formarse sus propias opiniones sobre los hechos y quiera que se tomen decisiones polticas siguiendo sus opiniones (caso de la decisin de participar en la guerra contra Iraq tomada por el gobierno de J. Mara Aznar en Espaa). Un destacado periodista y asesor de diversos presidentes de EE.UU.7, W. Lippmann, se quejaba en 1922 de que la opinin pblica haba adquirido ms relevancia que los rganos legislativos de los gobiernos y esto haca que los principales generadores de opinin pblica, los medios de comunicacin -en su da las crnicas periodsticas y las fuentes de opinin pblica-, fueran objeto de deseo de los poderes pblicos convirtindose en instrumentos de los gobiernos. De modo que garantizar la ecuanimidad de los medios y la proteccin de las fuentes de opinin se han convertido en el principal problema de la democracia deca (Lippmann, 2003:15); pero la preocupacin de Lippmann no era un alegato a favor de los gobernados, sino la conviccin de que, de la misma forma que el pueblo no mostraba inters por los asuntos pblicos y no era suficientemente inteligente o no estaba preparado para reconocer los intereses comunes, tampoco los gobernantes podan recibir las informaciones adecuadas y suficientes como para tomar decisiones en base a ellas, de modo que la solucin a los problemas sobre la transmisin y recepcin de la informacin necesaria para gobernar la coloc en las oficinas de inteligencia administradas por expertos, desinteresados, neutrales y libres tanto de la presin del Estado y sus intereses como de las masas prejuiciadas. En definitiva, que ni siquiera el gobierno real estuviera en manos de los polticos electos sino de los tcnicos, de los administradores, o de los gabinetes de asesores.

Siendo conscientes de la estrecha relacin entre los medios de comunicacin y la democracia, incluso antes de que se convirtieran en medios de comunicacin de masas, a principios del siglo XX, los tericos consideraban que la independencia de los medios estaba amenazada por los gobiernos y, por tanto, la libertad del pblico para formarse una opinin libre en base a la informacin que le suministraban los medios de cada poca.

Dando por hecho que el peligro estaba en la utilizacin partidaria del gran potencial de los medios y siguiendo el mismo criterio utilitarista aplicado a la poltica, la independencia de los medios se consider la garanta suficiente para su imparcialidad. La ficcin construida sobre la poltica, -su independencia respecto de los intereses econmicos particulares-, se traslad tambin a los medios, convirtiendo la accin periodstica en un saber tcnico y neutro.


Notas:

1 La obra de esta gran pensadora se desarrolla en la bsqueda de los sentidos de conceptos como poltica, totalitarismo, esfera social, etc. Cualquier reflexin que pretenda ir ms all de los lugares comunes en relacin al problema de la poltica tiene que pasar por la revisin de su obra.

2 En el campo filosfico, con las revoluciones democrticas del XVIII (la inglesa, la francesa y la estadounidense) ya se haba producido la transformacin de la poltica, que dej de ser un saber dentro de la tradicin clsica, una filosofa prctica (la moral y la poltica formaban parte del mismo campo del saber) para convertirse en un saber tcnico-instrumental. En este trnsito, la informacin y la comunicacin, en el mbito de la poltica, se tornaron tambin en saberes tcnicos al servicio de las elites gobernantes (Habermas (1987).

3 En esta pugna tambin estaba incluido el conflicto entre las distintas facciones independentistas, la de los comerciantes acreedores y la de los productores deudores. Segn Gargarella, era en las comunidades rurales de estos ltimos donde se daban prcticas democrticas de autogobierno y de las que surgi la mxima oposicin a las pretensiones federalistas. (Ver R. Gargarella,(1995) Nos, los representantes: crtica a los fundamentos del sistema representativo; Mio y Dvila editores, Buenos Aires, Argentina

4 Segn Ferrero en su extraordinario estudio sobre el poder y la legitimidad en la revolucin francesa, el primer principio de legitimidad creado por Occidente y pacficamente aceptado hasta las revoluciones americana y francesa fue el hereditario-aristocrtico-monrquico. Luego, estas revoluciones lideradas por la burguesa construiran nuevos principios de legitimidad democrtico-electiva.

5 Los debates de los federalistas estadounidenses en la elaboracin de la Constitucin de Estados Unidos de Amrica son un fiel reflejo de los miedos de la elite gobernante respecto de la participacin del pueblo (lo que ellos consideraban las masas pobres) y la necesidad de controlar a estas mayoras construyendo un sistema que de forma natural permitiera el ejercicio del gobierno por las minoras con la aceptacin y el consentimiento del pueblo (A. Hamilton, J. Madison y J. Jay (1994): El federalista, FCE, Mxico).

6 Las elecciones, a veces, no son suficientes para convencer a la ciudadana de que participa indirectamente en el gobierno -constatable en la negativa de muchos pueblos a participar en los procesos electorales-. La situacin actual en Afganistn o la que se plantea en Iraq evidencian el papel propagandstico de los procesos electorales, mucho ms en las sociedades occidentales que en estos pases. Pero, como decamos, a veces no es suficiente con poner en marcha los procedimientos habituales de las votaciones, y de ah surgir un elemento no menos importante que los procedimientos electorales ser la opinin pblica.

7 Lippmann realiz trabajo propagandstico durante la Primera Guerra Mundial siendo editorialista de The New Republic, pero tambin tuvo una participacin directa en el conflicto viajando a Europa como representante especial de la Casa Blanca. Formando parte de la inteligencia militar, no slo escribi folletos propagandsticos, sino que particip en interrogatorios de prisioneros y coordin operaciones de inteligencia militar con los aliados.


* Este texto pertenece al libro Manipulacin y medios en la sociedad de la informacin, coordinado por A. Aparici, A. Diez y F. Tucho, ediciones de la Torre (2007)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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