Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn: 25 aos de su fallecimiento
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-05-2010

La respuesta de Joan Farrat a Xavier Folch
Sobre la persecucin y detencin policial del autor de Les dones i els dies (IV)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Para Jordi Torrent Bestit

Una semana despus de la rplica del director de Edicions 62 a la entrevista publicada en el matutino diario independiente, Joan Ferrat (JF) [1] responda a su vez a Xavier Folch [2]. Era el 8 de junio de 1986. Lo hizo con un artculo, sin las urgencias e improvisacin que acaso exigieron su entrevista periodstica con Rosand Arqus y Antoni Munn para El Pas en mayo de 1986, nueves meses despus del fallecimiento de Manuel Sacristn.

El prembulo de la rplica no merece ser pasado por alto. No haca falta que se pelearan Folch y l, seala JF. Xavier Folch crey que era necesario defender a un amigo [Sacristn] que ahora estaba muerto, a quien admiraba y todava quera, y l haba aprovechado la entrevista que le hicieron Arqus y Munn para defender a su hermano que tambin llevaba ocho aos muerto cuando Sacristn escribi los papelitos que Servi incluy en su libro. Por ello, afirma o incluso parece inferir JF, era obvio que Sacristn era quien haba iniciado con su ataque, que nadie le haba pedido, esta sucesin de defensas y rplicas. Dejmoslo estar, conclua JF, todos hemos cumplido con nuestro deber de ponernos al lado de nuestros parientes o amigos, y esto es lo que cuenta.

Blanco sobre negro: ponerse al lado de los parientes o amigos, sta es la cuestin. Ser eso.

Ms all del error en el cmputo de los seis aos transcurridos (1972: muerte de Gabriel Ferrater; 1978: edicin del libro de Servi), ataque de Sacristn? Qu ataque? Sacristn como instigador de todo el proceso de notas y rplicas? No fue Josep-Miquel Servi quien, con su premiado libro, retom la figura de Gabriel Ferrater y, con ello, lo sucedido en febrero de 1957? Fue Servi algn agente literario al servicio de un Sacristn que recientemente haba regresado a la Universidad de la que haba sido expulsado una dcada atrs? No fue Carlos Barral en sus Memorias quien se haba referido tambin, como no poda ser de otra manera, a la detencin policial de Ferrater y al positivo papel de Sacristn, cuyas dimensiones reales ciertamente desconoca, en aquel lamentable asunto?

No es una entrevista, insisto, es un artculo meditado, escrito por un fillogo, traductor y crtico literario de enorme prestigio y de obra acadmica reconocida.

JF defiende a continuacin, con ligeras vacilaciones, los pasos conflictivos de la entrevista con Arqus y Munn. As, aquel se entendi [Sacristn] esplndidamente con el seor Creix. Usa para ello una singular va argumentativa. Su intencin, seala, y parece evidente que espera que el lector/a le siga por este sendero, que en este momento no est practicando literatura corrosiva o de despiste, la intencin de JF, segn l mismo, era cargar de humor negro y de sarcasmo grotesco su descripcin, de manera que el lector de la entrevista se hiciera cargo del psimo escenario en el que se tuvo que encontrar Sacristn: tener que interpretar el papel de interlocutor respetuoso, en un dilogo de t a t, entre caballeros espaoles con ese grumo de vileza que era Creix, aade JF, uno de los comisarios fascistas destacados de la Laietana de Barcelona.

JF pide nuevamente disculpas a Folch por su imaginacin verbal. Qu imaginacin? La de: papel de caballero espaol entre caballeros espaoles. Qu magnfica ostentacin imaginativa la de JF! Qu expresin tan inocente, tan afable! Qu alejamiento sideral de cualquier intencin, esta s grotesca, con su nueva prctica de humor negro y sarcasmo grotesco, con su literatura corrosiva de alto copete y estatus elevado! Tan ingenuo, recto, sabio y bondadoso como el buen salvaje de Rousseau!

Por lo dems, cmo supo JF que ese fue el guin y dilogos de aquel encuentro que no fue, sin duda, puro ni simple teatro? Porque lee como cree ms oportuno un paso de las Memorias de Barral que le viene como un guante a medida en una mano muy habituada a esos menesteres hermenuticos. An ms: el recuerdo de Carlos Barral, que tampoco estuvo en el escenario de la obra, una inesperada sesin paternalista en la que la confesin de Manolo convirti el previsto careo, coincide con lo que JF recuerda que le coment Sacristn, acaso en la misma conversacin que recuerda el que fuera senador Real, cuando se vieron despus de la salida de la comisara de Laietana 32 aos atrs! Qu memorin tan privilegiado! Y sin papeles innecesarios. Por lo dems, qu puede significar exactamente sesin paternalista, una expresin que acaso pudo usar Sacristn en su descripcin de lo sucedido horas despus?

Ser eso sin duda. Si lo dice Barral, que sola tener una memoria veraz y fidedigna como se prob en el caso de la traduccin aparente del griego de Sacristn del libro de los presocrticos, y si tambin JF recuerda con tanta exactitud, a pesar de la lejana en el tiempo, esa descripcin de Sacristn, a la que este nunca jams hizo referencia pblica, no puede haber ni tan siquiera una ligera sombra de duda. No vale la pena abonar ese sendero de duda.

Por lo dems, y dicho sea entre parntesis, sabido es que las conexiones del padre de Sacristn con algunos sectores del Rgimen en Barcelona no eran marginales. No es de extraar, cosa que ignoro, que su padre interviniera directa o indirectamente en una circunstancia as, si supo, no creo que por boca del propio Sacristn, lo que iba a pasar la tarde de aquel lunes despus de que su hijo acabara de impartir sus clases en la Facultad de Filosofa de la Universidad de Barcelona. Sacristn viva entonces en el domicilio familiar de Paseo de San Juan, entonces llamado Paseo del General Mola. Alguna llamada desde alguna jerarqua alta o media pudieron hacer desistir a los dos Creix, o alguno de ellos, del lanzamiento de toda su pesada y fascista artillera contra Sacristn. Este, despus de reconocer su autora, an no fichado en aquel entonces, pudo sealar que el artculo le haba sido solicitado por alguna va acadmica y que l no conoca muy bien dnde iba a se editado. Nadie le dio detalles sobre ello. El ttulo, y el contenido del trabajo que probablemente Creix no leyera con detalle, apuntan a que no sera fcil su conversacin con el comisario torturador. Nada fcil. En su entrevista con Servi, recurdese, Sacristn sealaba sobre este vrtice: Puede arreglar las cosas, aunque tuve que jugar demasiado fuerte. Convenc a la polica de que el autor de aquel artculo era yo, y adems qued en libertad (...). De todos modos, aada, aquel fue el ms difcil de todos los interrogatorios que me han hecho en la Brigada Social (la BPS), interrogatorio, recuerda sin precisar ms detalles, que me hizo bastante dao aos ms tarde, sin precisar Sacristn exactamente a qu detencin posterior se estaba refiriendo.

Despus de todo ello, despus de este prembulo, y de apuntar que l tena todo el derecho del mundo a hacer literatura corrosiva, faltara ms, JF seala, y el paso no debe olvidarse, que puedo aadir ahora [junio de 1986] que tanto Gabriel como yo quedamos [febrero 1957] muy contentos al ver cmo Sacristn se haba comportado aquel da, y que nuestra estimacin por l qued muy reafirmada con ello. Era necesario que lo apuntara?[el nfasis es mo]

Acaso s, acaso hubiera sido necesario decirlo explcitamente en la entrevista de mayo. Sea como fuere, de lo dicho hasta este momento, lo que puede inferirse es que el comportamiento de Sacristn, segn el hermano de JF y segn el propio JF, alguien que no slo se mostr poco afable con Sacristn en esta ocasin sino en otros momentos posteriores, fue intachable, infrecuente, sin objeciones. Punto y aparte.

Queda entonces, el mismo JF lo apunta as, una cosa, slo una cosa pendiente: por qu Sacristn coment lo que coment veinte aos despus de lo sucedido en el libro de Servi, descolgndose con toda una serie de mentiras, se pregunta JF, mentiras que ciertamente no documenta acaso porque no est en condiciones de documentarlas. Slo rige, en la entrevista anterior, y en el artculo que ahora estamos analizando, su memoria, sus recuerdos sobre lo sucedido, sus conversaciones personales con ste o aqul, el libro de Memorias de Barral, y sus conjeturas sobre sucesos que no vivi ni directa ni incluso indirectamente.

JF vuelve de nuevo a la carga, con su usual caballera, a propsito de estas anunciadas mentiras de Sacristn. El vio en comisara el texto mecanografiado del artculo, y fue eso, y no otra cosa (por tanto, ni el estilo del artculo ni su temtica) la que le hizo pensar en Sacristn. JF encuentra contradictorio ese recuerdo veraz, el suyo of course, con lo afirmado por Sacristn en su conversacin con Servi: Yo haba entregado el artculo haca tiempo el aparato clandestino del PSUC. Ellos lo haban pasado a otro papel, a otra mquina, como es natural. Por qu se contradicen ambas miradas? Dnde est el nudo de esta contradiccin? Sobre la firma, Vctor Ferrater segn JF, vuelve a insistir de nuevo: l no la vio en el artculo que le mostraron en comisara sino que supo de ella por lo que le dijo aquella misma maana de hace 32 aos Sacristn cuando fue a visitarle. Es decir, JF recordaba perfectamente, sin necesidad de consultar ninguna nota ni nada por el estilo, que tres dcadas antes Sacristn le haba dicho que l haba firmado aquel artculo como Vctor Ferrater, nombre que, como se seal, nunca jams volvi a usar en tus informes o papeles partidistas.

JF no asegura que Sacristn mintiese. Insiste de nuevo en que el colaborador y motor de Qvadrante y Laye no habla en la entrevista con Servi de su decisiva intervencin en lo sucedido. Pero, nuevo giro temtico, al no hacer referencia Sacristn a esa intervencin suya tan decisiva da la impresin que l se present a la polica espontneamente cuando fue el caso que yo tuve que empujarle. JF, l mismo lo apunt en la entrevista con Munn y Arqus, no empuj a nadie. En esta ocasin desde luego. Ofreci a Sacristn la posibilidad de exiliarse y fue ste quien rechaz su idea y sugiri presentarse en comisara. La informacin la dio el propio JF en la entrevista, no fue ningn invento ni conjetura ni salto imaginativo de Sacristn.

JF no tiene ni idea, o no quiere tenerla, de lo que significaba ser militante comunista destacado en la Espaa de aquellos aos. Poda tenerla desde luego, no era tan difcil. Para cualquier dirigente poltico, el comportamiento de Sacristn, su entrega a la polica, admirable por su generosidad, hubiera merecido, con razones muy atendibles, una bronca descomunal. Miguel Nuez, cuando volvi de la operacin a la que fue sometido, le argumentara sin susurros y con voz alzada, sin demasiada cortesa. Probablemente del modo siguiente: a Gabriel Ferrater, golpeado o no, sin negar el mal trago, le hubieran dejado salir al poco tiempo de comisara porque no tena mucho que decir que pudiera interesar al fascismo policial; a Sacristn podan sacarle informacin mediante tortura, como ya lo haban conseguido con otros detenidos en aquellos das, por lo que su entrega no arreglada nada sustantivo y pona en peligro a otros camaradas con amplio y arriesgado currculo antifascista que vivan en la clandestinidad. Sacristn se arriesg y arriesg a otros. Seguramente, como apunt Nez en su entrevista con Xavier Juncosa para los documentales de Integral Sacristn, porque estaba seguro de que no iba a decir nada pasara lo que pasara. Pero el riesgo que comportaba su apuesta, no era insignificante.

Ms an. De pasada, como el que no quiere la cosa, JF aade: le propuse irse al exilio, y l no acept. Menos mal, aade, si llega a aceptar lo hubiera criticado fuertemente, por cmplice o encubridor. Tal cual: JF construye un agresivo contrafctico ad hoc para arremeter contra alguien que, de hecho, sin contrafctico alguno y segn l mismo ha reconocido lneas arriba, tuvo un comportamiento ejemplar segn su propia opinin y la de su hermano Gabriel Ferrater.

Qu explicacin encuentra JF para dar cuenta, no del comportamiento de Sacristn, sino de la reconstruccin, falsa segn l, en su conversacin con Servi? Apretemos los dientes. Sabiendo que haba hecho el ridculo haca ms de veinte aos, con el chiste desafortunado de la firma Vctor Ferrater, Sacristn pens que estaba a tiempo de rectificar la historia, de limpiar este mal paso de su historia, que entonces slo haba estado medio escrita en las memorias de Barral, muy interesantes, aade JF, pero ms infieles con lo sucedido que la declaracin del propio Sacristn a Servi. Sacristn, aade JF, se olvid de algo esencial en su estrategia de ocultamiento y reconstruccin. De qu? De lo siguiente: que para escribir la historia verdadera an quedaba alguien que estaba tiempo de escribirla: l mismo, don Joan Ferrat, el memorioso. Ni ms ni menos. Adems de mentiroso y manipulador, Sacristn era tonto y olvidadizo.

Luego JF precisa a continuacin un pasaje de la conversacin con Sacristn citado por l en la entrevista, y tambin por Xavier Folch en su rplica, y hace referencia al verdadero culpable de la detencin de Ferrater: la nica responsabilidad que cuenta, seala, no es la de la polica franquista sino la de quien hizo circular entre gente que los policas consideraban de mal vivir un artculo con aquella firma, totalmente arbitraria, y, vistas las consecuencias, totalmente estpida. No hubo mala fe, admite, pero haba que ser cretino para obrar de ese modo [3]. Es obvio que Sacristn no hizo circular ningn papel entre gentes de mal vivir, desde un punto de vista policial-fascista, sino que entreg una colaboracin poltico-cultural a un Partido en el que estaba militando desde haca 7 u 8 meses, papel que firm, segn l recuerda, como Vctor, no como Vctor Ferrater.

Ni que decir tiene, por lo dems, que la declaracin que vale es la suya, la de JF, sin documento alguno, basndose en su memoria, con curiosos y enrabietados contrafcticos, con ms de una inconsistencia y sin saber o no queriendo saber del contexto poltico ni la z ni siquiera la b. Por si hubiese alguna incertidumbre, JF aade: del incidente de 1957, no hay nada que me sepa mal Lo que s que me parece monstruoso y abominable es que, con una distancia de ms de veinte aos, Manuel Sacristn lo usase en 1978, despus de sazonarlo de mentiras, para su propia cocina destinada a denigrar a Gabriel. Denigrar a Gabriel Ferrater! Sin aadir una coma, tal cual lo traduzco. JF comenta en tono muy otro, cambio de registro que permite interpretaciones de inters, un comentario de Xavier Folch sobre Gabriel Ferrater y el miedo que pas en comisara. Folch se basa, as lo afirma JF, en los testimonios de Sacristn y Octavi Pellisa fechados en 1957. De dnde provienen esos testimonios? De la memoria de JF, no hay otra fuente, que parece matizar su afirmacin anterior sobre el comportamiento excelente de Sacristn en 1957.

Despus de una referencia, de mal gusto en mi opinin y en su tono de siempre, a La vida furtiva, a Raimon y al realismo socialismo, muy en su afable lnea, JF guarda ms plvora y agente naranja para los compases finales de su artculo. La comparacin que Folch establece entre Ferrater y Manuel Sacristn sobre quien los tena ms bien puestos es una chorrada hispnica. A Sacristn, seala, le gustaban mucho los toros (vaya por Dios y por el pasodoble torero!) pero, eso s, no iba por el mundo hacindose el macho. Quin era entonces Manuel Sacristn? Hic Rodhus, hic salta! Un intelectual, un intelectual metido en asuntos polticos y por tanto, la impecable inferencia es de JF, claramente frustrado. Frustrado de qu? Estuvieron tambin frustrados Gyrgy Lukcs, Bertrand Russell o Georgescu-Roegen por poner tres ejemplos distanciados de intelectuales metidos en asuntos polticos?

Ya est completa la reconstruccin joanferratiana: un intelectual frustrado, con compromiso poltico anexo, al que le gustan los toros y se siente muy espaol y que debido a su frustracin se comporta de forma irresponsable con un intelectual cataln, no hispnico, al que no le gustan los toros ni est metido en poltica a pesar de su encierro en Montserrat, haciendo circular el intelectual espaol amante de los toros, y frustrado por su compromiso poltico un papel entre gentes de mal vivir firmado con el irresponsable nombre clandestino de Vctor Ferrater.

Sacristn, eso s, no fue un xulo. La palabra, reconoce JF, es un castellanismo. Ruega que el lector le perdone. Es el contexto -el contexto!- el que le exige el uso de estos trminos. Qu barbaridad sintctica! Qu cambio de registro semntico-poltico!

Dejmoslo aqu. No es necesario mirar hacia el pasado con ira aunque, ciertamente, motivos no faltan.

Sea como fuere, lo sucedido en aquellos meses exige dar cuenta de otras caras de la persecucin policial fascista barcelonesa y explicar algunas torturas a militantes antifascistas que merecen conocerse, con derivadas esenciales, extradas tras palizas y amenazas, hay cuerpos con constantes histricas, para la reconstruccin de la detencin del autor de Les dones i els dies.

PS: No fueron stas las ltimas ocasiones en que JF se refiri a Sacristn. En su presentacin de Juan Ferrat, Jaime Gil de Biedma. Cartas y artculos, Barcelona, Quaderns Crema, 1994, p. 17- sealaba: [] En fin, slo en estos ltimos aos se han publicado referencias ms o menos veraces (sic, sin mayor precisin) acerca del intento de alistarse en el partido comunista en el que Jaime no tuvo xito gracias al papel de ngel de la guarda suyo que en esta ocasin asumi Manuel Sacristn (y slo en este caso acert a adivinar lo que nuca llegu a saber: vase mi carta del 22 de agosto de 1962, la que el nmero 8).

JF, nuevamente sin gran conocimiento de causa, vuelve a un lugar comn que comentar en su momento. La carta a la que hace referencia, fechada el 22 de mayo de 1962, puede verse en las pginas 67-69. Un breve fragmento: [] Lo malo est en que a los otros; los que harn la revolucin por ti, es casi seguro que no les importe nada de ti, no de tu persona fsica, con tus intereses econmicos y tus particulares complejos, a los que tratarn de satisfacer mientras te queda algn talento, sino de tu personal moral, capaz de mantener creencias sobre lo que es justo y verdadero y de adherirse a un programa revolucionario ms o menos ajustado a ellas. Pues a ellos el programa revolucionario no les importa nada, sino tan slo la accin revolucionaria, esto es: su propio poder. Ms all de esos particulares complejos, no es improbable que entre esos otros, entre esos a los que tan slo les importaba su accin revolucionaria, su propio poder, Joan Ferrat incluyera a Sacristn. O lo hiciera a posteriori, en su relectura, treinta y dos aos despus tambin.

Notas:

Notas:

[1] El Pas, suplement Quadern, 8 de junio de 1986. Ahora en Jordi Cornudella y Nria Perpiny (eds) lbum Ferrater, Barcelona, Quaderns Crema, 1993, pp. 110-113.

[2] Xavier Folch ha sido el editor de escritos y ensayos inditos de Gabriel Ferrater y, si no ando errado, del propio Joan Ferrat.

[3] La conjetura de Juan-Ramn Capella sobre lo sucedido La prctica de Manuel Sacristn. Una biografa poltica, Madrid, Trotta, 2005, p. 58- es, en mi opinin, inverosmil, muy alejada del prudente y responsable hacer poltico de Sacristn: Manolo haba escrito en 1957 un comentario sobre un libro de Alberti destinado a la futura revista de distribucin clandestina Nuestras Ideas. Lo haba firmado imprudentemente con el pseudnimo Vctor Ferrater para gastar una broma a su amigo el poeta Gabriel Ferrater, quien experimentaba un temor reverencial, por otra parte completamente natural, a la polica; Manolo proyectaba mostrarle el texto publicado a Ferrater, una persona prxima a su propia idealidad y a la que apreciaba mucho, para que se sobrepusiera a aquel temor, pero el tiro le sali por la culata [la cursiva es ma].

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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