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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-06-2010

Acerca de algunos de los argumentos esgrimidos contra la educacin
Educar para poder ensear

Javier Mestre
Rebelin


La implantacin en Espaa de una nueva universidad de marcado carcter neoliberal ha trado consigo la sustitucin del pattico Curso de Aptitud Pedaggica (CAP), requerido por las leyes para que cualquier licenciado pudiera ejercer de profesor de Secundaria, por un Mster en educacin, impartido por los mismos profesores que el CAP y mucho ms caro, y que acarrea asimismo la capacitacin como investigador para futuros estudios de doctorado. Esta nueva disposicin del requisito pedaggico para ejercer la docencia en enseanzas medias lleva adosados efectos secundarios graves, ya que probablemente va a implicar una absorcin importante de estudiantado de postgrado por parte de las facultades de Educacin, en detrimento de las posibilidades de las facultades ms tericas como Filosofa o Matemticas, cuyos egresados apenas tienen otra salida profesional que la docencia en los institutos.

Ante lo que se vena encima, dentro de la lucha contra la reforma universitaria conocida como Bolonia, surgieron el curso pasado muchas voces que, para criticar el nuevo mster, criticaban la pedagoga en general. Y el argumento ms importante, que podemos encontrar, por ejemplo, en el artculo titulado La estafa del ensear a ensear, del catedrtico de Derecho Andrs Oliva y otros 15 profesores de Universidad o Instituto, era el que aseguraba que la condicin fundamental que ha de cumplir cualquier docente de enseanzas medias es saber de la disciplina de la que se haga cargo; es decir, para ensear, digamos, Matemticas, la nica arma es saber muchas matemticas. Segn los docentes que firmaron el citado texto, el que no es capaz de ensear cualquier disciplina es porque no la domina suficientemente.

Por su parte, tiempo atrs Rafael Snchez Ferlosio haba publicado un artculo en El Pas en el que, respondiendo al viscoso Fernando Savater, vena a decir que la escuela no es lugar de educacin, sino de instruccin. El autor de la inmortal novela El Jarama opone la paideia de los griegos (algo as como la capacitacin como ciudadano, dentro de todos los convencionalismos y creencias dominantes, que vendra a ser lo que hoy llamaramos educacin) a la asbeia (la traduccin habitual es impiedad, el delito por el que ejecutaron a Scrates, producto de una mente racional que se enfrenta con convenciones y creencias desde un espritu crtico). Snchez Ferlosio hace en su texto una reinterpretacin un tanto desdeosa del libro Educacin para la ciudadana de Carlos y Pedro Fernndez Liria, Miguel Brieva y Luis Alegre Zahonero, y reprocha a estos autores el no haber insistido en su libro en lo que denomina principio de impersonalidad de la escuela. Su razonamiento viene a ser el siguiente: la ciencia se desarrolla en un lugar vaco, lo que los hermanos Fernndez Liria y compaa denominan el lugar de cualquier otro, libre de ninguna determinacin que no sea la razn misma; es decir, un lugar en el que estamos en tanto que seres racionales, independientemente de nuestra condicin cultural, social, o hasta biolgica un extraterrestre racional podra estar ah perfectamente-. Algo as como el lugar propicio para que resuene en solitario, por ejemplo, el Teorema de Pitgoras. Para Snchez Ferlosio, la impersonalidad es la garanta de que la escuela sea el lugar donde se instruye en los conocimientos que son el resultado de unas ciencias que durante siglos se han esforzado por purificarse de toda la morralla de fines e intereses que las condicionaba. Esta aspiracin de una escuela como lugar pblico ajeno a toda particularidad, propicio para la que denomina atmsfera de los universales, lleva a Snchez Ferlosio a aorar el tratamiento de usted entre profesores y alumnos, como smbolo de la despersonalizacin de la enseanza. Esa es prcticamente su nica propuesta de carcter pedaggico, ya que afirma que es justamente el rostro absolutamente inexpresivo -sine ira et studio- del saber por el saber el que hace nacer en el sujeto, de su propia mente, la opinin y la conducta que la educacin, a la manera de una trofalaxia, querra meterle en la boca ya masticadas y bien ensalivadas.

El argumento de los autores de La estafa del ensear a ensear confluye en cierto modo con los de Snchez Ferlosio. Por un flanco, se hace nacer la capacidad de ensear en Secundaria de los conocimientos de Matemticas o Fsica. Por el otro, se suea con un sistema pblico... de instruccin, en el que slo se escuche y se confe en la voz de los conocimientos... y los individuos y sus familias se queden fuera con sus familiaridades y particularidades.

Y la realidad? Qu se supone que debemos hacer con la realidad los que en efecto ejercemos la docencia en Secundaria? Partiendo de que a uno le resulta imposible no estar en parte de acuerdo con lo expuesto hasta el momento, aos despus, cuando el proceso de Bolonia se consolida como tantas otras barbaridades que ennegrecen el porvenir de los hijos muy a pesar de las luchas sociales, se me ocurre que sera conveniente pensar esto desde una perspectiva ms terrestre, menos gnea y tambin menos area.

En primer lugar, es muy importante decir que hay muchos matemticos o lingistas que son muy buenos como tales y que, francamente, no sirven para la docencia. Qu culpa tienen las matemticas del mercado laboral que hay en Espaa? El capitalismo es malo para las matemticas y para la filosofa, la lingstica, etc.-, hasta el punto de que no ofrece ninguna salida para la mayor parte de los egresados universitarios de esas carreras tan poco productivas que no sea la docencia en niveles inferiores a la universidad. Y es frecuente hallar a profesores de diferentes reas cargados de conocimientos que lo pasan fatal cuando se enfrentan a grupos de cros de doce, trece o catorce aos que, como bien dice Snchez Ferlosio en el artculo Televisin para nios (http://www.elpais.com/articulo/opinion/Television/ninos/elpepiopi/20091220elpepiopi_10/Tes), han sido educados por la niera catdica. Sin embargo, sucede a menudo que profesores experimentados diplomados en Magisterio, los que daban la antigua segunda etapa de EGB, mucho menos versados en las especialidades que los licenciados, consiguen tan buenos o mejores resultados en 1 y 2 de ESO que fillogos o matemticos, pongamos por caso, que seran mucho ms felices investigando en un Departamento Universitario.

En segundo lugar, hay que pensar que la atmsfera de los universales es bsicamente silenciosa. Sin silencio es imposible explicar, conseguir que fluyan los conceptos. Sin atencin, sin concentracin, el pber no es sino una amalgama de particularidades, justo lo que Snchez Ferlosio quiere, con buena parte de razn, extirpar de la escuela. Curiosamente, Scrates, cuando le demuestra a Menn que cualquier mente racional puede adentrarse en el mundo de los conceptos, elige a un esclavo, es decir, a un hombre muy educado en la obediencia que responde al filsofo sin rechistar y con toda la concentracin del mundo hasta que sale de su colodrillo la demostracin del teorema de Pitgoras. Cuando Scrates intenta hacer algo parecido con los hombres libres, a saber, dialogar en el lugar de cualquier otro, encuentra tal gnero de resistencias que acaba condenado a muerte. Antiguamente, los nios que iban a la escuela eran esclavos en cierto sentido porque se jugaban el fsico si desobedecan, estaban mucho mejor educados que hoy en da en la contencin y el silencio, aunque es cierto que siempre ha habido particularidades recalcitrantes empeadas en irrumpir una y otra vez en la atmsfera de los universales. Lo cierto es que el corolario de la disciplina escolar para acallar a los individuos que dan ms importancia a sus juegos, delirios y ancdotas que a las matemticas o la biologa es y ha sido siempre la expulsin.

La experiencia reciente me ha mostrado que una buena parte de mis compaeros de profesin, ante los estragos educativos del neoliberalismo con sus jornadas laborales infinitas, sus medios de comunicacin y entretenimiento deleznables y sus escalas de valores patticamente utilitaristas, optan por echar de menos la vieja disciplina escolar. El resultado inevitable de esta eleccin pedaggica es, efectivamente, la querencia por la expulsin: por unas horas, por unos das o directamente del sistema. En nombre del silencio que requiere el espacio pblico despersonalizado imprescindible para el conocimiento, se procura en lo posible facilitar que se pueda echar al creciente nmero de cros y no tan cros que molestan. Curiosamente, este deseo de endurecimiento del rgimen disciplinario encuentra eco en las filas de los polticos ms de derechas, los mismos que abogan por la progresiva privatizacin de la enseanza a travs de los conciertos educativos que, por cierto, permiten sacar de las escuelas refugio de la clase media a los chavales ms problemticos que, indefectiblemente, desembocan en la educacin pblica antes de acabar en la calle. Porque... qu nos separa de otros pases en los que abundan los nios de la calle, gamines o como quiera que se les quiera llamar? Qu mecanismos defienden a los nios y nias ms desfavorecidos socialmente de la explotacin laboral infantil? La respuesta es evidente: el sistema educativo que, ms all de ocultar las cifras de paro, lo que hace en realidad es poner un freno contundente al mercado laboral haciendo practicable la prohibicin de que trabajen los menores en edad de escolarizacin obligatoria.

En mi opinin, aqu y ahora los trabajadores de la enseanza nos hemos de esforzar en evitar que se agudice la deriva segregacionista. Hay que mantener a los nios en clase y tratar de ensear en estas condiciones. Esto implica que, en contra del sueo de Snchez Ferlosio, en esta puetera realidad es imprescindible mucha paideia... no s si es precisa la trofalaxia, pero s mucha tarea educativa que compense la mala educacin que los chicos y chicas traen puesta de casa y permita generar las condiciones mnimas donde, por fin, aunque sea slo durante un instante, puedan callar los individuos y hable el conocimiento. En este sentido, es preciso invocar ciertos desarrollos terico-prcticos del entorno de la pedagoga moderna. Se puede aprender a lidiar con los conflictos como oportunidad educativa, por ejemplo, y promover el trabajo de escucha activa, confianza, dilogo digno y ordenado en clase, junto con un rgimen disciplinario que oriente hacia la reflexin y la convivencia ms que al simple castigo que necesariamente acaba desembocando en la expulsin. No se trata de masticar las matemticas y aderezarlas de valores y ciudadana, no es cosa de trasmitir boca a boca un bolo perezoso de contenidos semideglutidos; tampoco es cosa de que quien no tenga ni idea de matemticas d lecciones de cmo se ensean. La cuestin estriba en que hace falta mucha ms ciudadana, mucha ms educacin, como requisito previo para efectivamente poder dar clase sin echar al mercado laboral a una parte considerable de nuestros alumnos. Y nos toca a nosotros impartir todo eso porque fuera del entorno escolar... como que no se estila.

El polmico socilogo Basil Bernstein forj en los aos setenta los conceptos sociolingsticos de cdigo restringido y cdigo elaborado cuando se dio cuenta de que las clases medias tenan importantes ventajas para el xito en el sistema escolar relacionadas con las variedades lingsticas aprendidas en casa. Pudo profundizar, as, en lo que los estudios empricos sobre rendimiento escolar suelen demostrar una y otra vez: el nivel socioeconmico est directamente relacionado con el nivel acadmico. No implica todo esto en la sociedad actual, donde el sistema pblico de educacin es la nica instancia social que puede tratar a los hijos de la clase trabajadora como ciudadanos iguales, una responsabilidad muy importante para los docentes? No es nuestra obligacin reeducar para intentar siempre que los conocimientos se extiendan hacia abajo? No debemos expandir dignidad ciudadana para ayudar a los hijos de los trabajadores y trabajadoras a combatir las brutales determinaciones del capitalismo de hoy y del que se avecina?

Obviamente, el mster de Bolonia no es ninguna solucin. Es otra componenda dentro del proceso de destruccin paulatina de lo pblico. Pero s que es preciso reflexionar y aprender a educar para crear las condiciones que hagan posible ensear. As, hay que tener cuidado con la despersonalizacin de la enseanza, porque para poder encontrarla slo hay dos caminos, y tenemos que elegir el difcil. Si no queremos echar a las personas, tenemos que trabajar, a menudo de manera muy personalizada, en la consecucin del silencio y el respeto, requisitos elementales del espacio pblico ciudadano donde pueden, por fin, hablar los conocimientos. Y no de un modo autoritario, reglamentario, porque eso lleva directamente a la expulsin, sino con mucha paciencia y pedagoga, tratando de ayudar al tiempo a los estudiantes chillones y a los que ya traen puesta la capacidad de callarse, en un encaje de bolillos duro y complicado que, mal que bien, ha de caracterizar en los prximos tiempos la labor de cualquier docente de Secundaria comprometido con su trabajo, con la defensa de lo pblico y con la consecucin de otro mundo posible. Cuando, junto a los chicos y chicas que llegan al Bachillerato porque tenan de antemano la predisposicin necesaria, conseguimos con esfuerzo sostenido que titule y siga adelante algn estudiante que fue chilln porque lo tena todo en contra, que nos ha costado un mundo de atencin personalizada, nos vamos a casa con un poquito de sensacin de victoria.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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