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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-06-2010

Algunos intentan cerrar en falso la crisis en Tailandia

Txente Rekondo
Rebelin


Las imgenes y las noticias que durante el mes de mayo hemos recibido desde Tailandia han echado por tierra buena parte de la propaganda oficial sobre aquel pas asitico y sobre toda una serie de tpicos que buena parte de la poblacin en Occidente se ha venido forjando sobre el mismo.

Si en ocasiones la realidad tailandesa ha estado ligada a determinados escndalos de turismo sexual y abusos de menores, la mayor parte de las noticias se centraban en difundir la imagen del "pas de la sonrisa", sustentada en la importante presencia del budismo y donde "la armona se impone gracias al la benevolencia del palacio real y a la generosidad de los grandes empresarios". La docilidad y la predisposicin de las clases sociales ms desfavorecidas completan ese cuadro idlico que se nos vende de Tailandia.

Sin embargo las cosas parecen que estn cambiando y se est rompiendo ese supuesto pacto social que ha permitido que la mayora de la poblacin tailandesa haya sido apartada durante dcadas de todos los centros de poder. La exclusin social, la marginacin econmica y la privacin de derechos polticos han sido los verdaderos soportes de ese falso paraso asitico.

Cada vez es ms evidente el vaco que separa al mundo rural y a los ms pobres de las ciudades de las lites del statu quo que durante tanto tiempo han manejado las riendas polticas y econmicas del pas, y directamente relacionado con esa realidad objetiva, no debe extraarnos que al mismo tiempo cada da que pasa aumenten tambin las voces y el nmero de tailandeses que rechazan las injusticias sobre las que se asienta el sistema.

Cuando a mediados de marzo se pusieron en marcha los primeros movimientos de esta ltima crisis eran muchos los que mostraban en Tailandia su rechazo a toda una serie de acontecimientos que han venido condicionando la vida del pas durante estos aos. La toma claramente partidista del Tribunal Constitucional en 2001, el golpe de Estado del 2006, la persecucin posterior durante 2008 de los partidos polticos ligados al depuesto Thaksin y de los gobiernos de stos han venido acumulando la frustracin y la ira de esos amplios sectores tailandeses que claman por el final de un sistema que claramente no les representa.

Y si desde algunos medios occidentales se han querido presentar los enfrentamientos como el posicionamiento de unos y otros en torno a la figura de Thaksin, lo cierto es que en las semanas que ha durado la ocupacin de los distritos comerciales de Bangkok por parte de los denominados "Camisas Rojas", las demandas haban superado claramente esas informaciones, y los eslganes y pancartas apenas hacan ya referencia al exiliado poltico tailands, y mostraban una apuesta decidida por superar el statu quo de Tailandia.

El pacto social a la tailandesa estaba sustentado en cuatro sectores. El palacio real, donde una de las monarquas ms ricas del mundo sigue amasando su fortuna a costa de la mayor parte de la poblacin, y sobre todo gracias a su participacin en la mayora de los sectores econmicos tailandeses y en las principales empresa de stos; la clase empresarial, dispuesta a permitir en enriquecimiento real y de paso aumentar sus beneficios; el ejrcito, que asegura y respalda los privilegios reales y que si por ley deberan estar subordinados al poder civil, su sumisin al palacio es absoluta; y finalmente las clases ms desfavorecidas, que hasta hace poco se han mostrado dciles y han permitido que los otros tres sectores sean los verdaderos beneficiarios de ese acuerdo no escrito.

En este diseo tailands tambin han tenido su importancia los actores extranjeros. Los aliados occidentales de Tailandia han permitido esa realidad en pago a los servicios y apoyos que los dirigentes tailandeses les han venido prestando durante muchos decenios. El apoyo a EEUU durante los conflictos en Vietnam, Laos o Camboya; la brutal represin contra los movimientos progresistas del pas, los desplazamientos de miles de personas para servir a las tropas extranjeras caracterizaron la poltica tailandesa durante la Guerra Fra.

Los sucesivos golpes de Estado no fueron impedimento para que Bangkok acogiera cada vez ms "personal de organizaciones internacionales, ONG y agencias de prensa", todos ellos manteniendo una misma poltica de respeto y tolerancia con los abusos del sistema y de la monarqua tailandesa. Los abusos alos derechos humanos de las minoras y a las fuerzas de izquierda, los golpes, la marginacin social han sido parte de este sistema antidemocrtico que ha contado con el aval occidental.

Esa conjuncin de intereses de las lites locales y sus aliados extranjeros han convertido Tailandia en un lugar donde los intereses coloniales en la regin han salido reforzados, combinado adems con un rgimen cuasi feudal que ha mantenido postrada y dominada a la mayor parte de la poblacin. Y como seala un analista local, todo ello para beneficio "de las lites dominantes, para confort de los extranjeros, de los representantes de empresas extranjeras, para el turismo sexual y para una prensa servil, y sobre todo, a costa de la degradacin de la mayora de la sociedad tailandesa".

Tras los acontecimientos de estas semanas las cosas han podido adquirir un rumbo muy diferente. Y a pesar de que para algunos se ha cerrado la crisis tailandesa, lo cierto es que como ya ha ocurrido en el pasado, las revueltas populares han sido aplastadas, pero tras cada derrota, las fuerzas que abogan por la transformacin social en el pas han surgido con ms fuerza, con una mayor articulacin organizativa y con mayor apoyo popular.

A da de hoy Tailandia es un pas inmerso en importantes divisiones estructurales. La ms que evidente divisin social (entre los que hasta ahora se han apropiado de todas las riquezas y los que han sido marginados de todo centro de poder y decisin), las divisiones entre el ejrcito (tambin dentro del mismo) y las fuerzas policiales (no hay que olvidar que Thaksin fue oficial de las mismas y que stas siempre han sido consideradas por el ejrcito como de "segunda clase"), las divisiones regionales (la mayora de las fuerzas polticas se han creado en torno a apoyos locales, con importantes desequilibrios en su representacin a nivel estatal), son algunas de las severas grietas que pueden hacer tambalear las estructuras tailandesas.

La polarizacin del pas va en aumento y el futuro se presenta cada vez ms incierto. El objetivo de las recientes protestas es el propio sistema, como ha sealado algn observador, nos encontramos "con una dura pugna entre lo viejo y lo nuevo", entre mantener el statu quo o lograr una profunda transformacin que ponga fina a decenios de marginacin contra la mayora de tailandeses.

Las divisiones dentro del ejrcito, la sucesin del actual monarca (que no atraviesa por un buen estado de salud, lo que unido a su edad da pie a conjeturas sobre su relevo y cuyo hijo, candidato al mismo, no contara con el apoyo que cuenta el actual rey), los movimientos secesionistas del sur, o la reaccin de la oposicin poltica "ilegalizada" y de los sectores populares tras la brutal represin gubernamental, son otros aspectos que colocan el futuro de Tailandia en una difcil tesitura y tal vez abran las puertas a la crisis definitiva del actual sistema tailands.

Txente Rekondo. Gabinete Vasco de Anlisis Internacional (GAIN)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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