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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-06-2010

En defensa del dficit pblico

James K. Galbraith
The Nation

Traducido para Rebelin por Juan Agull


La Comisin Simpson-Bowles1, amparada en las farisaicas enaguas de la reduccin del dficit pblico, acaba de declarar por boca de su Presidente- que propondr recortes a la Seguridad Social. (Quizs, para rememorar su ecolgico pasado, el ex Senador Alan Simpson se da a la prometeica tarea de podar la Seguridad Social). La congelacin del gasto pblico por parte de Obama constituye otro sacrificio simblico a los dioses del dficit. La mayora de los observadores cree que la referida decisin no tiene vuelta atrs pero, qu ocurrira si la tuviera? La respuesta es que una reduccin demasiado grande del dficit pblico puede destruir la economa (o lo que queda de ella) y conducirnos, en un par de aos, a una Gran Depresin.

Precisamente por eso la fobia al dficit que predomina en Wall Street, en la prensa, entre algunos economistas y prcticamente, entre todos los polticos es, en realidad, uno de los mayores peligros al que nos enfrentamos actualmente. No se trata, tan slo, de los pensionistas: todos estamos amenazados! De hecho recortar el dficit pblico sin reconstruir, previamente, el engranaje del crdito privado es un camino, casi seguro, a la estagnacin, a la recesin e incluso a una posible Gran Depresin. Asimismo, obsesionarse demasiado en garantizar recortes del dficit pblico a largo plazo, tambin puede contribuir a obstruir aquello que es necesario hacer para reestablecer un crecimiento fuerte y una recuperacin del empleo.

Dicho crudamente: slo hay dos maneras posibles de lograr crecimiento econmico a largo, generando dficit pblico o concediendo prstamos bancarios. Los Gobiernos y los bancos son, de hecho, las dos nicas instituciones con poder para crear algo de la nada. Si de lo que se trata es de aumentar la capacidad de inversin, necesariamente, uno de esos dos grandes motores financieros tiene que ponerse en marcha.

Para el ciudadano de a pie el dficit pblico es, pese a su mala reputacin, mucha mejor idea que los prstamos privados. De hecho es una forma de que el dinero llegue limpio de polvo y paja- a sus bolsillos, listo para empezar a gastar cuando quiera y en lo que quiera incluso, para saldar sus deudas. Eso es lo que, tcnicamente hablando, se llama un aumento del patrimonio financiero lquido. Para la gente de la calle eso es bueno pero para los bancos no, porque no ganan nada...

Y eso es, precisamente, lo que explica las fobias clsicas de las bolsas, de las grandes empresas y de los economistas de derechas. A los banqueros no les gusta nada el dficit fiscal porque compite con los prstamos bancarios como fuente de crecimiento. Cuando un banco presta, sus ganancias tambin lo hacen porque hay intereses que alguien tiene que pagar e incluso, si la deuda no puede ser saldada, puede terminar habiendo un activo financiero en forma de inmueble, fbrica o empresa- del que se terminar apropiando el banco. Aparentemente sencillo verdad?

Pues no tanto, porque aunque todo esto debera resultar evidente, suele permanecer opaco. Y suele permanecer opaco porque legiones de esbirros de Wall Street coordinados, sobre todo, por la Fundacin Peter Peterson pero tambin por el ex Contralor General David Walker; el ala derecha del Partido Demcrata, con Robert Rubin a la cabeza y numerosas iniciativas bipartidistas, como la Coalicin Concordia o el Comit para un Presupuesto Federal Responsable- trabajan arduamente para generar la mayor confusin pblica posible en estos asuntos. De hecho, todos esos irresponsables no expresan, jams, la ms mnima autocrtica por la crisis financiera que se origin en Wall Street y les estall en sus narices. Al contrario, ellos siempre advierten -con un cinismo impresionante- que los Gobiernos podran ser generadores de subprimes y de Pirmides Ponzi [NDT: timos], cosas que no son ciertas.

sas son, tambin, las persona a las que les encanta la vieja cantinela de que la Seguridad Social est en bancarrota o aquella otra de que la pesada carga del dficit pblico la terminarn pagando nuestros nietos o decir que estamos endeudados hasta las orejas. Todas esas idioteces no son ms que parte de una de las mayores campaas de desinformacin de todos los tiempos.

Dicha campaa se fundamenta en lo que muchos llaman sentido comn. De hecho es fcil vender como sabidura casera que los Gobiernos no pueden, como las familias, vivir por encima de sus posibilidades. El problema es que los Gobiernos no son como las familias: stas ltimas dependen de las rentas para saldar sus deudas, y los Gobiernos no.

Adems, en el peor de los casos, los deudores privados pueden quebrar: la bancarrota es una proteccin que brindan las sociedades civilizadas como alternativa al sistema penitenciario. La otra es que, si se trata de hipotecas, los deudores pueden hacer entrega de los bienes que no han podido pagar y punto.

En el caso de los Gobiernos no hay riesgo de impago. Por eso gastan dinero (y pagan intereses) sin importarles demasiado. Lo curioso es que, a diferencia de los deudores privados, no necesitan liquidez. Como le gusta subrayar al agudo economista Warren Mosler, el funcionario de Hacienda que firma los cheques de la Seguridad Social no sabe quin es y mucho menos conoce el telfono del colega que recaud esos impuestos. De hecho si usted, de repente, desea pagar sus propios impuestos en dinero contante y sonante, el Gobierno de turno le dar un recibo y ya le cobrar. Como es la fuente de dinero, siempre est ah.

Quizs por eso los Gobiernos gastan impunemente. Se trata, adems, de gastos sin costo ya que la inflacin se puede eliminar, por ejemplo, va depreciacin de la moneda nacional. El gasto suntuario por ejemplo, en aventuras militares innecesarias- seca las fuentes reales de recursos pero lo bueno es que ningn Gobierno puede quebrar jams en la moneda que l mismo controla. Las moratorias de deuda ocurren, solamente, cuando los Gobiernos que las decretan no controlan la moneda en la que se endeudan como Argentina, que tena deuda en dlares o ahora Grecia que, aunque todava no ha decretado una moratoria de pagos, debe en euros. Sea como fuere, cuando la soberana es un hecho real, la bancarrota es un hecho irrelevante. Cuando Obama afirma, inopinadamente, que Estados Unidos no tiene dinero, dice algo sin sentido y por ende peligroso: me pregunto si l mismo se lo cree.

Tampoco es cierto que el dficit pblico sea una herencia envenenada para las generaciones venideras. De hecho, ms bien, nunca termina de pagarse ni se terminar de hacerlo. Las deudas personales se son contradas durante la vida del deudor o incluso a su muerte pero son difcilmente heredadas. El dficit pblico, por el contrario, siempre est ah porque los Gobiernos nunca mueren y an en el improbable caso de que lo hicieran (como consecuencia de una guerra o de una revolucin) nadie heredara ese fardo.

El dficit pblico siempre aumenta. Estados Unidos siempre ha tenido salvo en seis cortas ocasiones seguidas, todas ellas, de recesin- presupuestos deficitarios. Ello, lejos de suponer una pesada carga, ha constituido la espoleta del crecimiento econmico. Los ttulos de deuda pblica, a diferencia del endeudamiento privado que nicamente transfiere rentas de una parte del sector privado a otra- alimentan la liquidez de las empresas.

Los que son una amenaza para la solvencia son los intereses. Una reciente proyeccin del Centro de Presupuesto y Prioridades Polticas basada en simples declaraciones de la Oficina Presupuestaria del Congreso (que es un gabinete encargado de realizar anlisis presupuestarios para el Congreso de Estados Unidos)- afirma que el pago de intereses de la deuda pblica frisar el 15% del PIB en 2050, lo que supondra un dficit total de, aproximadamente, un 300%. El problema es que eso es, sencillamente, imposible. Si los intereses se pagasen a personas que lo ms lgico es que gastasen en bienes y servicios generadores de empleo, entonces estaramos hablando de una forma de gasto pblico como otra cualquiera. Pagos de intereses de esa categora afectaran a la economa tanto como la movilizacin para la Segunda Guerra Mundial. Lo ms irnico del asunto es que, mucho antes de llegar a esos extremos, alcanzaramos pleno empleo con una inflacin creciente que disparara el crecimiento econmico y estabilizara la deuda. Lo que en ese improbable caso probablemente hara la Reserva Federal sera garantizar el pago de intereses manteniendo los tipos de inters a corto a precios muy bajos.

Y qu decir de los extranjeros? Acaso es cierto que nos hacen un favor comprndonos ttulos de deuda? Para hacer eso China, por ejemplo, tiene que vendernos bienes sin que nosotros [NDT: Estados Unidos] podamos venderles nada a cambio. Eso supone un esfuerzo para China; un esfuerzo que Pekn est dispuesto a realizar porque tiene razones para ello: exportar productos industrializados promueve la formacin de la fuerza de trabajo, las transferencias de tecnologa y mejora de la calidad de los productos manufacturados. Todo esto activa, adems, la generacin de empleo. Pero esas son cosas de los chinos.

Para China los ttulos de deuda son una especie de tesoro sin valor. Pekn no puede hacer gran cosa con ellos. China ya importa todas las materias primas, maquinaria y aeronaves que puede utilizar y si quisiera ms, comprara ms. Entonces, a menos que Pekn decida cambiar su poltica de exportacin, su stock de ttulos de deuda estadounidense seguir creciendo y nosotros [NDT: Estados Unidos] vamos a seguir pagando los intereses que esos ttulos generan, pero no con un esfuerzo real, sino digitando nmeros en ordenadores y eso no cuesta nada: ni ahora ni nunca. (Si los chinos acumulasen los intereses, podran ayudarnos a crear empleo. As que el hecho de comprar muchos bienes a los chinos implica que tendremos que ser muy imaginativos y audaces si lo que realmente deseamos es crear todo el empleo que necesitamos). Una ltima cuestin China podra vender sus dlares? En principio podra hacerlo comprando, por ejemplo, deuda griega (lo que revalorizara el euro frente al dlar). Lo que ocurre es que, si se reflexiona bien, no da la impresin de que a ningn burcrata chino eso le parezca una buena idea.

Lo que es cierto para el Gobierno como un todo, tambin lo es para sus partes. Lo es, por ejemplo, para la Seguridad Social, que ni puede declararse en quiebra ni dejar de pagar por las buenas, salvo que el Congreso decida o digamos mejor, que el Congreso, siguiendo las recomendaciones de la Comisin Simpson-Bowles- decida cerrar el grifo. El argumento que vincula la viabilidad de la Seguridad Social a una supuesta curva descendente de las cotizaciones sociales es definitivamente falaz y tiene motivaciones polticas de fondo. Ese planteamiento es una farsa. El primero en emplearlo fue Franklin Delano Roosevelt quien, as, pretenda proteger a la Seguridad Social de los intentos de recorte. Paradjicamente, su argumento termin sirviendo para todo lo contrario: ahora se ha convertido en una recurrente forma de generar ansiedad y en el mejor argumento para evitar la expansin universal del sistema de Seguridad Social.

La Seguridad Social es un programa pblico que se financia a partir de las cotizaciones. Promueve, por consiguiente, la circulacin de recursos en un lapso determinado de tiempo. La principal circulacin no va,como suele creerse, del joven hacia el mayor puesto que incluso si la Seguridad Social no existiera alguien se ocupara de los ancianos. Lo que suele argumentarse, de hecho ocurra, ms bien, antiguamente: los ms jvenes se ocupaban de sus mayores. Desde que la Seguridad Social existe eso ya no es igual: la transferencia real, efectiva, se da de los padres que tienen hijos hacia los que no los tienen y de los jvenes cuyos progenitores han fallecido hacia los padres que no tienen descendencia. En ambos casos se trata de una distribucin equitativa, progresiva y sobre todo sostenible. Es cierto que hay un problema con el coste de la asistencia mdica pero, tambin, que ese no es un problema de la Seguridad Social. No es algo que, por consiguiente, deba resolverse a travs de recortes en la asistencia sanitaria, precisamente porque, si por algo se caracteriza la asistencia sanitaria pblica es por su bajo coste. se es precisamente el problema que explica que la Seguridad Social sea odiada, desde hace dcadas, por los peores depredadores de Wall Street.

El dficit pblico y el endeudamiento estn interconectados. El endeudamiento contribuye, de hecho, a la reduccin del dficit. Eso es lo que ocurri durante toda la dcada de los 90. Un colapso en el crdito genera, sin embargo, mayores gastos e impagos: eso es lo que est ocurriendo ahora. Como los bancos no pueden prestar el dficit aumenta. El nico problema es hacia dnde se orienta ese dficit: hacia inversiones productivas que reconstruyen el pas -como durante el New Deal- o hacia acumulaciones improductivas de capital, en un clima de inseguridad y de desempleo, que ms bien podran estar siendo invertidas en la generacin de empleo?

Si se pudieran revivir los endeudamientos, sera bueno volver a endeudarse? Siempre que haya buenas razones, por qu no. Los Gobiernos suelen estar, por definicin, burocratizados y tener pesadas conducciones polticas. Operan, fundamentalmente, en los mbitos del derecho y de la regulacin. Los bancos privados, por el contrario, al estar descentralizados y ser competitivos, suelen tener mucha mayor flexibilidad. Un buen sistema bancario conducido por gente competente, con buen criterio para los negocios y que conozca a su clientela, es bueno para cualquier economa. El hecho de que usted tenga que pagar los intereses que genera una deuda tambin puede constituir un elemento de motivacin para seguir invirtiendo.

El problema es que actualmente no existe ese tipo de banco. Lo que hay es un crtel dirigido por una plutocracia incompetente cuyos tentculos llegan hasta las faltriqueras de los Estados. Para que un crdito tenga retorn hay que descontar las deudas impagables, que ahora se han convertido en exorbitantes; restaurar la renta privada (creando empleo) y el sistema de garanta (o sea, el valor de los bienes inmuebles) pero, sobre todo, hay que reestructurar el sistema financiero. Hay que intervenir los bancos, combatir el fraude, generar incentivos para prstamos orientados al ahorro energtico, a la construccin de infraestructuras y a otros sectores [productivos estratgicos]. Una posibilidad alternativa es promover la creacin de un sistema bancario nuevo y paralelo, que es lo que se hizo durante el New Deal [NDT: en Estados Unidos] con la banca pblica e incluso, con las promociones sociales de vivienda protegida (Fannie Mae y Freddie Mac [NDT: los dos bancos de inversin en los que se origin la crisis financiera actual] salieron de ah)

De todos modos, hasta que no se emprenda una reforma financiera seria, el dficit presupuestario es la nica manera de recuperar la senda del crecimiento econmico. No es necesario que ste sea de su agrado; simplemente usted tiene que ser consciente de que hace falta para recuperar el crecimiento y el empleo y de que, adems, va a hacer falta durante mucho tiempo: por lo menos, hasta que se disee un plan estratgico de inversiones en energa y en medio ambiente parcialmente financiado por un sector financiero reformado, restaurado y disciplinado.

Pero ms all de mis impresiones y deseos personales es muy posible que la actual histeria imperante -en relacin con el dficit pblico- no sea ms que una cortina de humo orientada a desviar la atencin de las disfunciones estructurales que caracterizan al actual sistema bancario: sera la nica forma de detener una reforma financiera. Si ese fuera el caso, lo que yo me preguntara es si eso es intrnsecamente bueno. Porque puede serlo pero tambin puede no serlo



James K. Galbraith (autor de The Predator State: How Conservatives Abandoned the Free Market e Why Liberals Should Too, Free Press, 2008) es profesor en la Escuela de Administracin Pblica de la Universidad de Texas y Consejero Acadmico del Instituto de Economa Levy.

Fuente: http://www.thenation.com/article/defense-deficits

rCR



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