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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-06-2010

Luces y sombras de la ayuda humanitaria

Alberto Piris
El viejo can


En Dili, la capital de Timor Oriental, ese pas que solo aparece en los medios de comunicacin cuando es objeto de las ambiciones de sus vecinos -Australia o Indonesia- por sus recursos naturales o cuando es sacudido por la guerra -como cuando entre sangre y fuego alcanz la independencia frente a la brutal represin indonesia-, se reunieron el pasado mes de abril delegaciones de varios de los llamados "Estados frgiles". Se trata de esos pases que dependen de la ayuda exterior para sobrevivir y, en ciertas circunstancias, aspirar a poseer los medios que les permitan salir de la espiral de miseria, corrupcin y desorganizacin en la que estn endmicamente atrapados.

Adems de los de Timor, asistieron representantes de Burundi, Chad, Costa de Marfil, Hait, Islas Salomn, Nepal, Repblica Centroafricana, Repblica Democrtica del Congo, Sierra Leona y Sudn meridional, entre otros. Esta enumeracin permitir al lector hacerse una idea del tipo de pases al que nos estamos refiriendo.

Lo que esos pases pedan era que sus Gobiernos intervinieran ms directamente en el destino y distribucin de los fondos que los pases donantes dedican a la ayuda al desarrollo. El dilogo entre donantes y socorridos se plante en trminos crudos. El representante de una OING (Organizacin internacional no gubernamental) declar: "Desde el punto de vista de los Gobiernos est bien que deseen controlar los fondos asignados, y debemos estimularlo. Pero, francamente, muchos de estos Gobiernos no son expertos en la construccin de la paz". Desde el otro lado, la ministra de Finanzas de Timor record que el ndice de pobreza haba aumentado en su pas un 50% entre 2001 y 2007, aadiendo: "Es este el resultado que deseamos? Comprendo que hemos de ponernos de acuerdo [donantes y beneficiados] sobre los resultados a alcanzar. Pero, despus, djenme a m que acte a mi modo porque conozco mejor el contexto en el que estamos trabajando y que ustedes desconocen".

Hay que aplaudir y fomentar estas reuniones que ponen en contacto a los dos polos de la ayuda al desarrollo, los que la reciben y los que la organizan, y que son beneficiosas para ambas partes al permitir un mejor conocimiento mutuo. Pero tambin hay oscuras sombras que empaan las actividades de ayuda humanitaria. Sombras que se advierten en estas palabras de un economista de Zambia: "Esa ayuda es la causa, y no la solucin, de los problemas del mundo en desarrollo". No son pocos los que citan casos, en creciente nmero, en los que la ayuda ha servido para prolongar las guerras y los conflictos, y para premiar la actuacin de asesinos y de Gobiernos corruptos.

La escritora y activista holandesa Linda Polman se hace eco de los problemas que aquejan a la ayuda humanitaria en un libro recientemente publicado y cuyo ttulo puede traducirse as: "Juegos de guerra: la historia de la ayuda y la guerra en los tiempos modernos". La ayuda humanitaria se ha convertido en un negocio importante que opera estrechamente vinculado con los medios de comunicacin y con los protagonistas de las actividades blicas. De las 40 agencias que en los aos 80 intervinieron en el conflicto de Camboya o de las 250 que diez aos despus lo hicieron en Yugoslavia, se pas en 2004 a las ms de 2500 que trabajaban en Afganistn. El principal motivo de preocupacin es la triple vinculacin citada: las OING necesitan de la publicidad meditica para recibir donaciones y seguir funcionando; a su vez, los Gobiernos y los seores de la guerra las utilizan en beneficio propio.

Polman afirma que la pretendida imparcialidad de la ayuda acaba favoreciendo a los fuertes y a los violentos y no a quienes est destinada, pues aqullos pueden instrumentarla a su gusto. Entrevistada en The Guardian Weekly declara: "Sea manipulada por el rgimen sudans o por las fuerzas de la coalicin en Afganistn, la ayuda es un instrumento de guerra". Sugiere que las OING se nieguen a actuar en esas condiciones, a pesar de ser consciente de que si una de ellas rechaza intervenir por motivos morales o estratgicos, habr otra que lo har en su lugar para ampliar el negocio: "Si sospechamos de los contratistas privados que hacen negocio con la guerra por qu las organizaciones humanitarias privadas no habran de hacer lo mismo?".

Opina que las OING deberan combinar sus esfuerzos en inters exclusivo de los pueblos a los que ayudan. Pero hoy da esta benvola idea nos resulta tan difcil de imaginar como la de combinar a todos los bancos del sistema financiero mundial -que nos han hundido en la crisis que a todos nos daa en mayor o menor medida- para que actuaran en beneficio de las personas y no de sus cuentas de resultados que favorecen a los ms redomados especuladores.

Conviene saber, sin embargo, que la ayuda humanitaria se ejerce a veces en circunstancias muy distintas y difciles y que por ello est sujeta a compromisos y errores. Pero la opinin pblica carece de referencias para poder juzgar sus resultados, del mismo modo que ignora los entresijos del corrupto sistema capitalista que desde la sombra controla nuestros destinos. Una vez ms cobra sentido aquella expresin del general Eisenhower al abandonar la presidencia de EEUU en 1961, cuando record la importancia de contar con "ciudadanos vigilantes e informados" para hacer frente a los problemas del momento. Ahora bien, unos ciudadanos embobados por programas de televisin de muy baja calidad y distrados por el ftbol y por las preocupaciones habituales de la vida diaria no pueden vigilar ni informarse. Y de eso se aprovechan quienes s saben hacerlo en beneficio propio.

Publicado en CEIPAZ el7 de junio de 2010

Fuente: http://www.javierortiz.net/voz/piris/luces-y-sombras-de-la-ayuda-humanitaria



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