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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-06-2010

Prlogo a "La destruccin de una esperanza. Manuel Sacristan y la Primavera de Praga: lecciones de una derrota, de Salvador Lpez Arnal
La construccin de una esperanza

Santiago Alba Rico
Rebelin


Para el materialismo histrico se trata de retener una imagen del pasado tal como se presenta de improviso al sujeto histrico en el instante del peligro. El peligro amenaza tanto el depsito de la tradicin como a sus receptores. Para ambos el peligro es el mismo: prestarse a ser instrumentos de la clase dominante.

Walter Benjamin. Sobre el concepto de la historia

Admitmoslo: las victorias son ms fciles de gestionar y teorizar que las derrotas. Admitmoslo tambin: el depsito de la tradicin del que habla Benjamin, as como el signo vital de sus receptores, comparece en el umbral del siglo XXI, al menos en Europa, bajo la forma de una objetiva, dolorosa, gigantesca derrota. El siglo XX pudo ser ilustrado y acab siendo medieval; pudo ser realmente un antiguo comienzo y acabo siendo una nueva repeticin; pudo ser estuvo a punto de ser- comunista y acab siendo una matanza.

La victoria impone a sus beneficiarios una inmediata cenestesia hegeliana. Junto a los propios mritos, o en el mismo envase, se autoafirma el espritu de la Historia, la Razn objetiva, la Justicia inapelable. Hegel, que era normalmente hegeliano, vio en la figura de Napolen entrando en Jena la Razn a caballo porque por supuesto la Razn no poda llegar hasta tan lejos a pie y mucho menos desarmada, en alas slo de su propia persuasiva belleza. El realismo puro se acompaa siempre de estas ensoaciones erticas: atribuye el empuje de las tropas francesas al genio de Napolen y a la idea en l encarnada y no precisamente a los caballos y los caones- que le fueron abriendo camino por Europa. Como regla general, cabe decir que si algo ha hecho dao a las Razones y a las Ideas son los medios que se han utilizado para introducirlas en el mundo. O mejor dicho: si algo ha hecho dao a las Razones y las Ideas es que estn obligadas a montar a caballo en un mundo en el que los caballos, en su actualidad plena, generan siempre la ilusin de una superioridad moral y racional. La victoria se autojustifica, la derrota se autoculpabiliza; y cada vez que la izquierda ha reparado en el fraude de este automatismo ha acabado por introducir sencillamente la sospecha , proyectada sobre las Ideas o sobre los Medios, sin analizar de verdad la relacin entre los unos y las otras. La historia de las plenitudes no ha dado tiempo a una verdadera historia de las ideas en la que estuviese en discusin, no la verdad o falsedad de los caballos, sino la racionalidad y moralidad de los jinetes.

La Historia nos aparece siempre demasiado llena, demasiado plena para teorizar sobre ella. Aceptando o rechazando sin matices su plenitud, no hemos acertado siquiera salvo excepciones- a imaginarla bien. Un progreso, un proceso, un devenir, un retorno, nos hemos representado siempre la Historia como sucesin cuando quizs hay que concebirla ms bien como simultaneidad: como un cajn o un frontn en el que algunas pelotas rebotan sin parar entre cuatro paredes y en el que, por tanto, algunos futuros vienen del pasado y algunos pasados vienen del futuro y en el que pasado y futuro rebotan sin cesar en todas direcciones . Sobre la lnea ascendente de la evolucin tecnolgica, tres ideas y cuatro acontecimientos se mezclan y se cruzan una y otra vez en esta cancha cerrada: todo vuelve sin repetirse, todo es nuevo por segunda vez. Entre el imperio romano y el imperio estadounidense no se puede trazar ninguna lnea continua, pero s podemos puntear una quebrada de lugares comunes; ningn itinerario recto une Espartaco al comandante Marcos, pero s una serie de posadas compartidas en el camino. Las tradiciones no son lneas sino intersecciones. Y lo que hemos aprendido lo que recogemos de esa otra historia nunca plena, la de las ideas- tiene que esperar un rebote , en el peloteo de las plenitudes, para imprimir nuevas trayectorias y nuevos lances. El kairos de una idea buena, de una idea justa, es siempre un caballo desbocado.

Las oportunidades histricamente perdidas an se pueden pensar; y a travs del pensamiento vuelven a entrar en la historia, o pueden volver a entrar en ella en un rebote . Eso es creo- materialismo. Eso es lo contrario de ese hegelianismo banal, de derechas y de izquierdas, que concibe la Historia como una operacin tarde o temprano justiciera de reciclaje y desperdicio. A Manuel Sacristn, cuyo pensamiento es uno de los ejes de este libro, le irritaba mucho esa idea de los vertederos de la historia, y as lo expresaba en una spera cita recogida por Salvador Lpez Arnal:

As pues, empec a intentar entender lo que haba quedado liquidado en la cuneta por la marcha histrica, como reaccin a la bestial y siniestra idea sa de los vertederos de la historia que se mantiene en la tradicin del grueso del movimiento obrero, como si lo que ha quedado en las cunetas fuera basura, siendo as que est claro que basura, en cierta medida, lo somos todos y, en cierto, sentido, nadie, por lo menos dentro de los grupos dominados.

La divisoria entre vencedores y vencidos fue definitivamente trazada en 1989 o as lo pareca- tras la derrota de la Unin Sovitica en la Guerra Fra. Todo el comunismo, de pronto, era chatarra; todo el depsito de la tradicin se pudra con vergenza en los vertederos mientras sus receptores huan, pedan perdn o se aupaban a la carrera sobre los caballos victoriosos. Pero si lo que quedaba a las espaldas era un paisaje en ruinas, lo que se presentaba ante los ojos de los receptores impenitentes era como escrib en 1990- todo el enemigo por delante. Qu hacer? A la izquierda marxista se le ofreca la oportunidad al menos de volver la cabeza y examinar las ruinas sin contricin, en un perodo de derrota histrica en el que los errores de la tradicin se haban vuelto tan inoperantes como sus aciertos y, si no podan hacer ya ningn dao, podan proporcionar, en cambio, un criterio gnoseolgico de discriminacin retrospectiva. Revisar un depsito que ya no corra el peligro de servir a las clases dominantes era, y sigue siendo, la oportunidad histrica de los que han perdido todas las oportunidades histricas en los ltimos cien aos.

Hay vencedores y vencidos, es verdad, pero tambin en las cunetas reconocemos castas, clases, jerarquas, voces truncadas, silenciadas o reprimidas. Perdedores dominantes y perdedores dominados; derrotados victoriosos y derrotados derrotados. Si hay que explorar lejos de los reciclajes hegemnicos- los basureros del capitalismo, porque constituyen su reverso potencialmente luminoso, hay que explorarlos con la conciencia de que esos basureros contienen su propia historia y, por as decirlo, su propia lucha de clases. Salvador Lpez Arnal recuerda la invitacin constante de Manuel Sacristn a mirar tambin los paisajes de la historia del movimiento obrero y comunista desde el punto de vista de los no vencedores, desde la perspectiva silenciada de los marginados entre los propios vencidos, desde la mirada de los que haban sido derrotados en el mismo mbito sociopoltico de los socialmente perdedores. La Unin Sovitica tuvo sus propias cunetas y tambin pretendi que era la plenitud de su galope la que reparta espontneamente justicia histrica, dejando caer a su paso, en los vertederos del socialismo, todo lo que no mereca sobrevivir. De la misma manera, el depsito de la tradicin, bulliciosamente pugnaz bajo la ilusin de una inmanencia justiciera, ha sido tan implacable como el mercado a la hora de seleccionar las corrientes, las interpretaciones, los autores, los lmites de la ortodoxia marxista.

El libro de Salvador Lpez Arnal, cuyo expresivo ttulo (La destruccin de una esperanza) reivindica ya la idea de que otro comunismo es posible, se ocupa de una de estas derrotas histricas que se produjeron dentro del mbito de los socialmente perdedores: la Primavera de Praga, el experimento de socialismo democrtico de Dubcek y sus compaeros en la Checoslovaquia de 1968, abortado en agosto de ese mismo ao por los tanques soviticos. Lo hace, adems, a travs de una voz que, dentro del depsito de la tradicin, ha sido mucho menos escuchada de lo que merece: la de Manuel Sacristn, el terico comunista ms influyente de su generacin, el nico que en Espaa puede rivalizar con los grandes pensadores marxistas del siglo XX (Gramsci o Lukcs), el ms contemporneo de todos ellos y, sin embargo, el que con ms retraso se est incorporando con todo lo que lo necesitamos- al arsenal vivo de los recursos tericos y polticos de la nueva izquierda marxista en proceso de formacin.

Digamos que Salvador Lpez Arnal nos cuenta tres historias:

La primera es realmente una historia, la de la gestacin, materializacin y derrota de la Primavera de Praga en esos pocos meses de un ao magntico del pasado siglo. Ahora que la tentativa de Dubcek y sus compaeros no puede utilizarse contra los soviticos, ahora que el nico 68 que se recuerda o se recicla- es el parisino de la imaginacin al poder, es particularmente til reconstruir con serenidad, rigor y erudicin, como lo hace Lpez Arnal, un episodio central, poco explorado, an no agotado, de la historia del comunismo; de la historia, es decir, de esa otra humanidad posible que est siempre, al mismo tiempo, detrs y delante de nosotros. Lpez Arnal reconstruye este episodio, digo, con serenidad y rigor, pero no como si fuera sencillamente una antigualla para estudiosos; la narracin misma, con su cronograma preciso y su fiel descripcin del medio histrico, est dirigida a despertar en el lector la conciencia de su propio presente, y la emocin incmoda de las tareas inconclusas, de los apremios decisivos. Pocos dudarn hoy, a la luz del dilema de Benjamin, que el estalinismo fue, y sigue siendo, mucho ms funcional a los intereses de las clases dominantes de Occidente que el socialismo con rostro humano del Partido Comunista Checo, y lo fue, y lo sigue siendo, porque el estalinismo era una mala idea, una idea injusta, una idea con muchos caballos. La Primavera de Praga, por el contrario, fue una buena idea, una idea justa, que no encontr su kairos? Un futuro precoz que deba sucumbir a la Guerra Fra? Haba que defender eso entonces? Hay que defender eso siempre?

La segunda historia, en apariencia muy acadmica, es la de la recepcin en los medios comunistas europeos de la experiencia de Praga y de la posterior invasin sovitica, y particularmente como bien expresa el subttulo del libro- en el pensamiento y la obra de Manuel Sacristn. Desde el primer momento y hasta su muerte en 1985, Sacristn respondi afirmativamente, sin vacilaciones, a veces de mal humor, a la pregunta sobre la conveniencia, oportunidad o funcionalidad del experimento checoslovaco: haba que defenderlo siempre. Con la paciencia y rigor a la que nos tiene acostumbrados a sus lectores, Salvador Lpez Arnal rastrea todas las huellas que dej la Primavera de Praga en la obra de Sacristn, demorndose muy especialmente en el concienzudo anlisis de una largusima, densa, poderosa entrevista que el filsofo public en 1969 en Cuadernos para el dilogo, la revista inspirada por el democristiano Joaqun Ruiz-Gimnez; una entrevista felizmente reproducida, en su versin ntegra, en el apndice del libro y que concluye con esta tajante afirmacin: Lo ms interesante del caso checoslovaco no es su concrecin interna, aqu discutida, sino su mero ser, el que se produjera, planteando en la prctica la situacin crtica. () La experiencia checoslovaca, de haberse realizado, habra sido por lo menos ciencia social en acto.

Pero la ms importante es, a mi juicio, la tercera historia, que es ms bien un engarce, una vibracin, un bastidor casi invisible: precisamente el kairos de resucitar y articular en estos momentos las otras dos. Salvador Lpez Arnal no es slo uno de los ms autorizados conocedores de la obra de Sacristn, no slo lleva aos dedicado a recuperar y difundir su pensamiento, no slo se deja guiar por sus iluminaciones, sino que adems prolonga su vida como Sacristn prolong otras- con su incansable actividad de pensador militante; es decir, pensando siempre con los dos pies en el mundo, atento sin cesar a la advertencia de Walter Benjamin. Todo el que siga su fecundsima produccin (a travs, por ejemplo, de El Viejo Topo, el colectivo Espai Marx o la pgina de Rebelin) sabe de su honestidad intelectual y de su compromiso cotidiano. Salvador Lpez Arnal jams hace, jams ha hecho, ninguna concesin pragmtica a la retrica o la demagogia y ha conseguido, sin embargo, que su erudicin y rigor, puntillosamente acadmicos tantas veces, jams sean neutrales, ni siquiera desde el punto de vista emocional. Por eso, La destruccin de una esperanza, libro ceido a las ms altas exigencias de la investigacin, es al mismo tiempo, o sobre todo, la intervencin de un comunista ilustrado y republicano en un debate crucial para el destino de las izquierdas en las prximas dcadas. Lo ms emocionante del mundo es el sexo, la msica, el deporte. No. Lo ms emocionante del mundo es conocer. No. Lo ms emocionante del mundo es conocer con otros y para otros, para voltear el mundo comn. Por eso, leer a Salvador Lpez Arnal es siempre dos veces emocionante.

En este caso, la Primavera de Praga y Manuel Sacristn sirven a Lpez Arnal para sacar de ese nudo todo el repertorio poltico y conceptual en cuyo esclarecimiento nos jugamos nuestra vida mental; es decir, la posibilidad de construir un conocimiento que no slo no sirva a los intereses de las clases dominantes sino que los combata y debilite. Contra la nefasta tradicin estalinista, pero tambin contra esa otra tradicin replicante de la pura sospecha que algunas veces he llamado lquida, lubricante involuntario del acelern capitalista-, Salvador Lpez Arnal sabe escoger muy bien los temas decisivos del marxismo contemporneo. Manuel Sacristn los adelant todos, se adelant con todos, y vuelven ahora pared contra pared- en un rebote histrico muy concreto: la combinacin de crisis capitalista, retoo imperialista y compleja diversidad emancipatoria, junto al desplazamiento de las luchas de liberacin con algunas victorias izquierdistas- desde Europa a Latinoamrica. En estas circunstancias, es fundamental recuperar la sensatez epistemolgica de Sacristn (que Lpez Arnal hace suya) a la hora de abordar las cinco cuestiones axiales del debate terico-poltico de la izquierda global: la cuestin de los nuevos sujetos polticos y la autonoma articulada de las luchas, la cuestin antropolgica del hombre nuevo, la cuestin de la democracia y el derecho, la cuestin de la ciencia y la tecnologa y la cuestin central de la destruccin ecolgica (la comprensin de las fuerzas productivas como fuerzas tambin destructivas). El socialismo del siglo XXI se decide en torno a estas cuestiones y a su clarificacin en las cabezas. Los que llaman a la accin olvidan que accin es lo que sobra en un mundo en el que incluso el conocimiento es una fuerza productiva (en manos ahora del enemigo) y que, por tanto, el mximo de actividad reside en el presente en el hecho mismo de pensar bien. Necesitamos medios de transporte, s, pero no hay nada ms peligroso que un error a caballo, sobre todo cuando los caballos de la poca son tan poderosos y objetivamente inmanejables y potencialmente destructivos- que aqu un error puede ser tan peligroso y devastador como un ejrcito imperial o una multinacional capitalista.

Que el lector no se llame a engao, por tanto, a partir del subttulo del libro. La destruccin de una esperanza no es un comentario de texto especializado sobre un autor muerto y un acontecimiento olvidado. Es todo lo contrario: en la maraa de los rebotes, cuando el pasado empieza a volver desde el futuro bajo las formas ms diversas, el libro de Salvador Lpez Arnal proporciona algo as como un kit completo y riguroso de herramientas para abordar lo que ya est viniendo de la pared de enfrente: la eleccin crucial, cada vez ms inaplazable, entre el socialismo y la barbarie, entre la democracia y la tirana, entre la razn y la destruccin o, ms sencillamente, entre la vida y la muerte. No es seguro que los derrotados de los derrotados sean los prximos vencedores sobre los vencedores realmente existentes-, pero s lo es que toda posibilidad de supervivencia pasa por reintroducir entre las cuatro paredes de la Historia ese depsito malversado, traicionado o despreciado, y con l los nuevos receptores que deben cargarlo sobre sus lomos.

De eso se trata en este libro: de cmo ganar la prxima batalla.

Salvador Lpez Arnal, "La destruccin de una esperanza. Manuel Sacristn y la Primavera de Praga: lecciones de una derrota".

Prlogo de Santiago Alba Rico.

Editorial Akal, Madrid, 2010.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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