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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-06-2010

La otra cara del evento deportivo
Los perdedores del Mundial

Joan Canela i Barrull
Directa


En la puerta hay un pequeo piquete de vigilancia que pregunta adnde vas. "Tengo una cita con el obispo". "Un momento" responde el improvisado guarda antes de mirar en una lista para comprobar que se espera a un periodista a esta hora. La Catedral Metodista de Johannesburgo es un colosal edificio construido con la mentalidad de mostrar la gloria y poder de su iglesia en el mismo centro de negocios de la ciudad. Pero hoy su tamao se ha aprovechado para otros fines, pues es capaz de albergar hasta 2.000 refugiados africanos -sobre todo zimbabuenses, aunque tambin los hay de pases como el Congo, Ruanda, Sudn o Somalia- "apadrinados" por el obispo Paul Verryn.

Verryn es un viejo conocido de las luchas sociales sudafricanas desde los aos ochenta, cuando era pastor de una pequea parroquia de Soweto y se dedicaba a oficiar los entierros de los activistas asesinados por la polica. Quizs por que ya las ha visto de todos los colores no se le ve para nada preocupado ante la orden de destitucin del Consejo Metodista Sudafricano. "El Consejo se ha doblegado ante las presiones del Gobierno al que le molestan los refugiados -cuenta, a pesar de la prohibicin expresa de hablar con la prensa- pero toda la congregacin est muy unida en torno a este proyecto y van a fracasar".

Verryn y "sus refugiados",como los llama la prensa local, son en realidad vctimas del Mundial. Y adems no son las nicas. Por todo el pas hay miles de personas, sobre todo las ms pobres, que han sido desplazadas por la construccin de infraestructuras directa o indirectamente relacionadas con el evento, que han visto cmo su forma de vida pasaba a ser criminalizada o que, como en el caso de los refugiados de la Catedral Metodista, sencillamente "molestaban". Se trata de la otra cara del Mundial, de la gente que difcilmente tendr algo que celebrar aunque la seleccin de su pas lograse llegar a la final y levantar la codiciada copa.

"Hace ms de seis aos que mantenemos nuestro programa de asistencia a refugiados e indigentes sudafricanos y no slo nunca hemos tenido ningn problema, sino que hemos recibido numerosas muestras de apoyo por parte del Gobierno", contina Verryn, pero a medida que se acercaba el Mundial las cosas empezaron a cambiar. "Su argumento es que quieren reducir la inseguridad, pero con esto estn diciendo que los pobres son todos criminales? -se pregunta- En realidad lo que pretenden es esconder la pobreza como si fuera polvo que se barre bajo la alfombra. No quieren que el mundo conozca la verdadera Sudfrica".

Un mercado vivo

Durban, a unos 600 kilmetros al sudeste de Johannesburgo, es el mayor puerto de frica oriental y plaza fuerte de la comunidad india que habita el pas. Es una ciudad moderna y con una economa dinmica y pujante, cuyas playas son objeto de culto para los amantes del surf de todo el mundo. Como en la mayora de las grandes metrpolis sudafricanas, tras el fin del apartheid, el centro urbano fue tomado por la poblacin negra que trataba de acceder a un puesto de trabajo all donde se encontraban. Aqu se encuentra el Early Morning Market -el Mercado de Temprano por la Maana- el mercado tradicional ms grande de esta parte del continente. En l se puede encontrar desde la fruta y la verdura que producen los agricultores locales hasta productos de plstico made in China, pasando por discos y pelculas piratas, un plato de comida o las hierbas necesarias para preparar remedios tradicionales. Y todo a unos precios asequibles para los ms pobres. Aunque ninguna gua lo recomiende -en Sudfrica todo lo que huele a africanidad rpidamente se asocia a peligroso- un paseo por el mercado es un goce para los sentidos y un verdadero chapuzn de cultura sudafricana. El mercado es un verdadero hormiguero que nunca para y que invade las calles contiguas en un magma sin control aparente. Pero lo que an es ms importante, el Early Morning Market representa el sitio de trabajo de entre 7.000 y 10.000 personas, la mayora de las cuales difcilmente encontraran otro empleo. "No se puede subestimar la importancia del mercado -asegura Richard Dobson, coordinador de la ONG Asiye Etafuleni- pues la mayora de los ingresos que consiguen las mujeres del mercado se gastan luego en los townships [los barrios obligatorios para los negros durante el apartheid] donde viven, convirtindose en un dinamizador increble de la economa de una gran parte de la poblacin de la ciudad".

Pero el mercado -situado en el centro de la ciudad y justo al lado de las estaciones centrales de ferrocarril y autobs- es demasiado estratgico para dejarlo en manos de los pobres. O al menos esto deban de pensar los responsables de Isolenu, un potente grupo inversor que propuso al Ayuntamiento crear un moderno centro comercial para "dignificar" el centro de la ciudad pensando en los miles de turistas que van a visitarla. Obed Mlaba, alcalde de la ciudad, declar que no se poda "desaprovechar la oportunidad que implicaba la inversin de 400 millones de rands [40 millones de euros]". Para Harry Ramla, presidente de la asociacin de vendedores del Early Morning Market todo esto no es ms que una excusa para "dejar este espacio fabuloso a un puado de grandes empresas, an a costa de que se pierdan miles de empleos y se destruya el edificio centenario" que alberga parte del mercado y est calificado de inters cultural.

"El Mundial se ha convertido en una excusa formidable para imponer planes de desarrollo de consecuencias desastrosas para los ms vulnerables -cuenta Pat Horn, coordinadora de StreetNet, una red internacional de vendedores callejeros- y privatizar los centros de las grandes ciudades en beneficio de una economa globalizada que excluye a una mayora de las personas humildes".

Desalojos cero

En el extremo sur del continente se encuentra Ciudad del Cabo, bastin "blanco" de la nacin del Arco Iris. Este es el nico gran municipio y provincia que no est gobernado por el Congreso Nacional Africano, sino por la Alianza Democrtica (DA, en sus siglas inglesas), el partido heredero de los opositores moderados al apartheid y que hoy agrupa los votos de la minora blanca.

Ciudad del Cabo es tambin uno de los centros de peregrinaje de la jet set internacional que acostumbra a dejarse ver en sus restaurantes de lujo y en sus tiendas ms exclusivas. Por poner un ejemplo, Victoria Beckham ya ha alquilado un espacioso apartamento con una piscina que cuelga espectacularmente de un acantilado sobre el mar para pasar el Mundial.

Pero aqu tambin se encuentran los peores "asentamientos informales" -un eufemismo local que designa los campos de chabolas- de todo el pas. Se trata de un verdadero anillo de pobreza, violencia y desesperacin que literalmente rodea la ciudad formal. En estos barrios no hay alcantarillado, ni agua corriente ni luz elctrica que no provenga de algunos cables conectados ilegalmente a las torres de alta tensin. A pocos kilmetros de la piscina de Victoria Beckham es imposible encontrar un bao con una cadena.

Un asedio que se ha estrechado tanto que para poder construir el Green Point -el modernsimo estadioen primera lnea de mar y con capacidad para 70.000 espectadores edificado exclusivamente para el Mundial a un coste de 440 millones de euros- hubo que desalojar a centenares de residentes. Y los antiguos habitantes de Green Point no son los nicos afectados.

"Los desalojos se han multiplicado en los ltimos aos -cuenta Tshawe, dirigente comunitario de Joe Slovo, uno de estos "asentamientos" nombrado as en honor al histrico dirigente comunista sudafricano- en parte por el aumento del precio de la tierra y en parte porque el Ayuntamiento no nos quiere tan cerca del centro, donde los turistas pueden vernos. La Campaa Anti Desalojos, una red local que coordina a las diferentes comunidades afectadas, cifra en "decenas de miles" las personas desahuciadas desde el ao 2000, cuando se fund la organizacin. En el caso de Joe Slovo el "problema" se encuentra en su proximidad a la autopista, que revaloriza los terrenos donde se erigen sus barracas. "Pero es que nosotros tampoco nos instalamos aqu por casualidad. Si nos vamos a un sitio dejado de la mano de Dios, como vamos a poder acceder a un puesto de trabajo?" se pregunta Tshawe.

Tres historias de resistencia

Aunque los antiguos dirigentes de la lucha antiapartheid sean hoy los gestores del Mundial y de una buena parte de los proyectos que dificultan la vida de los ms pobres en Sudfrica, tambin es cierto que la cultura de la resistencia que cre aquel conflicto sigue hoy profundamente arraigada en la conciencia popular. A menos de un mes para que suene el pitido inaugural tanto los refugiados de la Catedral de Johannesburgo como los vendedores del mercado de Durban, como los residentes de Joe Slovo an no han sido expulsados y siguen oponindose firmemente a los planes que, en nombre del desarrollo, pretenden empeorar sus ya difciles vidas.

Cantando viejas canciones de lucha los comerciantes del Early Morning se encerraron en su mercado y quemaron neumticos hasta que la empresa inversora, viendo que ya era imposible inaugurar el centro comercial para el Mundial tir la toalla, al menos de momento.

El Obispo Paul Verryn tambin es optimista: "en enero de 2009 ya trataron de asaltar policialmente la iglesia y detener 1.500 personas. Slo la presin meditica internacional logr pararles los pies. A da de hoy, con ms tensin informativa que nunca, ya no se atrevern a dar otro paso similar".

Sudfrica es hoy el segundo pas del mundo con ms protestas por habitante. Una extensa red de movimientos sociales y asociaciones comunitarias mantiene vivas las promesas de que con el fin de la segregacin la vida sera mucho mejor para todo el mundo. En este sentido el Mundial quizs es una oportunidad para ejecutar planes de desarrollo elitista, pero tambin lo es para que el mundo vea la capacidad de resistencia del pueblo sudafricano.

Un Mundial neoliberal

"ste es un pas donde sorprenden los niveles de riqueza y pobreza puestos de forma contigua. La Copa del Mundo, lejos de ayudar a cambiar esta situacin es slo una lupa que amplifica todos los defectos de este sistema post-apartheid". Esta frase, contra lo que podra parecer, no proviene de ningn activista social o un acadmico marxista, sino de Dave Zirin, uno de los periodistas deportivos ms famosos de los Estados Unidos. Pero es que Sudfrica es, desde el ao pasado, el pas ms desigual del mundo y es imposible que a ningn visitante mnimamente curiosos se le escape el contraste entre los hoteles de cinco estrellas y los inmensos barrios de chabolas de cartn y lata. Y a medida que se acercaba el evento deportivo -el ms grande celebrado nunca en todo el continente- han ido en aumento las voces que denunciaban que el Mundial ha acentuado an ms estas desigualdades en vez de, como prometa el Gobierno,desarrollar el pas y ayudar a la gente a salir de la pobreza.

Segn datos ofrecidos por Pravin Gordhan, Ministro sudafricano de Economa, del 2,5% de crecimiento del PIB calculado para 2010 un 0,5 estar relacionado directamente con la organizacin del Mundial. Pero es que este tirn solo se explica por una colosal inversin pblica. En los ltimos aos el pas entero ha hecho una "puesta a punto" y hoy puede presumir de carreteras, aeropuertos, estadios y centros urbanos totalmente remodelados, cuando no directamente nuevos. "El problema es que se ha hipotecado gran parte del presupuesto pblico en unas infraestructuras que refuerzan el modelo de desarrollo neoliberal en vez de centrarse en una apuesta social y sostenible -cuenta el profesor de economa de la Universidad de Kwa Zulu Natal, Patrick Bond- cuando no se han dedicado directamente a instalaciones totalmente intiles como son los estadios, que en conjunto han costado 3.000 millones de rands [300 millones de euros]. Y ste es un dinero que ha salido de las partidas para agua potable, vivienda social, sanidad o educacin". O tal y como expresaba el recientemente fallecido Dennis Brutus, considerado una de las estrellas deportivas nacionales, "si quieren ayudar al deporte que hagan canchas en los colegios".

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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