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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-06-2010

Voraz desarrollo petrolero en Canad
Bajo las arenas bituminosas de Alberta

Emmanuel Raoul
Le Monde Diplomatique


A fuerza de regalos fiscales, ausencia de regulacin y laxitud medioambiental, los conservadores en el poder en Alberta, Canad, transformaron el norte de la provincia en un supermercado de petrleo sucio en provecho de las multinacionales y de su vecino estadounidense. Se sacrifica el bosque boreal y a las primeras naciones de la regin.

Una sola ruta de hielo, abierta de mediados de diciembre a mediados de marzo, atraviesa cinco ros congelados y conduce a Fort Chipewyan, 700 kilmetros al norte de Edmonton, la capital de Alberta. Salvo en invierno, para llegar a esta provincia del oeste de Canad hay que hacer el trayecto en avioneta. El establecimiento del comercio de pieles Fort Chip, fundado en 1788, fue la primera colonia britnica en Alberta. A pesar de su insuperable vista sobre el lago de Athabasca y sus islas boscosas, el nico hotel del lugar est en venta desde hace aos, ya que el turismo nunca levant el vuelo. Los periodistas que vienen hasta aqu rara vez lo hacen por la belleza o el inters histrico del lugar, sino ms bien por la alarmante tasa de cnceres: 30% superior al promedio provincial (1). Para muchos, el sospechoso nmero uno se encuentra 230 kilmetros ro arriba, ah donde el ro Athabasca serpentea en medio de inmensas minas a cielo abierto y 130 km2 de piletas de decantacin de la industria petrolera.

En efecto, aqu tiene lugar la mayor fiebre del oro negro de la era moderna: ms de 170.000 millones de barriles es decir, la segunda reserva mundial se hallan sepultados en el bosque boreal, sobre una superficie equivalente a la cuarta parte de Francia. La extraccin y transformacin de esas arenas bituminosas (2) requieren cantidades impdicas de agua cinco barriles por cada uno de petrleo y producen daos irreparables en el medio ambiente.

Hace cincuenta aos, si moran una o dos personas de la comunidad al ao, era mucho. En 2009, slo en el mes de abril, enterramos a siete. Qu est pasando aqu? Mientras raspa unos boletos de lotera, Alec Bruno agrega, fatalista: De aqu a unas dcadas, no veo qu quedar para las generaciones jvenes. Somos un pueblo que vive de la tierra y todo eso est desapareciendo. Guarda los billetes; el premio gordo ser para otra vez. Este anciano de los amerindios Chipewyan Athabasca (3) participa, sin ilusiones, en los comits instaurados por las compaas petroleras: Ya tienen las autorizaciones antes de venir a vernos! No podemos detenerlas; apenas intentamos hacerles modificar sus prcticas para limitar los daos al medio ambiente y minimizar los riesgos para nosotros, que vivimos ro abajo.

Hace unos diez aos, los habitantes de Fort Chipewyan empezaron a pescar peces deformes con gusto a petrleo. Luego el mdico del lugar afront varios casos de un cncer raro de las vas biliares, cuya incidencia normal es de 1 por 100.000. Pero aqu no hay ms que un millar de habitantes. En la primavera de 2006, el doctor John OConnor cuestion pblicamente la responsabilidad de la industria petrolera en el asunto. No le fue bien. La administracin federal Salud Canad lo demand por su actitud no profesional causante de una inquietud injustificada. Herido por estos ataques, abandon la regin en 2007.

A principios de 2009, tras aos de negacin, las instituciones sanitarias de Alberta reconocieron una elevada tasa de cncer, pero suavizaron estos resultados basados en un nmero reducido de casos (51 observados sobre 39 esperados) y concluyeron: No hay motivos para alarmarse (4). El estudio no se pronunci sobre el origen de la enfermedad, debida tal vez al azar, a una mejor deteccin, o a cambios en el modo de vida o el entorno. El doctor OConnor recibi una disculpa oficial y regres a la regin en noviembre de 2009: Yo haba logrado mi objetivo de atraer la atencin que Fort Chip reclamaba haca aos. No digo que las arenas bituminosas sean la causa de los cnceres, sino que planteo la pregunta.

Como los cnceres son plurifactoriales, es casi imposible determinar una causa nica. Se trata ms bien de preguntarse si los niveles de toxinas en el aire, el agua, los peces y los animales son lo suficientemente altos como para impactar en la salud, explica el doctor Kevin Timoney. Cuando la comunidad de Fort Chip le encarg estudiar la contaminacin, encontr entre 10 y 50 veces ms mercurio que lo normal en algunos peces, y bastante ms hidrocarburos ro abajo de las minas que ro arriba (5).

Una industria letal

Las autoridades se aferran a un argumento: la presencia de hidrocarburos y mercurio en el ro es de origen natural, ya que las arenas bituminosas afloran en los bancos en algunas partes. Esto fue lo que se propuso verificar un equipo de renombrados investigadores. El 6 de diciembre de 2009, acudieron a Fort Chipewyan para dar a conocer sus conclusiones: a causa de sus emanaciones de compuestos aromticos policclicos (CAP) (6) hacia la atmsfera, la industria causa el equivalente a una marea negra por ao (7)! En un radio de 50 kilmetros alrededor de las plantas de valorizacin donde el bitumen es extrado de la arena y luego transformado en petrleo pesado, etapa obligatoria antes de la refinacin, se encuentra bitumen puro en la nieve. En el Athabasca y sus afluentes, la concentracin de CAP es de 10 a 50 veces superior a la normal, lo que podra explicar las malformaciones de los peces. Se recomend a las mujeres embarazadas y a los nios no comer pescado ms de una vez por semana. Pero la alimentacin amerindia tradicional est basada en la caza y la pesca.

Estas formas raras de cncer son como una guerra bacteriolgica apunta Mike Mercredi, con un gorro con la efigie del Che en la cabeza. Al permitir que la enfermedad mate a mi pueblo, se practica una especie de genocidio. En la pared, un afiche clama su credo: We resist colonization (Nosotros resistimos la colonizacin). Desde que termin el secundario, Mercredi trabaj en las minas, manejando los camiones ms grandes del mundo por 5.000 dlares canadienses (3.500 euros) mensuales (8). Cuando perd a mi ta, mi to, y luego a un amigo de 27 aos a causa de cncer, me dije: Lo que los mata es tu trabajo!. Baj de mi camin y renunci. En febrero de 2007, lo contrat su tribu Athabasca Chipewyan: La idea era que un da no iba a haber ms vida posible aqu. Entonces yo deba recoger el saber tradicional de los ancianos para mostrar a las futuras generaciones cmo era la vida antes del desarrollo industrial. Luego me dije: Qu hacer para impedir la destruccin de mi pueblo y de esta tierra? La explotacin de las arenas bituminosas debe parar!. Desde ese momento, Mercredi machaca con ese mensaje en conferencias por todo el pas.

l provee la voz, pero su tribu opt por la Ley, demandando a Alberta por el arriendo de tierras que rodean a un cementerio tradicional. El gobierno tiene el deber de consultarnos, as lo establece la jurisprudencia explica John Rigney, administrador de la tribu (9). Nuestra denuncia fue rechazada, pero apelamos, y estamos dispuestos a llegar a la Corte Suprema. Esto ser una batalla sagrada. Como David contra Goliat, tenemos tan poco dinero

Nada que no se pueda comprar

Con sus miles de millones de dlares, y el apoyo provincial y federal, la industria petrolera parece intocable. Para comprar la paz social, algunas compaas reparten algunas migajas de sus colosales ganancias: por ejemplo, Syncrude puso 500.000 dlares para el equipamiento del centro para la juventud. En noviembre de 2009, la compaa invit a los Chipewyan a una cena de Navidad en el saln de fiestas. El ex jefe Archie Cyprien defiende a los generosos donantes: Syncrude hace mucho por la comunidad, con sus subvenciones y la creacin de empleos. La industria est all para quedarse, ms vale aprender a convivir con ella. Al final de la velada, cada familia recibe un pavo, y los nios chocolates. ste es el aspecto ms agradable de mi trabajo explica entusiasta Steven Gaudet, de Syncrude. Es cierto que las primeras naciones (10) tienen distintas actitudes hacia nosotros, pero nosotros las necesitamos y queremos que sus comunidades crezcan con nosotros. Les ofrecemos formacin y empleos: entre el 8% y el 10% de nuestros empleados son aborgenes.

Mercredi, por su parte, realiza una breve visita. Se niega a ser el pato de la boda: A los dirigentes de Syncrude lo que ms les importa es la imagen de la empresa; saben muy bien el mal que hacen y entonces, para aliviar su conciencia, le dicen al mundo: este pueblo est en vas de extincin, pero sus habitantes estn muy contentos de comer pavos.

Syncrude dice haber gastado ms de 1.200 millones de dlares en la subcontratacin de empresas aborgenes desde 1992. El aislado Fort Chipewyan slo firm unos pocos contratos con la industria. Pero si remontamos el Athabasca, encontramos a Fort McKay en una situacin muy distinta. Con seis minas en un radio de 30 kilmetros, la aldea se encuentra rodeada por esas extensiones lunares de arena gris que reemplazaron bosques y pantanos; lagos artificiales llenos de 720.000.000 m3 de sopa txica ofrecen a los pjaros una pausa eterna y empapada en fueloil; las fbricas escupen llamaradas y humo junto a unas colinas amarillas de azufre. El jefe Jim Boucher admite: Es una decisin difcil, pero intentamos desarrollar la capacidad de la comunidad para extraer el mximo de ventajas de estas posibilidades.

Fort McKay Group of Companies, consorcio 100% aborigen, produjo una cifra de negocios de 85 millones de dlares en 2007, proveyendo diversos servicios a la industria. Tambin firm una sociedad con Shell para explotar conjuntamente 33 km2 de arenas bituminosas. Los habitantes estn acostumbrados a los procedimientos de evacuacin y al olor a petrleo en el aire. El jefe elogia los beneficios de estas actividades: una tasa de desempleo inferior al 5%, una clnica, un centro para la juventud, 170 viviendas nuevas

Ninguno de los funcionarios responder nuestros pedidos de entrevista. En cambio, una anciana de Fort McKay, Celina Harpe, nos recibe en su casita, a orillas del Athabasca. A los 71 aos, evoca con tristeza un mundo desaparecido: Toda mi vida beb el agua de este ro. Pero desde que estn estas fbricas, ya no se puede. Se ha puesto amarronada y no hace falta ser cientfico para darse cuenta de que no es buena para beber. As que tenemos que comprar agua embotellada. Su marido, Ed Cooper, alias Muskwa el oso, en lengua den, agita una botella de cincuenta centilitros: Cuesta 2 dlares en la tienda ms cercana. Caro para ser agua, no?.

Hace unos aos, Harpe interpel a algunos representantes de Suncor y Syncrude: Ustedes envenenaron el agua, ahora tienen que drnosla!. Su esposo comenta que desde ese momento nos envan agua gratuitamente dos veces por mes, pero slo a los ancianos; los dems tienen que pagarla. La seora Harpe saca los mocasines de cuero de alce y piel de castor que fabrica con sus propias manos. Soy la ltima que cose en Fort McKay. Toda nuestra cultura desapareci, nuestro modo de vida tradicional no existe ms, se acab.

Una ciudad que huele a dinero

Basta hacer 45 kilmetros hacia el sur para descubrir qu sustituy ese modo de vida. Atestada de pickups y vehculos pesados, la autopista 63 conduce a Fort McMurray. Una vitrina del mundo occidental en pleno bosque boreal: supermercados y centros comerciales, fast-foods y tiendas de bebidas alcohlicas en cada esquina, casino y bares con chicas strippers, abundancia de drogas y de sin techo con aire despavorido. Este antiguo pueblo de tramperos y leadores, antes apodado la fbrica de pieles, se ha convertido en Fort McMoney, con efluvios de petrleo que las cohortes de jvenes activos huelen a dinero. El nmero de habitantes se triplic desde el boom de las arenas bituminosas, pasando de 34.000 en 1994 a 101.000 en 2009.

Cmo maneja su mutacin la ciudad hongo? No tan bien, reconoce sonriente Melissa Blake. Esta intendente electa en 2004 dirige una de las comunas ms grandes del mundo, la municipalidad regional de Wood Buffalo: ms de 63.000 km2 cubiertos de bosque, repleto de sitios mineros e industriales una superficie aproximadamente igual a la de Irlanda. Fort McMurray es la nica ciudad. En trminos de infraestructuras, no estbamos preparados para un crecimiento tan brutal. El crecimiento de la poblacin 8% por ao convirti al sector inmobiliario en el ms caro del pas: una casa de cuatro habitaciones vale ms de 620.000 dlares. Y ms vale no caer enfermo, porque hay 1,7 mdicos cada 10.000 habitantes, y uno de emergencias puede recibir hasta 156 pacientes en doce horas (11)!

Detesto esta ciudad: me fui siete veces, pero siempre vuelvo, porque slo ac puedo ganar tanto dinero, confiesa un joven en un bar. Este obrero gana 32 dlares por hora, o sea cuatro veces ms que el salario mnimo de su provincia, Columbia Britnica. Pero el 98% de los habitantes de Fort McMurray no piensa jubilarse all (12), por eso no se preocupa mucho por el impacto de la industria petrolera en el medio ambiente o en las primeras naciones.

Varias generaciones de una familia chipewyan comparten unas pizzas y comida china frente a la tele. Todos trabajaron o an trabajan para la industria petrolera. Una joven recuerda: Desde la escuela nos preparan para eso: los dibujos para colorear, los juguetes Es un lavado de cerebros. No nos queda otra opcin que trabajar para ellos si no queremos ser pobres cuenta Herman, de 41 aos, que fue conductor de mquinas para Suncor, Syncrude y Shell. Antes cazbamos para vivir, pero ahora me convert en un Sobeys boy (13). Despus de algunos problemas de salud, se dispone a retomar su empleo: Lo detesto, pero debo regresar; tengo que pagar 1.400 dlares por mes por el terreno de mi caravana. Todos se expresan con severidad respecto a la tribu de Fort McKay: La idea del xito individual corrompi a nuestro pueblo. La industria nos dividi, lamenta Max.

Una visita al Consejo tribal de Athabasca confirma esta constatacin. Este organismo, que rene a las cinco primeras naciones de la regin alrededor de 5.000 personas, les da consejos y servicios, pero no tiene poder poltico, y cada tribu se autogobierna. Su director, Roy Vermillion, se expresa con prudencia respecto a las arenas bituminosas: Las tribus tienen puntos de vista distintos. Si bien todas se preocupan por el entorno, no tienen las mismas oportunidades segn su localizacin. Su posicin es difcil: al igual que la mayora de los pueblos indgenas, se consideran protectoras de la Madre Naturaleza, pero al mismo tiempo hay una demanda mundial de petrleo que nuestra regin puede satisfacer. Nosotros intentamos lograr un equilibrio.

Estrategias de supervivencia

En 2003, las cinco primeras naciones establecieron una sociedad con los representantes de la industria y los gobiernos municipales, provincial y federal, para manejar las consecuencias del desarrollo en sus territorios. Fue un fracaso. Vermillion explica que: Todas las partes estuvieron de acuerdo en no trabajar juntas, y disolver la sociedad en marzo de 2010. Cada nacin participar ms directamente a travs de las Industry Relation Corporations [IRC].

Las IRC, al igual que Tony Boschmann para los Chipewyan Prairie, 130 kilmetros al sur de Fort McMurray, manejan la relacin de las tribus con los industriales: El desarrollo es una bestia enorme imposible de detener. Nuestra tarea consiste en ayudarlos a sobrevivir con ese monstruo para que, en cincuenta aos, la primera nacin siga ah, con sus tradiciones preservadas. El canadiense anglosajn Shannon Crawley, que trabaja con Boschmann, precisa: Estas comunidades tuvieron que experimentar una revolucin industrial de 300 aos en muy poco tiempo. El jefe Vern Janvier tuvo sus primeros contactos con el hombre blanco hace 35 aos.

La comunidad est asediada por proyectos petroleros. Las arenas bituminosas son demasiado profundas para ser extradas a cielo abierto, de manera que se utilizan las tcnicas in situ. La ms comn es el drenaje gravitacional asistido por vapor (Steam Assisted Gravity Drainage SAGD): se cavan dos pozos paralelos, uno sirve para inyectar vapor a alta presin, que lica el bitumen, y el otro lo bombea hasta la superficie. Es un desarrollo duradero, aseguran sin rer los representantes de la industria petrolera: el SAGD no causa una destruccin tan espectacular como las minas, y utiliza cada vez ms agua salobre.

Esta tcnica, puesta a punto en Alberta gracias a 55 millones de dlares de subvenciones federales, sigue siendo experimental. En mayo de 2006, en el proyecto Joslyn de la empresa Total, el vapor provoc una explosin en la superficie, proyectando rocas, rboles y bitumen, y dejando un crter de veinte metros de ancho. Hay una verdadera falta de conocimiento cientfico sobre el impacto del SAGD. No sabemos cmo se comunican los estratos en el subsuelo, se lamenta Boschmann. Al provocar mini-sismos y derrumbamientos del terreno, el SAGD podra contaminar la mayor napa fretica de Canad (14).

Alberta no ha efectuado ningn estudio de impacto de las tcnicas in situ, y su ente regulador aprueba el 95% de los proyectos sin evaluar jams los efectos acumulativos de las actividades mineras. Sin estudios de impacto, ms de la mitad de los 140.000 km2 ricos en arenas ya han sido otorgados. Boschmann advierte: La inversin es muy riesgosa, ya que las primeras naciones tienen derechos, y lucharn para que sean reconocidos.

Doscientos kilmetros ms al sur, los Cri de Beaver Lake se enfrentan a Alberta y Canad por 16.000 violaciones de sus derechos. Como fruto de los tratados firmados a fines del siglo XIX con la Corona Britnica, estos derechos fueron incluidos en la Constitucin en 1982. A cambio de la cesin de inmensos territorios, las primeras naciones obtenan la garanta de seguir viviendo perpetuamente all, de acuerdo a sus tradiciones. Alberta, que no exista como provincia cuando se firmaron, no reconoce los tratados y considera que no tiene el deber de consultar a los amerindios. La industria se encarga de hacerlo, a su manera. Gerald Whitford, administrador de la tribu, seala dos estanteras cargadas de carpetas. Eso es un slo proyecto de expansin para una instalacin. Nos envan eso y dos das despus, nos preguntan por telfono: Alguna pregunta? A eso llaman consulta.

La ltima lnea de defensa

El grupo ecologista Pembina Institute, famoso por su trabajo serio y documentado, estima que las primeras naciones y sus quejas son la ltima lnea de defensa para preservar la naturaleza. Porque del lado provincial y federal se ha confiado esta funcin a algunas asociaciones financiadas por la industria y sin ninguna credibilidad a fuerza de informes tranquilizadores. El Regional Aquatic Monitoring Program (RAMP), que supuestamente controla la calidad del agua, es duramente criticado por expertos independientes por su falta de rigor cientfico; le pas desapercibida la marea negra anual. Ecologistas y aborgenes terminaron dando un portazo ante la Cumulative Environmental Management Association (CEMA), que debe administrar los efectos acumulativos del desarrollo, a raz del bloqueo ejercido por la industria que exige unanimidad para toda decisin. Ejemplo de su ineficacia: un grupo de trabajo tard ocho aos en elaborar un plan para preservar hasta un 40% de las tierras de la municipalidad regional de Wood Buffalo. Cuando sta realiz sus recomendaciones, la mayora de los terrenos ya haban sido asignados!

La fe ciega en la tecnologa y la confianza absoluta en la industria estn de moda en Alberta. Aqu las compaas se autocontrolan explica Preston McEachern, de la agencia provincial Alberta Environnement Tienden incluso a sobre-informar los incidentes! Pero cuando en abril de 2008 murieron 1.600 pjaros en una pileta de decantacin de Syncrude, la alarma provino de un informante annimo. Cuando una nube de dixido de azufre se abati sobre Fort McKay, en 2006, el viento tuvo que llevar la pestilencia sobre su poblacin mayoritariamente blanca para que la instalacin en cuestin se cerrara; las estaciones de control de calidad del aire no haban notado nada. En cuanto a las fugas txicas de los lagos artificiales, nadie es capaz de cuantificarlas. Pero segn McEachern, la cifra de 11 millones de litros por da que algunos calculan no significa casi nada!

Segn el periodista albertano Andrew Nikiforuk, la provincia est regida por la primera ley de la petro-poltica: cuanto ms sube el bruto, ms se resiente la democracia. Los conservadores, adeptos al lobby gaso-petrolero, reinan sobre Alberta desde hace 39 aos. Algunas organizaciones no gubernamentales interpelan al gobierno federal para que finalmente proteja los recursos acuferos y humanos que de l dependen: del Athabasca se extraen 445.000.000 m3 por ao, o sea el equivalente del consumo de una ciudad de tres millones de habitantes (15). La industria paga ese agua? Con aire de asombro, los representantes de Alberta Environnement y de la industria petrolera responden no.

En Ottawa, el peor enemigo de los amerindios, Tom Flanagan, asoma detrs del Primer Ministro Stephen Harper (16). Este pensador ultraconservador les cuestiona la denominacin de nativo, argumentando que ellos son inmigrantes que precedieron unos miles de aos a los europeos. Concluye que sus reivindicaciones territoriales no tienen fundamento, y aboga por la desaparicin de los derechos de los aborgenes. Mientras que Canad no ha firmado la Declaracin de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indgenas, la aplicacin de esas tesis destruira las acciones judiciales de las primeras naciones, a las que Flanagan llega incluso a acusar de amenaza para la industria petrolera y de ser capaces de volcarse a la accin violenta junto a ecoterroristas (17).

Notas:

(1) Yiqun Chen, Cancer Incidence in Fort Chipewyan, Alberta, 1995-2006,Alberta Cancer Board, Edmonton , febrero de 2009.

(2) Bitumen muy viscoso combinado con esquisto y arena, a partir del cual se produce petrleo. Hasta no hace mucho, era demasiado costoso y complejo explotar esas arenas bituminosas. El alza del precio del oro negro y los cambios tecnolgicos las hicieron rentables. Con 1,4 millones de barriles por da, constituyen la mitad de la produccin canadiense; en 2025, podra ser el 80%.

(3) Seiscientos Cris Mikisew, doscientos Chipewyan Athabasca (Den), doscientos mestizos y un centenar de no aborgenes viven en Fort Chipewyan.

(4) Hanneke Brooymans, Cancer rates higher in communities near oil sands: Study, Canwest News Service, Edmonton, 6-2-09.

(5) Kevin Timoney y Peter Lee, Does the Alberta tar sands industry pollute? The Scientific Evidence, The Open Conservation Biology Journal, 2009 (www.bentham.org/open/toconsbj).

(6) Familia de compuestos qumicos, muchos de ellos cancergenos.

(7) Erin N. Kelly, Jeffrey W. Short, David W. Schindler, Peter V. Hodson, Mingscheng Ma, Alvin K. Kwan y Barbra L. Fortin, Oil sands development contributes polycyclic aromatic compounds to the Athabasca River and its tributaries, Proceedings of the National Academy of Sciences, Washington, 7-12-09.

(8) Todos los montos mencionados estn en dlares canadienses.

(9) Los Cris Mikisew cuestionaron un proyecto de ruta sobre su territorio porque no haban sido consultados; en 2000, la Corte Suprema de Canad les dio la razn.

(10) Trmino utilizado por los autctonos de Canad para designar a los amerindios. 11 Michel Sauv , Canadian dispatches from medical fronts: Fort McMurray, Canadian Medical Association Journal, Ottawa, 3-7-07.

(12) Andrew Nikiforuk, Tar sands: Dirty oil and the future of a continent, Greystone Books, Vancouver, 2008.

(13) Sobeys es la segunda cadena de supermercados de alimentos del pas.

(14) Carolyn Campbell, In Situ tar sands extraction risks contaminating massive aquifers , Wild Land Advocates, Vol. XVI, N 5, Calgary,octubre de 2008.

(15) Danielle Droitsch, Watered Down: Overcoming federal inaction on the impact of oil sands development to water resources , Water Matters, Calgary,octubre de 2009.

(16) Consejero poltico de Harper hasta su victoria en 2006, se lo considera su maestro intelectual.

(17) Tom Flanagan, Resource industries and security. Issues in Northern Alberta, Canadian Defence and Foreign Affairs Institute, Calgary, junio de 2009.

Traduccin: Patricia Minarrieta

Fuente: http://www.monde-diplomatique.fr/2010/04/RAOUL/18996

rCR



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