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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-06-2010

Cronopiando
La bala de fogueo

Koldo Campos Sagaseta
Rebelin


En Estados Unidos, y con independencia de lo que representa la legalizacin del asesinato, hay varios aspectos, en verdad repugnantes, en relacin a la hipcrita moral que rige la ejecucin de un condenado a muerte. El fusilamiento recientemente de Ronnie Gardner en Utah, ha vuelto a ponerlos de manifiesto.

La posibilidad de que el condenado pueda votar por el tipo de muerte en que la justicia se cobrar venganza es el primer apunte de hasta qu grado el cinismo define a esa sociedad. Cierto que nadie vota ms que los estadounidenses, acostumbrados desde nios a votar por todo, por el MVP de cualquier liga deportiva, por el mejor actor, por la miss ms sensual, por la resurreccin de Elvis pero cierto es, tambin, que nadie elige menos que ellos, habituados desde adultos a no elegir nada, ni siquiera a sus presidentes, clonadas copias, matices de color al margen, de un mismo y omnipresente poder que no pasa por las urnas.

A Ronnie Gardner le dieron a elegir entre la inyeccin letal o el fusilamiento y, como buen estadounidense, Ronnie vot.

Tambin le dieron la oportunidad de elegir la ltima cena que se le servira. Condenados a muerte ha habido a quienes, segundos antes de ser asesinados, se les neg un ltimo deseado cigarrillo por estar prohibido fumar en la crcel ya que el tabaco afecta la salud, y nadie, como Estados Unidos, se preocupa tanto por la salud y tan poco por la vida. En el caso de Gardner no hubo necesidad de proteger su salud ms all de la perversa nicotina, dado que no fumaba. S lo resguardaron del alcohol que se le prohibi. Se conform con una soda, un filete, langosta y pastel de manzana.

Tal vez, como tantos otros presos condenados a muerte, puesto a hacer realidad un ltimo deseo, antes que elegir un men, hubiera preferido un juicio justo, un buen abogado, una revisin del caso pero ninguno de estos supuestos suelen ser considerados.

Miles de personas han sido ejecutadas en Estados Unidos mediante inyecciones letales, la silla elctrica o el fusilamiento. En la mayora de los casos, negros o hispanos pobres condenados a muerte por delitos que si hubieran sido blancos y ricos hubieran merecido un buen abogado y una mejor sentencia.

Karla Fayer, por ejemplo, fue ejecutada a pesar del clamor del mundo, incluyendo Pablo VI, porque se le respetara la vida luego de 15 aos esperando la ejecucin. En Estados Unidos han sido asesinados con licencia hombres de 40 aos que fueron sentenciados sin cumplir los 18 y jvenes con probado retraso mental. Nada ha importado, ni la condicin de los presos condenados, ni los pedidos de clemencia, ni la rectificacin de sus conductas, ni las sombras que en tantos casos acompaaron los fallos de los jurados, ni la minora de edad de los ejecutados, ni su salud mental... nada.

En muchos casos, las pruebas de la inocencia, tantos aos reclamada, llegaron a tiempo de restaurar el buen nombre del condenado a muerte pero no su cadver.

Para quienes esperan en el llamado corredor de la muerte ni siquiera es posible un acto de piedad, ya que no de justicia, que s se tiene para indultar todos los aos un pavo con motivo del thanksgiving day. El propio presidente estadounidense goza del privilegio de salvar la vida del afortunado pavo que, aunque no se le permita elegir, termina su apacible vida en un zoolgico.

Antes de proceder con la venganza, a Gardner, como es habitual, tambin se le permiti decir unas ltimas palabras. No quiso decir nada.

Pero si algn aspecto retrata la hipocresa moral que envuelve el asesinato de un preso a manos de un Estado que lo ha reducido a la impotencia y para el que ya no representa peligro alguno, ese es la bala de fogueo que en el arma de uno de los ejecutores permitir a todos sentirse inocentes del crimen cometido.

Cinco policas voluntarios que cualquier da sern sustituidos por familiares de las vctimas del reo o vern sus plazas subastadas al mejor postor, armados de fusiles y a apenas siete metros para no errar el tiro en la diana colocada sobre el corazn del condenado, disparan a la vez. Una de las cinco balas, sin embargo, es de fogueo. Ninguno de los tiradores sabr si ha sido l quien limit la ejecucin al ruido.

Cualquier da, prctica semejante se implementar tambin en los bombardeos de la fuerza area estadounidense para que el piloto, por si acaso tiene dudas sobre la misin humanitaria encomendada o cargos de conciencia al respecto, pueda hallar consuelo en la confianza de que, tal vez, sus bombas eran de fogueo y fueron las otras, las de sus uniformados cmplices, las que all abajo sembraron el terror

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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