Portada :: Argentina
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-06-2010

Aparecen en Tucumn "listas negras" que confirman la verdad del Genocidio

Rubn Kotler
Rebelin


Ante los ojos de los ciudadanos de a pie toda evidencia de la verdad es poca. No bastan los relatos de los testigos o de las vctimas narrando el horror vivido dentro de los Centros Clandestinos de Detencin (CCD), no bastan las profundas marcas dejadas a los torturados sobre el cuerpo y la psiquis, no basta si quiera, el terror implantado y que an hoy subsiste en el imaginario colectivo. Hacen falta, s, las pruebas materiales de que el horror existi, para que el pueblo se convenza, como si los desaparecidos, esas ausencias siempre presentes, no bastaran e hiciera falta recobrarles parte de la identidad que los militares procuraron borrar. Las listas entregadas por uno de los testigos del juicio por la mega causa del CCD, la ex Jefatura de Polica, revela s, que el Terrorismo de Estado se ocup de dejar las huellas del horror, y como quien cataloga un listado de productos vendidos al mercado, la industria de la muerte, desaparicin, torturas, funcion en el mismo esquema de produccin capitalista. Lo que queda claro es que la maquinaria de muerte en Argentina, o lo que los especialistas denominan el plan sistemtico, existi y fue perfectamente elaborado, planeado y ejecutado por un Estado criminal.

La verdad sale a la luz, la justicia an sigue postergada...

Un doble principio gui y sigue guiando al activismo de los militantes de las organizaciones de derechos humanos: la verdad y la justicia. El establecimiento sobre qu fue lo que sucedi nos retrotrae a revisar el pasado reciente de nuestro pas. La condena a los responsables del genocidio es la mxima buscada por los familiares de los represaliados. La verdad no reemplaza a la justicia pero si puede abrirle el camino e indicarle qu ha sucedido, quines han sido las vctimas y quines los victimarios. Ambas sirven a la sociedad, por ms que sta, la sociedad, o parte de ella, renuncie a la exigencia de justicia, o se crea el discurso de la derecha ultra sobre el accionar genocida del Estado.

Sirve la verdad porque nos permite reconstruir la trama como advertencia de lo que no debe repetirse. Sirve narrar Auschwitz? Sirve de la misma manera en que sirve narrar el Arsenal, la Jefatura o la Esma. Pero mucho ms sirve que la condena efectiva sea sancionada y los criminales paguen por los crmenes de lesa humanidad cometidos, que paguen en crcel comn, que paguen, adems, como alivio del alma de las vctimas y como advertencia futura sobre los lmites del poder.

Pero volvamos a lo que motiva la presente reflexin. El caso es que un testigo dio a conocer un listado de vctimas que han pasado por el CCD la ex Jefatura de Polica. 293 vctimas, la mayora de ellas, hoy desaparecidas. La historia sobre la forma en qu aparecen estas listas 34 aos despus, ya es historia conocida y ampliamente difundida por los medios de prensa locales y nacionales. Un testigo apodado el perro y de apellido Clemente dio a conocer un documento. Juan Carlos entreg al tribunal dos biblioratos conteniendo nombres de represaliados en la ex jefatura y otros datos que arrojan un poco ms de claridad sobre el siniestro funcionamiento del CCD.

293

Son 293 nombres, 293 historias, 293 vctimas de la represin ilegal. 293 vctimas represaliadas por la maquinaria asesina comandada por la Junta de las Tres fuerzas Armadas. 293 nombres vctimas de la complicidad de la Iglesia Oficial, de los civiles que acompaaron al terrorismo de Estado y por gran parte de una sociedad que hizo odos sordos a los gritos que desde la ex Jefatura de Polica, pedan socorro. El grito de los 293 torturados. 293 solamente del presente listado. Escritos con una mquina de escribir por orden alfabtico. Nueve pginas. Los 293 apellidos escritos en mayscula. Y 293 observaciones donde se detallan con la frialdad de una maquina de escribir el destino de los 293: DF o Destino Final, para saber que la vctima haba sido eliminada; Libertad, si es que esta suerte pudo haber acompaado al detenido; finalmente Disp. PEN, si el detenido haba sido puesto a Disposicin del Poder Ejecutivo, lo que implicaba el blanqueo del detenido, la legalizacin de la detencin. As es la lista que entreg Clemente el martes a la Justicia tucumana. Es un documento donde constan los 293 secuestros, realizados, segn Clemente, en la jefatura de polica de Tucumn. De los 293 nombres, 195 figura DF, Disposicin Final, es decir que fueron asesinados, aniquilados o exterminados. Que el lector elija el trmino que ms le convenza. A fin de cuentas, esas 195 personas forman parte de la historia del genocidio argentino.

Entre Kirschbaum y Ernestina H. de Noble o el cinismo de Clarn

Cierto es que la actual administracin Kirchner ha favorecido el impulso de los juicios contra los represores. Pero no es menos cierto que stos, los procesos judiciales, son limitados y llegan con muchos aos de tardanza, al punto, que muchos genocidas terminan amparados en lo que algunos han dado en llamar el punto final biolgico, muriendo de viejos, rodeados de sus seres queridos y sin escuchar la sentencia condenatoria. Esto sin ir ms lejos y cuestionar, por ejemplo, que los cuadros medios e inferiores del ejrcito no son juzgados ni procesados, muchos de los cuales incluso, siguen cumpliendo funciones pblicas.

Pero vayamos al punto. Uno de los principales editores de Clarn, tucumano de nacimiento, Ricardo Kirschbaum, escriba una nota cuando se conoci la existencia de la nueva prueba documental aportada por Clemente. Titulaba nuestro insigne periodista su crnica? El enorme valor de una prueba para referirse a los represaliados que pasaron parte de sus penurias en el CCD la Jefatura de Polica de Tucumn. Llama poderosamente la atencin que un diario con los alcances de Clarn seale la importancia probatoria de un documento cuando la propia historia del grupo Clarn, del peridico y de su duea, est manchada con la misma sangre de los desaparecidos. Las pruebas que hoy salen a la luz pblica en Tucumn, revisten el mismo valor testimonial y probatorio que los documentos hallados sobre los vnculos, por ejemplo, entre la duea de Clarn, la seora Herrera de Noble y la dictadura en el acuerdo por la apropiacin de Papel Prensa. Ah vemos en la filmacin y en la foto el brindis entre el dictador y la Seora por el acuerdo comercial entre el medio, hoy autoproclamado independiente, y la dictadura ms feroz que conoci Argentina. Claro est que el tucumano Kirschbaum, del enorme valor de sta prueba, no dir una palabra. Todos somos derechos y humanos pero los lmites sobre lo que opinar y desinformar los pone la empresa donde trabajamos. Imaginemos por un momento si nuestro afamado periodista decidiera patear el tablero y con dos cojones renunciar al poderoso multimedio por la complicidad de ste, el grupo Clarn, con la dictadura militar. Ni Kirschbaum dar ese paso ni Clarn aclarar nunca su papel mientras el genocidio estaba en el momento de mayor ferocidad. De la misma manera que ni Kirschbaum ni el resto de periodistas del grupo multimedia dir una palabra sobre los hijos de la seora de Noble, hijos que se sospecha, han sido expropiado de los desaparecidos y que hoy se niegan a dar una muestra de ADN para echar un poco ms de luz sobre tanta sospecha.

Todava existen los sorprendidos

Cuando hace un ao se hicieron pblicas unas listas de canciones prohibidas por la ltima dictadura militar, algunos medios de (in)comunicacin se sorprendan de su existencia. Hoy, con la aparicin de estos biblioratos conteniendo adems de los 293 nombres de represaliados y los nombres de los represores, se confirma la informacin sobre, por ejemplo, el papel desempeado por la Universidad Nacional de Tucumn, como sino supiramos que dentro de la Casa de Estudios, intervenida militarmente, se elaboraban listas negras, se sealaban a docentes, estudiantes y no docentes, y como sino supiramos que los propios capuchas, entregadores y buchones eran compaeros de trabajo o de estudio de los secuestrados o cesanteados.

Un ejemplo de tal descubrimiento lo observamos en las notas aparecidas en Pgina 12 por parte de su corresponsal en Tucumn, Ramiro Rearte. Faltaban las pruebas? No. Faltaba que la sociedad creyera el relato veraz y certero de los familiares de las vctimas o de los sobrevivientes de los campos de concentracin. Como muchos creemos firmemente en que el relato de los familiares que hoy nos describen el horror de aquellos das, es creble y cierto. Hace unos meses yo mismo escriba un artculo sobre el caso de un estudiante universitario secuestrado de la propia universidad, historia que he podido conocer por el relato de la hermana del desaparecido, relato del que no existen ms pruebas que los propios testimonios de los testigos y que sin embargo hoy sabemos que ha sido verdad. Sabemos, por el relato de sus familiares, la extraccin poltica del desaparecido, sabemos sus ideas y sabemos a ciencia cierta el motivo de su secuestro. Las listas que puedan aparecer con su nombre no sern ms que la confirmacin de lo que ya sabemos, de lo que ya conocemos, pero adems, de lo que s creemos que ha sucedido.

Quizs a los jueces las pruebas les sirvan ms como elemento probatorio de que el horror existi y necesiten de los biblioratos para bajar el martillo acusador con una sentencia ms firme. Pero lo cierto es que a los ojos de quienes revisamos el pasado ms oscuro de nuestro pas, el relato de los familiares de las vctimas nos es suficiente cuando entrecruzamos unos con otros. Y ya hemos visto que la exactitud de los relatos son irrebatibles cuando un grupo de testigos que fueron alojados y torturados en la ex Jefatura de Polica hicieron el reconocimiento visual in situ del CCD.

Hoy con estas nuevas pruebas en la mano es incluso hasta esperable que el tribunal ubicara las cosas en su sitio y dictaminara sentencia de culpabilidad por el delito de genocidio, tal como lo establece la convencin para su prevencin y de la que Argentina ha sido firmante. Pero ya sabemos que el Tribunal Oral y Federal de Tucumn no va a dictaminar la culpabilidad por el delito de genocidio, pero al menos, para los abogados que vienen desde hace mucho tiempo sosteniendo este planteo, las pruebas son ms que evidentes: hoy ya se sabe y con pruebas fehacientes en la mano cul era el grupo a exterminar. Si algunos periodistas de los medios burgueses tuvieran la valenta lo expresaran de esta forma y pondran los puntos sobre las es. Pero es que aqu todos somos respetuosos de la justicia y hasta que la misma no dicte sentencia no podemos apurar nuestro propio juicio. Algn ciudadano de a pie y con criterio propio dira: Fue un genocidio! Y ahora ms que nunca lo sabemos a la luz de las pruebas que siguen apareciendo.

La verdad aparece, la justicia sigue postergada

Pero quien esto escribe no niega el valor de los documentos aparecidos, como no niega el valor del testimonio dado por las vctimas o sus familiares. Cierto es que ambos sirven para echar un poco ms de luz ante tanta oscuridad, ante tanto vaco y anta la incertidumbre de saber cul ha sido el destino final de los desaparecidos. El Estado debe asumir su responsabilidad por determinar esta verdad y los criminales deben pagar por sus culpas en crceles comunes. No por venganza, si no por una justicia que sigue estando postergada a los caprichos de las administraciones de turno. Dos relatos se construyen mientras tanto en la sociedad. Uno sostiene el discurso de los genocidas. Otro, es el contra relato de la memoria militante de las organizaciones de derechos humanos que seguirn exigiendo verdad y justicia. La primera, como ya dije, comienza a aparecer sin ms a los ojos de la ciudadana. La segunda sigue estando con sus ojos vendados, amparando la postergacin en la misma impunidad de siempre. La verdad no reemplaza a la justicia. La justicia sin verdad no es justicia. Ambas son imprescindibles. Pero mientras los jueces no dictaminen sentencia firme, quienes tenemos la responsabilidad asumida de contar lo sucedido, debemos seguir machacando en que la verdad que responde al pasado inmediato sobre los hechos no puede ser ocultada tras las fras tapas duras de un bibliorato. Las listas existieron, la persecucin existi, el crimen hoy impune ha sido verdad, el genocidio es comprobable. Basta con saber escuchar a los familiares, basta con saber escuchar a los sobrevivientes. Las listas solo nos ayudarn a confirmar que aquellos relatos son ciertos. Ojal los jueces que hoy deben dictar sentencia sepan escuchar al testimonio del horror de la misma manera que sepan leer un papel escrito desde las espesuras de ese mismo horror.

-------------
 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter