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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-06-2010

A tinta y fuego

Unai Aranzadi
Rebelin


"Alvaro Uribe es un tipo peligrossimo"
Jaime Eduardo Garzn (Abogado, politlogo y humorista asesinado por el Estado colombiano el 13 de agosto de 1999)

"La neutralidad y la objetividad impuesta por los medios poderosos perpetan nuestra pobreza"
Teresa Funes (Campesina desplazada en resistencia. El Tesoro, Choc colombiano)

"Cada persona brilla con luz propia entre todas las dems. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos, y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende"
Eduardo Galeano (Periodista y escritor uruguayo)


Recibir un mensaje con una advertencia, una amenaza o un sealamiento es algo realmente habitual para los sindicalistas, periodistas, trabajadores sociales, lderes indgenas, abogados, estudiantes, activistas e incluso humoristas de Latinoamrica. Normalmente no trascienden, ni si quiera cuando "los avisos" se consuman en forma de atentado, arresto o desaparicin; quiero decir, que no son reportados por los mismos medios de comunicacin corporativos que ponen el grito en el cielo cuando el ptalo de una flor roza uno de sus intereses. Esta invisibilizacin del dolor no alineado con el Poder, es aplicada, adems de por dicha prensa, por gobiernos e instituciones pblicas y privadas, tanto del continente americano como de la madrastra patria.

El sealamiento es una prctica comn que en pases como Colombia, el saliente presidente ha realizado pblicamente con gran placidez. A lvaro Uribe Vlez, que segn la propia DEA era en los ochenta el "narcotraficante nmero 82", y segn la historia reciente (verificable en muchas hemerotecas y veredas) fue tambin impulsor del paramilitarsmo institucionalizado en Antioquia, se va, como afirman muchos columnistas de la prensa madrilea aliada de la ultraderecha latinoamericana, "con alfombra roja". Pero roja de sangre, olvidan aclarar.

Son tantos, no ya los que han sido "advertidos", sino los impunemente asesinados, que sera egosta, por haber recibido "un aviso", restar tiempo y atencin a quien realmente lo necesita, a quien sobrevive ejerciendo su profesin, credo o militancia en un Estado y continente que asesina gratuitamente a aquellos que denuncian su actitud homicida, o dicho en trminos de su propia retrica: su poltica terrorista.

La novedad que se nos presenta a aquellos disidentes ideolgicos que hacemos pblica nuestra oposicin al inhumano neoliberalismo, es que las fuerzas fascistas de las dos orillas han comenzado a trabajar juntas. Golpear siempre han golpeado, eso es cierto, pero esta vez, van todos a una. Periodistas, fundaciones, y por supuesto, estados.

No obstante, el problema para ellos en realidad no es, por ejemplo, visitar los campamentos de la FARC o hablar mucho sobre ETA. El problema es visitar los campamentos y al regresar no decir "lo que hay que decir". El problema es hablar sobre ETA y no escribir "lo que hay que escribir"; es decir, existen verdades prohibidas y se puede pagar caro (Miguel ngel Beltrn, Nahum Palacios, Egunkaria o Egin) no responder al patrn diseado.

Resulta evidente que algo se cuece de Miami a Madrid, pasando por Washington, Bogot, Tegucigalpa e incluso Pars, Bruselas y Tel Aviv. Es una guerra psicolgica, y por supuesto poltica y militar, que tiene como fin acallar las voces disidentes as como la solidaridad que hoy, como antao, suea con unir a los pueblos de ambos lados.

Disponen de recursos millonarios, ejercen la mentira con descaro criminal, y cuentan con la sumisin y miedo de grandes masas, a las cuales tienen castigadas y dominadas por la ilusin del consumo. Del plasma, al mundial, pasando por lo carnal y el auto, muchas almas de Latinoamrica se ahogan entre la frustracin del ver pero no poder y el espejismo calculado de las favorecidas iglesias evanglicas alegremente financiadas por Washington desde aquel da en el que Ratzinger y Wotjyla vieron en la heroica "opcin preferencial por los pobres" un peligro a erradicar.

Hoy en este continente negado, jvenes, ancianos y adolescentes embarazadas se arrojan al futuro de mojado, an sabiendo con razn suicida, que es mentira el hoy caducado "sueo americano".

Pero de entre todo este horror, surgen nuevas ideas, para hacer frente a los viejos desafos. Pueblos enteros organizados, hasta ayer ninguneados, se autodeterminan como mujeres y hombres libres que quieren, y han visto que pueden, decidir como desean vivir. Pases con mayora indgena, ya no tienen presidente rubios. Los barrios que no existan para las municipalidades, ahora ponen o quitan gobiernos y la tierra que nos da la vida, comienza a ser respetada.

Ni estos nuevos proyectos, ni quienes los lideran, son perfectos, e incluso el camino que trazan, es largo y ondulado, pero en esa direccin hay brisa, y hermano, se siente fresca.

Frente a este nuevo horizonte, que cuanto menos, lo es de oportunidades, el Imperio y sus mercenarios, ven el fin de sus privilegios y no dudan en utilizar el viejo juego sucio al que nos tenan (ya en pasado, pues algo ha cambiado) acostumbrados. Sin embargo an hoy, golpes de estado, desapariciones forzadas y -sobre todo- basura meditica son de nuevo sus armas.

Esos que defienden la continuidad de la muerte vestidos de blanco, al escuchar hoy trminos como autodeterminacin de los pueblos, igualdad de las personas, empoderamiento popular o participacin ciudadana, sienten lo que el absolutista senta cuando las masas desheredadas de la Francia oprimida cambiaron el curso de la historia; el fin de su reino feroz.

Las mujeres invisibles de las colonias, "los indios" de Bolivia, los enfermos de las bananeras y hasta "el gorila" venezolano han dicho, junto a las fuerzas legtimas de las masas, basta de racismo y marginacin!. Y en ese proceso liberador, que requiere sin duda de una herramienta comunicativa, entramos los periodistas y documentalistas que comprendemos el oficio, de la nica manera que puede ser verdaderamente humanitario, es decir, siendo revolucionario.

Por eso ni las amenazas, que hoy ya se cruzan, de un ordenador colombiano, a un tribunal poltico de Madrid, mezclando vascos o palestinos con venezolanos, como si de un desafo se entendiera, no conseguir acallar, no ya la denuncia, sino el propio camino, libertario y rompedor, de quien no soporta mas cinismo, mas mentira genocida. Solidaridad o barbarie, pedimos nosotros, de Euskal Herria al Choc, de Gaza a Zaragoza y Caracas. A este proceso popular que ya est en marcha, ningn gabinete de propaganda "antiterrorista" al servicio del status quo lo detendr.

Y es que el de los medios informativos, es el frente nmero uno, dos y tres de este crucial momento. Afganistn, las montaas del Cauca o el paso de Rafah, son trincheras en realidad muy secundarias. La sociedad "moderna y desarrollada", que se cree libre, vive cercada por un marco de opinin estrechsimo, que apunta, margina, encarcela o dispara a quien se salga de su siniestro guin.

Contrariamente a lo que la sociedad ha interiorizado, el derecho al libre pensamiento, ese que de verdad cuestiona al Poder, est severamente perseguido y castigado. Por eso cuando los pueblos y los individuos tratamos de solidarizarnos, somos vilmente sealados.

Periodistas inquisidores, acadmicos traidores y polticos corruptos han desplegado toda su maquinaria jurdica, militar, econmica y policial contra la esperanza. Ellos, impvidos frente a un mundo que agoniza, crearn an mas consenso para la persecucin de los espritus libres, y continuarn articulando, desde sus tribunas pagadas, el discurso hegemnico, anacrnico y silenciador.

Mas an con todo este enorme desafo, que lejos de abrumarnos nos motiva, respondemos a sus mensajes intimidatorios, reivindicando que el periodismo por la vida es ese que camina con liberadora dignidad junto a los pueblos. A tinta y fuego.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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