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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-06-2010

Lenguaje blico, la nueva propaganda

Robert Fisk
The Independent/ICH

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Sabis qu es lo ltimo en Semntica? El periodismo e Israel vuelven a estar enamorados. Es terror islmico, terror turco, terror de Hams, terror de Yihad Islmico, terror de Hizbul, terror activista, guerra contra el terror, terror palestino, terror musulmn, terror iran, terror sirio, terror antisemita

Pero soy injusto con los israeles. Su lxico, el de la Casa Blanca casi siempre y el de nuestros periodistas, es el mismo. S, seamos justos con los israeles. Su lxico es:

Terror, terror, terror, terror, terror, terror, terror, terror, terror, terror, terror, terror, terror, terror, terror, terror, terror, terror, terror, terror.

Cuntas veces us la palabra terror? Veinte. Pero igual podran ser 60, 100, 1.000, un milln. Estamos enamorados de la palabra, seducidos por ella, obsesionados por ella, atacados por ella, asaltados por ella, violados por ella, comprometidos con ella. Es amor, sadismo y muerte en una doble slaba, un tema musical para la hora de mxima audiencia, la apertura de cada sinfona en la televisin, el titular de cada pgina, un signo de puntuacin en nuestro periodismo, un punto y coma, una coma, nuestro punto yaparte ms poderoso. "Terror, terror, terror, terror". Cada repeticin justifica a su predecesor.

Sobre todo, trata del terror del poder y del poder del terror. Poder y terror se han hecho intercambiables. Nosotros, los periodistas hemos permitido que esto suceda. Nuestro lenguaje no slo se ha convertido en un aliado envilecido, sino en un socio verbal a parte entera en el lenguaje de gobiernos y ejrcitos, y generales y armas. Recordis el revienta bnkeres y el revienta Scuds y el entorno rico en objetivos de la Guerra del Golfo? Olvidad las armas de destruccin masiva. Una estupidez demasiado obvia. Pero ADM en la Guerra del Golfo (Segunda Parte) tuvo un poder propio, un cdigo secreto gentico tal vez, como un ADN para algo que cosechara terror, terror, terror, terror, terror. "45 minutos hasta el terror.

El poder y los medios no tienen que ver solamente con relaciones cmodas entre periodistas y dirigentes polticos, entre editores y presidentes. No tienen que ver slo con la relacin parastico-osmtica entre periodistas supuestamente honorables y el nexo del poder que tiene lugar entre la Casa Blanca y el Departamento de Estado y el Pentgono, entre Downing Street y el Foreign Office [Ministerio de Exteriores] y el Ministerio de Defensa, entre EE.UU. e Israel.

En el contexto occidental, el poder y los medios tienen que ver con palabras y el uso de palabras- Tienen que ver con la Semntica. Tienen que ver con el empleo de frases y sus orgenes. Y tienen que ver con el uso incorrecto de la historia y con nuestra ignorancia de la historia. Cada vez ms, hoy en da, nosotros los periodistas nos hemos convertido en prisioneros del lenguaje del poder. Ser porque ya no nos preocupamos de la Lingstica o la Semntica? Ser porque los laptops corrigen nuestra ortografa, adornan nuestra gramtica de modo que nuestras frases resultantan menudo idnticas a las de nuestros gobernantes? Ser el motivo por el cual los editoriales de los peridicos de la actualidad suenan a menudo como discursos polticos?

Durante dos decenios, las dirigencias estadounidense y britnica e israel y palestina han utilizado las palabras proceso de paz para definir el desalentador, inadecuado, deshonorable, acuerdo que permiti que EE.UU. e Israel dominaran los trocitos de tierra que seran otorgados a un pueblo ocupado. Primero cuestion esta expresin, y su procedencia, cuando tuvo lugar Oslo aunque con qu facilidad olvidamos de que las secretas capitulaciones en Oslo fueron en s una conspiracin sin ninguna base legal-

Pobre Oslo, pienso siempre. Qu hizo Oslo para merecer algo semejante? Fue el acuerdo en la Casa Blanca el que sell ese tratado absurdo y dudoso en el cual refugiados, fronteras, colonias israeles, incluso itinerarios debieron esperar hasta que ya no pudieron ser negociados.

Y con qu facilidad olvidamos el csped de la Casa Blanca aunque s recordamos las imgenes sobre el cual estaba Clinton que citel Corn, y Arafat que prefiri decir: Gracias, gracias, gracias, seor Presidente. Y cmo llamamos esa estupidez posteriormente? S, fue un momento de la historia! Lo fue? Fue algo semejante?

Recordis cmo lo llam Arafat? La paz de los valientes. Pero no recuerdo que alguno de nosotros haya sealado que la frase la paz de los valientes fue utilizada por el General de Gaulle cerca del fin de la guerra argelina. Los franceses perdieron la guerra en Argelia. No descubrimos esa extraordinaria irona.

Lo mismo se repite hoy. Nosotros, los periodistas occidentales utilizados una vez ms por nuestros amos hemos estado informando sobre nuestros queridos generales en Afganistn, diciendo que su guerra slo puede ganarse con una campaa de corazones y mentes. Nadie les hizo la pregunta obvia: No fue la misma frase que se us respecto a los civiles vietnamitas durante la Guerra de Vietnam? Y no perdimos nosotros no perdi Occidente la Guerra de Vietnam? Sin embargo ahora nosotros, periodistas occidentales, estamos utilizando hablando de Afganistn la frase corazones y mentes en nuestros informes como si fuera una nueva definicin en el diccionario, en lugar de un smbolo de derrota por segunda vez en cuatro decenios.

Basta con mirar las palabras individuales que recientemente hemos tomado de los militares de EE.UU. Cuando nosotros, occidentales, descubrimos que nuestros enemigos al-Qaida, por ejemplo, o los talibanes han hecho estallar ms bombas y realizado ms ataques que de costumbre, lo llamamos un pico en la violencia.

Ah, s, un pico! Un pico es una palabra que se us por primera vez en este contexto, segn mis archivos, por un brigadier general en la Zona Verde en Bagdad en 2004. Sin embargo, ahora utilizamos esa frase, improvisamos al respecto, la transmitimos como si fuera nuestra, nuestra invencin periodstica. La utilizamos, de un modo bastante literal, una expresin creada para nosotros por el Pentgono. Un pico, claro est, sube repentinamente y luego desciende repentinamente. Un pico en la violencia evita por lo tanto el uso de mal agero de las palabras aumento de la violencia porque un aumento, evidentemente, podra no volver a descender despus-

Otra vez, cuando los generales estadounidenses se refieren a un repentino aumento en sus fuerzas para un ataque contra Faluya o el centro de Bagdad o Kandahar un movimiento masivo de soldados que se llevan a pases musulmanes por docenas de miles- lo llaman una oleada. Y una oleada, como un tsunami, o cualquier otro fenmeno natural, puede tener efectos devastadores. Lo que son en realidad esas oleadas para utilizar las verdaderas palabras del periodismo serio son refuerzos. Y los refuerzos se envan a conflictos en los que el ejrcito est perdiendo esas guerras. Pero nuestros muchachos y muchachas de la televisin y de los peridicos siguen hablando de oleadas sinningn rubor. El Pentgono vuelve a ganar.

Mientras tanto el proceso de paz colaps. Por eso nuestros dirigentes -los protagonistas clave como nos gusta llamarlos trataron de hacer que volviera a funcionar. El proceso tena volver a encarrilarse. Ya veis, se trata de un tren. Los vagones han descarrilado. El Gobierno de Clinton utiliz por primera vez esta frase, luego los israeles, entonces la BBC. Pero hubo un problema cuando el proceso de paz se haba vueltoa encarrilar repetidamente, pero segua descarrilando. De modo que produjimos una hoja de ruta dirigido por un Cuarteto y por nuestro antiguo Amigo de Dios, Tony Blair, a quien nos referimos ahora una obscenidad de la historia como enviado de paz. Pero la hoja de ruta no funciona. Y ahora, me doy cuenta, el viejo proceso de paz est de vuelta en nuestros peridicos y en nuestros televisores. Y a principios de este mes, en CNN, uno de esos viejos conservadores a los que los muchachos y las muchachas de la televisin llaman expertos nos volvi a decir que el proceso de paz se vuelve a encarrilar" con la apertura de conversaciones indirectas entre israeles y palestinos. No tiene que ver slo con clichs, es periodismo absurdo. No hay una batalla entre los medios y los que tienen el poder; a travs del lenguaje, nosotros, los medios, nos hemos convertido en ellos.

Y hay otro ejemplo de cobarda meditica que hace que mis dientes de 63 aos rechinen despus de 34 aoscomiendo humus y tahina en Oriente Prximo. Nos dicen, en numerosos trabajos de anlisis, que lo que tenemos que encarar en Oriente Prximo son narrativas opuestas. Qu cmodo! No se habla de justicia, ni de injusticia, slo de un par de personas que cuentan diferentes relatos histricos. Narrativas opuestas aparece ahora regularmente en la prensa britnica.

La frase, del falso lenguaje de la antropologa, borra la posibilidad de que un grupo de personas en Oriente Prximo, por ejemplo est bajo ocupacin mientras otro es el ocupante. De nuevo no se habla de justicia, ni de injusticia, ni de opresin o de oprimir, slo algunas narrativas opuestas amistosas, un partido de ftbol, si se quiere, un campo de juego parejo porque ambos lados estn no es as? opuestos. Y a ambos lados hay que otorgarles el mismo tiempo en cada artculo.

De modo que una ocupacin se convierte en una disputa. Por lo tanto un muro se convierte en un cerco o en una barrera de seguridad. Por lo tanto los actos de colonizacin israeles de tierra rabe, contrarios a todo el derecho internacional, se convierten en asentamientos o puestos avanzados o en vecindarios judos. Fue Colin Powell en su rol protagonista, imponente, como secretario de Estado de George W. Bush, quien dijo a los diplomticos estadounidenses que se refirieran a la tierra palestina ocupada como tierra en disputa y eso fue suficiente para la mayor parte de los medios de EE.UU.- No hay narrativas opuestas, por supuesto, entre los militares de EE.UU. y los talibanes. Cuando existan, sabris que Occidente ha perdido.

Pero os dar un ejemplo de cmo se deshacen las narrativas opuestas. En abril di una conferencia en Toronto para sealar el 95 aniversario del genocidio armenio de 1915, el deliberado asesinato masivo de 1,5 millones de cristianos armenios por el ejrcito otomano turco y la milicia. Antes de mi conferencia me entrevistaronen la televisin canadiense, CTV, que tambin es duea del peridico Globe and Mail de Toronto. Y desde el principio not que la entrevistadora tena un problema. Canad tiene una gran comunidad armenia. Pero en Toronto tambin vive una gran comunidad turca. Y los turcos, como siempre nosdice el Globe and Mail, cuestionan enrgicamente que fuese un genocidio.

De modo que la entrevistadora llam al genocidio masacres letales. Por cierto identifiqu de inmediato su problema especfico. No poda llamar genocidio a las masacres, porque la comunidad turca se indignara. Pero sinti que slo masacres especialmente con las horripilantes fotos de fondo de armenios muertos no era suficiente para definir un milln y medio de seres humanos asesinados. De ah masacres letales. Qu extrao! Si hay masacres letales!, hay algunas masacres que no sean letales, de las cuales las vctimas salen vivas?Una tautologa ridcula.

Sin embargo el uso del lenguaje del poder de sus palabras modelo y de sus frases modelo sigue estando entre nosotros. Cuntas veces he odo a periodistas occidentales que hablan de combatientes extranjeros en Afganistn? Se refieren, claro est, a diversos grupos rabes que supuestamente ayudan a los talibanes. Escuchamos la misma historia desde Iraq. Combatientes saudes, jordanos, palestinos, chechenos, por supuesto. Los generales los llamaron combatientes extranjeros. De inmediato, nosotros, los periodistas extranjeros, hicimos lo mismo. Llamarlos combatientes extranjeros quera decir que eran una fuerza invasora. Pero ni una vez jams he odo en un canal de televisin del Occidente dominante que se refiera al hecho de que somos por lo menos 150.000 combatientes extranjeros en Afganistn y que sucede que todos ellos llevan uniformes estadounidenses, britnicos y de la OTAN. Nosotros somos los verdaderos combatientes extranjeros.

De la misma manera, la perniciosa frase "Af-Pak" tan racista como polticamente deshonesta es utilizada ahora por los periodistas, aunque originalmente fue una creacin del Departamento de Estado el da quenombraron a Richard Holbrooke representante especial de EE.UU. para Afganistn y Pakistn. Pero la frase evita el uso de la palabra India cuya influencia y presencia en Afganistn son una parte vital de la historia. Adems, Af-Pak al suprimir India suprime efectivamente toda la crisis de Cachemira del conflicto en el Sudeste Asitico. Por lo tanto priva a Pakistn de toda influencia en la poltica local de EE.UU. respecto a Cachemira despus de todo aHolbrooke le nombraron enviado Af-Pak, al que se le prohbe especficamente la discusin de Cachemira. Por lo tanto la frase Af-Pak, que evita totalmente la tragedia de Cachemira, ser que son demasiadas narrativas opuestas? Significa que cuando nosotros, los periodistas, utilizamos la misma frase, Af-Pak, que seguramente se cre para nosotros, los periodistas, estamos haciendo el trabajo del Departamento de Estado.

Ahora consideremos la historia. A nuestros dirigentes les encanta la historia. Sobre todo les encanta la Segunda Guerra Mundial. En 2003, George W. Bush se crey que era Churchill. Es verdad, Bush pas Guerra de Vietnam protegiendo los cielos de Texas contra el Vietcong. Pero ahora, en 2003, se estaba enfrentando a los apaciguadores que no queran una guerra con Sadam quien era, evidentemente, el Hitler del Tigris. Los apaciguadores eran los britnicos que no quisieron combatir contra la Alemania nazi en 1938. Blair, por supuesto, tambin se prob el chaleco y la chaqueta de Churchill. l no era un apaciguador. EE.UU. era el aliado ms antiguo de Gran Bretaa, proclam y tanto Bush como Blair recordaron a los periodistas que EE.UU. estuvo, hombro con hombro, con Gran Bretaacuando ms falta le haca en 1940.

Pero nada de esto era verdad. El aliado ms antiguo de Gran Bretaa no fue EE.UU. Fue Portugal, un Estado fascista neutral durante la Segunda Guerra Mundial, que iz sus banderas a media asta cuando muri Hitler (algo que ni siquiera hicieron los irlandeses).

Tampoco combati EE.UU. al lado de Gran Bretaa cuando ms falta le haca en 1940, cuando Hitler amenaz con la invasin y la Luftwaffe [aviacin alemana] atac Londres. No, en 1940, EE.UU. gozaba de un perodo muy rentable de neutralidad, y no se uni a Gran Bretaa en la guerra hasta que Japn atac la base naval estadounidense de Pearl Harbor en diciembre de 1941. De la misma manera, en 1956, Eden llam a Nasser el Mussolini del Nilo. Un grave error. Nasser era querido por los rabes, no odiado como lo fue Mussolini por la mayora de los africanos, especialmentelos rabes libios. El paralelo con Mussolini no fue desafiado o cuestionado por la prensa britnica. Y todos sabemos lo que pas en Suez en 1956. Cuando tiene que ver con la historia, nosotros, los periodistas, dejamos que los presidentes y los primeros ministros nos tomen el pelo.

Sin embargo, el aspecto ms peligroso de nuestra guerra semntica, nuestro uso de las palabras del poder aunque no sea una guerra, ya que muchos nos hemos rendido es que nos asla de nuestros televidentes y lectores. No son estpidos. Comprenden las palabras en muchos casos me temo mejor que nosotros. Tambin la historia. Saben que estamos tomando nuestro vocabulario del lenguaje de generales y presidentes, de las llamadas elites, de la arrogancia de los expertos del Brookings Institute o de los de Rand Corporation. Por lo tanto nos hemos convertido en parte de ese lenguaje.

Durante la ltima quincena, mientras extranjeros, humanitarios o activistas terroristas, trataban de llevar alimentos y medicinas por mar a los hambrientos palestinos de Gaza, nosotros, periodistas, deberamos habernos dedicado a recordar a nuestros televidentes y lectores un da, hace mucho tiempo, cuando EE.UU. y Gran Bretaa salimos en ayuda de un pueblo asediado llevndole alimentos y combustible y nuestros propios soldados murieron al hacerlo para ayudar a una poblacin hambrienta. Esa poblacin estaba rodeada de un cerco erigido por un ejrcito brutal que quera someter a la gente por medio del hambre. El ejrcito era ruso. La ciudad era Berln. El muro vino ms tarde. Alemania haba sido enemiga nuestra haca slo tres aos. Sin embargo, volamos en el puente areo de Berln para salvarlos. Ahora mirad a Gaza actual: qu periodista occidental ya que nos gustan los paralelos histricos ha mencionado alguna vez Berln en 1948 en el contexto de Gaza?

Qu nos ofrecieron en su lugar? Activistas que se convirtieron en activistas armados en el momento en el que se opusieron a los equipos de abordaje del ejrcito israel. Cmo se atreve esa gente a subvertir el lxico? Su castigo fue obvio. Se convirtieron en terroristas. Y los ataques israeles en los que mataron activistas(otra prueba de su terrorismo) se convirtieron entonces en ataques letales. En este caso, letales era ms excusable de lo que fue en CTV nueve hombres muertos de origen turco era algo menos que un milln y medio de armenios asesinados en 1915- Pero fue interesante ver que los israeles quienes por sus propias razones polticas hasta ahora haban aceptado vergonzosamente la negacin turca quisieron repentinamente informar al mundo del genocidio armenio de 1915.

Eso provoc un escalofro comprensible entre muchos de nuestros colegas. Periodistas que han evitado regularmente toda mencin del primer Holocausto del Siglo XX a menos que pudieran tambin referirse a cmo los turcos rechazan enrgicamente la etiqueta de genocidio (ergo el Globe and Mail de Toronto) de repente pudieron referirse al asunto. El repentino inters histrico de Israel hizo que el tema fuera legtimo, aunque casi todas las informaciones lograron evitar cualquier explicacin de lo que pas realmente en 1915.

Y qu pas con el ataque martimo israel? Se convirti en un ataque fallado [botched en ingls]. Fallado [botched] es una palabra adorable. Comenz con una palabra de la lengua inglesa de la Edad Media, de origen alemn, "bocchen", que significaba reparar mal. Y nos ajustamos ms o menos a esa definicin hasta que nuestros asesores periodistas de lexicologa cambiaron su significa. Los escolares botch [fallan] un examen. Podamos botch un trabajo de costura, un intento de reparar un material. Podamos incluso botch un intento de persuadir a nuestro jefe para que nos diera un aumento. Pero ahora fallamos una operacin militar. No fue un desastre. No fue una catstrofe. Slo mat a algunos turcos.

De modo que, en vista de la mala publicidad, los israeles dieron por fallado el ataque. Extraamente, la ltima vez que periodistas y gobiernos utilizaron esa palabra en particular fue despus del intento israel de matar al dirigente de Hams Khaled Meshaal, en las calles de Amman. En este caso, los asesinos profesionales de Israel fueron capturados despus del intento de envenenar a Meshaal y el rey Hussein oblig al Primer Ministro israel de entonces (un cierto B. Netanyahu) a suministrar el antdoto (y a liberar a numerosos terroristas de Hams).Meshaal salv la vida.

Pero para Israel y sus obedientes periodistas occidentales esto se convirti en un intento fallado contra la vida de Meshaal. No porque no se quisiera que muriera, sino porque Israel no pudo matarlo. Por lo tanto se puede botch una operacin por matar turcos, o se puede botch una operacin por no matar a un palestino.

Cmo podemos romper con el lenguaje del poder? Ciertamente nos est matando. Eso, sospecho, es un motivo por el cual los lectores se han ido de la prensa dominante a Internet. No porque la red sea gratuita, sino porque los lectores saben que les han mentido; saben que lo que ven y lo que leen en los peridicos es una extensin de lo que oyen del Pentgono o del Gobierno israel, que nuestras palabras se han convertido en sinnimos del lenguaje de un cuidadoso justo medio, aprobado por el Gobierno, que oculta la verdad con la misma seguridad con la que nos convierte en aliados polticos y militares de todos los principales gobiernos occidentales.

Muchos de mis colegas en diversos peridicos occidentales terminaran por arriesgar sus puestos de trabajo si cuestionaran constantemente la falsa realidad del periodismo noticioso, el nexo del poder meditico del Gobierno. Cuntas organizaciones noticiosas pensaron en presentar secuencias del puente areo para romper el bloqueo de Berln cuando sucedi el desastre de Gaza? Lo hizo la BBC?

Por supuesto no lo hicieron! Preferimos narrativas opuestas. Los polticos no queran dije en la reunin de Doha el 11 de mayo que el viaje a Gaza llegara a su destino, sea su fin exitoso, grotesco o trgico. Creemos en el proceso de paz, en la hoja de ruta. Mantened el cerco alrededor de los palestinos. Dejad que los protagonistas claves arreglen las cosas. Y recordad de qu se trata: "Terror, terror, terror, terror, terror, terror."

Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article25782.htm

rCR



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