Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn: 25 aos de su fallecimiento
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-06-2010

Matices, aires de familia, distinciones y corolarios de una interpretacin
La segunda arista de la concepcin marxista del mundo: la dialctica (dcimosptima aproximacin)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


La relacin entre el enfoque sistmico a la Boulding y el proyecto dialctico marxiano eran vistos por Sacristn del siguiente modo en 1981 [1]: [] La discusin del marxismo y de lo que Boulding llama dialctica es poco simpattica en lo terico y muy hostil en lo poltico. Boulding reconoce brevemente la destacada posicin de Marx en la historia de los intentos de teora social dinmica, pero se apresura a proclamar la inadecuacin de sus tesis (...). Pese a que ese punto de vista sobre el marxismo -el primero que aparece en el libro, en la introduccin-, poda haberle inducido a ver en el pensamiento de Marx un precedente ms o menos aproximado de la ecodinmica, y en la dialctica una vieja tradicin que desde Platn forcejea especulativamente con los problemas sistmicos y dinmicos, prefigurando los mtodos de la teora general de sistemas, la ecologa y la misma ecodinmica de Boulding, ste, como la mayora de los autores contemporneos, prefiere no tener que ver con ese pasado: reduce la dialctica a una estrecha teora del conflicto, ignorando la pretensin (pseudo)-lgica de esa tradicin, que es lo que hace de ella una precursora del enfoque sistemtico. Las dimensiones del proyecto dialctico eran analizada por Sacristn en un texo de 1983, en su presentacin a la traduccin catalana de Jordi Moners de El Capital [2]: [] una visin cientfica adecuada, ni cientificista ni apologtica, tiene que partir de la revisabilidad de todo producto cientfico emprico. Lukcs hizo una vez el experimento mental de preguntarse si quedara algo del marxismo una vez que todas sus tesis particulares hubieran sido falsadas o vaciadas por la evolucin social. Pens que s, que quedara algo; a saber, el estilo de pensamiento muy abarcante y dinmico, histrico, que l llam mtodo dialctico. Admitiendo que esta idea de Lukcs es muy convincente, habra que aadirle o precisarle algo: el programa dialctico de Marx -que engloba economa, sociologa y poltica, para totalizarse en la historia- incluye un ncleo de teora en sentido estricto que, sin ser todo El Capital, se encuentra en esta obra. El programa mismo era ya entonces inabarcable para un hombre solo; seguramente esto explica muchos de los padecimientos psquicos y fsicos de Karl Marx; y tambin da su estilo de poca a una empresa intelectual que hoy consideraramos propia de un colectivo, y no de un investigador solo. Por eso El Capital qued en mun, y por esto es inconsistente todo intento de convertir su letra en texto sagrado. Pero lo que s parece imperecedero es su mensaje de realismo de la inteligencia: un programa revolucionario tiene que incluir conocimiento, poseer ciencia. Por su propia naturaleza, la ciencia real es caduca. Pero sin ella no puede llegar a ser aquello que no es ciencia. Por esta conviccin ha dedicado Marx su vida y ha sacrificado mucho de su felicidad -con el turbio resultado que eso suele arrojar- en la redaccin de estas miles de pginas que al final le producan tan escaso entusiasmo que se limit a sugerir que Engels hiciera algo con ellas. Aos antes, en 1968, en su breve pero muy sustantiva presentacin a la traduccin castellana de los seis volmenes de Sigma. El mundo de las matemticas , Sacristn alertaba sobre los peligros del formalismo en los trminos siguientes [3]: [] El mismo dios que aritmetiza, empero -el cual, aunque no omnisciente, se ha hecho ya un poco cauto al cabo de milenios de entusiasmos intelectuales-, querr presumiblemente contestar aqu a sus fieles, y templar algo el himno recin entonado. Pues, si bien es verdad que instrumentos de origen matemtico encuentran un campo de aplicacin cada vez ms amplio, destruyendo, entre otras cosas, el viejo prejuicio que levantaba una muralla metodolgica insalvable entre la investigacin de la naturaleza y de la sociedad, no lo es menos que el uso de conceptos meramente formales -y formales son todos los conceptos de naturaleza matemtica- no produce por s mismo conocimiento de lo concreto de cada objetividad. Esto es especialmente visible en las ciencias sociales, no porque la situacin no se produzca tambin en las de la naturaleza (pues se da igualmente en ellas), sino porque el conocimiento rico de lo concreto es de inters vital en la aplicacin de las primeras. Mas la falta de concrecin de los conceptos de naturaleza matemtica -por ejemplo, y sealadamente, el concepto formal de estructura antes aludido- se convierte con suma facilidad en ideologas destinadas a encubrir, bajo la analoga mera o, a lo sumo, bajo el isomorfismo de elementos estructurales formales, la diversidad concreta de los contenidos histrico-sociales. As ocurre en una moda reciente, pero el hecho tiene, en cuanto a su sustancia, bastante tradicin. El formalismo es camino tradicional de escamoteo de contenidos sociales: que las estructuras de parentesco de tal o cual pueblo primitivo sean ms o menos isomrficas de fenmenos modernos de tal o cual sociedad adelantada puede pretender ser algo ms que una interesante comprobacin formal, y encubrir los muy diversos contenidos sociales que hacen de esas estructuras formales anlogas estructuras histricas incoherentes, disparata. sta es una cuestin de determinacin de la abstraccin que interesa en cada caso. Y la sustitucin de un determinado modo histrico de abstraer por otro determinado matemtico-formal (pues no es verdad que las abstracciones matemtico-formales no sean determinadas) puede acarrear la renuncia, intencionada o no, al conocimiento de lo concreto. Este riesgo es sensible en una poca que ve la introduccin instrumentalmente fecunda de mtodos matemticos y formales en las ciencias de la sociedad. Los cultivadores de estas ciencias que no se satisfacen con la descripcin formal de los fenmenos sociales -porque sienten que su comprensin puramente formal tiende a ser esttica, ahistrica- han cometido muchas veces el error de defenderse slo psicolgicamente de dicho riesgo, por el procedimiento de ignorar o negar la eficacia positiva de los mtodos formales, en el estudio de la sociedad. sa es una reaccin estril. De lo que se trataba, conclua Sacristn, era de situar los resultados de los anlisis matemticos y formales en el mvil y resolutorio cuadro que es la historia de las relaciones entre los hombres, de sus productos y hasta de las relaciones de los hombres con la naturaleza. Un primer paso necesario era la percepcin de la naturaleza histrica del pensamiento matemtico-formal mismo, y eso tanto en la gnesis de ese pensamiento cuanto en sus posibilidades de aplicacin fecunda en el descubrimiento y en la interpretacin.

El gnero literario del Marx maduro, el tipo de obra de Marx, la finalidad prctico-gnoseolgica que Marx haba intentado, era vista por Sacristn en 1967 en los trminos siguientes: [] El gnero literario del Marx maduro no es la teora en el sentido fuerte o formal que hoy tiene esa palabra. Pero tampoco es -como querra Croce- el gnero literario de Ricardo. Y ello porque Ricardo no se ha propuesto lo que esencialmente se propone Marx: fundamentar y formular racionalmente un proyecto de transformacin de la sociedad . Esta especial ocupacin -que acaso pudiera llamarse praxeologa revolucionaria, de fundamentacin cientfica de una prctica revolucionaria- es el gnero literario bajo el cual caen todas las obras de madurez de Marx, y hasta una gran parte de su epistolario. Por eso es intil leer las obras de Marx como teora pura en el sentido formal de la sistemtica universitaria, y es intil leerlas como si fueran puros programas de accin poltica. Ni tampoco son las dos cosas a la vez, sumadas, por as decirlo: sino que son un discurso continuo, no cortado, que va constantemente del programa a la fundamentacin cientfica, y viceversa. Es obvio -y desconocerlo sera confundir la praxeologa revolucionaria marxiana con un pragmatismo- que esa ocupacin intelectual obliga a Marx a dominar y esclarecer cientficamente la mayor cantidad de material posible y, por lo tanto, que siempre ser una operacin admisible y con sentido la crtica meramente cientfica de los elementos meramente tericos de la obra de Marx. Como tambin lo es la operacin que consiste en continuar, completar y desarrollar los aspectos puramente tericos de esa obra (como hizo Hilferding), o el conjunto de su praxeologa revolucionaria (como hizo Lenin). Lo nico realmente estril es hacer de la obra de Marx algo que tenga por fuerza que encasillarse en la sistemtica intelectual acadmica: forzar su discurso en el de la pura teora, como hizo la interpretacin socialdemcrata y hacen hoy los althusserianos, o forzarlo en la pura filosofa, en la mera postulacin de ideales, como hacen hoy numerosos intelectuales y catlicos tan bien intencionados como unilaterales en su lectura de Marx.

Sugerida esa lectura de la obra madura de Marx, prosegua Sacristn, haba que sumar una advertencia para intentar impedir que la concisin, siempre involuntariamente tajante y categrica sugiriera un desprecio de la teora pura, formal, acuando para ello la categora praxeologa revolucionaria: [] la actitud de Marx, la actitud que aqu se propone llamar praxeologa revolucionaria, ante la teora pura no es ni puede ser de desprecio o ignorancia. La relacin entre el gnero literario praxeolgico revolucionario y el de la teora pura (en sentido fuerte o formal) no es de antagonismo, sino de supraordinacin: para la clarificacin y la fundamentacin de una prctica revolucionaria racional la teora es el instrumento ms valioso, aparte de su valor no instrumental, de conocimiento. Marx lo ha sabido muy bien -todava hoy admira su erudicin- y eso hace de l, precisamente, una figura nica en la galera de los grandes revolucionarios de la historia.

Muy probablemente el planteamiento ms acadmico de esta cuestin consistira en tomarse en serio el subttulo de El Capital : Crtica de la Economa Poltica . Una interesante tesis doctoral en Economa (en Historia de las doctrinas econmicas) podra proponerse tomar en serio esa interpretacin autntica, como dicen los fillogos y los juristas, o sea, esa autointerpretacin de Marx; podra estudiar en qu medida parafrasea la Crtica de la Razn Pura de Kant -y se podra apostar, como hiptesis inicial, a que la parafrasea intencionadamente, aunque a travs del hegelianismo de izquierda-; podra luego estudiar en qu medida eso supone que Marx no piensa estar haciendo Economa Poltica, sino otra cosa (su crtica), al modo como Kant no estaba haciendo razn pura tradicional (metafsica), sino otra cosa, sin abandonar por ello la temtica cuya concepcin tradicional crtica, etc.

La dialctica revolucionaria era vista en un texto de 1974, en su presentacin a su propia traduccin de una obra de Jindrich Zeleny sobre la estructura lgica de El Capital , como superadora del conflicto entre los partidarios de la palabra y los favorables a la accin [5]: [] El hilo conductor de la investigacin [de Jindrich Zeleny] es el anlisis de la estructura lgica de El Capital. La concepcin de Zeleny al respecto se podra resumir as: la principal obra de Marx sigue ante todo, en su estructura lgica, el movimiento de la sociedad burguesa. El sujeto del proceso que estudia El Capital no son los hombres. La causa de ello es que tampoco en el movimiento histrico real de la sociedad burguesa no son los seres humanos el sujeto soberano (Hasta aqu el resultado -no los anlisis, incomparablemente ms exactos en la obra de Zeleny- coincide con la posicin ideolgica del grupo Althusser). Pero si los hombres no son el sujeto del movimiento estudiado en El Capital, o no son el sujeto soberano de ese movimiento, es porque en la realidad burguesa el sujeto soberano es el capital. El sujeto del movimiento estudiado por El Capital es el capital. Se puede diferir de esa interpretacin. Pero, en todo caso, es obligado reconocer que se trata de la versin ms slida del punto de vista que consiste en situar El Capital en el centro de la obra de Marx (la economa, pues, en el centro del pensamiento socialista) y no poner en primer trmino lo que fue ttulo inicial de la empresa y se conserva como subttulo de su parcial cumplimiento: Crtica de la economa poltica. Su solidez, la calidad cientfica, de la investigacin de Zeleny, le evita presentar, en el plano epistemolgico, hinchadas vaciedades como contenido de la revolucin del concepto de ciencia por el marxismo. En las pginas de Zeleny Marx no aparece descubriendo continentes ms conocidos que el Mediterrneo -como en la retrica francesa-, sino intentando con un xito importante algo que estuvo desde antiguo presente en la intencin intelectual de todos los pensadores revolucionarios: articular racionalmente el conocer con el hacer, lo que se sabe del mundo social con la voluntad de revolucionarlo. Zeleny, situado en el acadmico ambiente del marxismo centroeuropeo, dice eso con los tecnicismos tradicionales y, a la vez, de moda en la primera mitad de los aos sesenta: la formacin del marxismo significa segn l la superacin de la contraposicin tradicional entre gnoseologa y ontologa en un mtodo filosfico de investigacin lgica de fundamentos que es nuevo en sus principios y se podra llamar, desde el punto de vista de su contenido, mtodo onto-praxeolgico. El importante ensayo de Zeleny, que Sacristn consider muy positivamente, podra contribuir a poner en un marco exacto, limpio, aada, de retrica e imprecisin parisiense, que no francesa, la lucha entre los que crean que en el principio de la dialctica revolucionaria estaba la Palabra y los que, por el contrario, crean que estaba la Accin. Su categora de praxeologa revolucionario abonaba la misma superacin. Todos estos textos abonan y son muestra de la riqueza de su posicin final: no haba que orillar, no se trataba de marginar ni de renunciar al proyecto dialctico sino que, por el contrario, haba que repensarlo. La brechtiana Loa a la dialctica, en traduccin de Antoni Domnech [6], es una forma consistente de finalizar esta antologa de textos sobre la perspectiva dialctica de Sacristn:
Y del jams, saldr el todava. Notas: [1] Manuel Sacristn, La ecodinmica de K. E. Boulding, Panfletos y materiales II, Icaria, Barcelona, 1984, pp. 441-442. [2] Manuel Sacristn, Prlogo a la edicin catalana de El Capital . Escritos sobre El Capital (y textos afines) . Barcelona, El Viejo Topo, 2004, p. 364. [3] Presentacin de la edicin castellana de Sigma. El mundo de las matemticas , Grijalbo, Barcelona. [4] Manuel Sacristn, Cien aos despus. A qu gnero literario pertenece El Capital de Marx?. Lecturas de filosofa moderna y contempornea , Madrid, Trotta, 2007, pp. 190-191 (edicin, notas y presentacin de Albert Domingo Curto). [5] Presentacin de la traduccin castellana de J. Zeleny, La estructura lgica de El Capital de Marx. Ahora en M. Sacristn, Escritos sobre El Capital y textos afines , ob cit. [6] Manuel Sacristn, Sobre dialctica . Matar (Barcelona), El Viejo Topo, 2009, p. 375.

Referencia Prlogo:

El prlogo de Sacristn en la red: http://archivo.juventudes.org/node/114

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su derecho a publicarlo en otras fuentes.



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