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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-06-2010

Seguridad, proceso de cambioy estrategia regional

Juan Carlos Pinto Quintanilla
Rebelin


Amrica aprende a mirarse en el espejo

Amrica Latina est viviendo momentos de transformacin revolucionaria. Nunca antes se haban sumado las condiciones revolucionarias para hacer posible un cambio histrico-estructural en nuestros pases. Dcadas de lucha revolucionaria de nuestros pueblos han permitido este momento histrico en el que varios pases latinoamericanos han votado en el marco de la democracia formal, por un proceso de cambio que tome en cuenta a las mayoras siempre olvidadas y vilipendiadas por los grupos de poder y la historia construida por ellos.

Bolivia, con ms razones que muchos ha tomado este camino. Desde el reconocimiento de su diversidad y la reivindicacin de su dignidad ha empezado el camino de la transformacin desde un liderazgo que representa a los millones de rostro indio que pueblan esta porcin de Amrica, interpelando a la historia oficial la condicin de ciudadana negada que ha construido una democracia excluyente y colonial.

Estos procesos de cambio estructural an en el marco de la democracia formal, hacen pensar a los detentadores imperiales y locales del poder en un proceso revolucionario; y lo es, aunque la revolucin del cambio consiste simplemente en construir una democracia con identidad propia que incluya a los siempre excluidos. Sin embargo los enfrentamientos para lograr este cometido se han dado a lo largo de toda nuestra historia a veces como resistencia silenciosa y por momentos en intensos levantamientos e insurrecciones; ahora, cuando la mayora ha logrado el gobierno, la confrontacin se torna en permanente y en una lectura neoliberal que entiende la democracia como ausencia de conflictos, vivimos un proceso creciente de inseguridad local y continental.

Sin embargo, esta construccin democrtica como forma de organizar los conflictos y construir una cultura de paz, inclusin y participacin entre los diversos, estn transformando los trminos de la comprensin de la convivencia en las sociedades pluriculturales que somos y tambin en nuestra relacin entre pases, donde el mercado no puede ser el nico parmetro de las relaciones entre los pases. Ms an entre pases que han tenido una historia comn de lucha anticolonial y de pueblos indgenas que han sido los originarios y hoy siguen siendo una identidad fundamental para entendernos.

La inseguridad de la sumisin colonial

Es evidente que desde los trminos de la dominacin colonial e imperial, vivimos hoy un proceso de inseguridad regional que pone en tela de juicio las formas de dominacin-subordinacin en las que histricamente se han desenvuelto nuestras relaciones. Es cierto que el fenmeno imperial y capitalista contina siendo el modo de produccin dominante y que ha condicionado nuestra forma de ser como pases en el contexto internacional, siendo relegados a ser imitadores y subordinados de los pases del primer mundo. As histricamente funcion el orden imperial de la convivencia, a travs de los grupos de poder que simplemente reprodujeron esquemas y polticas que no tenan que ver con nosotros y s con los intereses mezquinos y particulares de pequeos grupos de poder locales y nacionales que se enriquecieron subastando nuestros recursos naturales y explotando nuestra fuerza de trabajo.

La lgica comercial, de explotacin intensiva de nuestros recursos y de compra-venta de los mismos fue la pauta fundamental de relacin impuesta, y desde la colonia hasta la actual poca republicana, se busc desintegrarnos y enfrentarnos en los espacios del mercado dependiente creado por el imperio capitalista para amarrar de mejor manera nuestros recursos y posibilidades a sus intereses. Nunca tomaron en cuenta los lazos estructurales que nuestro pueblos poseen entre s y que los han reproducido una y otra vez a lo largo de la historia de los pueblos, en las no fronteras que tenemos con los vecinos, que en realidad son la continuidad de una misma identidad, cortada y obligada a la diferenciacin nacional por sobre la identidad del ser indio de nuestros pueblos. Incluso la repblica, en los sueos de sus precursores tena el proyecto continental de la unidad y de la reconstitucin de una nueva identidad con la diversidad que somos; sin embargo esos sueos perecieron bajo los intereses y las armas de los grupos de poder que se repartieron los pases y definieron las fronteras que nos separan.

Esta lgica confrontacional existente en la construccin histrica del Estado Nacional en el continente, buscaba justificar los intereses supremos de los grupos de poder locales que se repartieron la tierra y los recursos naturales por sobre los pueblos originarios e indgenas. Algunos pases optaron por el exterminio de millones de indgenas que en el continente reclamaban el derecho a ser tomados en cuenta para un nuevo tiempo. Otros que no podan substraerse a su mayoritaria identidad indgena, heredera de pueblos que ya eran naciones en el momento de la colonizacin fueron sometidos a una explotacin intensiva de su fuerza de trabajo y a la exclusin histrica de toda participacin poltica, con un tinte racista que buscaba justificar la superioridad colonial sobre los vencidos.

De esta manera, nuestros pases se construyeron de espaldas a los intereses y sueos de la mayora, y les hicieron creer que la nica forma de ser y de vivir es la de la indignidad de la subordinacin y la limosna, viviendo siempre el complejo de no ser parecidos a los colonizadores que vinieron a decirnos como debemos imitarlos sin parecernos.

Los conflictos blicos y de seguridad en el continente han tenido que ver con los intereses mezquinos y de poder que los grupos elitarios de cada pas ha desenvuelto para construir una identidad nacional que les permitiera asentar su estrategia de dominacin hegemnica que basada en el reconocimiento del mestizaje como ciudadana pudiera dejar de lado las diferencias tnicas y raciales para dar paso a las relaciones de mercado. En este camino, los conflictos blicos en nuestra Amrica, han tenido que ver con la necesidad de resolver los problemas estructurales en la constitucin de los pases, que sin el apoyo popular, en mltiples situaciones histricas tuvieron que acudir a la construccin del enemigo externo como factor de diferenciacin para lograr la unidad nacional..

Bolivia y la colonialidad estatal

Bolivia a lo largo de toda su historia ha vivido mltiples ejemplos de confrontacin blica que sin excepcin han terminado en derrotas frente a pases vecinos que terminaron apropindose de parte de su territorio. Es que Bolivia naci como repblica de espaldas a su realidad plurinacional, negando esta realidad para que los grupos de poder hicieran una caracterstica nacional el de la exclusin; as, hasta el ao 52, formalmente slo entre el 2 y el 5% de los bolivianos contaban con los derechos de ciudadana y luego a pesar de su reconocimiento en el voto universal, las formas y contenidos de la convivencia societal jams dejaron de ser excluyentes y racistas.

La seguridad regional en esos trminos tena una lectura basada en la inseguridad permanente respecto a la territorialidad, con el trauma histrico de haber sido desmembrados como pas en diversas ocasiones histricas, con el permanente ingreso de ciudadanos vecinos que libremente procedieron a la explotacin de nuestros recursos naturales en fronteras abandonadas por el Estado, para organizar su presencia material en las ciudades donde el ejercito y las fuerzas de seguridad se concentraban para enfrentar a los movimientos populares que no cesaban de demandar al Estado la inclusin en las polticas pblicas.

Los momentos de tensin vividos con pases vecinos, tuvieron como componente central aspectos que tuvieron que ver con la imposibilidad histrica del Estado boliviano para la constitucin hegemnica de la territorialidad, que se basaba ms en intereses econmicos de mercado que a ms de permitir el ingreso de los vecinos con una clara intencin expoliadora, cre un puente de corrupcin institucionalizada en las autoridades fronterizas que buscaron provecho econmico personal, siendo expresin de un Estado incapaz de sentar presencia institucional, dejando a grupos y oligarquas locales el usufructo del territorio nacional como patrimonio familiar.

Los gobiernos militares y tambin los democrticos hicieron uso de las tensiones con los vecinos, principalmente Chile, para llamar a una cruzada nacional permanente en torno a una bolivianidad que construyera la identidad y borrara las diferencias, sin darse cuenta que los conflictos y la confrontacin interna haban generado una interpelacin permanente a la forma de existencia del Estado boliviano que sostena un doble discurso moral, pues mientras llamaba a la recuperacin histrica de nuestros recursos territoriales y martimos perdidos, en el marco del mercado propugnaba el libre intercambio econmico en beneficio de los declarados enemigos.

En definitiva, la presencia de un Estado como monopolio de la fuerza y de la represin para la sostenibilidad de modelos econmicos de mercado excluyentes, era al propio tiempo un no-Estado en los procesos de inclusin y construccin de ciudadana. En esta situacin es comprensible entender el comportamiento poltico de los sectores dominantes que en una lgica de guerra buscaron histricamente someter y no convencer ni incluir a la mayora, en un horizonte de pas que estructuralmente no poda generar sino la confrontacin permanente.

La seguridad a partir del vivir bien

Evo Morales como reivindicacin histrica del liderazgo indgena, representa el quiebre histrico de esta lgica estatal, que presa de sus contradicciones no pudo resolverlas en el marco de la confrontacin y fue vencida en la lgica de la democracia formal que le dio el triunfo contundente y mayoritario por primera vez en la historia del pas.

El tema de seguridad es abordado desde el principio desde una nueva perspectiva, la que permita a la poblacin mayoritaria el acceso a mejores condiciones de vida, la de permeabilizar el Estado a ser un reflejo y una construccin de la mayora plurinacional del pueblo boliviano. Haba de negar en la prctica poltica de la transformacin del Estado, a la seguridad como ajena a la vida del pueblo y como excusa para la represin o la posibilidad de la confrontacin.

El vivir bien como filosofa del nuevo Estado es la posibilidad de construccin de la equidad y de la inclusin ciudadana y donde el Estado es puntal central en el proceso de redistribucin y de inclusin ciudadana a los derechos fundamentales. Las nacionalizaciones y la transformacin paulatina de las condiciones sociales de la mayora expresan precisamente este gran cambio respecto al Estado neoliberal donde la seguridad jurdica a la inversin y las empresas era el centro de la accin estatal, para dar paso al Estado plurinacional que prioriza la transformacin social y la garanta de seguridad de una mejor vida para las mayoras.

El ejrcito del proceso de cambio

El actual gobierno, a decir del Vicepresidente del Estado Plurinacional, ha definido un papel estratgico de las FFAA en Democracia como no haba ocurrido antes. Desde la vuelta a la Democracia, las FFAA haban sido abandonadas a una especie de crisis existencial institucional, pues ya no eran la institucin que reclutaba a dictadores de turno, y adems haban sido obligados a convertirse en garantes de una soberana que era ofertaba por los neoliberales en los mercados internacionales. En el nuevo contexto, la nacionalizacin de las empresas y el control del excedente econmico por el Estado le dan una base tcnica-material a la soberana relativa del Estado y por tanto su estabilizacin que es principio organizador de las FFAA en cualquier pas. Esto dio lugar a un ensamble histrico entre las fuerzas sociales indgenas campesinas populares y las fuerzas armadas, que a diferencia de lo que ocurri antes en el pas, bajo tutelaje militar, ahora tiene el liderazgo moral e intelectual de sectores indgena populares, representados en el presidente Evo Morales.

De esta manera, los viejos puntales de la lgica estatal colonial se encuentran en proceso de transformacin a partir de nuevas condiciones y renovadas funciones que permitan un proceso de cambio en Democracia. El viejo ejercito represor, cuya ltima accin cost la vida de ms de 70 ciudadanos en la ciudad de El Alto para que el presidente neoliberal Gonzalo Snchez de Lozada pudiera escapar del pas, hoy transcurre por un proceso de cambio interno que ha implicado su deselitizacin, permitiendo que en el colegio militar, eje de la formacin militar de las lites y de su relacin formativa con el imperio, hoy exista un cupo de participacin obligatoria de los pueblos indgenas.

De la misma forma su papel estatal se ha transformado a lo largo de estos 4 aos, por cuanto el excedente producto de la nacionalizacin gasfera, convertidos en bonos para nios, ancianos y mujeres, son gestionados y entregados por los militares a lo largo del territorio nacional, generando una relacin diferente con la ciudadana y transformando su papel para convertirse en la imagen del nuevo Estado. En el papel propiamente de seguridad fronteriza, el ejrcito ha desplazado la mayor parte de sus efectivos a las fronteras y est construyendo nuevos cuarteles en ellas, en la perspectiva de sentar soberana, y al propio tiempo participar en la lucha contra el contrabando y el narcotrfico.

La Poltica gubernamental impulsa un reequipamiento blico, que no se renueva desde los aos 70 (bajo la dictadura de Banzer) y para ello negoci un crdito de ms de 100 millones de dlares con la Federacin Rusa, para compra de armas, aviones y helicpteros, estos ltimos para la lucha antinarctico.

Tambin existe una nueva relacin con el Alto Mando, que se renen una vez por semana con el presidente, a quien reconocen plenamente como su comandante general, y bajo su mando han soportado las arremetidas de los grupos paramilitares y cvicos que han tomado instituciones pblicas y han humillado a los soldados en la espera de una respuesta represiva que nunca lleg y agot la lgica de la violencia hasta la masacre realizada en el departamento de Pando, donde paramilitares prefecturales de oposicin masacraron a cerca de 40 indgenas y campesinos, obligando al Estado a actuar a travs del ejrcito, interviniendo el departamento y capturando a los culpables.

Sin embargo de esta actitud fundamental que hace a los rasgos del nuevo nacionalismo en el pas, donde militares y pueblo son parte de los mismos actos, donde ambos se reconocen como pueblo, no habr que perder de vista de que en su estructura fundamental es el mismo ejercito que en su jerarqua, ha sido formada por la Escuela de las Amricas en su gran mayora, que siguiendo rdenes o por iniciativa propia han sido parte de las masacres sufridas por los bolivianos en el ltimo tiempo y que en los avatares del terrorismo cvico separatista fracasado se ha detectado la presencia de militares de rango tanto en servicio activo como pasivo como parte del plan subversivo.

Tambin en el ltimo tiempo, los militares han asumido algunas actitudes que no condicen con el marco democrtico en construccin; as a pesar de las rdenes de la Fiscala y del propio gobierno, para entregar los archivos de los 80 para ubicar los restos de varios desaparecidos, an se encuentra bloqueado por el Alto Mando. Extraamente en los ltimos das tambin Policas Militares han salido a bloquear un puente en construccin por parte de la Alcalda de La Paz, para obligar dicen ellos a las autoridades ediles a construir unas aulas comprometidas para la escuela militar.

Polica: viejas tareas con nueva visin?...

En el caso de la Polica Nacional, guardin de la seguridad ciudadana en el contexto del viejo Estado, los esfuerzos por su transformacin han sido infructuosos en su mayora. Sin embargo, se ha logrado, al igual que en el ejrcito, deselitizar la escuela del Alto mando policial, para facilitar el ingreso de representantes indgenas al estudio de la carrera policial, y en perspectiva tambin lograr que tambin la democracia interna permita una mejor representatividad en los cuerpos policiales. En todo el pas se ha incrementado de forma sustancial la infraestructura otorgada a la polica para la mejora de su accionar.

Los cuerpos especializados de lucha contra el narcotrfico, han visto incrementado su accionar, desde que el gobierno boliviano decidi expulsar a la DEA del pas, por cuanto se detect no slo que tenan un doble papel en la lucha antinarcticos (denuncias que se remiten a casos como el de Huanchaca donde segn investigaciones en ese gigantesco laboratorio, protegido por la DEA, se obtenan fondos para las luchas de desestabilizacin de gobiernos como el de Nicaragua en apoyo a los contras).

Desde que sali del pas esta institucin norteamericana, los logros de incautacin y represin al narcotrfico, se han duplicado a pesar de la permanente migracin de los carteles que bajo el efecto globo, cuando la represin se incrementa en Colombia o Per, se incrementan las fbricas en Bolivia, y tambin en el otro sentido.

Es cierto que no existen los recursos tecnolgicos necesarios, con los que contaba la DEA, pero el gobierno en un principio de soberana decidi que la lucha contra el narcotrfico deba ser comandada por los propios bolivianos, consiguiendo recursos y comprando tecnologa que permita la desarticulacin de los carteles de la droga que actan en nuestro territorio.

An somos una economa frgil, en la que el tema de la coca sigue siendo un importante ingreso para gran cantidad de familias en el trpico boliviano; se ha buscado a travs de polticas de conciliacin y acuerdos la disminucin de las plantaciones de coca en los mrgenes legales, logrndose importantes xitos que incluyen la erradicacin voluntaria de las organizaciones sindicales para acompaar de forma comprometida los objetivos que el gobierno se ha propuesto.

Inseguridad ciudadana y linchamientos

La inseguridad ciudadana en Bolivia, no contempla las cifras escandalosas que tienen los pases vecinos, sin embargo el narcotrfico y su internacionalizacin ha permitido que los mrgenes de violencia se incrementen, ligando los delitos violentos con el trfico de drogas y la existencia de bandas internacionales que han generado la demanda ciudadana de una mayor policializacin como poltica de seguridad ciudadana.

En muchos casos son los pobres del campo y las ciudades los que han sufrido las consecuencias de la delincuencia, pero tambin tanto de la ineficiencia policial, como de jueces que incapaces de cumplir con los plazos de ley para el cumplimiento acusatorio, se han dado a la tarea de desprestigiar la norma legal por su flexibilidad, as como de esconder en este argumento los altos niveles de corrupcin existentes en el rgano judicial.

Esta condicin ha dado lugar al incremento de los casos de linchamiento principalmente en los mrgenes de las ciudades, donde la poblacin organizada ha tomado la justicia por mano propia. Para las autoridades judiciales y los medios de comunicacin, opositores en su gran mayora al gobierno, ha significado la posibilidad de atacar al reconocimiento de la justicia indgena y comunitaria, que arbitrariamente y bajo una intencionalidad poltica es confundida con los linchamientos.

Golpes cvicos, terrorismo y accin policial

Tambin la polica ha tenido un importante papel en los procesos de levantamiento y subversin ocurridos contra el gobierno de Evo Morales. El golpe cvico-prefectural en curso ocurrido el pasado ao, tuvo a la polica como guardiana y no como represora para evitar el proceso de victimizacin de los agresores, muchos policas incluida la jerarqua fueron golpeados y humillados en el cumplimiento de su papel. Luego el proceso investigativo de la labor delincuencial en esos hechos que daaron el erario nacional contaron con culpables identificados, que no pudieron ser apresados o enjuiciados en su gran mayora por contar con la complicidad del poder judicial opositor al gobierno.

La labor de inteligencia desarrollada por la polica nacional, dio como resultado en los meses pasados la desarticulacin de un grupo terrorista separatista, que contratado por los grupos cvicos prefecturales buscaba desatar una guerra civil en Bolivia. Su eliminacin, trajo consigo, la desarticulacin poltica del grupo opositor, pero sin embargo, buscaron camuflar a los culpables y financiadores, acusando al gobierno y a la polica de violacin a los derechos Humanos en la accin y posterior persecucin de los culpables. Uno de ellos, hoy refugiado en EUA, es el ex presidente en Bolivia de American Watch una institucin norteamericana, veedora del respeto a los derechos humanos, y que financiaba con recursos y cobertura a las acciones del grupo terrorista.

Esta eficacia institucional en casos y en otros la falta de institucionalidad, se complementa con el alto nivel de corrupcin que existe en los niveles jerrquicos y de base de la polica nacional, que la han hecho una de las instituciones menos confiables para la ciudadana boliviana.

Nueva institucionalidad en el Estado Plurinacional

Como podemos ver, estos factores institucionales determinantes en el marco de la comprensin de la seguridad nacional del Estado colonial y republicano, como son el ejrcito y la polica, si bien conservan su papel institucional, existen factores que estn permitiendo su transformacin en el marco del nuevo Estado y como complemento necesario de la nueva comprensin de seguridad que el Estado Plurinacional busca construir. Sus roles institucionales se conservan, en el marco de la nueva CPE que ha mantenido la redaccin de la anterior Constitucin referida al tema, para evitar adems fricciones institucionales entre ambas fuerzas.

Sin embargo la misma CPE subraya como un principio fundamental en su art. 10 el que Bolivia es un Estado pacifista que rechaza las guerras de agresin y prohbe la instalacin de bases extranjeras en su territorio. Asumiendo que frente al pasado colonial de la confrontacin y de ocultar bajo la sombra del agresor externo los verdaderos conflictos que vive la poblacin, es necesario entender junto a los otros principios que hoy guan la Constitucin, de que el auto reconocimiento de nuestra plurinacionalidad y la necesidad de la construccin de la equidad y la justicia social, son el mejor camino para construir la seguridad nacional y regional.

Construyendo la seguridad regional desde el bienestar de los pueblos

As lo han comprendido los procesos de transformacin social hoy en marcha en Amrica Latina y que organizados en el ALBA han asumido que los procesos de revolucin que hoy vivimos en cada uno de nuestros pases, cada uno con sus propias caractersticas y procesos histricos acumulados, sin embargo guardan como fundamento comn la construccin de una identidad latinoamericana propia a partir de nuestra identidad mltiple, acompaada de los procesos de hermandad que manden sobre los designios del mercado para construir redes sustentables de solidaridad que desechen la confrontacin.

Importantes caminos se han abierto a partir de este acercamiento continental, as a ms de planes macroeconmicos continentales sin la participacin del imperio, se han dado seales histricas nunca antes asumidas: En el caso Boliviano, es el acercamiento y la solidaridad mutua con pases con los que viejos rencores fueron atizados por entre los grupos de poder locales, as pases con los que tuvimos enfrentamientos blicos importantes que dejaron heridas y prdidas territoriales, como Chile y Paraguay, hoy se tienen planes conjuntos importantes de apoyo; mientras los viejos temas del pasado buscan ser abordados con la seriedad necesaria sin pasar por los rencores atizados en el alma de los pueblos.

Esta diplomacia directa asumida en la hermandad de nuestros pueblos, sin embargo tiene sus bemoles en gobiernos que han apostado francamente a favor del imperio y se han convertido en sus portavoces en el continente, a cambio de la otorgacin de preferencias e intereses comerciales. Es el caso de Colombia que con la aceptacin de la instalacin de 7 bases militares norteamericanas en su territorio, ha cargado el ambiente continental de belicosidad, en la comprensin de que el imperio est dispuesto a saldar cuentas con quienes se alejan de la servidumbre y subordinacin a sus proyectos continentales de dominacin.

En el caso del Per, pas hermano de Bolivia por razones histricas y de identidad conjunta, con el que siempre se ha tenido una cercana ms all de los gobiernos; hoy se vive un proceso de conflicto diplomtico, pues las opciones polticas distintas en el continente no dejan de afectar las relaciones entre los pases; es decir que el importante derecho a la autodeterminacin, debe ser pensado tambin en la clave de la convivencia que hoy nos afecta a todos los pases. Sin embargo los conflictos e intercambios de palabras presidenciales no podrn ir ms lejos, pues en el caso boliviano, encontramos que el tema de asumirnos como estado pacifista es un tema de principio, que a veces puede contrastar con la diplomacia sin adornos que Evo Morales ha desarrollado como una nueva caracterstica del representante popular en el gobierno.

Bolivia, a travs del liderazgo continental de Evo Morales, ha concitado la plena identificacin y apoyo de los pueblos originarios e indgenas a lo largo del continente; ellos se ven reivindicados ante la historia por la figura del presidente indio, que expresa simblicamente que ha llegado el tiempo de los pueblos indgenas. Nuevas luchas y reivindicaciones en curso, hoy se atizan en el continente ante sus respectivos gobiernos, demandando participacin poltica y territorio como reivindicacin histrica.

El tema indgena y el de la construccin de sociedades ms justas y equitativas, deben ser parte de la agenda poltica latinoamericana y por decisin de los mismos pueblos; ello provoca de que las estructuras establecidas de dominacin y exclusin se vean interpeladas, generando inseguridad regional en las viejas formas de organizar el poder; pero al mismo tiempo provocando una nueva forma de entender, crear y participar en democracia, donde nadie pueda ser excluido y la seguridad fundamental se encuentre en la capacidad de los estados para comprometerse a mejorar la calidad de vida de sus poblaciones, en el marco de su participacin y desde las identidades originarias e interculturales que son el sustento de nuestro ser latinoamericano.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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