Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn: 25 aos de su fallecimiento
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-06-2010

Jaime Gil de Biedma, Manuel Sacristn y el PSUC (III)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Miguel Dalmau, en su conocida y comentada biografa de Jaime Gil de Biedma , abona caminos que ya han sido apuntados. Reproduce un comentario displicente de ngel Gonzlez que transita por la senda de Juan Ferrat: "Slo la torpeza de algunos responsables de la poltica cultural del PC (...) le salv [a Gil de Biedma] de cometer lo que hubiese sido otra torpeza an mayor" (p. 284). Sin documentacin complementaria, Miguel Dalmau insiste: "[] Pero en los crculos se saba que el veto haba sido impuesto por el filsofo Sacristn, amigo del poeta, con el argumento dursimo de que "los maricones, ante la polica, cantan". No es imposible que las Memorias ya citadas del ex rector Estap hayan sido las inspiradoras del paso.

El ensayo fue usado para el guin de la pelcula "El cnsul de Gomorra". El propio Dalmau fue coguionista del film. Un comentarista, Juan Ramn Gabriel [2], ahonda en la misma direccin, [] Toda una serie de noticias que ya son lugares comunes en la biografa del poeta tambin aparecen ilustradas: la contemplacin de los cuerpos desnudos y de la miseria en sus estancias profesionales en Manila, Filipinas, mbito propicio para la expansin sensual; el rechazo de Manuel Sacristn, ttem de la izquierda intelectual marxista, a su ingreso en el partido comunista por su condicin sexual [la cursiva es ma].

Ms all de este vrtice, ms all de estos vrtices afines, hay otro sendero alternativo que vale la pena transitar, que muestra, sin dificultad, caminos poco conocidos que ponen en duda la tesis ms extendida. La siguiente: Sacristn recibi la peticin de militancia de Gil de Biedma; decidi no admitirlo por homofobia o por seguridad partidista mal entendida en solitaria reflexin, comunicando ms tarde l mismo su decisin al poeta.

 

El malogrado dirigente revolucionario comunista Miguel Nez public unas memorias en 2002 [3], editadas por Elena Garca Snchez, a las que sum dos prlogos. Uno, extenso e informado, de Manuel Vzquez Montalbn (Nosotros los comunistas); el segundo, muy breve, apenas dos pginas, escrito por Luis Goytisolo, lleva por ttulo Mereci la pena tanto sacrificio? (pp. 23-24). El acadmico construye la respuesta a su retrico interrogante del siguiente modo:

Seala, en primer lugar, que la lectura de obras como las de Miguel Nez invitan a plantear cuestiones ajenas a la obra si tenemos en cuenta que su autor fue, junto con Gregorio Lpez Raimundo, uno de los dirigentes ms destacados del Partido Comunista en Barcelona durante los aos del franquismo. No se acaba de entender que las cuestiones planteadas sean ajenas a las memorias. Pero, ms all o ms ac de ello, por qu el autor habla del Partido Comunista en Barcelona? Parece probable que sea porque el trmino comunista puede producir sensaciones desagradables en algunos lectores que tal vez no produzca el nombre del partido del que ambos -Nez y el mismo Goytisolo- fueron dirigentes y militantes destacados, el PSUC.

La primera de las preguntas formuladas en este sucinto prlogo dice as: a la vista de la evolucin seguida por el partido comunista espaol y el hundimiento generalizado de los regmenes comunistas, mereci la pena tanto sacrificio?. Su posicin La respuesta no puede ser ms que afirmativa, toda vez que las decisiones, como la leyes, no tienen carcter retroactivo. Las decisiones se tomaron entonces, no ahora y de no haberse tomado, tal vez la situacin presente no sera la misma. Qu sentido tiene ese tal vez? Es elogiable prudencia epistmica? Acaso afirmacin apuntada, si bien no creda, de que los aires democrticos de la historia hubieran empujado mgicamente por s mismos en la misma direccin?

Supongamos lo primero, que lo sealado es prudente y sofisticado saber gnoseolgico de los complicados y sofisticados senderos de las ciencias sociales y de cambiantes e impredecibles aconteceres histricos. Por qu apelar entonces a la retroactividad? Supongamos que, a diferencia de las leyes jurdicas, las decisiones pudieran serlo. Entonces qu? Cul sera entonces la actitud racional a la vista de lo acontecido? No haber combatido el franquismo en las arriesgadas filas, columnas y clulas de los partidos comunistas? De eso se trata?

La segunda pregunta formulada por Luis Goytisolo tiene ms calado: Qu hubiera pasado en Espaa si, por haber discurrido las cosas exactamente al revs de como discurrieron, el Partido Comunista hubiera llegado al poder?. No es fcil entender qu puede significar la expresin haber discurrido las cosas exactamente al revs. Antes de responder, LG seala que se trata de una pregunta que formulada o no explcitamente todo el mundo se ha hecho alguna vez. A qu mundo refiere todo el mundo? El lector/a se ha hecho, se hizo, alguna vez esa pregunta? La respuesta de LG a su propio interrogante dice as: (...) lo cierto es que, al menos durante los aos que yo recuerdo -la segunda mitad del franquismo-, nadie en Espaa, salvo la direccin del Partido Comunista y la Direccin General de Seguridad, crea que eso fuese posible. Y los apoyos que hallaba el Partido Comunista se basaban en ese supuesto.

No estn precisados los lmites de lo que el autor entiende por perodo franquista pero supongamos -sin duda es suponer mucho- que ese perodo abarca tan slo desde 1939 hasta 1975. La segunda mitad sera, pues, el perodo 1957-1975. Cmo sabe LG que tan slo la direccin del PC y la DGS tenan la creencia de que el partido comunista hubiera podido tener acceso al poder? Que algunos miembros de la direccin del PC han confesado precisamente lo contrario es saber extendido, pero que LG hermane en el plano de las creencias a la direccin de ese partido con la DGS, algo as como la direccin de la Gestapo o de la DINA pinochetista, no es una consideracin amable. Sostener a estas alturas de la historia, de la triste historia de Espaa que dira Gil de Biedma, que la direccin de la represin policial del franquismo pens que el PC de los sesenta y setenta poda llegar al poder, se sobreentiende va revolucionaria (no exista mecanismo alternativo alguno que permitiera una va distinta), es tan inverosmil como sostener que el ncleo duro de la oposicin al franquismo estaba situado en los salones de la Real Academia de la Lengua espaola o entre los evolucionistas del Rgimen.

El autor de Las afueras seala a continuacin que el libro de Nez suscita estas reflexiones por su valor de testimonio directo en su enunciado y acertado en sus observaciones. Ilustra su afirmacin con algn ejemplo. El siguiente: [] As, la imagen que ofrece de Manuel Sacristn, persona de trato difcil en la medida en que su inflexibilidad ideolgica iba unida a una preocupante ausencia de sentido de la realidad. Mejor juicio le merecemos los universitarios de la poca, y en especial Octavi Pellissa, con su irona socrtica, en el polo opuesto de Sacristn.

Pasemos por alto la indelicada oposicin entre dos ausentes (Octavi Pellissa-Sacristn), que fueron amigos hasta el final de los das del segundo. Al margen ello, las cuestiones se agolpan. Qu puede significar la afirmacin de que Sacristn, a quien Goytisolo conoci desde muy joven, en los encuentros de mediados de los cincuenta en el Bar Club de Barcelona donde tambin conoci a Ferrater y Gil de Biedma, no gozaba del atributo de la irona socrtica? Qu entiende nuestro acadmico por irona socrtica? No es acaso la parte interrogativa del mtodo socrtico, alumbradora de la ignorancia previa y necesariamente previa a la mayutica? Si apunta hacia all, no es fcil seguirle. No se ha conocido hasta la fecha a muchos filsofos que gozaran de ese atributo en mayor grado que el traductor de Platn, quien, por cierto, adems, tena ms de una semejanza con Scrates. Su racionalidad, por ejemplo; su fructfero magisterio o su inmensa capacidad lgico-argumentativa.

No es, desde luego, opinin solitaria. Todo un ex conseller de Universidades del gobierno cataln como Andreu Mas-Colell [4] y todo un reconocido editor como Xavier Folch [5] han sostenido tesis muy similares.

Sobre la inflexibilidad ideolgica, todo depende del lugar donde uno se ubique y cmo se site en l. Si uno entiende por flexibilidad de ideas la evolucin poltica seguida por el propio Goytisolo entonces lo de Sacristn puede parecer inflexibilidad. Si uno entiende por inflexibilidad, dogmatismo, falta de cintura terica, incapacidad para el matiz y el cambio, la afirmacin no puede ser menos veraz. Baste con recordar que el inflexible, y poco irnico socrtico, Sacristn tena como aforismo central la creencia de que todo pensamiento decente deba estar en crisis permanente, por lo que, preguntado por la ensima crisis del marxismo en los aos ochenta [5], respondi sin atisbo de duda y con satisfaccin no contenida, que por l poda durar todo el tiempo del mundo y algo ms si fuera necesario. No se conocen muchas declaraciones de principio ms interesantes, iluminadores y contundentes

Hay adems, algunas incorrecciones de lectura extraas a un acadmico de la talla de LG. Cuando Goytisolo, en un ataque de inmodestia, sostiene que mejor juicio le merecen a Miguel Nez los universitarios de la poca, la afirmacin, si seguimos al pie de la letra el texto de las Memorias , slo es vlida para el caso de Octavi Pellissa, pero en absoluto puede generalizarse (p. 257), a no ser que Goytisolo caiga en la ingenuidad de tomarse al pie de la letra lo de extraordinaria vala que es, obviamente, una figura retrica de uso corts de Miguel Nez o de su editora. Ms an: lo sostenido por Nez sobre Sacristn (pp. 256-257) es, respecto a lo apuntado por Goytisolo, un ejemplo de manual de un caso de elemental negacin lgica: no-A, la tesis de LG, es la negacin de A, lo afirmado por Nez.

Situar, como hace Luis Goytisolo en el punto final de su prlogo, a Josep Maria Castellet, a Salvador Giner y a l mismo en la izquierda revolucionaria es chocante y acaso no del gusto de los citados. Por lo dems, nota marginal, Castellet jams fue militante del PSUC.

Sostiene igualmente Goytisolo en ese mismo apartado,que de los asistentes a unas conversaciones entre la izquierda laica y el progresismo catlico, al cabo de los aos, slo Alfonso Carlos Comn segua vinculado al PC. No es el caso: tambin lo estaba Octavi Pellissa, al que cita. Lo de que Comn supo ver en el marxismo el mensaje evanglico y en Lpez Raimundo y Nez los representantes de ese mensaje, puede ser una maldad escondida, o acaso una bondad, segn queramos leer. No puede dudar de la bondad del comentario. Lo de que Nosotros, en cambio, sus antagonistas en las conversaciones de La Garriga, ramos demasiado paganos para entregarnos a este tipo de consideraciones, refiere a un extrao paganismo que tuvo numerossimos contraejemplos en el clandestino movimiento comunista de la poca.

Puestos, cabe aadir un nudo ms sobre inflexibilidades y comportamientos. Francesc Vicens fue expulsado del PSUC-PCE cuando la crisis Claudn-Semprn. Despus de dos aos de malvivir en Pars sin documentacin, fue un sin papeles, decidi volver a Barcelona. La ciudad de los prodigios y de la especulacin inmobiliaria era entonces mucho ms abarcable que en la actualidad. En uno de sus paseos por el Eixample barcelons, Vicens se encontr con Sacristn. El autor Panfletos y materiales no slo salud, con indisciplina militante y con riesgo policial, al antiguo compaero de lucha sino que le invit a cenar a su casa de Diagonal, a la casa que comparta con su hija Vera y su esposa Giuia Adinolfi. Vicens guarda esa noche en su prodigiosa memoria con todo lujo de detalle y, desde mi punto de vista, con alguna incomprensin. Vicens no logra aceptar el educado (y significativo polticamente) silencio de Sacristn, que era entonces miembro de la ejecutiva del PSUC, ante su largo monlogo que dur hasta la maana siguiente ni tampoco la supuesta (e inexistente) frialdad de una dedicatoria, por l solicitada, escrita en un libro (Lecturas I. Goethe, Heine ) con el que Sacristn le obsequi: Ejemplar de Francesc Vicens. Manolo.

Desconoce o no tiene en cuenta Vicens la antipata inconmensurable de Sacristn por las dedicatorias en general. Tengo ejemplos fotocopiados de ello. En ejemplares de su tesis sobre Las ideas gnoseolgicas de Heidegger regalados a seres ntimos, y para l imprescindibles, puede leerse: MA NO LO. 60. No se puede interpretar esta dedicatoria como muestra de frialdad emotiva. Anlogamente, tampoco la anterior dedicatoria permite ser analizada de ese modo.

El silencio puede entenderse: Sacristn no quera polemizar con Vicens sobre una crisis que, sin duda, afect a lo que para l era decisivo, el movimiento real, las gentes combatiendo contra el franquismo, conflicto, por otra parte, sobre cuya resolucin tenan posiciones discordantes

El inflexible Sacristn, el nada irnico Sacristn, el personaje de carcter difcil, salud, invit y recibi al compaero. Otros, y no pocos, no slo no saludaron a Vicens sino que, segn su propio y dolido testimonio, le rehuan como un apestado. Entre ellos, cabe sealarlo, el autor de Antgona y de Teora del conocimiento , que, en este caso, todo hombre est condicionado por su tiempo, ha tendido a ver una paja inexistente en el ojo izquierdo de Sacristn y, en cambio, se le ha pasado por alto una viga pesada de hectmetro en su propio ojo derecho.

No fue el prlogo a las memorias de Nez la nica ocasin en que habl de Sacristn.

Ms recientemente Luis Goytisolo, quien sustituy a Sacristn por enfermedad de ste en el Congreso del PCE en Praga en los sesenta, ha publicado un volumen de memorias en Siruela. Cosas que pasan es el ttulo. Hay en ellas un pasaje decisivo para el asunto que nos lleva entre manos.

Sacristn nuevamente, consistemente, no sale bien parado. En absoluto. Un ejemplo entre otros muchos. Cuenta Goytisolo que la detencin de Octavio (sic) [8] tras la huelga de los tranvas de febrero de 1957 en Barcelona, la marcha de Joaqun Jord a Madrid y el abandono de Salvador propiciaron la disolucin de la primera clula de estudiantes comunistas de la UB. l, que permaneci en el Partido, fue trasladado a la clula de intelectuales, de la que afirma injustamente que era una rama poco menos que inoperante. Sus interlocutores eran Sol Tura, Miguel Nez, el mximo representante, clandestino por supuesto, de la direccin del Partido en Barcelona, y Sacristn. La relacin con este ltimo, afirma Goytisolo, era escasa, ya que si bien perteneca al Comit Central, estaba liberado de toda militancia activa. Por otra parte, nuestras relaciones siempre fueron poco fluidas, ya que su personalidad intolerante me resultaba poco agradable [9].

Sacristn no estaba de baja de toda militancia activa. En absoluto. Es probable que, como l mismo ha indicado, estuviera en una situacin menos activa en el Partido mientras redactaba su tesis doctoral sobre Heidegger. En todo caso, el fragmento es de nuevo muestra clara de la opinin de Goytisolo sobre Sacristn: relaciones poco fluidas, personalidad intolerante que le resultaba poco agradable. Como en el prlogo a las memorias de Miguel Nez: nula afabilidad, inexistencia de comentarios positivos, nada bueno a destacar, ni siquiera intelectualmente, en el campo adversario de Sacristn.

Pues bien, Goytisolo, a continuacin del paso anterior, en 2009, no en 1975 ni en 2002, apunta lo siguiente. Negro sobre blanco: [] Sin embargo, contrariamente a la versin que corri por Barcelona en aquel entonces y que hasta el mismo Gil de Biedma daba por buena, quien vet su solicitud de ingreso en el PCE no fue Sacristn sino Miguel Nez. Fue a mi a quien Jaime hizo la peticin de ingreso, que yo transmit a la Direccin, convencido de que no haba problema. Y fue Miguel Nez quien das despus me sac de mi error, al hacerme saber que la peticin no poda ser aceptada. Los maricones, cuando son detenidos, cantan. Hay precedentes: el caso Landnez, me dijo. Es posible que Nez comentase tambin la decisin a Sacristn, y que ste, muy poco reservado, lo divulgase a los cuatro vientos, satisfecho, en el fondo, por su carcter ejemplar . El hecho es que, cuando unas noches ms tarde mis amigos y yo nos encontramos con Jaime y los suyos en el Saint Germain des Prs las pestaas ms rizadas que nunca -, ni l ni yo nos referimos siquiera al asunto, como si lo hablado das atrs jams hubiera sido dicho [las cursivas son mas]

Hasta aqu Luis Goytisolo, el autor de Reencuentro . Vale la pena comentar con detalle este comentario en la siguiente y ltima entrega sobre la peticin de militancia en el PSUC del autor De todas las historias de la Historia.

Tambin fue triste, tambin es triste esta otra historia. Gil de Biedma finalizaba su poema pidiendo que Espaa expulsara a esos demonios, que la pobreza subiera hasta el gobierno, que fuera el hombre el dueo de su historia. Sacristn no fue dueo de una historia que se escribi y se sigue escribiendo en su nombre y contra l.

 

Notas:

[1] Miguel Dalmau, Jaime Gil de Biedma . Barcelona, Circe, 2004. Debo la totalidad de las referencias a la generosidad intelectual y amistad de Jordi Torrent Bestit

[2] Crtica de El cnsul de Sodoma. A favor de Jaime Gil de Biedma. http://aquiunamigo-elblogdeencadenados.blogspot.com/2010/01/critica-de-el-consul-de-sodoma.html

[3] Nez, Miguel (2002), La revolucin y el deseo , Barcelona, Pennsula.

[4] Lpez Arnal, S y De la Fuente, P (1996), Acerca de Manuel Sacristn , Barcelona, Destino, pp. 548-558.

[5] Lpez Arnal, S: Una conversacin con Xavier Folch. Recordando a Sacristn, El viejo Topo 2000; 140: 31-43.

[6] Una broma de entrevista!, en Acerca de Manuel Sacristn , op. cit, p.232.

[7] Entrevista con Francesc Vicens. Ibidem, pp. 339-363.

[8] Octavio remite a Octavi Pelliza. La castellanizacin del nombre es un absurdo, pero no es un detalle sin inters.

[9] Luis Goytisolo, Cosas que pasan . Madrid, Siruela, 2009, p. 68.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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