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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-06-2010

El golpe de Estado financiero contra el Estado democrtico y social de Derecho en Europa
La distopa de la nueva austeridad

Michael Hudson
New Economic Perspectives


Lejos de limitarse a retraer la economa, lo que persigue ahora el neoliberalismo es alterar la trayectoria en la que ha venido movindose la civilizacin occidental en los dos ltimos siglos. Se trata nada menos que de hacer retroceder la seguridad social y las pensiones de los trabajadores, la asistencia sanitaria, la educacin y otros servicios pblicos, de desmantelar el Estado democrtico y social de Derecho, de poner fin a los logros de la era progresista y aun al ideario programtico del republicanismo clsico.

estamos asistiendo a la ejecucin de una poltica largo tiempo planeada, puesta ahora por obra a toda mquina y por doquiera. Los intereses rentistas, los intereses creados que un siglo de era progresista, de New Deal y de reformismo buscaron subordinar al conjunto de la economa, estn contraatacando. Y tienen el control de la situacin, con sus propios representantes en el poder, muchos de los cuales son, irnicamente, dirigentes de partidos socialdemcratas o laboristas, desde el presidente Obama al presidente Papandreu, pasando por el presidente Jos Luis Rodrguez Zapatero en Espaa.

Europa se nos muere. Si no cambia su trayectoria, la Unin Europea sucumbir a un golpe de Estado financiero que se llevar por delante los tres ltimos siglos de filosofa social de ascendencia ilustrada.

Europa est en vas del suicidio fiscal, y no le costar demasiado esfuerzo encontrar aliados en las reuniones del G20 el prximo fin de semana en Toronto. A despecho de una gran recesin que se hace ms y ms honda, hasta el punto de amenazar con una depresin declarada, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, y los primeros ministros de Gran Bretaa y Grecia, David Cameron y George Papandreu (presidente de la Internacional Socialista), as como el anfitrin, el Primer Ministro canadiense Stephen Harper, llaman de consuno al recorte del gasto pblico.

Los EEUU estn jugando un papel ambiguo. La administracin de Obama est por el recorte drstico de la Seguridad Social y de las pensiones, bajo el eufemismo de equilibrar el presupuesto. Wall Street exige reducciones realistas de las pensiones ofrecidas por estados federados y municipios, a fin de mantener la capacidad de pago (es decir, sin recaudar impuestos en los bienes races, en las finanzas y en los estratos superiores del ingreso). Esas pensiones locales han dejado sin el respaldo financiero necesario para permitir a los municipios recortar los impuestos a los bienes races, recorte que, a su vez, permite que los valores rentistas de emplazamiento urbano puedan servir de colateral para los intereses bancarios. Sin una depreciacin de la deuda (por parte de los bancos hipotecarios o de los tenedores de obligaciones), ningn modelo matemtico podr excogitar una forma de pagar esas pensiones. Capacitar a los trabajadores para que puedan vivir libremente cuando hayan quedado atrs los das de su vida laboral, requerira: o bien 1) que los tenedores de obligaciones y bonos no cobraran (impensable); o bien 2) que aumentaran los impuestos a la propiedad, lo que hara que ms hogares entraran en situacin de quiebra tcnica y llevara todava a ms gente a abandonar su casa [1] y a ms prdidas de los bancos en sus hipotecas basura. Dado que son los bancos quienes actualmente dictan la poltica econmica nacional, eso no pinta bien para las gentes que esperan una sociedad del ocio a la vuelta de la esquina.

El problema para las autoridades estadounidenses es que la sbita pasin europea por recortar drsticamente las pensiones y otros gastos sociales traer consigo la retraccin de las economas europeas, ralentizando el crecimiento de las exportaciones estadounidenses. Las autoridades estadounidenses urgen a Europa a no precipitarse lanzando antes de tiempo una guerra fiscal contra el mundo del trabajo. Mejor hacerlo coordinadamente con los EEUU, luego de una modesta recuperacin.

El sbado y el domingo se ver un hito semestral en una guerra financiera cuidadosamente orquestada contra la economa real. La escenificacin comenz aqu, en los EEUU. El 18 de febrero, el presidente Obama reclut su comisin parlamentaria para el dficit (formalmente, la Comisin Nacional para la Responsabilidad y la Reforma Fiscales) entre idelogos neoliberales de la misma laya que los que compusieron en 1982 la Comisin de Greenspan para la reforma de la Seguridad Social.

A todas las reestructuraciones profinancieras, antisindicales y antiestatales que han venido producindose desde 1980 se les ha dado el inapropiado nombre de reforma. La comisin est encabezada por el senador republicano por Wyoming, Alan Simpson (quien con humor involuntario se refiri a los usuarios de la Seguridad Social como a gentes menores), y por el neoliberal clintoniano Erskine Bowles, el que dirigi la batalla a favor de la Ley de Equilibrio Presupuestario en 1997. En el comit estn tambin el demcrata conservador Max Bacus, de Montana, presidente del muy pro Wall Street Comit de Finanzas. El resultado es un "obamesco" sueo hostil al cambio: un patrocinio bipartidista del equilibrio presupuestario, lo que en la prctica significa poner freno a los dficits presupuestarios, dficits que, como explic Keynes, resultan de todo punto necesarios para alimentar la recuperacin econmica suministrando liquidez y capacidad de compra.

Un presupuesto equilibrado en momentos de declive econmico significa el retraimiento del sector privado. Y en unos momentos en que las economas privadas se precipitan en una deflacin por deuda, este tipo de poltica significa la retraccin de los mercados de bienes y servicios. Todo en apoyo de las exigencias que los bancos plantean a la economa real.

El ejercicio de manipular a la opinin pblica para darle a entender que todo eso es bueno conoci una escalada en abril pasado con la fabricacin de la crisis griega. Los peridicos de todo el mundo se quedaron boquiabiertos al descubrir que en Grecia las clases ricas no tributaban a hacienda. Y se unieron al coro de los que exigan que los trabajadores pagaran ms impuestos, a fin de llenar ese hueco fiscal. Era su versin del Plan Obama (es decir, rubineconoma [2] al viejo estilo).

El 3 de junio, el Banco Mundial reiter la Nueva Doctrina de la Austeridad, como si de un descubrimiento nuevo se tratara. El camino a la prosperidad pasara por la austeridad. Los pases ricos pueden ayudar a las economas en vas de desarrollo a crecer ms rpidamente recortando rpidamente el gasto pblico o incrementando los impuestos. El Nuevo Conservadurismo Fiscal busca acorralar a todos los pases, disminuyendo el gasto social para estabilizar a las economas con un presupuesto equilibrado. Lo que habr de lograrse depauperando al mundo del trabajo, recortando drsticamente salarios, reduciendo el gasto social y haciendo retroceder las manecillas del reloj a los buenos viejos tiempos de la guerra abierta de clases, tal como se daba antes del inicio de la Era Progresista. [3]

La razn ofrecida para ello es la desacreditada teora del efecto expulsin:

Los dficits presupuestarios significan mayores emprstitos, lo que incrementa los tipos de inters. Se supone que unos tipos ms bajos ayudan a los pases (o lo haran, si el prstamo se empleara en la formacin de capital productivo). Pero no es as como operan los mercados financieros en el mundo de hoy. Unos tipos de inters ms bajos simplemente hacen ms barato y ms fcil a los saqueadores profesionales de empresas o a los especuladores capitalizar un flujo dado de ingresos hasta un mltiplo ms alto, hundiendo an ms la economa al cargarla con mayores deudas.

Alan Greenspan repiti como un lorito casi palabra por palabra el anuncio del Banco Mundial en una columna de opinin publicada por el Wall Steet Journal. Incurrir en dficits incrementara los tipos de inters. Dirase que se est preparando el terreno para un gran incremento de los tipos de inters (y para el correspondiente desplome de los mercados de valores y de obligaciones, cuando en los meses venideros la carrera alcista de los inversores mamones tenga un abrupto final).

La idea es crear una crisis financiera artificial que venga, salvadora, a imponer a Europa y a la Amrica del Norte recortes a la griega en la seguridad social y en las pensiones. En el caso de los EEUU, las pensiones ofrecidas por los estados federados y los municipios, en particular, sern recortadas con medidas de emergencia, a fin de liberar los presupuestos pblicos.

Todo eso es exactamente lo contrario de la filosofa social abrazada por el grueso de los votantes. Este es el problema poltico inherente en la visin del mundo neoliberal. En el siglo XIX, al concepto de un mercado libre corresponda la idea de un mercado libre de exigencias predatorias de financieros y propietarios inmobiliarios. Hoy, un mercado librea la Ayn Rand significa un mercado libre para los predadores. El mundo al revs.

Eso muestra la habitual ignorancia sobre el funcionamiento de los tipos de inters, un punto ciego que resulta condicin necesaria para acceder hoy en da al cargo de banquero central. Se ignora el hecho de que los bancos centrales determinan los tipos de inters al crear crdito. A tenor de las reglas del BCE, los bancos centrales no pueden hacer nada de eso. Y sin embargo, para eso precisamente fueron creados. Los gobiernos europeos se ven obligados a tomar prestado de los bancos comerciales.

Esa camisa de fuerza financiera amenaza con romper a Europa, o con abismarla en el mismo tipo de pobreza que la Unin Europea est imponiendo a los pases blticos. Letonia es el ejemplo supremo. A pesar de un desplome rayano en el 20% de su PIB, sus banqueros centrales siguen acumulando un excedente presupuestario, en la esperanza de rebajar las tasas salariales. Los salarios del sector pblico han sido recortados ms de un 30%, y el gobierno dice esperar que ulteriores recortes se comuniquen al sector privado. El gasto en hospitales, servicio de ambulancias y escuelas se ha recortado drsticamente.

Qu falla en este tipo de argumentos? El coste del trabajo puede rebajarse mediante una restauracin clsica de la fiscalidad progresiva y una reforma fiscal centrada de nuevo en la propiedad (en el ingreso inmobiliario y rentista). En cambio, el coste de la vida no har sino aumentar al seguir desplazando la carga fiscal hacia el trabajo, en descargo del sector inmobiliario y del financiero. La idea es ofrecer el excedente econmico como colateral del servicio de la deuda.

En Inglaterra, Ambrose Evans-Pritchard ha hablado de un euromotn contra la poltica fiscal regresiva. Pero es ms que eso. Lejos de limitarse a retraer la economa, lo que persigue ahora el neoliberalismo es alterar la trayectoria en la que ha venido movindose la civilizacin occidental en los dos ltimos siglos. Se trata nada menos que de hacer retroceder a la seguridad social y a las pensiones de los trabajadores, a la asistencia sanitaria, a la educacin y a otros servicios pblicos, de desmantelar el Estado Democrtico y Social de Derecho, de poner fin a los logros de la Era Progresista y aun al ideario programtico del republicanismo clsico. [4]

As pues, a lo que estamos asistiendo es a la ejecucin de una poltica largo tiempo planeada, puesta ahora por obra a toda mquina y por doquiera. Los intereses rentistas, los intereses creados que un siglo de Era Progresista, de New Deal y de reformismo buscaron subordinar al conjunto de la economa, estn contraatacando. Y tienen el control de la situacin, con sus propios representantes en el poder, muchos de los cuales son, irnicamente, dirigentes de partidos socialdemcratas o laboristas, desde el presidente Obama al presidente Papandreu, pasando por el presidente Jos Luis Rodrguez Zapatero en Espaa.

Habiendo aguardado pacientemente estos ltimos aos, la clase predatoria global se lanza ahora a liberar a las economas de la filosofa social que se pensaba irreversiblemente incorporada al sistema econmico: seguridad social y pensiones de jubilacin, para que los trabajadores no tengan que ahorrar de unos mayores salarios para su vejez; educacin y asistencia sanitaria pblicas, para incrementar la productividad del trabajo; regulacin antimonoplica de precios, a fin de evitar un alza de precios por encima de los costes de produccin necesarios; y bancos centrales, para estabilizar las economas monetizando los dficits pblicos, en vez de forzar a la economa a depender de un crdito bancario comercial que obligue a colateralizar la propiedad y el ingreso para pagar las deudas con sus intereses y traiga consigo, como corolario lgico del milagro del inters compuesto, confiscaciones y desahucios.

Tal es la teora econmica basura que los lobistas financieros tratan de vender a los votantes: La prosperidad exige austeridad; Un banco central independiente es el sello de la democracia; Los Estados son como las familias: tienen que tener un presupuesto equilibrado; Todo viene del envejecimiento de las poblaciones, no de los gastos de la deuda. Esos son los oximorones que se difundirn por el mundo la prxima semana desde Toronto.

Es la retrica de la guerra de clases fiscal y financiera. El problema es que no hay bastante excedente econmico disponible para cubrir los malos prstamos del sector financiero y, simultneamente, cubrir pensiones y seguridad social. Una cosa o la otra. La comisin tiene que forjar una historia para revivir la rubieconoma, esta vez no para la Unin Sovitica, sino para la propia nacin. Su propsito es hacer retroceder a la Seguridad Social, recuperando el abortado plan de privatizacin de George W. Bush para poner en el mercado de valores las cotizaciones a la seguridad social (es decir, en manos de los gestores monetarios, para que las junten con un rimero de paquetes financieros basura concebidos para esquilmar los ahorros de los trabajadores).

As pues, Obama es hipcrita cuando advierte a Europa para que no se apresure a retraer la economa y poner en pie un acrecido ejrcito de desempleados. Su idea es hacer lo mismo en casa. La estrategia: asustar a los votantes con el espantajo de la deuda federal, asustarles lo bastante como para que se opongan al gasto en programas sociales destinados a ayudarles. De la crisis fiscal se culpa a las matemticas de la demografa de una poblacin en trance de envejecimiento, no a los gastos exponencialmente disparados en servicio de deudas, prstamos basura y fraude financiero masivo, gastos a los que tiene que subvenir el gobierno con rescates.

Lo que realmente est causando el estrangulamiento financiero y fiscal, huelga decirlo, es el hecho de que la financiacin pblica resulta ahora necesaria para compensar al sector financiero de las prdidas que tendr ao tras ao, a medida que los prstamos entren en mora en unas economas sobreendeudadas que se hunden ms y ms en el mar de la quiebra tcnica de los deudores.

Cuando los polticos permiten que el sector financiero lleve la voz cantante, la preferencia natural de ste es convertir a la economa en un saquito de todo a cien. Y muchas veces, los polticos se ponen en cabeza. Eso es lo que significan las palabras desahucio, penalizacin o liquidacin, de la mano siempre de dinero razonable, confianza empresarial y las consecuencias usuales: deflacin por deuda y servidumbre por deuda.

Alguien tiene que acabar perdiendo en el asunto de los malos prstamos, y lo que los banqueros quieren es que sea la economa la que cargue con las prdidas, a fin de salvar el sistema financiero. Desde el punto de vista del sector financiero, la economa ha de gestionarse para mantener la liquidez bancaria, y no el sistema financiero para servir a la economa. El gasto social del gobierno (el gasto en cualquier cosa que no sean rescates bancarios y subsidios financieros), as como el ingreso personal disponible, han de ser drsticamente recortados para evitar que se deprecie el gasto de deuda. El flujo de caja de las empresas ha de servir para pagar a los acreedores, no para emplear a ms trabajadores y para hacer inversiones de capital a largo plazo.

La economa ha de ser sacrificada para subsidiar la fantasa segn la cual las deudas pueden ser devueltas con slo que los bancos puedan reponerse por entero y comenzar a prestar de nuevo (es decir, volver a hundir a la economa en deudas todava mayores, causando una deflacin por deuda an ms grave).

Esto no es la tradicional guerra de clases del siglo XIX, empresarios industriales contra trabajadores, aunque eso es tambin parte de lo que est pasando ahora. Es sobre todo una guerra del sector financiero contra la economa real: contra los empresarios industriales y contra los trabajadores.

La realidad subyacente es, en efecto, que las pensiones no pueden pagarse, o al menos, que no pueden pagarse con ganancias financieras. En los ltimos 50 aos, las economas occidentales han fantaseado con la idea de pagar a los jubilados a partir de ganancias puramente financieras (D-D, como diran los marxistas), no a partir de una economa en expansin (D-M-D, utilizando trabajo para producir ms mercancas). El mito era que las finanzas tomaran la forma de activos productivos, capaces de incrementar la formacin de capital y la contratacin laboral. La realidad es que la forma que toman las finanzas es la de las deudas (y las apuestas). Sus ganancias se hacan, por consiguiente, a costa del conjunto de la economa: eran extractivas, no productivas. La riqueza en la cspide rentista encoga la base de la pirmide. As pues, alguien tiene que dar. La cuestin es: qu forma tomar ese dar? Y quin ser el que d, y quines los receptores?

El Gobierno griego no se ha mostrado dispuesto a hacer que los ricos paguen impuestos. As que los trabajadores tienen que llenar el hiato fiscal, permitiendo a su Gobierno socialista que recorte las pensiones, la asistencia sanitaria, la educacin y otros gastos sociales: todo para rescatar al sector financiero de un crecimiento exponencial de deuda insatisfecha, rescate que resulta imposible de realizar en la prctica. La economa es sacrificada en el altar de un sueo imposible. Sin embargo, en vez de centrarse en el problema de un crecimiento exponencial del volumen de ttulos bancarios de deuda que no se puede pagar, los lobistas bancarios y los polticos del G20, cuyas campaas electorales dependen de sus fondos lo que hacen es promover el mito de que el problema es demogrfico: una poblacin envejecida abatida sobre la Seguridad Social y los fondos pblicos de pensiones. Y se dice a los polticos que lo que tienen que hacer es servirse de su poder y recaudar impuestos y crear crdito, pero no para pagar pensiones y asistencia social, sino para rescatar a un sector financiero abrumado por la acumulacin ttulos de deuda crecientemente insatisfecha.

Letonia se ha presentado como el nio modelo de lo que la UE recomienda a Grecia y a otros pases meridionales de la UE en dificultades: los recortes drsticos del gasto pblico en educacin y sanidad han reducido los salarios del sector pblico en un 30%, y siguen cayendo todava. Los precios de la propiedad de la vivienda han cado un 70%, y los propietarios y sus familiares cofirmantes de las hipotecas han entrado en quiebra tcnica [deben ms al banco de lo que ahora valen sus viviendas; T.], hundindose en una vida de servidumbre por deuda si no toman sus brtulos y emigran del pas. [1]

La extravagante pretensin de esos recortes en el presupuesto pblico para enfrentarse al declive econmico post burbuja es que eso restaurar la confianza. Es como si la autodestruccin fiscal pudiera inspirar confianza, y no, como es el caso, empujar a los inversores a huir del euro. La lgica parece la de la vieja guerra de clases, haciendo retroceder las agujas del reloj a la filosofa de dura disciplina fiscal de una poca que se crea superada: hacer retroceder la seguridad social, las pensiones pblicas, el gasto pblico en educacin y otras necesidades sociales bsicas, y sobre todo, incrementar el desempleo para empujar a los salarios a la baja. Algo que hizo explcito el Banco Central de Letonia tenido por modlicoen punto a retraer la economa por los banqueros centrales de la UE.

Es una lgica autodestructiva. Exacerbar el declive econmico reducir la recaudacin fiscal, empeorando an ms los dficits presupuestarios en una catastrfica espiral bajista. La experiencia de Letonia muestra que la respuesta a la retraccin econmica es la emigracin del trabajo calificado y la fuga de capitales. Lo cierto es que la poltica europea de retraccin econmica planificada choca frontalmente con el primer axioma de los libros de texto de poltica econmica, y es a saber: que los votantes actan conforme al propio inters y que las economas prefieren crecer, no destruirse a s mismas. Hoy las democracias europeas y hasta los partidos socialdemcratas, socialistas y laboristas concurren al poder con una plataforma programtica en materia fiscal y financiera que se opone directamente a los intereses del grueso de los votantes y aun al de los industriales.

La explicacin, huelga decirlo, es que la planificacin econmica no la hacen hoy en da los representantes surgidos de las elecciones. La autoridad planificadora ha sido abandonada en manos de los bancos centrales independientes, quienes, a su vez, actan como lobistas de bancos comerciales que venden su producto: deuda. Desde el punto de vista de los bancos centrales, el problema econmico es cmo mantener solventes a los bancos comerciales y a otras entidades financieras en una economa post burbuja; cmo pueden stos cobrar deudas, el volumen de las cuales est harto ms all de la capacidad de pago de muchas gentes de a pie en un ambiente de mora e impago crecientes.

Y la respuesta es que los acreedores slo pueden cobrar a costa de la economa. El excedente econmico subsistente tiene que ir para ellos, no para la inversin de capital, no para la contratacin laboral, no para el gasto social.

Tal es el problema de la ptica financiera. Es miope y cortoplacista: es predatoria. Ante la disyuntiva de intervenir los bancos para promover la economa, o destruir la economa para beneficiar a los bancos, los bancos siempre optarn por la primera alternativa. Y lo mismo los polticos subvencionados por los bancos.

Los gobiernos precisan sumas gigantescas para rescatar a los bancos de sus malos prstamos. Pero no pueden seguir tomando prestado a causa de las presiones sobre la deuda pblica. De manera que las prdidas derivadas de las malas deudas tienen que cargarse a los trabajadores y a la industria. La coartada narrativa es que los rescates pblicos permitirn a los bancos volver a prestar de nuevo y reinflar el prstamo piramidala la Ponzi de la economa de la burbuja. Pero el volumen de la quiebra tcnica es demasiado grande, y no hay paso franco alguno que permita el trnsito a reinflar la burbuja. Las economas estn todas anegadas de deuda. Las rentas de los bienes races, los flujos de caja de las empresas y el poder pblico recaudatorio del fisco ya no pueden soportar ulteriores emprstitos, no importa cunta riqueza transfieran los gobiernos a los bancos. Los precios de los activos se han desplomado hasta el territorio de la quiebra tcnica. La deflacin por deuda ha retrado los mercados, los beneficios empresariales y los flujos de caja. La dinmica del milagro del inters compuesto ha culminado en quiebras y concursos de acreedores que reflejan la incapacidad en que se hallan los deudores de sostener el crecimiento exponencial de las cargas financieras requeridas por la solvencia financiera.

Si el sector financiero slo puede rescatarse recortando el gasto social en Seguridad Social, atencin sanitaria y educacin y avilantndose a ms ventas privatizadoras, la gran pregunta es: vale la pena? Sacrificar de este modo la economa violara los valores sociales de equidad y justicia de la mayora de la gente, los valores profundamente arraigados en la filosofa de la Ilustracin.

Este es el problema poltico. Cmo pueden persuadir los banqueros a los votantes para que aprueben eso en un sistema democrtico? Es necesario orquestar y manipular sus percepciones. Su miseria ha de pintarse con los colores de lo deseable, como un paso ineludible hacia la prosperidad venidera.

Medio siglo de planes de austeridad fracasados impuestos por el FMI a desdichados pases deudores del Tercer Mundo deberan haber destruido para siempre la idea de que la austeridad es la va a la prosperidad. Una generacin cuyo currculo acadmico ha sido purgado a conciencia ha borrado prcticamente todo vestigio de que hubo en otro tiempo una filosofa econmica alternativa a esta teora contrailustrada, patrocinada por los rentistas. La teora clsica del valor y de los precios reflejaba la teora de la propiedad fundada en el trabajo de John Locke. La riqueza de una persona debera ser lo que esa persona creara merced a su propio trabajo y a su propia industria, no merced a apuestas financieras basadas en informacin obtenida desde dentro o merced a privilegios especiales.

Por eso digo que Europa se nos muere. Si no cambia su trayectoria, la Unin Europea sucumbir a un golpe de Estado financiero que habr de llevarse por delante los tres ltimos siglos de filosofa social de ascendencia ilustrada. La cuestin es si disolver la Unin es la nica manera de recuperar sus ideales democrtico-sociales y emanciparse de los bancos que han tomado el control de sus rganos de planificacin central.

NOTAS T.:

[1] La ley permite en EEU que los propietarios de una casa hipotecada, cuando deciden no seguir pagando la hipoteca (porejemplo: cuando entran en situacin de quiebra tcnica y el valor de su casa se ha depreciado tanto que vale menos que lo que se debe al banco), puedan entregar las llaves de su casa al banco, y cancelar as completamente el vnculo hipotecario con la entidad financiera. Una ley ms favorable a los bancos hace que en Europa y en muchos pases de Amrica Latina, si la propiedad vale menos que la deuda, el hipotecado tiene que seguir pagando al banco, el cual puede llegar al embargo de otros activos o aun de parte de los ingresos del hipotecado.

[2] Rubinomics, o teora econmica de Rubin, en alusin al todopoderoso Secretario del Tesoro de Clinton, un hombre de Wall Street, ejecutivo de Goldman Sachs y clebre halcn del neoliberalismo globalizador ms radical.

[3] En EEUU se conoce por Era Progresista la vigorosa reaccin democrtica de comienzos del siglo XX, que sigui a la Era de la Codicia posterior a la Guera Civil norteamericana, en la que campaban por sus respetos los famosos barones ladrones (Rockefeller, Vanderbilt, Stanford, etc.) y polticos como el presidente Rudolf Hayes, que lleg a declarar que su Gobierno era de empresarios y para empresarios.

[4] Siguiendo un uso idiosincrtico de la palabra liberalismo en los EEUU de la segunda mitad del siglo XX, Hudson habla aqu de liberalismo clsico. En Europa y en Amrica Latina, en cambio, la palabra liberalismo sigue refirindose a un fenmeno poltico antidemocrtico del siglo XIX (la palabra se invent en la Espaa de 1812), y apunta al desempeo de partidos los partidos liberales , activos slo bajo monarquas meramente constitucionales no parlamentarias, salvo, luego, la britnica-, y desconocidos en regmenes republicanos como los de los EEUU, Francia y la Argentina. As pues, hemos traducido a la europea por republicanismo clsico.

Michael Hudson trabaj como economista en Wall Street y actualmente es Distinguished Professor en la University of Misoury, Kansas City, y presidente del Institute for the Study of Long-Term Economic Trends (ISLET). Es autor de varios libros, entre los que destacan: Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire (nueva ed., Pluto Press, 2003) y Trade, Development and Foreign Debt: How Trade and Development Concentrate Economic Power in the Hands of Dominant Nations (ISLET, 2009).

Traduccin para www.sinpermiso.info: Miguel de Puoenrostro

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3444

rCR



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