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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-06-2010

Atentado en Colombia: para reflexionar

Marcelo Colussi
Rebelin


Colombia est considerado hoy uno de los pases ms violentos del mundo, y por lejos, el ms violento en Amrica Latina. Desde hace ms de seis dcadas vive en guerra, con una suma de muertos por acciones blicas que supera los 200.000 en esos largos aos de enfrentamiento y dolor. Es, de hecho, el conflicto armado interno ms prolongado del continente. A esa guerra civil, que por lo pronto ha dejado como una de sus tantas macabras consecuencias ms de 100.000 minas personales sembradas en todo su territorio nacional, se suman otros elementos que lo tornan despiadadamente violento: junto a las fuerzas militares enfrentadas (ejrcito y dos movimientos insurgentes armados) actan grupos paramilitares (tristemente clebres por trozar a sus vctimas con motosierras) as como toda la cohorte de muerte e impunidad que significa la industria del narcotrfico. Muerte, destruccin y sufrimiento sin dudas no faltan en el caribeo pas.

El cctel, como vemos, es tremendamente explosivo: sobra violencia para todos los gustos. A ello hay que agregar an el papel geoestratgico que Colombia ha empezado a jugar estos ltimos aos, y que todo indicara seguir desempeando en el futuro inmediato, ms an con el reciente triunfo electoral de Juan Manuel Santos, un duro que continuar la poltica guerrerista de lvaro Uribe (que de santo, parece, no tiene nada), o ms precisamente, que continuar con los dictados de Washington en su plan de dominacin hemisfrica: Colombia como el Israel latinoamericano, el guardin armado de los intereses imperiales, Colombia con las fuerzas armadas ms grandes en trminos comparativos en todo el subcontinente, casi tan grandes como las brasileas (con cinco veces menos poblacin que el pas carioca), y con una batera de bases militares estadounidenses en su propio territorio que tornan virtualmente posible el control de toda la regin latinoamericana por tropas norteamericanas con capacidad de control absoluto del rea en espacio de unas pocas horas.

La violencia, insistimos, est enclavada en el corazn mismo del pas, con un Plan Colombia (rebautizado Patriota) que nunca termina, con armas y ms armas, con guerra y ms guerra. La violencia, en definitiva, como normal, familiar, pan nuestro de cada da. A lo que, por ltimo, se suma un Tratado de Libre Comercio con la potencia del norte que funciona como otra forma de violencia, mortal no por el armamento que esgrime sino por las consecuencias que acarrea para las grandes mayoras, hambrendolas y excluyndolas ms an de lo que siempre han estado. Tratado que lo que menos tiene es libertad, ms all de su ostentoso nombre de libre, lo cual no es sino otra forma de violencia, ms sutil quiz, pero igualmente perniciosa y virulenta.

Est claro que Colombia vive un clima de violencia infernal, muy difcil de desarticular en el corto plazo, con una narcomafia en el centro de la escena poltica que se ha apoderado de buena parte del control estatal y que se enraiz como cultura. La violencia est presente en la cotidianeidad, se ha vuelto hecho cultural, y aunque alarma y lastima continuamente, al mismo tiempo est incorporada en la normalidad diaria. El nuevo Israel? Habr planes para dotarlo tambin de energa nuclear?

Esta pequea nota que ahora el lector tiene ante s lleva por ttulo Atentado en Colombia, y apenas unos das despus de las sin dudas histricas elecciones donde ganan las bases militares estadounidenses sobre la paz y la libre determinacin de los pueblos latinoamericanos con Juan Manuel Santos a la cabeza, todo hara pensar que el artculo hablar de algn atentado recientemente experimentado en el pas neogranadino, que se referir a una nueva accin armada de los grupos insurgentes, o a alguna nueva provocacin de los narcos en su sangrienta presencia en la vida cotidiana de la nacin. Quiz a alguna desalmada nueva accin de los paramilitares, o a alguna nueva masacre en un pas ya acostumbrado a ellas, a ms sindicalistas desaparecidos o a ms militantes de izquierda asesinados Pero no: no hablaremos de nada de eso, ni haremos un anlisis de las elecciones ni de los escenarios geopolticos que se abren con la continuidad del uribismo con una nueva cara. No. Hablaremos, por el contrario, de un atentado que sufriera la semana pasada la aspirante a una corona en un certamen de belleza.

Mara Fernanda Nez, de 22 aos de edad, joven modelo de la ciudad de Ccuta, era una de las favoritas para el ttulo de Seorita Norte de Santander. Justamente en estos das deba realizarse la justa donde se elegira a la reina local, que luego participara en la eleccin de Miss Colombia, certamen de belleza nacional de donde saldra la representante para el evento internacional de Miss Universo, a realizarse en agosto prximo en Las Vegas, Nevada, Estados Unidos. Pero la joven en cuestin no lleg a concursar en la final: unos das antes de la justa, en la misma puerta de su casa, en el barrio Quinta Oriental de la ciudad de Ccuta, fue agredida por un hombre quien le roci el rostro con cido muritico, dndose inmediatamente a la fuga en una moto. El ataque le provoc serias quemaduras en su pmulo y ojo derechos (lesin en la crnea), extendindose las mismas hacia la boca, la lengua, as como su cuello, trax y piernas. Va a ser necesario un complicado tratamiento dermatolgico para recuperarla, aunque quiz ninguna intervencin de ciruga plstica ya que, segn los mdicos que la atienden, la atacada no tendr secuelas fsicas permanentes. Pero definitivamente no podr seguir su carrera de modelo ni esto es lo fundamental concursar en el certamen de marras.

El Comando de Polica de la ciudad de Ccuta repudi el hecho, ofreciendo acto seguido una recompensa de 10 millones de pesos colombianos (equivalentes a cinco mil dlares aproximadamente) para quienes ayuden a dar con el paradero de los responsables del hecho criminal, al tiempo que la alcaldesa de la ciudad, Mara Eugenia Riascos, anunciaba que el certamen de belleza quedaba suspendido hasta nuevo aviso. Las primeras hiptesis que se manejaban para aclarar el ilcito hablan de un atentado proveniente de alguna otra candidata del concurso, temerosa de poder perder a manos de la ahora lesionada Mara Fernanda Nez, una muy probable triunfadora dadas sus dotes naturales. Es decir: celos y competitividad llevados a extremos enfermizos que posibilitaron una conducta criminal.

Ahora bien: por qu hablar de este hecho, quiz banal en cierto sentido no para la damnificada y sus allegados, por supuesto, pero s para la generalidad de Colombia, que poco tiene que ver con la complejidad de un pas en guerra y desangrado por la violencia, con bases militares forneas y haciendo parte de un cuestionado plan blico continental? Pues bien: porque este caso es una muestra en pequeo del drama colombiano; o, si se quiere, del drama de todos nuestros pases latinoamericanos. Es, para decirlo quiz ampulosamente (pero no lejos de la descarnada realidad, seguro que no!), una metfora de nuestras situaciones cotidianas.

Tal vez nada ejemplifica mejor nuestro drama diario que este en apariencia simple hecho. Es decir, un ejemplo dramtico de lo que somos:

Pases marcados por un capitalismo despiadado, regidos por un salvaje slvese quien pueda, donde las salidas individuales (ganar un concurso en este caso) son una de las pocas (nicas?) vas de solucin a los dramas cotidianos, a la pobreza crnica, a la marginalidad, donde resulta ms fcil eliminar al otro que cooperar solidariamente.

Pases dependientes, perifricos, que siguen al pie de la letra los planes marcados por las potencias dominantes del Norte (Estados Unidos en principio), donde se trata desesperadamente de mendigar algunas migajas de la opulencia de las metrpolis; para el caso, la participacin en un concurso de fama internacional que podra permitir salvarse;

Pases dependientes, dominados en todos los sentidos, y donde la colonizacin cultural es pattica, donde se siguen los patrones marcados por las potencias dominantes: hasta la belleza la copiamos de los modelos que impone el Norte prspero. Es infinitamente ms probable que una jovencita en el Sur se tia de rubio que una similar del Norte lo haga de moreno. Se siguen las modas y gustos que marca la industria de las metrpolis en detrimento de nuestra capacidad nacional reemplazando nuestras tradiciones por las lneas globalizadas que lo deciden todo (haciendo negocio, por supuesto. La silicona que se aplican las modelos la producen y venden las potencias, no olvidar);

Pases marcados por una violencia estructural crnica que nos hace ver como normal el desprecio por la vida, por el otro. Sociedades tan violentadas y excluidas que permiten fcilmente perder los valores de solidaridad y sentido de grupo, donde la muerte ya no asusta;

Pases donde la cultura de la violencia, de la muerte, del terror cotidiano nos inund de tal manera que ya no nos sorprende ninguna atrocidad, donde la impunidad se enseore de tal manera que se premia al trnsfuga, se envidia al mafioso y donde ya se nos hizo perder la nocin que Estado somos todos; pases donde, ms all de la condena que pueda recibir el hecho aqu analizado del atentado contra la joven, es posible pensar que sucedan cosas as cotidianamente, porque la vida no vale nada y la pedagoga del terror que vivimos por dcadas nos insensibiliz;

Pases donde el machismo como en todo el mundo, por cierto sigue permitiendo acrticamente estos certmenes en que se premia un don natural al peor estilo de parque zoolgico, enfatizando el sexismo y haciendo de ello una mercadera ms donde el cuerpo femenino es botn y cosa para el consumo.

Sin dudas se podra alegar que hay mucho ms que decir del caso colombiano en su conjunto que detenerse en ese insignificante hecho puntual. Seguramente. Pero de esos hechos puntuales simples podemos ver las complejidades en juego. Por qu una sociedad en guerra civil total desde hace 60 aos disfrazada de democracia puede producir un hecho como este atentado? Explicarlo por la intrnseca maldad de alguna muchacha concursante y temerosa de perder, no alcanza. La cultura de terror, de muerte y de desprecio por el otro que nos viene marcando desde siempre (desde cundo: desde las ltimas dictaduras cul de ellas?, desde hace 500 aos?) constituye una matriz que nos condiciona con la ms absoluta naturalidad (Macando! lleg a inmortalizar un colombiano famoso como smbolo de todo ello).

Si la muerte, la represin abierta, la tortura y la desaparicin forzada de personas son nuestro comn denominador, as como el racismo interno y el malinchismo despiadado, en un clima de capitalismo salvaje y de individualismo desenfrenado por qu no encontrar posible, incluso normal, el hecho referido? Sin dudas, en algn nivel el atentado sufrido por Mara Fernanda tiene ribetes psicopatolgicos; quien lo haya encargado (el sicario que lo realiz slo cobr por el trabajito) tiene de algo de enfermizo, de estructura psicoptica tal vez, dicho en clave psiquitrica. Pero definitivamente nuestras historias no se pueden reducir a transtornos mentales: la violencia de la que nuestros pueblos saben tanto en carne propia Macondo existe, no es slo literatura de ficcin!, la violencia histrica que nos ha vivido quemando la cara no es algo enfermizo, producto de alguna mente afiebrada, de algn torturador psicpata. Es parte de fros y calculados mecanismos de dominacin, de terror programado, de estrategias de control.

Leer crticamente noticias como la que aqu presentamos nos muestra la matriz en que hemos estado sobreviviendo. Lo cual quiere decir que es posible y necesario! construir otra, una nueva historia: una historia en que nadie tome como normal eliminar al otro, verlo slo como contrincante amparndose en la impunidad. En definitiva: una historia de justicia e igualdad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante unalicencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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