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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-06-2010

Endilgar al pueblo la cuenta por la crisis bancaria

Naomi Klein
La Jornada


Mi ciudad se siente como la escena de un crimen y todos los criminales desaparecen en la noche, huyen de la escena. No me refiero a los chavos de negro que rompieron vidrios y quemaron coches de polica este sbado.

Me refiero a los jefes de Estado que, el domingo por la noche, rompieron los programas de bienestar social y quemaron buenos empleos en medio de una recesin. Enfrentados con los efectos de una crisis creada por el estrato ms rico y privilegiado del mundo, decidieron enjaretar la cuenta a los ms pobres y vulnerables en sus pases.

De qu otra manera podemos interpretar el ltimo comunicado del G-20, que ni siquiera incluye un miserable impuesto a los bancos o a las transacciones financieras, y, en cambio, s instruye a los gobiernos a reducir a la mitad sus dficit de aqu a 2013. ste es un enorme y escandaloso recorte, y debemos tener claro quin pagar el precio: los estudiantes cuyas educaciones pblicas se deterioran an ms mientras las cuotas se incrementan; los jubilados que perdern las prestaciones que obtuvieron con su trabajo; los trabajadores del sector pblico cuyos empleos se eliminarn. Y la lista sigue. Este tipo de recortes ya comenzaron en muchos pases del G-20, incluyendo a Canad, y estn a punto de empeorar. Por ejemplo, reducir a la mitad el dficit de 2010 en Estados Unidos, en ausencia de un considerable incremento de los impuestos, implicara un tremendo recorte de 780.000 millones de dlares.

Esto ocurre por una sencilla razn. Cuando el G-20 se reuni en Londres en 2009, en la cspide de la crisis financiera, los dirigentes no pudieron unirse para regular el sector financiero, para que este tipo de crisis no volviera a ocurrir. Slo obtuvimos retrica vaca y un acuerdo para poner sobre la mesa billones de dlares de las arcas pblicas, para apoyar a bancos en todo el mundo. Mientras, el Gobierno estadunidense hizo poco para que la gente no perdiera sus casas y sus empleos, as que adems de provocar una hemorragia de las arcas pblicas para salvar a los bancos, la base impositiva se colaps, y cre una predecible crisis de deuda.

En la cumbre celebrada este fin de semana, el Primer Ministro canadiense Stephen Harper convenci a sus contrapartes de que simplemente no sera justo castigar a los bancos que se portaron bien y no crearon la crisis (a pesar de que los extremadamente protegidos bancos de Canad son consistentemente rentables y fcilmente podran absorber un impuesto). Sin embargo estos dirigentes no se preocuparon de la justicia cuando decidieron castigar a individuos sin culpa por una crisis creada por los vendedores de derivados y los reguladores ausentes.

La semana pasada, Globe and Mail public un fascinante artculo acerca de los orgenes del G-20. Resulta que el concepto se concibi en una reunin en 1999 entre el entonces Ministro de Finanzas canadiense, Paul Martin, y su contraparte estadunidense, Lawrence Summers (slo eso ya es interesante, ya que en ese momento este ltimo jugaba un papel central en crear las condiciones para esta crisis financiera, al permitir una ola de consolidaciones de bancos y rehusarse a regular los derivados).

Los dos hombres queran expandir el G-7, pero slo a pases que consideraran estratgicos y seguros. Necesitaban hacer una lista, pero parece que no tenan papel a la mano. As que, segn los reporteros John Ibbitson y Tara Perkins, los dos hombres tomaron un sobre manila, lo pusieron en la mesa, entre los dos, y comenzaron a trazar el marco de un nuevo orden mundial. As naci el G-20.

La ancdota es un buen recordatorio de que la historia se moldea con las decisiones humanas, no las leyes de la naturaleza. Summers y Martin cambiaron el mundo con las decisiones que garabatearon en el anverso de ese sobre. Pero nada indica que los ciudadanos de los pases del G-20 tengan que recibir rdenes de este selecto club.

En Italia, Alemania, Francia, Espaa y Grecia, los trabajadores, los jubilados y los estudiantes ya salieron a las calles contra las medidas de austeridad, y muchas veces marchan bajo el lema de no pagaremos por su crisis. Tienen muchas sugerencias acerca de cmo obtener ingresos para enfrentar sus respectivos dficit presupuestales.

Muchos demandan un impuesto a las transacciones financieras que reducira la velocidad de transferencia del dinero especulativo y se obtendra dinero nuevo para programas sociales y el cambio climtico. Otros exigen imponer a los contaminadores elevados impuestos que financien el costo de enfrentar los efectos del cambio climtico y alejarnos de los combustibles fsiles. Y ponerle fin a guerras que se estn perdiendo siempre es un buena manera de reducir costos.

El G-20 es una institucin ad hoc, sin la legitimidad de la Organizacin de las Naciones Unidas. Ya que acaba de intentar enjaretarnos una enorme cuenta por una crisis que la mayora de nosotros no intervino en crear, propongo que nos guiemos por Martin y Summers. Denle la vuelta y escriban del otro lado del sobre: Devolver al remitente.

www.naomiklein.org

Traduccin: Tania Molina Ramrez

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/06/29/index.php?section=opinion&article=023a2pol

rCR



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