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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-06-2010

La guerra como mercanca

Susana Merino
Ecupress


 

En la planetaria y desenfrenada carrera hacia el lucro la guerra se ha convertido en s misma en una mercanca ms.

Hace pocos das lea en un artculo de William Pfaff, un columnista del Herald Tribune que pese a haber duplicado su presupuesto militar en la ltima dcada los EEUU no consiguieron ganar ni una sola guerra. No hay una sola victoria y ni una sola de las intervenciones arroj un resultado positivo

Pareciera que ha llegado la hora de preguntarse porqu: las guerras, las batallas ya no tienen por objetivo anexar nuevos territorios, apropiarse de los recursos de los pases y las regiones ms pobres, reclutar esclavos para las faenas ms duras, tampoco persiguen convertir a los infieles ni abrir nuevas rutas al comercio como en el tiempo de los griegos, los romanos o las cruzadas cristianas.

Creo que lo que sucede es que existen nuevos objetivos y algunos otros reciclados que hoy en da se alcanzan por otros medios: las migraciones forzadas por el hambre o por el recrudecimiento estimulado de las persecuciones polticas y religiosas, la incentivacin de las luchas tribales, para las que no se requieren otras armas que las de pequeo calibre y por lo tanto de reducido costo, los tratados de libre comercio, la amenaza nuclear de las (pre)potencias mundiales, la manipulacin meditica, la corrupcin de las clases gobernantes, etc. etc

Es decir una serie de alternativas que no exigen ni enormes prdidas de vidas humanas, ni destruccin de ciudades al ras, ni inversiones en aviones de ltima generacin, ni portaaviones nucleares, ni flotas gigantescas que ni siquiera tienen equivalentes a las cuales enfrentar (aunque los EEUU como por inercia los sigan produciendo) mientras algunos pases mantienen tan solo algunos ejrcitos terrestres destinados ms bien a desempear tareas de represin lgicamente destinadas a resguardar la paz interior una paz que s exigen los grandes intereses internacionales una vez que han logrado someter a la poblacin por los medios que fueren y necesitan evitar las alteraciones frecuentemente derivadas del descontento y del agobio de esa misma poblacin local.

Pero la guerra sigue siendo un gran negocio y es all donde est el quid de la cuestin. La poblacin de las grandes potencias y en especial la de de los EEUU anestesiada por los medios ignora que una parte considerable de sus contribuciones fiscales va a parar a las arcas insaciables del llamado complejo militar-industrial es decir a alimentar esa maquinaria blica que termina siendo un objetivo en s misma.

Aunque no solamente lo es en la restringida rea de la fabricacin del aparataje blico sino an ms en lo que parafraseando la triste e hipcrita alusin a los daos colaterales podran llamarse los negocios colaterales entre los que no es el menor el de la reconstruccin de las reas y de la infraestructura de las reas s destruidas en los pases ocupados.

Otro sector no menos importante del montaje militar desarrollado por el agresivo imperio usamericano es el de las milicias contratadas o mercenarias. Este ltimo negocio, desarrollado inicialmente en Irak y actualmente en Afganistn y en Pakistn, por la empresa Blacwater, rebautizada Xe Services y con la que segn Le Monde el Estado Mayor usamericano para poder concentrarse mejor en la operaciones militares ha contratado adems por valores de ms de 2 mil millones de dlares anuales el objeto de proteger los convoyes que transportan vveres, municiones y equipos a los soldados destacados en Afganistn.

Da la curiosa coincidencia de que los eventuales atacantes de esos convoyes no seran otros que los Talibn por lo que se sospecha que las empresas mercenarias pagan a su vez a los Talibn para no ser atacadas de donde se deduce que son los mismos EEUU los que les proporcionan a estos ltimos, recursos suficientes como para equiparse nuevamente y mantener activa y sin desmayos la lucrativa industria de las armas y todo lo que implica como producto final: la guerra como mercanca o como negocio, da lo mismo.

Todo un engendro que est siendo motivo de investigacin por el Senado de los EEUU pero que a buen seguro, como siempre, no generar mayores condenas ni reflexivos cambios de rumbo.

Por el contrario seguirn postergando el Plan Bsico de Atencin a la Salud y aprobando seguramente los sucesivos presupuestos militares entre los que el ltimo, es decir el del corriente ao es el mayor de la historia de los EEUU y ms grande que todos los gastos militares del resto del mundo.

No por casualidad cuando se retiran los altos mandos del ejrcito pasan a ocupar importantes cargos en las juntas corporativas, se transforman en portavoces de los principales medios de comunicacin o en bien remunerados consultores y polticos. Nadie mejor que ellos para mantener, desarrollar y comercializar las variadas ramas del producto blico que tan buenos rditos proporciona a la casta gobernante y a sus adlteres.

Vale la pena mencionar que el presupuesto militar usamericano en su conjunto gravaba el ao pasado con 1835 U$S a cada habitante de su pas mientras que en Amrica Latina ese gravamen era de U$S 84 y en Asia Central y el Sudeste asitico llegaba a solo U$S 22.

Es evidente que la economa de los EEUU se ha mantenido mucho tiempo en alza debido al estmulo de los gastos de guerra, creando una adiccin al militarismo en las corporaciones del pas, que son por otra parte las que solventan las campaas electorales de ambos partidos polticos el republicano y el demcrata, de modo a poder mantener siempre su nefasta influencia, en cualquiera de ambos lados pero siempre en el de los vencedores.

Habr que ver y que esperar o que ayudar a que la crisis mundial termine por involucrar tambin a esa necroflica mercanca fagocitando para siempre a los responsables directos de sus nefastas consecuencias.+ (PE)

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