Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn: 25 aos de su fallecimiento
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-07-2010

Jaime Gil de Biedma, Manuel Sacristn y el PSUC (IV)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Recordemos lo manifestado por Luis Goytisolo [LG] en Cosas que pasan [1]: [] Sin embargo, contrariamente a la versin que corri por Barcelona en aquel entonces y que hasta el mismo Gil de Biedma daba por buena, quien vet su solicitud de ingreso en el PCE no fue Sacristn sino Miguel Nez. Fue a mi a quien Jaime hizo la peticin de ingreso, que yo transmit a la Direccin [la mayscula es de LG], convencido de que no haba problema. Y fue Miguel Nez quien das despus me sac de mi error, al hacerme saber que la peticin no poda ser aceptada. Los maricones, cuando son detenidos, cantan. Hay precedentes: el caso Landnez, me dijo. Es posible que Nez comentase tambin la decisin a Sacristn, y que ste, muy poco reservado, lo divulgase a los cuatro vientos, satisfecho, en el fondo, por su carcter ejemplar . El hecho es que, cuando unas noches ms tarde mis amigos y yo nos encontramos con Jaime y los suyos en el Saint Germain des Prs las pestaas ms rizadas que nunca -, ni l ni yo nos referimos siquiera al asunto, como si lo hablado das atrs jams hubiera sido dicho [las cursivas son mas]

 

En la contraportada del libro de LG, que es poco probable que haya sido escrita por el propio autor, se seala: [] Novela? Biografa? Metaficcin? Autoficcin? Fbula cuntica? [2] La crtica clasificar esta obra conforme al criterio preferido por el crtico, sin que ello altere lo que es en s el relato ni la emocin de su lectura. Si el paso seleccionado no es autoficcin, metaficcin y, sobre todo, si no es fbula cuntica, si el fragmento tiene algo de biogrfico, ms all o ms ac de las posibles clasificaciones del libro del acadmico candidato a Premio Nobel, arroja mucha luz sobre lo sucedido.

 

Antes de anotar los nudos bsicos del fragmento de LG una breve noticia sobre el poeta, novelista y comunista referenciado. Tomo la informacin de varios artculos de la red, no conozco el caso directamente. Luis Landnez (1911-1962) con Los hijos de Mximo Judas qued finalista del premio Nadal de 1949. Su temprana muerte, en circunstancias misteriosas segn dicen los que conocen el caso, la desaparicin de otros escritos y la escasa fortuna editorial de su novela dejaron al autor salmantino y a su nica novela publicada a merced de un injusto olvido. Los hijos ha tenido sealadas reivindicaciones por estudiosos como Francisco Yndurin, J. Corrales Egea y Santos Sanz Villanueva. La novela de fue reeditada en los aos noventa por una editorial salmantina con un breve y atinado prlogo de Ricardo Senabre. Sin poderlo asegurar con detalle, Luis Landnez, militante comunista, fue detenido en los aos cincuenta. Su homosexualidad fue usada por la polica fascista para aumentar su salvaje presin en las torturas a las que fue sometido. Es probable que, finalmente, fuera obligado a dar nombres de militantes del Partido.

 

Vuelvo al texto de LG. Lo primero que llama la atencin es la referencia, la acotacin temporal. Sin embargo, dice nuestro acadmico, contrariamente a la versin que corri por Barcelona en aquel entonces y que hasta el mismo Gil de Biedma daba por buena [4]. La versin de la que habla LG corri en aquellos aos y ha corrido mucha veces ms en pocas posteriores. Es una constante en las descalificaciones polticas a las que se ha sido sometido Manuel Sacristn. Durante dcadas. No puede haber ninguna duda que un acadmico informado como LG conozca este vrtice desplegado a pesar de que hasta ahora, por lo que parece, no haya credo oportuno decir que ese bocado, suculento para muchos, era en parte suyo. Tampoco lo hizo en su prlogo a las memorias de Miguel Nez de 2002. Tuvo ocasin entonces aunque muy probablemente, con razn atendible, no le pareciera el momento oportuno. Pudo haberlo hecho, desde luego, antes o despus, en infinidad de ocasiones.

 

LG seala a continuacin que no fue Sacristn quien impidi la entrada de Gil de Biedma sino Miguel Nez, el principal dirigente del PSUC en Catalunya en aquellos momentos. No parece probable que su animadversin contra Sacristn, netamente manifestada en reiteradas ocasiones, en este mismo por ejemplo, le confunda en ese recuerdo o le haga cambiar el guin de una historia que hasta ahora ha apuntando con insistencia contra el autor de Sobre Marx y marxismo . Las contradicciones humanas, los equvocos de nuestras memorias, no suelen transitar por esos senderos.

 

El autor de Estatua con palomas cita entrecomilladas unas palabras que pone en boca de Miguel Nez. Es casi imposible que la memoria haya acuado la memoria del acadmico con esa exactitud y no hay documentacin al respecto, pero sin duda, Miguel Nez [5], como tantos otros, como casi todos, como LG o el propio Sacristn, ms all de cmo reconstruya ahora su recuerdo, somos hijos de nuestra poca, vivimos en determinadas circunstancias culturales que marcan lmites de un campo del juego que no es fcil transgredir y somos abonados diariamente por determinadas tradiciones. En la La formacin del marxismo en Gramsci [6], el traductor del revolucionario sardo, dijo lo esencial sobe este nudo refirindose, en este caso, a procedimientos entonces usuales en la lucha partidista: [] Con esa intervencin de Lenin empieza una difcil actuacin de Gramsci que pasa por la formacin del PCI y culmina con una operacin caracterstica de ese dramtico perodo de la III Internacional: la eliminacin autoritaria del grupo extremista de Bordiga -inicialmente mayoritario en el PCI- por la accin del instructor Gramsci desde Viena (1923). Las personas viven en su poca: por eso resultan cursis las presentaciones de Gramsci con halo de novela rosa poltica, como un iluminado que, en cuestiones de organizacin poltica, hubiera anticipado en 30 aos y superado incluso el XX Congreso del PCUS [la cursiva es ma]. Lo mismo podra afirmarse, por razonamiento anlogo, en temas poltico-culturales. Quien este libre de pecado, basta recordar las declaraciones de Enrique Tierno Galvn muchos aos despus, en un pas en el que la homosexualidad no slo no estaba bien vista sino que estaba perseguida y penalizada por las leyes franquistas, que tire la primera piedra. No se han formado aluviones, no se ha odo sonido alguno.

 

Sea como fuere, Miguel Nez no est entre nosotros para poder defender su posicin. Poda haberlo hecho hace pocos aos. Si fue as, sus palabras, su idea, su razonamiento poltico, pueden sonar homofbicos, y tienen notas y compases que corroboran esa valoracin, pero parece innegable que, adems de ello, sin olvidarse de ello, la polica poltica del franquismo, la terrible e hipermachista BPS, tena un plus aadido en el caso de Gil de Biedma -y, por supuesto, en casos afines-, dada su destacada posicin social. No puede haber dudas sobre ello sin que de ello se infiera ninguna decisin como inevitable. El chantaje al que hubiera sido sometido el poeta en caso de detencin es obvio, de manual. No se infiere de ello, claro est, que el poeta estuviera condenado a la delacin en caso de torturas. Nadie afirm nunca una cosa as, nadie ha pretendido seala ese blanco. La situacin se movi siempre por territorios de prevencin, de precaucin, de normas de seguridad ante el terrible adversario.

 

Fue a l, dice LG, a quien Gil de Biedma pidi el ingreso en el Partido. No es inconsistente con lo que sabemos, con lo que el mismo poeta explica en su Diario , a pesar de que puede ocurrir que LG cometa algn error marginal en este nudo y fuera Sacristn quien le transmitiera la peticin de Gil de Biedma para que l, para que el autor de Las afueras, la trasladara a la direccin del Partido que, seguramente, se quedara sorprendida, muy sorprendida, casi sin respiracin, de que un ejecutivo de Tabacos de Filipinas sin pasado poltico resistente conocido quisiera ser militante de un PSUC-PCE clandestino, poco habitado entonces, duramente perseguido por la polica fascista.

 

Puede deducirse de lo que LG seala que tambin fue l quien le transmiti a Gil de Biedma la decisin tomada. Lo hara con habilidad. Segn l mismo cuenta, se encontraron en Pars pocos das despus [Gil de Biedma] con las pestaas ms rizadas que nunca, LG dixit [7]-, con el poeta y los suyos (sic) y no parece que la relacin entre ambos fuera de alta tensin. Por lo dems, en momentos posteriores, como ya se indic, Jaime Gil de Biedma colabor con el Partido redactando octavillas. Durante la huelga de los tranvas de 1957 por ejemplo.

 

LG no logra o no quiere controlar sus lanzas. Sin poder asegurar nada, no lo sabe, no lo recuerda, no lleg a saberlo, seala que es posible que Nez comentara su decisin con Sacristn y que ste, muy poco reservado, lo divulgase urbi et orbe satisfecho por su carcter ejemplar. La primera parte del enunciado es razonable; la segunda es una infamia, una nueva infamia.

 

La infamia: es absolutamente imposible que Sacristn en 1956 divulgase lo sucedido a los cuatro vientos. Es muy probable que apenas lo comentara con nadie, incluso con sus ntimos. Desde luego, Sacristn no pudo vivir la decisin que tom el Partido como actuacin modlica, como ejemplo de nada. No era estpido ni idiota. En 1956, a sus treinta aos, Sacristn, que tambin era un hombre de su tiempo, que viva como no poda ser de otro modo en sus circunstancias, pero que iba ms all de ellas en muchos nudos y no tena un peln de tonto ni de inhumanidad, era un amigo cercano de Gil de Biedma, como ste mismo explic en su Diario . No hubo nada hasta entonces que les alejara, ms bien todo lo contrario. Es probable que el poeta admirase an ms a Sacristn, aparte de por su arriesgada militancia poltica activa, infrecuente en mbitos de lletraferits y similares, por su dignsimo comportamiento en comisara por el caso Ferrater [8].

 

Es posible, incluso probable, que Miguel Nez comentara con Sacristn la peticin de Gil de Biedma? Es muy probable que Nez consultara su decisin, nada fcil, con otros dirigentes y militantes, incluso, a pesar de la ausencia de documentacin, con la direccin del Partido en el exterior. Sacristn pudo ser, debi ser, uno de las personas a las que consult, a pesar de que su papel poltico entonces slo empezaba a ser relevante, llevaba apenas medio ao de militancia, en absoluto era comparable con el protagonismo y relevancia poltico-cultural que adquirira aos despus.

 

Sobre la conversacin que probablemente mantuvieron Sacristn y Nez slo podemos conjeturar. Es posible que Sacristn se manifestara en contra de la militancia de Gil de Biedma? No es imposible. Amigo suyo, conocedor de su situacin profesional, sabedor de su orientacin sexual y de su estilo de vida, consciente de la bisoez poltica clandestina del autor de Moralidades , es razonable, y en absoluto homofbico, que Sacristn concluyera que la militancia de su amigo de Laye inclua riesgos aadidos a los numerosos peligros generales. No resultaba fcil para un joven de 27 aos de los orgenes sociales del poeta y con una vida libremente desatada reorientar sus costumbres, acotndoles a las duras normas de seguridad, en la Espaa de mediados de los cincuenta. Vivir clandestinamente era otra vida, una vida muy otra, muy distinta, que acaso el poeta no pudiera ni siquiera imaginarse en aquellos momentos.

 

O acaso s, desde luego, no puede negarse esa posibilidad a pesar de las enormes dificultades que presentaba la situacin. Es posible pensar que la decisin tomada fue un error, aunque estuviera alejada o no estuviera motivada por prejuicios homofbicos, y que el poeta hubiera sido capaz de reorganizar su vida y de seguir las estrictas normas de clandestinidad de aquellos aos. Sea como fuere, el Partido no rompi relaciones con Jaime Gil de Biedma. La figura del compaero de viaje fuera probablemente el tipo de proximidad poltica deseada por la direccin del Partido para el caso.

 

Cmo reconstruir entonces, sin conjeturas arriesgadas, la situacin? Del modo siguiente: un joven poeta, sin militancia ni experiencia polticas previas, con plena y muy frecuente vida nocturna, ejecutivo de una multinacional de la poca, solicita la militancia en el PSUC, directamente a travs de Luis Goytisolo, a quien conoca del Bar Club y del grupo de Laye como a Sacristn, e indirectamente a travs de sus conversaciones con este ltimo, con quien mantena una relacin de amistad, llena por su parte de admiracin poltico-cultural que no esttica. La direccin del partido, Miguel Nez en plano destacado, que tiene experiencias recientes de cadas, que sabe del chantaje explcito al que es sometido en comisaras franquistas un poeta y novelista comunista homosexual, que conoce, porque son pblicamente conocidos, vrtices de la vida del autor de Moralidades , previa consulta con otros cuadros del Partido, con Sacristn seguramente pero seguramente tambin con otros dirigentes como Francesc Vicens por ejemplo, cree que la militancia del poeta presenta aristas muy, pero que muy arriesgadas. No slo para la organizacin sino tambin para l, y le deniega la militancia sin romper relaciones con l. El poeta colabora con el Partido en otras ocasiones y durante aos, con sus ms y sus menos, acaso de forma no siempre destacada, Jaime Gil de Biedma es un compaero de viaje del PSUC. Su poesa, por ejemplo, presenta un fuerte componente sociopoltico en muchos de sus poemas, algunos de ellos de finales de los sesenta.

 

En el imaginario poltico-cultural cataln, y espaol incluso, qu queda, qu ha quedado de todo ello? Que Sacristn vet por homofobia a Jaime Gil de Biedma. Punto y aparte. Incluso la presidente Aguirre y Gil de Biedma, sin saber nada del asunto, ha hablado de que los comunistas marginaron a su to por homosexual. Nadie o casi nadie ha hablado durante ms de cinco dcadas de otras caras del poliedro. Casi nadie. Casi todo el mundo que ha escrito o ha hablado ha dado por buena la versin establecida. Gregorio Morn es un ejemplo entre otros muchos; Josep M Castellet, en su reciente ensayo, toma pie en la versin del fabulador compulsivo Fabin Estap que, como es sabido, de esto, de las tradiciones y valoraciones comunistas en este mbito, sabe lo que un ciudadano medio puede saber de las propiedades emergentes de los espacios vectoriales de 15 dimensiones: nada, nada de nada.

 

Y todo ello, sin documentacin alguna, sin ningn papel. De odas, por rumores, por lo que estaba, se dice, en el ambiente del Partido o por lo que, en algunos casos, no muchos, pudo decirles el propio Gil de Biedma, que tampoco tuvo una informacin de primera mano de la cocina interna de la decisin. De dnde entonces esta acusacin? Del tipo de militante que fue Sacristn, que desde luego no fue un intelectual al uso. Otros que llegaron a ser senadores por decisin de la realeza borbnica o se instalaron rpidamente en poderes y organizaciones institucionales se movan por coordenadas alejadas, muy alejadas. El corresponsal de Lukcs, Ren Zabaleta, Ludovico Geymonat, Vctor Snchez de Zavala, Flix Novales o Rudi Dutschke iba en serio. Les resultaba insoportable: un espejo en el que no podan mirarse.

 

 

Notas:

[1] Luis Goytisolo, Cosas que pasan . Madrid, Siruela, 2009, p. 68.

[2] Fbula cuntica no es ninguna expresin que se me pueda atribuir.

[3] La novela de Luis Landnez desarrolla una tensa red de pasiones elementales que se despliega con el rigor, la parquedad y la implacable concatenacin de una tragedia griega (Ricardo Senabre).

[4] Carme Riera confirm este punto en su entrevista para los documentales Integral Sacristn de Xavier Juncosa (El Viejo Topo, Barcelona, 2006)

[5] Miguel Nez, si no ando errado, tampoco se manifest nunca sobre este punto.

[6] Manuel Sacristn, Sobre Marx y marxismo . Barcelona, Icaria, 1983, p. 70, n. 7.

[7[ El lector/a interpretar el carcter masculino, homobfico o no, de este comentario.

[8] Es con este ltimo, como se indic, con quien se enfad Jaime Gil de Biedma por su comentario sobre l en comisara. La distancia que se gener entre ambos fue disuelta con el tiempo, al cabo de pocos aos.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 


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