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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-07-2010

El ftbol, ese leal amigo del capitalismo

Terry Eagleton
The Guardian


Si mala cosa es el Gobierno de Cameron para quienes pretenden un cambio radical, la Copa del Mundo es todava peor. Nos recuerda a todos lo que probablemente seguir atravesndose en el camino de ese cambio mucho tiempo despus de que la coalicin [liberal-conservadora] haya muerto. Si cualquier fundacin intelectual derechista tuviera que dar con un esquema capaz de distraer al populacho de la injusticia poltica y compensarlo por una vida de dursimo trabajo, la solucin siempre sera la misma: ftbol. Salvo el socialismo, no se ha imaginado manera ms refinada de resolver los problemas del capitalismo. Y en la concurrencia entre socialismo y ftbol, el ftbol va varios aos luz por delante.

Las sociedades modernas niegan a los hombres y a las mujeres la experiencia de la solidaridad, experiencia que el ftbol proporciona hasta el extremo del delirio colectivo. Muchos mecnicos y muchos dependientes de comercio se sienten excluidos de la alta cultura; pero una vez a la semana son testigos de representaciones artsticamente sublimes, ejecutadas por hombres para los que el calificativo de genios no resulta, a veces, hiperblico. Como en una banda de jazz o en una compaa de teatro, el ftbol amalgama talento individual deslumbrante y abnegado trabajo colectivo, resolviendo as un problema sobre el que los socilogos han venido devanndose los sesos desde tiempos inveterados. Cooperacin y competicin, astutamente equilibradas. La lealtad ciega y la rivalidad a muerte gratifican algunos de nuestros ms potentes instintos evolutivos.

El juego, adems, mezcla encanto con ordinariez en sutiles proporciones: los jugadores son de factura heroica, pero una de las razones por las que los reverenciamos es por su carcter de alter ego; fcilmente podran ser cualquiera de nosotros. Slo Dios es capaz de combinar de esta guisa intimidad y otredad, y hace tiempo que ha sido rebasado en celebridad por este otro Uno indivisible que es Jos Mourinho.

En un orden social desnudo de ceremonia y simbolismo, el ftbol ingresa para enriquecer estticamente la vida de gentes para las que Rimbaud es un grande del cine. El deporte es un espectculo, pero, a diferencia del ofrecido por las paradas militares, un espectculo que invita a la intensa participacin de sus espectadores. Hombres y mujeres, cuyo trabajo es cualquier cosa menos intelectualmente exigente, pueden exhibir una asombrosa erudicin a la hora de recordar la historia del juego o de describir analticamente las destrezas de los jugadores. Doctas disputas, dignas de los foros de los antiguos griegos, afloran rebosantes en bares y mercados. Como en el teatro de Bertolt Brecht , el juego convierte en expertas a las gentes del comn.

El vvido sentido de la tradicin contrasta con la amnesia histrica de la cultura postmoderna, para la que cualquier cosa ocurrida hace 10 minutos tiene que ir a parar al basurero de las antigedades. Hay incluso un punto de inflexin de gnero, porque los jugadores combinan la fuerza del pgil con la gracilidad de la bailarina. El ftbol ofrece a sus seguidores belleza, drama, conflicto, liturgia, carnaval y la impar marca de la tragedia, por no hablar de la oportunidad de viajar a frica y volver sin abandonar la borrachera. Como alguna que otra fe religiosa, el juego determina qu tienes que vestir, con quin tienes que asociarte, qu himnos has de cantar y qu relicario de verdades transcendentes has de adorar. Junto con la televisin, es la suprema solucin al inveterado dilema de nuestros amos polticos: qu hay que hacer con ellos, cuando no estn trabajando?

Durante siglos, y en toda Europa, el carnaval popular, al tiempo que proporcionaba a las gentes del comn una vlvula de escape para sus sentimientos subversivos profanando imgenes religiosas y haciendo ludibrio de sus seores y amos, constitua un acontecimiento genuinamente anrquico, un anticipo de la sociedad sin clases.

Con el ftbol, en cambio, puede haber estallidos de populismo airado y rebelarse los aficionados contra los peces gordos empresariales que sacan pecho en sus clubs, pero en nuestros das el grueso del ftbol es el opio del pueblo, si no su crack cocanico. Su icono es el impecablemente tory y servilmente conformista David Beckham. Los Rojos ya no son los bolcheviques. Nadie que sea serio y est a favor de un cambio poltico radical puede eludir la necesidad abolir este juego. Y cualquier grupo que lo intentara tendra sobre poco ms o menos las mismas posibilidades de llegar al poder que el mximo ejecutivo de British Petroleum de recibir una donacin de Oprah Winfrey .


Terry Eagleton , internacionalmente reconocido crtico cultural en la tradicin marxista britnica de Raymond Williams, es profesor de literatura en la Universidad de Manchester. Se ha publicado recientemente en castellano (editorial Debate) su interesante libro de memorias: El portero.

Traduccin para www.sinpermiso.info : Leonor Mar

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3460

rCR



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