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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-07-2010

Vuelve al tapete parlamentario el juego de las retenciones y al parecer con no muy alentadoras perspectivas
El juego de las retenciones

Susana Merino
Rebelin


Fue en la Edad Media en que la tierra comenz a ser considerada como propiedad privada convirtiendo lo que hasta entonces sola transmitirse mediante testamento en un bien que poda ser comprado y vendido como cualquier otro, las armas, los muebles, los utensilios de cocina, de trabajo u otros. Lamentablemente el acceso a la propiedad fundiaria gener mayores desigualdades que las ya existentes. Una manera de reducir sin escndalo la desigualdad deca en 1785 Thomas Jefferson en una carta al Rev. James Madison sera eximir fiscalmente a toda propiedad inferior a cierta medida, gravando en progresin geomtrica las porciones mayores y agregaba All donde existan -en cualquier pas- tierras sin cultivar y pobres sin empleo, es evidente que la propiedad ha crecido en violacin del derecho natural. La tierra nos viene dada como soporte comn para que el hombre trabaje y extraiga de ella su subsistencia. Si para estimular la laboriosidad permitimos que sea objeto de apropiacin, hemos de cuidar de que exista otra ocupacin para los excluidos de ella. Y conclua Los pequeos propietarios rurales son las partes ms preciosas de un Estado

Con la revolucin industrial y mucho ms recientemente con la explotacin agrcola extensiva y la concentracin de la tierra en pocas manos el problema se ha visto considerablemente agravado. Segn el Censo Agropecuario de 2002 existan en la Argentina poco ms de 300.000 establecimientos agropecuarios, casi la mitad de los censados en 1966 o sea una reduccin del 50% en apenas algo ms de tres dcadas. La mitad de esos establecimientos tienen un promedio de alrededor de 17 Has mientras que por otra parte hay 1.000 propietarios con un promedio de ms de 35 Has. De modo que las enormes desigualdades ya no se establecen solamente entre el pequeo productor campesino y el gran terrateniente sino tambin dentro de la perversa lgica de los grandes latifundios, puesto que el 40% de las reas productivas pertenece a solo un 4% de propietarios.

De modo que hablar de retenciones exige no slo analizarlas desde un punto de vista meramente econmico sino que requiere introducir algn otro tipo de consideraciones.

En primer trmino nuestra Constitucin Nacional consigna en su artculo 14 que los habitantes de la Nacin gozan del derecho de usar y disponer de su propiedad, es decir, arrendarla, enajenarla, cederla, cultivarla pero en modo alguno hace referencia a la disponibilidad sin lmites de la produccin fruto, desde luego, del trabajo agrcola, ganadero o forestal al que nadie niega su justo valor.

Por otra parte nadie puede negarle a la tierra, as como al sol, al aire y al agua el ser elementos insustituibles para el sostenimiento de la vida, y por lo tanto su carcter de patrimonio irrenunciable de la humanidad. Es decir, que dada la imposibilidad de que cada ser humano pueda disponer en la actualidad de una fraccin de tierra que le permita producir sus propios alimentos parece lgico que quienes ocupan ese nicho de la produccin y usufructan parte de un patrimonio comn a toda la sociedad aporten una fraccin de los beneficios que la fecundidad de esa tierra les genera. No otro sentido tiene a mi criterio la imposicin de retenciones a la produccin y/o a las exportaciones que no so transfieren comercialmente a otros pases los frutos de la tierra sino que esa transferencia incluye inevitablemente humus, minerales y otros nutrientes que se han incorporado a los mismos durante los procesos vegetativos y cuya reposicin debera exigirse a quienes perciben sus rditos por el simple hecho extraerlos precisamente del patrimonio comn.

Adems algunoscultivos provocan mayor deterioro del suelo que otros, como es el caso de la soja, y en consecuencia deberan ser motivo de mayores retenciones que al menos en parte seran destinadas a instrumentar formas de recuperacin de esas tierras que como suele decirse estamos tomando prestadas a las generaciones futuras.

Las primeras retenciones a las exportaciones de los productos rurales fueron establecidas por la Constitucin Nacional del 53 y deban ser destinadas a cada una de las provincias productoras, pero al estallar la guerra del Paraguay (1865/1870), Buenos Aires consigui que las provincias renunciaran a esos tributos para poder mantener los gastos blicos y aunque haba quedado establecido que esa decisin se mantendra solo hasta 1866 en cuya fecha cesarn como impuesto nacional y que a partir de esa fecha las producciones provinciales que salieran del pas deberan tributar recursos correspondientes al origen de cada una de ellas, es decir las provincias, esa previsin nunca se cumpli ni parecan existir intenciones de cumplirla.

De modo que las retenciones son justas y necesarias y deben contribuir a la tan pregonada aunque postergada distribucin de la riqueza entre las capas de la sociedad que no estn accediendo de forma directa a los beneficios que debera procurarles la tierra como patrimonio comn, ya que como deca Thomas Paine a finales del siglo XVIII: Originalmente no poda existir tal cosa como la propiedad de la tierra. El hombre no cre la tierra y, aunque tena un derecho natural a ocuparla, no tena ningn derecho a colocar bajo su propiedad a perpetuidad ninguna parte de ella, ni el Creador de la tierra abri un registro de terrenos, de donde saliesen los primeros ttulos de propiedad.

Es decir, que una parte de la riqueza generada por la produccin y la comercializacin internacional de los productos de nuestro suelo debe ser no slo compartida por las provincias sino indefectiblemente aplicada al desarrollo de las regiones ms postergadas y la mejora de las condiciones de vida de sus habitantes, ayudando en lo posible a combatir las migraciones y a evitar el desarraigo a que se ven permanentemente sometidos grandes sectores de la poblacin de nuestro pas.

El abanico de propuestas que va desde eliminar las retenciones hasta su reduccin y segmentacin, pareciera que ha regresado, en cambio, al Congreso, con la intencin de complacer solamente a los grandes empresarios, es decir, a quienes se arrogan el apelativo de El campo ignorando no slo a los pequeos propietarios, a los campesinos, a los arrojados de sus territorios ancestrales y a todos aquellos que expulsados de su medio natural emprenden el camino de los centros urbanos en una errtica bsqueda del humanitario derecho a vivir con dignidad a partir de todos los elementos que el Creador y la naturaleza han puesto a disposicin de todos los habitantes del planeta sin distincin alguna.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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