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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2010

Con el G-20 y Obama, la banca gana

Juan Hernndez Vigueras
Sistema Digital


En Toronto, la cuarta cumbre del G-20 sobre la crisis descart la pretendida versin de la tasa Tobin para desilusin de las ONGs y movimientos sociales que haban tomado en serio las conclusiones del Consejo europeo del 17 junio y la carta de Merkel y Sarkozy al primer ministro canadiense. Pero este final era previsible para quienes no se dejan embaucar por la retrica de la UE y la desinformacin o manipulacin de algunos peridicos globales.

En noviembre pasado, ante los ministros de finanzas del G-20 en Escocia (St. Andrews) el entonces primer ministro laborista George Brown lanzaba la idea de un impuesto sobre las transacciones financieras. Pero esa idea haba sido rechazada semanas antes por los banqueros de la City. Como el gabinete gubernamental la vendi bien, en los medios de comunicacin se comenz a jugar con el lenguaje de diversas propuestas y declaraciones, tergiversando los conceptos de tasa (levy) o precio pblico por un servicio; e impuesto (tax) o tributo o gravamen. Y el tema se fue enredando partiendo de las vagas menciones oficiales, confundiendo la propuesta de una tasa sobre la Banca para cubrir financieramente sus futuras quiebras, con la propuesta de un impuesto sobre las transacciones financieras; dos propuestas muy distintas. Algo que aliment otra nueva cortina de humo sobre la inoperancia intencionada del G-20. Y a lo que se apunt Bruselas y, en particular, la canciller alemana y el presidente francs con su carta dirigida al primer ministro de Canad, en la que se propona una tasa o impuesto (sic) sobre las entidades financieras para compartir la carga de futuros rescates y prevenir el riesgo sistmico.

Y as llegamos al G-20 en Toronto, donde el domingo 27 junio se aceptaba que cada pas pudiera aplicar una tasa recaudatoria que financiara la viabilidad de Bancos en quiebra (algo similar al Fondo de garanta de depsitos que existe en Espaa), pero se rechazaba cualquier impuesto sobre las transacciones financieras que penalizara la especulacin global, es decir, se oponan a la vieja propuesta que populariz Attac asumiendo las ideas del premio Nobel James Tobin. Pero la retrica de los gobiernos intentaba esconder los planteamientos meramente tcnicos del G-20 que buscan asegurar el funcionamiento del sistema financiero mundial sin interferencias gubernamentales, sin tocar sus fundamentos polticos neoliberales que han llevado a la crisis y a los consiguientes recortes sociales. Y as se constata en la declaracin oficial de Toronto que mantiene dice- la agenda de la reforma financiera. Por lo dems, Canad era solamente una etapa meditica previa a la prxima cumbre de Corea en noviembre, porque el G-20 ya se defini como nicamente un foro, que produce meras declaraciones que ni siquiera alcanzan el nivel de acuerdos polticos. Y como deca le Petit Prince, el lenguaje es fuente de malentendidos.

Curiosamente, al decir de algunos reporteros, el Presidente Obama lleg a Toronto casi arrogante, ufano por el acuerdo definitivo alcanzado el viernes en el Congreso estadounidense sobre sus propuestas de reforma financiera, que lograba das antes con el apoyo de la Banca de Wall Street. Porque no se puede dudar que ha sido un xito de los lobbys bancarios, como al da siguiente demostraron en la Bolsa neoyorkina las subidas de las cotizaciones de Goldman Sachs (3,5%), JP Morgan (3,7%), Bank of America (2,7%), Citigroup (4,2%) y otros bancos; al mismo tiempo que se produca una bajada de los valores industriales del Dow Jones.

Y es que mientras los planes de Bush para rescatar a la gran Banca se sustanciaron en un par de semanas, estas escasas reformas han sufrido un largo proceso legislativo de ao y medio. Desde febrero 2009, las propuestas de la Casa Blanca generaron dos proyectos de ley, aprobado uno en la Cmara de representantes y, paralelamente, otro en el Senado, que una comisin interpartidaria del Congreso ha refundido en el texto acordado, muy alejado de los discursos del Presidente. Un especialista del Financial Times sealaba que Wall Street respira aliviado y un editorial de ese peridico destacaba que no se hubiera tocado el tema crtico del apalancamiento, del endeudamiento desmesurado (leverage) que ha sido uno de los factores desencadenantes de la crisis mundial. Desde luego ha quedado fuera la parte ms seria de las propuestas presidenciales. Aparte de crearse una oficina para supervisar las hipotecas y las tarjetas de crdito, las normas que se impondrn sobre las apuestas de casino denominadas productos financieros derivados (un mercado mundial de ms 600 billones trillions- de dlares) no son nada estrictas, limitndose a requerir a los grandes bancos para que segreguen esas operaciones especulativas en filiales, aunque seguirn respondiendo de los riesgos de sus apuestas de casino.

En los EEUU, en crculos crticos se afirma que han sido los Bancos los grandes ganadores. Y desde luego, la gran banca no muestra gran inquietud porque su influencia sobre Washington es slida. Los principales actores del acuerdo en el Congreso tuvieron apoyo de Wall Street en la campaa electoral 2007-2008. Christopher Dodd, presidente del comit de Banca del Senado, recibi legalmente 2,9 millones $ de la industria financiera, menos que el candidato Obama pero ms que cualquier otro senador. Y esa misma industria fue el primer donante para Barney Frank, el presidente del comit de servicios financieros de la Cmara. Una muestra del peso poltico de Wall Street sobre Washington; con datos tomados del ltimo libro de Simon Johnson, ex economista jefe del FMI y actual profesor del Instituto Tecnolgico de Massachussets.

http://www.sistemadigital.es/News/ItemDetail.aspx?id=2472



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