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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-07-2010

Siete motivos por los que EE.UU. no puede dejar de hacer guerras
La esperanza y el cambio se desvanecen, pero la guerra perdura

William Astore
TomDispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Introduccin del editor de TomDispatch

Algunas palabras tienen una manera de perdurar. Cuando el gobierno de Bush se lanz contra Iraq en la primavera de 2003, el Pentgono ya tena planes para construir por lo menos cuatro gigantescas bases estadounidenses en ese pas y controlarlas a largo plazo. Pero cuando se les preguntaba al respecto, los funcionarios y portavoces del gobierno se mostraban ansiosos de evitar la relacin entre la palabra permanente y esas bases an no construidas y as, durante un cierto tiempo, se refirieron ellas como campos perdurables, una frase que tena cierto encanto y ninguna de las insinuaciones siniestras de base permanente. Al final, claro est, ms de cuatro bases masivas fueron construidas y controladas. En vista de la lenta reduccin de fuerzas estadounidenses, su destino sigue siendo desconocido y tpicamente no discutido en EE.UU. pero por lo que se sabe siguen perdurando e, inmensas como son, no podran parecer ms permanentes.

Segn un acuerdo firmado al final del segundo perodo de George W. Bush, todas las tropas de combate estadounidenses deben retirarse de Iraq antes de agosto de este ao, por lo tanto los militares de EE.UU. planifican re-etiquetar todas las operaciones de combate posteriores a agosto como operaciones de estabilidad. Hay que considerarlo como perduracin lingstica. De la misma manera, se supone que todas las tropas de EE.UU. estarn fuera de Iraq a finales de 2011, pero como seal recientemente Tim Arango del New York Times: Pocos creen que la participacin militar de EE.UU. en Iraq termine entonces. La sabidura convencional entre oficiales militares, diplomticos y funcionarios iraques es que despus de que se forme un nuevo gobierno, comenzarn conversaciones sobre una presencia de tropas estadounidenses durante un plazo ms largo. Quisiera decir que en Iraq, lo nico que los estadounidenses saben con seguridad, es que no sabemos nada que sea seguro, dijo Brett H. McGurk, ex funcionario del Consejo Nacional de Seguridad en Iraq y actual miembro del Consejo de Relaciones Extranjeras. La excepcin es lo que ocurra una vez que haya un nuevo gobierno: pedirn que se modifique el Acuerdo de Seguridad y se extienda la fecha de 2011. Deberamos tomar en serio ese pedido.

Existe, en otras palabras, una posibilidad con una base slida o por lo menos un serio sueo estadounidense de que nuestras mega-instalaciones en Iraq perduren (incluyendo nuestra embajada-ciudadela de casi 750.000 millones de dlares en el corazn de Bagdad cuyo funcionamiento cuesta ms de 1.500 millones de dlares al ao y que tiene 1.800 guardias privados de seguridad).

Ahora, demos un salto a unos miles de kilmetros a otra guerra, Afganistn, y un recin nombrado comandante de la guerra que testifica ante el Senado en sus audiencias de confirmacin. Como respuesta a preguntas sobre la decisin previamente anunciada del presidente Obama de iniciar un cierto tipo de reduccin de fuerzas en ese pas en julio de 2011, el general David Petraeus pas mucho tiempo minimizando la importancia de esa fecha (como lo hizo el presidente). Incluso mencion la posibilidad de que esa fecha podra retrasarse. Al hacerlo, escogiendo con cuidado sus palabras, dijo lo siguiente: Es importante que se tome nota de la alusin del presidente en los ltimos das de que julio de 2011 slo marcar el comienzo de un proceso, no una fecha en la cual EE.UU. se dirija hacia las salidas y apague las luces. Como explic el domingo pasado, en los hechos tendremos que proveer ayuda a Afganistn durante mucho tiempo Adems, como ha reconocido el presidente Karzai y como seal una serie de dirigentes aliados en la reciente Cumbre del G-20, van a pasar muchos aos antes de que las fuerzas afganas puedan manejar verdaderamente por s solas las tareas de seguridad en Afganistn. El compromiso con Afganistn es necesariamente, por lo tanto, perdurable, y ni los talibanes ni nuestros socios afganos y paquistanes deberan dudarlo. En vista de la historia de las ltimas guerras de EE.UU., ese perdurable no podra ser una formulacin ms siniestra.

El teniente coronel retirado y colaborador regular de TomDispatch William Astore, echa una mirada al aspecto ms perdurable de la escena militar estadounidense en nuestra poca, nuestras persistentes guerras y las preparaciones para la guerra que las acompaan. Tom.

La esperanza y el cambio se desvanecen, pero la guerra perdura

Siete motivos por los que EE.UU. no puede dejar de hacer la guerra

William Astore

Si una cualidad caracteriza nuestras guerras actuales, es su perdurabilidad. Parecera que nunca terminan. Aunque es posible que la guerra en s no sea una inevitabilidad estadounidense, en estos das se combinan numerosos factores para hacer que la guerra constante sea casi algo seguro en EE.UU. Para decirlo con una metfora, la actividad blica de nuestra nacin aprovecha tantas fuentes de nuestra conducta que un esfuerzo concertado por limitarla hara parecer pequeos los esfuerzos de BP en el Golfo de Mxico.

Nuestros dirigentes polticos, los medios y los militares, interpretan la perpetuacin de la guerra como una medida de nuestra capacidad nacional, nuestro poder global, nuestras agallas ante el peligro eterno y nuestra seriedad. Un deseo de des-escalar y de retirarse, por otra parte, se ve invariablemente como apaciguamiento y salir corriendo, y se descarta como una debilidad. Constantemente las opciones de retirada, en una frase favorita de las elites de Washington, no estn sobre la mesa cuando est en juego la poltica global, como durante la reconsideracin a fondo de la guerra afgana por el gobierno de Obama en el otoo de 2009. Vista desde este punto de vista, la decisin final del presidente de hacer una oleada en Afganistn no slo era previsible, sino el nico camino considerado apropiado para un dirigente estadounidense en tiempos de guerra. En lugar de ser la alternativa difcil, fue el camino de la menor resistencia.

Por qu nuestras elites dan tan rpida y regularmente una oportunidad a la guerra, y no a la paz? Cules son exactamente las fuentes de la conducta de Washington (y de EE.UU.) cuando tiene que ver con la guerra y preparativos para ms de lo mismo?

Consideremos estas siete causas:

  1. Hacemos la guerra porque pensamos que somos buenos en eso y porque, a nivel visceral, hemos llegado a creer que las guerras estadounidenses pueden llevar el bien a otros (de ah los nombres reconfortantes que les damos, como Operacin Libertad Duradera y Libertad Iraqu). La mayora de los estadounidenses no slo estn convencidos de que tenemos los mejores soldados, el mejor entrenamiento y las armas ms avanzadas, sino los motivos ms puros. A diferencia de los sujetos malos y los brbaros que hay por ah en el mercado global de la muerte, nuestros guerreros se ven como portadores de regalos y de libertad, no como traficantes de la muerte y explotadores de recursos. Nuestras ilusiones sobre los militares que apoyamos sirven como catalizador, y excusa, paralas persistentes guerras que excusamos.
  2. Hacemos la guerra porque ya le hemos dedicado una parte tan grande de nuestros recursos. Es para lo que estamos mejor preparados. Ms de la mitad de los gastos federales discrecionales van a financiar a nuestras fuerzas armadas y sus guerras o preparativos para guerras. El complejo militar-industrial es una mquina bien aceitada, extremadamente rentable, y las fuerzas armadas, nuestro hijo predilecto, al que hemos prodigado la mayor parte de los recursos y de los elogios. Es natural que demos rienda suelta a nuestro hijo predilecto.
  3. Hemos logrado aislar los costes fsicos y emocionales de la guerra, dejndolos sobre los hombros de una nfima minora de estadounidenses. Al eliminar el servicio militar obligatorio y basarnos ms en contratistas militares privados con fines de lucro, hemos convertido la guerra en una abstraccin distante para la mayora de los estadounidenses, que pueden preferir consumirla como espectculo o simplemente dejar de prestarle atencin como si fuera slo msica de fondo.
  4. Aunque se han mantenido hasta ahora las distancias entre la guerra y sus costes, la sociedad estadounidense se ha estado militarizando rpidamente. Nuestros medios noticiosos, agencias de inteligencia, polticos, el establishment de la poltica exterior y la burocracia de la seguridad interior estn tan interrelacionados con las prioridades y planes militares que llegan a ser parte inseparable con estos ltimos. En EE.UU. militarizado se pueden tolerar quejas por tcticas blanduchas o la franqueza de un cierto general, pero la crtica vigorosa a nuestros militares o a nuestras guerras sigue considerndose anormal y anti-estadounidense.
  5. Nuestra actitud derrochadora, de alta tecnologa, hacia la guerra, incluidos esos drones Predator y Reaper armados con misiles Hellfire, ha servido para reducir las bajas estadounidenses y por lo tanto ha limitado la clera y la crtica acerba de nuestras guerras que podran resultar. Aunque EE.UU. ha tenido ms de 1.000 soldados muertos en Afganistn, en un perodo similar en Vietnam perdimos ms de 58.000. La mejora de la evacuacin mdica y de la atencin de traumas, la mayor dependencia de armamento de precisin a distancia y de otros multiplicadores de fuerza, un mayor nfasis en la proteccin de fuerza dentro de las unidades militares estadounidenses; han ayudado a acallar los inmensurables y crecientes costes de nuestras guerras.
  6. Mientras desarrollamos incesantemente esas armas de multiplicacin de fuerzas para que nos den nuestra ventaja (aunque nunca una ventaja que conduzca a la victoria), no es tan sorprendente que EE.UU. haya llegado a dominar, si no monopolizar, el trfico global de armas. En estos aos, cuando puestos de trabajo estadounidenses fueron exportados al extranjero o simplemente desaparecieron en la Gran Recesin, el armamento es una de nuestras pocas industrias en crecimiento. La guerra interminable ha resultado ser interminablemente rentable tal vez no para todos nosotros, pero ciertamente para los que estn en el negocio de la guerra.
  7. Y no olvidis el poder seductor de los panoramas que van ms all del peor de los casos, panoramas apocalpticos, de las profecas de eruditos y de losllamados expertos, que nos dicen regularmente que, por malas que puedan ser nuestras guerras, hacer algo por terminarlas sera mucho peor. Un panorama tpico sera el siguiente: Si nos retiramos de Afganistn, el gobierno de Hamid Karzai se derrumbar, los talibanes obtendrn la victoria, al-Qaida recurrir a refugios afganos, Pakistn se desestabilizaran ms y sus bombas atmicas caern en manos de terroristas que quieren destruir Peoria y Orlando.

Semejantes pesadillas febriles, imposibles de refutar, pueden invocarse en todo momento para asustar a los crticos para que guarden silencio. Son un chivo expiatorio conveniente, que nos deja acobardados mientras enviamos a nuestros superhombres militares a salvarnos (y al mundo), y preservamos nuestro derecho a visitar el centro comercial y a viajar a Disney World sin que nos lancen bombas atmicas.

La verdad es que nadie sabe realmente lo que sucedera si EE.UU. se retirara de Afganistn. Pero s sabemos lo que sucede ahora, cuando estamos totalmente involucrados: seguimos en una guerra que nos cuesta casi 7.000 millones de dlares al mes, que no estamos ganando (y que seguramente no se puede ganar), una guerra que puede estar aumentando las probabilidades de otro 11-S, en lugar de disminuirlas.

Poniendo un tapn a las fuentes de la guerra

Cada una de estas siete fuentes que alimentan nuestras guerras perdurables debe ser bloqueada. Por lo tanto, menciono siete sugerencias para el tipo de tapones ojal sean ms efectivos que las improvisaciones de BP que tenemos que instalar:

  1. Rechacemos la idea de que la guerra sea admirable o buena y al hacerlo, recordemos que otros nos ven a menudo como combatientes extranjeros y derrochadores consumidores de la guerra que matan inocentes (a pesar de nuestros esfuerzos por aplicar la fuerza letal de maneras quirrgicamente precisas, reflejando un comedimiento valeroso).
  2. Recortemos ahora los gastos de defensa y reduzcamos la misin global que va con ellos. Fijemos un objetivo razonable una reduccin anual del 6 a 8% durante los prximos 10 aos, hasta que los niveles de gastos de defensa hayan bajado por lo menos a donde estaban antes del 11-S, y entonces mantengmoslos a ese nivel.
  3. Dejemos de privatizar la guerra. La creacin de incentivos cada vez ms lucrativos para la guerra fue siempre una idea ridcula. Es hora de que la guerra sea una actividad sin fines de lucro, de ltimo recurso. Y resucitemos el servicio nacional (incluyendo el servicio militar optativo) para todos los adultos jvenes. Lo que necesitamos es un cuerpo de conservacin civil resucitado, no una nueva fuerza expedicionaria civil.
  4. Invirtamos el sentido de la militarizacin de tantas dimensiones de nuestra sociedad. Para citar un ejemplo, es hora de empoderar a periodistas verdaderamente independientes (no atraillados) para que cubran nuestras guerras, y dejar de basarnos en generales y almirantes en retiro que dirigieron nuestras guerras anteriores para que sean nuestros guas mediticos. Cuesta confiar, para que sean guas crticos y desprejuiciados para los futuros conflictos, en hombres obligados por gratitud a su antigua rama de los servicios o al actual contratista de la defensa que los emplea.
  5. Reconozcamos que costosos sistemas de armas de alta tecnologa no ganan las guerras. Nos han mantenidos en el juego sin producir resultados decisivos a menos que se midan los resultados en trminos de excesos de costes y crecientes dficits del presupuesto federal.
  6. Actualicemos nuestra economa y reinvirtamos nuestro dinero, sacndolo del complejo militar-industrial y colocndolo en el fortalecimiento de nuestro anmico sistema de transporte masivo, nuestra infraestructura que se desmorona y tecnologas de energas alternativas. Necesitamos trenes de alta velocidad, carreteras y puentes ms seguros y ms turbinas elicas, no ms cazabombarderos jet demasiado onerosos.
  7. Finalmente, borremos de nuestras mentes los panoramas de pesadilla. El mundo es suficientemente aterrador sin imaginar eternamente que caones humeantes se transformen en nubes en forma de hongo.

Ah los tenis: mis siete tapones para contener la efusin de nuestro apoyo a la guerra permanente. Nadie dijo que sera fcil. Basta con preguntar a BP si esfcil es taponar una efusin fuera de control.

A pesar de todo, si nosotros como sociedad no estamos dispuestos a trabajar por un cambio real por cierto, a exigirlo estaremos en una curva militar ascendeente hasta que implotemos.

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William J. Astore es un teniente coronel en retiro (Fuerzas Armadas de EE.UU.), que colabora habitualmente con TomDispatch. Ha dado clases en la Academia de la Fuerza Area y en la Escuela de Posgraduados Navales, y en la actualidad ensea Historia en la Facultad de Tecnologa de Pensilvania. Puede contactarse con l en: [email protected]

Copyright 2010 William J. Astore

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175271/

rCR



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