Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn: 25 aos de su fallecimiento
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2010

Jaime Gil de Biedma, Manuel Sacristn y el PSUC (y V)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


De dnde esta animadversin no slo poltica, tantas veces manifestada contra Manuel Sacristn? De dnde todas estas miradas sesgadas y a veces indocumentadas sobre su prctica poltica? De lo siguiente:

El que fuera militante y dirigente del partido de la resistencia antifranquista iba en serio. Siempre estuvo as en el mbito de la poltica. Poco despus de haber abandonado su militancia de ms de dos dcadas en el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC) por antiguos desacuerdos y fuertes discrepancias con las posiciones defendidas por el partido durante los difciles y turbulentos aos de la transicin [1], fue entrevistado por Jordi Guiu y Antoni Munn para El Viejo Topo [2], una publicacin mensual de informacin poltica y cultural fundada por Josep Sarret, Claudi Monta y Miguel Riera, de gran difusin y notabilsima influencia entre amplios sectores de la ciudadana de izquierdas en aquellos aos.

Guiu y Munn solicitaron a Sacristn que explicara las razones por las que desde aproximadamente 1968, 1969 a ms tardar, se haba mantenido con cierto distanciamiento al margen de los temas de estudio y debate de las tendencias mayoritarias del pensamiento marxista de aquel perodo, por qu se haba interesado por Fourier y Saint Simon, y otros autores del socialismo utpico, o por pensadores marxistas heterodoxos y minoritarios como Paul Mattick [3]. En otro orden de cosas, Guiu y Munn le preguntaron tambin por su inesperado acercamiento a la autobiografa de Gernimo [4], o por su aproximacin a la desesperacin y tragedia polticas de Ulrike Meinhof, a la que el traductor de Heine y Engels haba conocido a mediados de los aos cincuenta durante su estancia en el Instituto de Lgica Matemtica de la Universidad de Mnster, y a la que se refiri brevemente en una de sus ltimas conferencias, una detallada y apasionada intervencin de abril de 1985 sobre las Conversaciones con el ltimo Lukcs [5].

No le resultaba fcil hablar de ello, admita Sacristn. Viva lo ocurrido no como un distanciamiento sino ms bien como una prdida de las ganas de escribir, como una inhibicin general. Lo sucedido no haba sido de ninguna manera una simple ocasin para intentar un cambio temtico, una nueva focalizacin de sus intereses polticos, o el descubrimiento, en un plano ms filosfico, de un mbito no explotado de investigacin y reflexin. No era eso realmente. l mismo situaba ese punto de inflexin no en 1968, sino un poco antes, en 1967 o incluso en 1966.

Cules eran los factores que haban originado esa inhibicin y que le haban provocado tambin, reconoca l mismo, una profunda depresin que llegu a vivir clnicamente? Algunos, crea, saltaban a la vista. Sin duda, uno de los principales haba sido la prdida de confianza en el esquema poltico mayoritario del movimiento obrero socialista y comunista de aquellos aos. Particularmente, su distanciamiento de la lnea seguida por el tronco principal de la tradicin en Europa Occidental desde 1964 hasta 1968. El sesenta y ocho, puntualizaba el traductor de Marcuse, Dutschke y Meinhof, haba sido la traca final: Pars y Praga, el mayo-junio parisino [6] y la primavera y el agosto praguenses [7].

Posteriormente haba venido la generalizacin de todo aquello y sus dolorosas conclusiones. Era inevitable perder la confianza la fe, con sus propias palabras- en la tradicin poltica derivada de la III Internacional, en todas sus tendencias, incluida la gramsciana [8]. Dudar incluso del papel social de los intelectuales que entonces le pareca no slo intil sino incluso contraproducente en numerosos casos [9].

Por todo ello, argumentaba, tuvo inters en ver el lado olvidado, el lado negativo de aquella tradicin poltica, el reverso de aquel sendero histrico entonces masivamente transitado, la cara ocultada de aquella supuesta marcha triunfal de una Historia empujada hacia adelante por leyes inexorables que la ciencia de la historia, el entonces profusamente citado materialismo histrico, haba sido capaz de descubrir y formular con consistencia. Quiso Sacristn analizar y pensar nuevamente todo lo que siendo parte material de los grupos humanos dominados o explotados, o bien parte ideal, parte cultural de ellos, haba sucumbido sobre el grueso del movimiento de resistencia de esas mismas clases [10]. Quiso acercarse a la comprensin de aquellos activistas revolucionarios que se haban quedado en la cuneta, en los mrgenes de la lnea poltica que haba resultado finalmente triunfadora, intentando mantener en su aproximacin la voluntad de racionalidad del movimiento obrero socialista que, para l, segua siendo ante todo voluntad de modestia, una actitud vital nada grandilocuente que reconoca sin gritos desesperados nuestras limitaciones como especie, nuestra permanente e insalvable distancia de toda nocin de un Saber indiscutido, la necesidad de prudente precaucin en nuestras actividades sociales y tecnolgicas, el reverso destructivo cada vez ms patente de nuestras fuerzas de produccin que el buscador de atisbos poltico-ecolgicos en la obra de Marx haba empezado a llamar entonces fuerzas productivo-destructivas. En trminos filosficos ms clsicos, la asuncin sentida, con gritos apenas susurrados, sin aspavientos histrinicos, de nuestra inevitable finitud, de nuestros inexorables lmites.

Los ecos benjaminianos son ntidos, las afinidades aparecen abiertamente. La formulacin ms radical de la nueva filosofa de la historia propuesta por el autor de Iluminaciones la encontramos en sus tesis sobre el concepto de historia redactadas en 1940, poco antes de su muerte en Port Bou. Michael Lwy las ha considerado uno de los documentos ms importantes del pensamiento crtico desde las joven-marxianas Tesis sobre Feuerbach de 1845. Benjamin sugiere en la tesis VII escribir la historia "a contrapelo", desde el punto de vista de los vencidos, contra la tradicin conformista que entra siempre "en empata con el vencedor". Contra las escuelas historicistas que ven la historia como sucesin gloriosa de grandes hechos polticos y militares, y participan en "el cortejo triunfal en el que los dueos de hoy andan sobre los cuerpos de los vencidos.

Transitando por sendero afn, inspirndose probablemente en las tesis filosfico-histricas de Benjamin, Sacristn, en su conversacin con Guiu y Munn, sugera tambin mirar los paisajes de la historia del movimiento obrero y comunista desde el punto de vista de los no vencedores, desde la perspectiva silenciada de los marginados entre los propios vencidos, desde la mirada de los que haban sido derrotados en el mismo mbito socio-poltico de los socialmente perdedores [13].

Alexander Dubcek, aquel trabajador industrial, mecnico de formacin, que lleg a ser secretario general del partido comunista de Checoeslovaquia, fue uno de esos seres arrojados a la cuneta, uno de los resistentes comunistas abandonados en desrticos territorios de la Historia. A l, a la Primavera de Praga, al intento de rectificacin y renovacin que protagoniz, a la primera autocrtica veraz del leninismo clsico segn sus propias palabras, dedic Sacristn pasin terica, tiempo de investigacin, traducciones, prlogos, discusin poltica en el seno del PSUC y entrevistas. La parlisis, el derrumbamiento por causas externas del que fuera uno de los intentos ms prometedores de revisin y transformacin socialistas jug un decisivo papel en la evolucin de sus posiciones tericas y polticas, incluso en su misma historia personal. Francisco Fernndez Buey lo ha expresado con estas ajustadas palabras: [] Sacristn estaba completamente convencido de que lo que hacan los rusianos (una expresin que empleaba frecuentemente para referirse a lo que otros llamaban soviticos) no tenan nada que ver con el socialismo y que lo hacan los jvenes extremistas del 69 tampoco mucho. Pensaba, por tanto, que haba que volver a empezar de nuevo todo. Quera llevar lo que llamaba primera autocrtica seria del socialismo, la de Alexander Dubcek, hasta sus ltimas consecuencias. Esas ltimas consecuencia eran para l entonces el consejismo democrtico, la ampliacin radical de la democracia: en Praga y en Pars. Nos dej Sacristn esta leccin: sin la autocrtica radical del socialismo que se denomina a s mismo real o realmente existente no habr recuperacin posible de la idea de socialismo [el nfasis es mo].

La invasin de Praga represent, representa an, una de las mayores tragedias de los comunismos europeos del siglo XX, ignominia abisal que no deba ocultar, sta fue sin duda la opinin del traductor e introductor de Gramsci en Espaa hasta el final de sus das, las pginas del voluminoso libro blanco, no siempre atendido, recordado ni ledo con atencin, de esa misma tradicin de alas tan diversas. El PSUC, en los aos en que l milit, en aos de dura persecucin y de difciles conquistas, sin olvidar errores y barbaries anteriores (Nin es un ejemplo destacado), escribi muchas lneas y pginas en ese libro blanco.

Sacristn iba en serio. Qu significaba ir en serio? l mismo lo seal en su entrevista con Guiu y Munn con las siguientes palabras: [] Haba esta razn emocional y el vivo convencimiento de que, bueno, a m me gusta intentar saber cmo son las cosas. A m el criterio de verdad de la tradicin del sentido comn y de la filosofa me importa. Yo no estoy dispuesto a sustituir las palabras verdadero/falso por las palabras vlido/no vlido, coherente /incoherente, consistente / inconsistente; no. Para m, las palabras buenas son verdadero y falso, como en la lengua popular, como en la tradicin de la ciencia. Igual en perogrullo y en nombre del pueblo que en Aristteles. Los de vlido/no vlido son los intelectuales, en este sentido: los tos que no van en serio.

En Ulrike Meinhof, por ejemplo, lo que a l le haba llamado la atencin era que ella no era propiamente una intelectual, era una cientfica, iba en serio, quera conocer las cosas. Aunque, polticamente acabara en la locura, en la insensatez, como Meinz, como los dems. Pero eran gente que iba en serio.

Por ir en serio, entenda Sacristn, no precisamente tener necesariamente ideas ciegas -la ceguera nunca es seria: es histrica, que es distinto- ni tampoco necesariamente ideas radicales. Con las mismas frmulas tericas que Meinhof se poda ser perfectamente un botarate. No era nada serio, no se trataba de eso. Se trataba de la concrecin de su vida, del fenmeno singular. No se trata de las tesis, que pueden ser, por un lado, disparatadas y, por otro, objeto de profesin perfectamente inautntica, a lo intelectual aada Sacristn.

Esa formar de estar, esa filosofa praxeolgica, esa militancia documentada, consistente y nada histrica ni tendente al izquierdismo que grita al aire encendidas proclamas sin cuento, es lo que muchos intelectuales catalanes y espaoles, no soportaron de Sacristn. Se miraban y el espejo les retornaba una imagen que no les resultaba cmoda. La incomodidad de su presencia, de su estar, de su hacer y decir, es lo que muchos no pudieron sorpotar, actuando en consecuencia con ese malestar.

Xavier Rubert de Vents lo formul brillantemente despus de la muerte de Sacristn: por fin podremos hacer aquello que deseamos y que no hubiramos hecho con su presencia. Por ejemplo, loar las excelencias de la alianza militar otnica, las de un neoloberalismo sin piedad ni complejos compasivos o la construccin de hoteles de lujo al lado del Palau de Msica y en espacios ciudadanos.

Notas:

[1] Lo que, importante es recordarlo, no signific renuncia al activismo poltico. En aquellos aos, Sacristn, junto a su esposa Giulia Adinolfi, Antoni Domnech, Francisco Fernndez Buey, Miguel Candel y otros amigos, form parte del colectivo promotor y editor de mientras tanto; fue decisiva su participacin en la fundacin de la federacin de enseanza de CC.OO (l mismo escribi el documento de las lneas programticas del sindicato); fue tambin miembro del Comit Antinuclear de Catalunya (CANC) y estuvo implicado activamente en diversos movimientos sociales de la poca de orientacin ecologista y antimilitarista. Sobre este punto, vanse Fernndez Buey 1987, Joan Pallis 2006 y 2007, y Tello 2005 y 2006.

[2] La entrevista no lleg a publicarse en su momento por sugerencia del propio Sacristn. Bsicamente por dos razones: a quin pueden interesar mis neuras?, se preguntaba en voz alta, y, en segundo lugar, para no contribuir a la desmoralizacin poltica en aquellos aos de notable y creciente desencanto. La conversacin, trascrita por Jordi Guiu, fue publicada pstumamente, diecisiete aos ms tarde, en el nmero 63 de mientras tanto. Puede consultarse ahora en Sacristn 2004b: 91-114.

[3] En la coleccin Hiptesis que codirigi junto a Francisco Fernndez Buey para Grijalbo, se edit: Paul Mattick, Crtica de Marcuse. El hombre unidimensional en la sociedad de clases. Alejandro Prez fue el traductor;. La sucinta aproximacin a Mattick de la pgina 3 fue escrita por Sacristn

[4] En esa misma coleccin de Grijalbo, Sacristn tradujo, anot y present en 1975 la biografa, editada por S. M. Barret, de Gernimo.

[5] Ahora en M. Sacristn, Seis conferencias. Matar (Barcelona). El Viejo Topo, 2010.

[6] Sacristn no olvid la revuelta estudiantil alemana de junio de 1967, ni tampoco sus vctimas desde luego. En 1974, en su presentacin de Garanta para Ulrike Meinhof, un volumen compuesto por Frank Grtzbach en el que intervena Heinrich Bll, sealaba: El 2 de julio de 1967, al final de una manifestacin antiimperialista, la polica berlinesa mata de un disparo a bocajarro a un estudiante que caminaba slo y sin armas de ninguna clase, Benno Ohnesorg; y el Jueves Santo de 1968 se produce el atentado contra Dutschke, uno de los portavoces ms visibles del movimiento socialista estudiantil. El lenguaje de Ulrike Meinhof cambi, como cambi el estado de nimo del movimiento (Sacristn 1985: 165). Sobre el asesinato del estudiante alemn, vase el reciente y documentado artculo de Juan Forn, Quin mat a Benno Ohnesorg?, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=86200

[7] Destacaba Sacristn la evidencia de que el propio Gramsci haba sabido finalmente que el proceso histrico-poltico en el que l haba intervenido como protagonista se saldaba con una derrota total (2004b: 94). Es significativa la coincidencia de su aproximacin, fechada en 1979, con el anlisis de Rossana Rossanda en el septuagsimo aniversario del fallecimiento del revolucionario sardo: La importancia de Antonio Gramsci, a 70 aos de su muerte http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=1189.

[8] Sobre la valoracin poltica de la obra, la dicha y la realizada, de Gramsci, Sacristn sealaba en esta misma conversacin: A m me parece que la historia de Gramsci es la historia de una catstrofe () Cmo va a haber esperanza de nada en la historia de una catstrofe? Uno puede tenerle mucha amor a Grasmci .yo se lo tengo desde luego, es una figura muy digna de amor, pero no porque sea una perspectiva de xito del movimiento obrero, sino porque, como cualquier mrtir, es digno de amor (Sacristn 2004b: 94).

[9] En similares trminos se manifestaba recientemente Santiago Alba Rico: Creo en la buena literatura. Pero no creo no- en los intelectuales. Creo ms bien que la sociedad presente est dispuesta de tal modo que su intervencin en los asuntos pblicos es ms daina que beneficiosa. Creo que hacen ms a favor de esa concreta disposicin de las cosas que en su contra (Alba Rico 2007: 233-234).

[10] Otros testimonios y varios documentos confirman la importancia biogrfica que tuvieron en Sacristn los acontecimientos de 1968. En los pasos iniciales de una nota de autorreflexin no fechada pero probablemente escrita en 1969 o 1970, sin notas d numeracin en el manuscrito, puede leerse: 1. La causa es que est sin resolver la cuestin del quin soy yo? 2. La pregunta fue suscitada con gran virulencia esta ltima vez por la crisis poltica. 2.1. Pero no era la primera vez que apareca. Se me present en marzo de 1956, nada ms volver a Espaa. Y varias otras veces. 3. Por lo tanto, el repaso ha de arrancar de la vuelta a Espaa, pero, al llegar a la crisis de 1968, ha de detenerse con atencin... (Sacristn 2003: 115).

[11] Desde una perspectiva poltico-filosfica muy distante, existe ms de un punto de contacto entre estas reflexiones y parte de lo apuntado por Richard Dawkins en su entrevista con T. McNally a propsito de la publicacin de The God Delusion (www.sinpermiso.info/textos/indez.php?id=1020. Es conocida la insistencia de Sacristn en la necesaria alianza, sin acriticismo cegador, del movimiento obrero y el saber cientfico fusticamente no alocado. Vase sobre este punto el editorial, de diciembre de 1979, del nmero 1 de mientras tanto (Sacristn 1987: 37-40), la revista, entre las que particip, que probablemente ms hizo suya.

[12] Michael Lwy: Reflexiones metodolgicas a partir de Walter Benjamn. El punto de vista de los vencidos en la historia de Amrica Latina. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=50805.

[13] Es igualmente el punto de vista defendido por Howard Zinn en La otra Historia de Estados Unidos. Frente a la concepcin que entraa el ttulo que Kissinger dio a un libro, La historia es la memoria de los estados, seala: Mi punto de vista, al contar la historia de los EEUU, es diferente: no debemos aceptar la memoria de los estados como cosa propia. Las naciones no son comunidades y nunca lo fueron. La historia de cualquier pas, si se presenta como si fuera la de una familia, disimula terribles conflictos de intereses (algo explosivo, casi siempre reprimido) entre conquistadores y conquistados, amos y esclavos, capitalistas y trabajadores, dominadores y dominados por razones de raza y sexo. Y en un mundo de conflictos, en un mundo de vctimas y verdugos, la tarea de la gente pensante debe ser como sugiri Albert Camus- no situarse en el bando de los verdugos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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