Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn: 25 aos de su fallecimiento
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-07-2010

Sacristn adolescente: un mundo en crisis (1940-1946)

Miguel Manzanera
Rebelin

Captulo I


1. Panorama histrico espaol y mundial.

El da 1 de Abril de 1939 seal la victoria de las tropas que el 18 de Julio de 1936 se haban alzado contra la II Repblica mandadas por general Franco, en nombre de lo que la ideologa falangista denominaba los "valores eternos". Con ello comenz el largo perodo de la historia de Espaa caracterizado por el dominio del Estado autoritario y conservador, y que termin cuarenta aos ms tarde mediante un proceso de democratizacin del Estado y la sociedad espaolas.

El falangismo era el totalitarismo espaol. Como afirma Jos F.Marsal en su estudio sobre los intelectuales bajo el franquismo, [1] no parece demasiado ambiguo denominar como 'fascismo' al conjunto de estos totalitarismos de derechas que consiguieron triunfar en la Europa en la segunda y tercera dcada del siglo XX, aunque existan diferencias de matiz entre ellos. Pero la peculiaridad espaola, como la portuguesa, la italiana y cualquier otra, merece un anlisis diferenciador de los otros movimientos fascistas europeos desde la historia peninsular. El anlisis que importa aqu, en una tesis de filosofa, es el ideolgico; en l aparece con claridad la peculiaridad espaola.

Pero no se puede hacer un anlisis de la ideologa sin caracterizar brevemente la forma de organizacin econmica y social a la que esta ideologa responde. Si en Portugal el fascismo tuvo como base la organizacin de una economa basada en la explotacin de las colonias, en Espaa la economa del franquismo consisti en la creacin de un espacio econmico relativamente autnomo, fundado en la sobreproteccin de la economa y la industria nacionales, completamente autrquicas hasta los aos 60; caractersticas de esa economa hasta los aos 60 fueron la especulacin y el fraude en el mercado negro, la baja productividad, el desmantelamiento de la industria, y, en un primer momento, hasta principios de los 50, la ruralizacin de la economa, esto es, la vuelta al sector primario de la economa de franjas urbanos de la poblacin a causa de la desindustrializacin y la caresta de los alimentos. La economa espaola, despus de los destrozos producidos por la guerra, no alcanzar los niveles de produccin de la Repblica hasta 1956.

Esta economa misrrima de las dos primeras dcadas del franquismo, con grandes capas de la clase obrera viviendo en condiciones de penuria, si no de miseria, se corresponde con un Estado ultrarrepresor que no tolera la ms mnima divergencia poltica. En la construccin de este Estado coinciden las diversas tendencias que confluyen en el alzamiento contra la repblica: falangistas, catlicos integristas, tradicionalistas, ejrcito y derecha conservadora. La ideologa que anima a estos grupos se caracteriza por el rechazo de la modernidad y la idealizacin de la sociedad orgnica medieval.

Pero desde 1945 el totalitarismo de derechas desaparece en la mayor parte de Europa, derrotado por las armas aliadas en la Segunda Guerra Mundial. A partir de ese momento la Falange y su ideologa totalitaria sern orilladas cada vez ms de los aparatos de Estado y de los centros de poder. Quedar como una organizacin marginal sustentadora del Sindicato vertical, organismo mediante el que el Estado franquista impone disciplina a la clase obrera. Ser a partir de entonces y cada vez con ms profundidad y extensin -sobre todo con la firma del Concordato con la Santa Sede en 1953-, cuando las diferentes organizaciones catlicas conservadoras, encuadradas polticamente en Accin Catlica primero y ms tarde el Opus Dei, tomarn el relevo en la provisin de cuadros dirigentes para el Estado autoritario. La poltica que realizan es la de mantener la rgida jerarqua social de la sociedad espaola al tiempo que intentan el desarrollo econmico. Visto, por tanto, en perspectiva, puede decirse que el movimiento contrarrevolucionario que acab con la experiencia y los proyectos de la II Repblica tena como principal sustento ideolgico la tradicin catlico-conservadora peninsular, y slo como ropaje circunstancial un totalitarismo que fue la ideologa poltica de ciertas capas de la pequea burguesa campesina y ciudadana. En cuanto las condiciones internacionales lo aconsejaron la dictadura franquista abandon los rasgos totalitarios ms acusados.

Para describir algunos detalles de cmo fue vivido este proceso por las capas pequeo-burguesas encuadradas por la Falange, seguimos el testimonio de Francisco Farreras Valent en el libro de Juan F.Marsal, Pensar bajo el franquismo . ste es especialmente interesente en relacin con Manuel Sacristn, puesto que es de su grupo de edad, particip en la redaccin de la revista LAYE [2] y era adems miembro de la Falange: Jams fui franquista. Franco era el general que gan la guerra y el Jefe del Estado, pero nunca le consider como jefe poltico[...] nosotros pensbamos ms all, en el futuro en la "revolucin pendiente", en el "relevo"[...] En 1943 Franco, a remolque de los acontecimientos mundiales, cambi su disfraz totalitario por el de una "democracia orgnica". Los jvenes falangistas consideramos aquel acto como una verdadera traicin. En algunos locales del Frente de Juventudes falangista se hicieron disparos contra los retratos de Franco. La organizacin de Barcelona se coloc en abierta rebelda contra los mandos nacionales, al mismo tiempo que muchos jvenes entusiastas abandonaron sus filas[...]( op.cit. 96).

2. Primeros compromisos polticos e ideolgicos de Manuel Sacristn.

Manuel Sacristn tena 17 aos cuando sucedieron estos acontecimientos y estaba encuadrado en la Falange, como tantos jvenes de las clases medias en aquellos aos. Su padre era administrador del Sindicato Espaol Universitario, institucin fascista que encuadraba a los estudiantes en la universidad espaola. Al ao siguiente, Sacristn aprueba el examen de Estado y entra en la Universidad para estudiar Derecho. Durante los aos del Bachillerato en el Instituto Balmes y el primer curso en la Universidad, Sacristn ha pertenecido a la Falange y estudiado los textos de su fundador Jos Antonio Primo de Rivera. Hay una cita y un recuerdo de ese estudio, en un artculo posterior publicado en 1951 en la revista LAYE , nmero 16. Escribiendo sobre Jos Antonio, Sacristn dice: [...]otro prrafo joseantoniano: Una de las cosas que ms me temo es la implantacin de un falso fascismo conservador[...] con todo lo que sigue cuyo tenor literal he olvidado de puro vivido. (op.cit. 44-45).

El tenor de la cita en el contexto de una crtica al rgimen poltico que se viva en Espaa entonces, permite identificar a Sacristn con la posicin que Farreras ha descrito en su confesin personal publicada en Pensar bajo el franquismo . Sacristn pertenece al grupo que los intelectuales entrevistados por Marsal para elaborar el libro citado denominan 'falangismo de izquierdas' [3] : un joven falangista identificado con los ideales 'revolucionarios' del credo de Jos Antonio. Pero son justamente estos ideales los que le enfrentan con un Estado que ha usado la fraseologa falangista, para enmascarar su operacin de liquidar las instituciones democrticas republicanas, sin haber puesto realmente nunca en prctica ese proyecto poltico. Es muy posible que esos ideales falangistas hayan sido hueca ideologa sin contenido real que pudiera proyectarse en un Estado realmente nuevo. Pero es justamente esta aspiracin al ideal lo que su educacin falangista va a aportar a Sacristn.

Tambin su amigo ntimo Juan Carlos Garca-Borrn afirma haber participado de los ideales revolucionarios de la Falange , (J.F.Marsal, op .cit .133). Lo peculiar en Sacristn es el modo de aspirar a esta idealidad: con radicalidad. Pues radicalidad es lo que manifiesta la cita que hemos entresacado arriba: su asimilacinde estos ideales no fue pasiva, sino vivida. La vivencialidad que Sacristn expresa en esas lneas significa la movilizacin de toda la personalidad en pos de la idealidad: esto sera precisamente radicalidad en el sentido existencialista de autenticidad. [4]

Su aspirar radicalmente a los ms altos ideales humanos, su obrar radicalmente en consecuencia con sus ideas, caracterizar posteriormente toda la actividad intelectual de Sacristn; como caracteriza a todo filsofo de verdad -filosofa es tomar las cosas por la raz, ser radical, deca Marx, y tambin, en otro contexto intelectual, Ortega-. La palabra 'radical' tiene, pues, varios sentidos diferentes y Sacristn se relacionar con esos sentidos a lo largo de su vida: primero, un sentido existencialista vivir con autenticidad-; en segundo lugar, un sentido orteguiano -explorar los primeros principios-; y por fin un sentido marxista-ilustrado -obrar en consecuencia-. Cada sentido est determinado por una antropologa diferente que Sacristn asumir en distintos momentos de su vida. Pero la radicalidad fue asumida por Sacristn como el rasgo propiamente filosfico de la actividad intelectual. Sacristn ha tomado precisamente esta cita de La nocin de principio en Leibniz de Ortega: La filosofa, que es radicalismo o extremismo intelectual, se resuelve a llegar por el camino ms corto a esa lnea ltima donde los principios ltimos estn, y por eso no es slo conocimiento desde los principios como los dems, sino que es formalmente viaje al descubrimiento de los principios. (SPMII 124).

En el sentido de la radicalidad es como podra interpretarse el rasgo de carcter que Francisco Fernndez Buey en su artculo-homenaje a Manuel Sacristn en MIENTRAS TANTO , nmeros 30-31, ha descrito como "llevar enseguida muchas de las discusiones precisamente a situaciones-lmite" (op.cit. 63) ; pero considerando que esta observacin acerca del carcter de Sacristn puede aplicarse no slo a las discusiones, sino tambin a las actidudes ante los diferentes problemas de toda ndole -no slo polticos, aunque s fundamentalmente-, que la vida le fue presentando: la presencia de Sacristn en nuestra historia es una presencia-lmite -en el lmite de la legalidad poltica, en el borde de la Universidad, en los mrgenes del Partido Comunista que no pudo encontrar para l una integracin efectiva,...-. [5]

Esa radicalidad est en relacin con la aspiracin a la verdad. La propia evolucin intelectual de Sacristn se refleja en las palabras que l dedic a Gramsci: Pero la verdad y la franqueza con que Gramsci vive su problema van teniendo, como suele ocurrir, su premio. En materia de ideas lo estril no suele ser la aceptacin veraz de los problemas[...] (SPMI,73) . Hemos de ver cules eran estos problemas y cmo los resolvi Manuel Sacristn.

3. Ruptura con el movimiento fascista.

Si a travs de la educacin falangista se ha forjado en Sacristn la radicalidad de su aspiracin a los ideales (verdad, libertad, conocimiento, humanidad, justicia, igualdad, ...), la decepcin de su ruptura con la Falange puede haberle proporcionado otro rasgo caracterstico de su modo de pensar: su intransigente rechazo de la ideologa. La experiencia juvenil de la traicin franquista a la "revolucin pendiente" y a los "valores eternos" proclamados como justificacin del Estado impuesto por la sangre de la guerra civil, puede haber sido el origen de un desengao -que se hizo desconfianza permanente en Sacristn-, ante las explicaciones ideolgicas, que ocultan precisamente lo que es ms importante saber: las posibilidades de realizacin de las ideas, su efectividad prctica, su coherencia con la situacin histrica.

El descubrimiento prctico, vivido, del sentido de la ideologa como falsa conciencia, el sentido ms marxiano del trmino, se hizo de un modo simple -por experiencia directa- para toda una generacin de jvenes, la primera educada por el Estado franquista. Juan Carlos Garca Borrn, en la pgina 135 del libro de Marsal citado, explicita el sentido de la decepcin generacional de los jvenes falangistas: De esta parte mstico-romntica del Frente de Juventudes, de su espritu, es de lo que hablaba antes cuando deca que ms que una aceptacin de la ideologa lo que nos mova era ese espritu [...] Para nosotros lo indiscutible era la disconformidad entre lo que queramos y los que se estaba haciendo: queramos ms limpieza en los gobernantes[...] Me parece que no fue el descubrimiento de que una lnea ideolgica deba ser sustituida por otra, sino que lo primero fue la decepcin ante la disconformidad entre lo que haban sido unos ideales difusos y la realidad, que no tena nada de vaga y difusa, pero que era lo ms opuesto a lo que pretendamos defender.(Esta apreciacin no se dio en m si no que creo que fue general).

Tambin Carlos Pars en Madrid, describe la misma situacin en la pgina 204 del mismo libro de Marsal: "Creamos que el ideal revolucionario haba sido traicionado manifiestamente por el franquismo".Los testimonios son unnimes entre los intelectuales que, educados por el Rgimen, formaron parte del 'falangismo de izquierdas' y creyeron en la verdad de ideal revolucionario falangista: la decepcin ante la realidad del franquismo les llev a renegar de los postulados en los que haban sido educados. Ellos son los que en los siguientes aos, y aprovechando la tmida apertura del ministerio de Ruiz Gimnez crearn los primeros focos de pensamiento libre de la Espaa franquista: las revistas QVADRANTE , LAYE ESCORIAL , ALFREZ , ALCAL , ... Sacristn se ha referido retrospectivamente a estos aos en una entrevista que concedi a Sergio Vilar en 1967, para el libro La oposicin a la dictadura : [...]yo creo que la ideologa falangista estaba en el ambiente universitario completamente en crisis desde 1943 o as. En 1943 casi no haba ms que tres clases de personas en el SEU de Barcelona, en mi opinin: o bien gente intelectualmente muy limitada; o bien gente sin ninguna idea, puros gamberros; o gente que se mantena en el SEU pero en realidad tena poqusima afinidad ideolgica con ninguna clase de fascismo (op.cit. 239).

1943 es el ao en que Franco proclama que el Estado espaol es una democracia orgnica provocando la rebelin de los falangistas de izquierda. Sacristn se mantuvo en el SEU todava dos aos ms sin afinidad ideolgica con el organismo franquista. Al cabo de este tiempo la situacin se hizo insostenible cuando los falangistas universitarios torturaron a unos estudiantes catalanistas. En protesta por estas torturas Sacristn abandon definitivamente el Sindicato fascista.

Otro hecho poltico de importancia, al que Sacristn se ha referido retrospectivamente en la seccin Entre sol y sol de LAYE16 , noviembre-diciembrede 1951- para explicar su ruptura con la ideologa falangista, fue el movimiento de protesta de las juventudes falangistas para pedir la recuperacin de Gibraltar, movimiento que fue reprimido por el Estado franquista: Tal vez eso contribuya tambin a que los jvenes que protagonizaron el nico movimiento popular espaol por Gibraltar que se ha producido en todo el siglo XX, sepan que tienen mucho ms que ver con Ortega o con Picasso que con el Charlatn cuyas inquietudes nacionales funcionan bajo la consigna del oportunismo. (SPMIII 19)

El abandono de la organizacin universitaria franquista y de la ideologa fascista, fue mayoritario entre los estudiantes espaoles de aquellos aos: entre el 1943 y el 1950, ese abandono de los ltimos restos de ideologas fascistas en general, y falangista en particular, se produce, que yo sepa, en casi todos los distritos universitarios . El grupo generacional al que perteneci Sacristn, el de los estudiantes universitarios de los primeros aos de la dictadura franquista, abandon casi completamente la ideologa fascista. De este grupo, contina Sacristn, un sector muy importante se desanim, dejde interesarse por problemas histricos, sociales y polticos, refugindose en el estudio de especialista y hasta emigrando en muchos casos al extranjero; otros se desinteresaron de los temas de filosofa social por vas mucho ms cnicas, ingresando en la produccin como tcnicos y aspirando a hacerse una solidez burguesa; y el ltimo grupo emprendi un camino de intensificacin del estudio de temas filosfico-sociales" (La oposicin a la dictadura, 242)

Esta percepcin de Sacristn de la existencia de un grupo de personas de una sociedad que parten de la misma situacin compartiendo un determinado momento histrico, que, por tanto, viven experiencias comunes y evolucionan en comn, an con distintas opciones personales, puede verse como el sentido en que J.F.Marsal ha trabajado en su libro ya citado: recoger la consciencia que tiene de su propia historia un grupo de personas de la misma generacin y que por serlo han adoptado, al menos durante algn tiempo, una respuesta similar ante las situaciones que su tiempo histrico les ha planteado.El libro de Marsal recoge la trayectoria vital e intelectual de los jvenes ms significativos entre aquellos que Sacristn describe como el tercer grupo de universitarios, los que intensificaron su estudio de los temas econmico-sociales. Y lo interesante es que, desde perspectivas diferentes, los testimonios apuntan a descripciones similares.

En esa entrevista a Vilar, Sacristn se describe como perteneciendo a un grupo generacional, y hace una pequea teorizacin sobre ese tema. Partiendo de un apunte de los cuadernos de la crcel de Gramsci, engloba el problema de su grupo generacional en la perspectiva ms amplia de la rebelin juvenil en las sociedades capitalistas, rebelin manipulada demaggicamente por el fascismo. Esta rebelin es natural porque sta es una poca en la cual los viejos, quiere decirse los adultos, los adultos caractersticos, dominantes de un orden social que est muriendo, no tienen ya autoridad sobre los jvenes porque la sociedad que representan est muriendo.Y no son capaces de educar a los jvenes [...] Me parece que esto cuenta, por lo menos, para sectores estudiantiles, ms que los traumas de la guerra civil . Esta situacin es probablemente mayoritaria en los jvenes espaoles de los aos 40. Pero quizs podamos ver excepciones en aquellos cuyas familias estuvieron ms directamente implicadas en la guerra civil del lado de los vencidos y que sufrieron ms duramente la represin fascista, como es el caso, por ejemplo, de los hermanos Goytisolo o de Alfonso Garca Segu o de los estudiantes catalanistas; la rebelin proviene de una marginacin respecto al sistema poltico-social franquista, ni superada, ni con deseos de superarla.

Por otro lado, es natural que, en lneas generales y con las excepciones apuntadas, para los sectores estudiantiles pertenecientes a la pequea burguesa o a los cuadros medios de la sociedad franquista -que ms o menos tena que encuadrarse en las instituciones fascistas para poder seguir mantenindose-, el esquemtico anlisis de Sacristn describe con bastante aproximacin la evolucin de los hechos.

Otro elemento clave de esta evolucin de los universitarios espaoles en aquel momento histrico hay que verlo en las diferencias de ritmo histrico que se dan, tanto en aquel momento como en otros dela historia espaola, entre Espaa y Europa. El rgimen franquista que, durante los primeros aosde su existencia como Estadoy en consonancia con la situacin mundial, educ en el fascismo a los hijos de la pequea burguesa, aquellos que llegarn a formar las capas intelectuales, se encontr de pronto con que sus aliados polticos eran derrotados en la Segunda Guerra Mundial y se vio obligado a cambiar de piel. Esto no lo hizo repentinamente, sino con la parsimonia que caracteriz a la poltica franquista durante cuarenta aos, parsimonia no exenta de violencia como bien se recordar. Pero tampoco lo hizo sin tensiones, como acabamos de ver. Ahora bien, estas tensiones no llegaron nunca a resquebrajar el sistema poltico, porque el ncleo fundamental del contenido ideolgico y poltico de su sistema fue siempre el catolicismo integrista propio de las clases oligrquicas del pas y tradicionalmente dominante. El conflicto que nos ocupa, el de los estudiantes universitarios, es slo el de una pequea fraccin de clase subordinada, la pequea burguesa, que en algn momento lleg a hacerse ilusiones sobre la revolucin de las minoras y el imperio de los valores eternos. Todos ellos, los intelectuales de la pequea burguesa educados en el fascismo totalitario, acabaron convencidos profundamente de la importancia de la democracia y la libertad.

En el ao 1953, dos hechos de poltica internacional iban a cambiar radicalmente el grado de reconocimiento del Estado franquista por el resto de las naciones: la firma del Concordato con la Santa Sede y los acuerdos hispano-norteamericanos sobre el uso de territorio espaol por las fuerzas militares de los Estados Unidos de Amrica. La victoria en la guerra civil lo fue del bando catlico-conservador, del integrismo tradicional de la oligarqua espaola. Pero en la interpretacin que el joven Sacristn, junto con el grupo de 'falangistas de izquierdas', pudo hacer de esta victoria, ya en el marco de la guerra fra, debieron intervenir elementos del desarrollo histrico de los acontecimientos. En 1951, la guerra de Espaa debi ser una batalla parcial de una guerra ganada por las fuerzas polticas que diseaban una nueva Europa: algo a liquidar con el resto de la guerra. La no liquidacin del franquismo descubra el ncleo duro de su contrarrevolucin y la profundidad y extensin de sus alianzas. Este ncleo duro, la oligarqua integrista espaola, no fue nunca para el sector de las clases medias espaolas que particip de la reaccin contra la Repblica, ms que un aliado circunstancial que posteriormente result ser el que dominara la situacin.

El grupo de intelectuales universitarios de los aos 40, fue el primero de una larga lista en romper con el rgimen franquista. Ms all del horizonte de ste, en la marginacin exterior, sometida y humillada, estaba la clase obrera espaola. Pero si la clase obrera es en Espaa la gran derrotada de la guerra civil, en Europa, en cambio, sali vencedora de la guerra mundial. Los ejrcitos rusos jugaron un papel fundamental en la lucha contra el fascismo y el hitlerismo, al igual que los partidos comunistas de Europa occidental en la organizacin de la resistencia nacional contra el fascismo, papel reconocido en su participacin poltica en los gobiernos que organizaron la reconstruccin postblica. En un lugar tan cercano a la frontera, tan europeo y cosmopolita, como es Barcelona, el cambio de situacin debi percibirse con especial fuerza. Esta situacin se refleja en un artculo de Sacristn en LAYE 14, junio-julio 1951, "Una humilde verdad": Porque, tanto como siegas de mieses humanas, las guerras son grandes talas de selvas ideolgicas. La experiencia de la lucha y de la derrota ha quitado a su sistema terico todo valor[...](p.36) . La simpata que despierta en Sacristn Leon Degrelle, viejo totalitario[...] que entr en la vida de Europa con una fuerte carga totalitaria que se crey semilla y result lastre , evoca su propia historia personal de joven falangista convencido de los ideales totalitarios. Pero quizs en ningn sitio como en estas frases se refleja con tanta claridad el reconocimiento de la derrota de la idea totalitaria, al tiempo que se reconoce el error que esa derrota corrobora. Sacristn alaba en el libro de Degrelle que comenta, La campaa de Rusia , el reconocimiento de la derrota y el abandono de la idea equivocada. Una cierta alegra recorre estas pginas, una alegra de comprobar que se puede comenzar de nuevo y de pensar que el vencido, si equivocado, no es malo. La estrategia de guerra de los vencedores -la desmoralizacin del enemigo mediante la destruccin de la poblacin civil en la retaguardia- se funda, en cambio, en una forma de racionalidad que Sacristn no poda aceptar. ste ser uno de los motivos por los que Sacristn ir mucho ms all de la ideologa liberal.

La accin humana tico-poltica es vista aqu por Sacristn como lucha vital por la idea, lucha que exige el sacrificio y la renuncia del guerrero; desde esta perspectiva puede entenderse tambin la dedicacin de Sacristn al guerrero indio Gernimo en 1972. Esto ha sido sealado por Francisco Fernndez Buey en el artculo citado como una caracterstica propia de Sacristn refirindose a una poca muy posterior a la que ahora se trata: Es significativo el que durante el periodo del que me estoy ocupando [1974-1976] casi todos los elogios escritos por Manolo estn dedicados a hombres y mujeres que lucharon hasta el final, a "guerreros" (MT30-31,76)

No es tan importante, desde cierto punto de vista, la idea por la que se lucha o la forma de lucha, como el hecho de luchar. Pues la consecuencia con que un "guerrero" busca llevar hasta el fin sus principios obtendr siempre su propia recompensa, que no ser necesariamente la del xito, pero s la de saberse de acuerdo consigo mismo, incluso en la derrota, por haber puesto en juego con total conviccin la propia vida. Pero adems la accin humana necesita la idea verdadera por la que luchar: el sentido ms profundo de la labor intelectual de Sacristn es, como se ha de ver en esta tesis, la relacin entre verdad y libertad.

En el marco de la situacin descrita, debe entenderse la siguiente afirmacin de Sacristn en la entrevista ya citada de SergioVilar: en aquellos aos [1943-1950] leer por ejemplo El Capital era verdaderamente difcil. Y se fue el primer libro que se busc despus de la crisis falangista, por considerarlo el ms central en lo que haba ocurrido en la historia desde el XIX ( op.cit.244) . La evolucin de Sacristn hacia el marxismo arranca de la crisis misma de su falangismo, de la derrota sin paliativos de una ideologa en el terreno que ella misma proclamaba como fundamental, en el campo blico. Pues el totalitarismo haba proclamado las virtudes guerreras y la victoria en la guerra como elemento decisivo en la bondad de las ideas. La consecuencia de la derrota es el reconocimiento de la bondad de las ideas de los vencedores. La apuesta ideolgica del fascismo conllevaba, por tanto, a travs de su belicismo, el reconocimiento del 'otro' en el enemigo, el reconocimiento de sus mtodos de lucha, de su expresin como 'otro' que se afirma a travs de la lucha, y si ste lucha limpiamente y vence, al reconocimiento del valor de sus ideas. Es algo que ms adelante Sacristn podr explicar como lucha de clases bajo el concepto de hegemona gramsciano, ya con los parmetros totalmente cambiados a travs de la experiencia poltica y la intensa reflexin filosfica que se forjar en el prximo decenio de su vida. [6]



[1] Juan Francisco Marsal, Pensar bajo el franquismo , Barcelona, Pennsula, 1979. Sacristn no particip en la elaboracin del libro de Marsal, aunque fue invitado por ste. En el prlogo de su libro, Marsal cita una carta de Sacristn en la que le pide disculpas por no participar en esa elaboracin.

[2] LAYE fue una revista publicada en Barcelona, de la que vieron la luz 24 nmeros entre los aos 1950 7 1954, y en cuya redaccin participaron jvenes escritores catalanes, entre ellos J.M. Castellet, los hermanos Joan y Gabriel Ferrater, Juan Carlos Garca-Borrn, Juan Francisco Marsal, Jess Nez, Esteban Pinilla de las Heras, Jess Ruiz y Manuel Sacristn. En alguno nmeros se publicaron tambin poemas de Alfredo Costafreda y Jaime Gil de Biedma.

[3] Elas Daz denomina falangismo liberal al grupo de ms edad, que particip en la guerra y cuyos representantes ms conocidos son Dionisio Ridruejo y Pedro Lan Entralgo (Notas para un historia del pensamiento espaol actual (1939-1972), SISTEMA , nmeros 1,2,3, Madrid, 1973, y Pensamiento espaol 1939-1972 , Cuadernos para el dilogo , Madrid, 1978-. El falangismo de izquierdas sera el ala ms joven y radical de ese grupo.

[4] Esa cita de Sacristn pertenece a un momento de su trayectoria intelectual en que se pensamiento se desarrolla bajo la influencia de la filosofa de Ortega y el existencialismo europeo.

[5] La expresin situaciones-lmite fue utilizada por Sacristn para explicar la filosofa de Jaspers, dentro del escrito para la voz Filosofa (1958) del Suplemento de la Enciclopedia Espasa aparecido en 1961. Son situaciones de la existencia libre, por medio de las cuales el hombre irrumpe hacia el ser y que no pueden resolverse por ningn actos; son situaciones que no pueden ser superadas: la muerte, la necesidad de lucha, el azar, la culpa (SPMIII 98-99). La caracterizacin de Fernndez buey podra estar indicando la permanencia en el Sacristn marxista de modos de pensar que pertenecen a su primera juventud existencialista. Pero lo que caracteriza a Sacristn a partir de 1956 cuya concepcin marxista prioriza la prctica, la accin (como seala Ripalda en su artculod de Mientras Tanto 30-31 ya citado)- es una actividad cuyos fines son en cierto modo antitticos a los de Jaspers. El anlisis existencial en el sentido de Jaspers, sera entonces una metodologa de acercamiento a la verdad, aquella que busca la conversin de la persona; y el postulado marxista-ilustrado de coherencia obligara a la materializacin prctica de ese anlisis filosfico.

[6] En el pasaje de la Fenomenologa del espritu donde Hegel explica la dialctica del seor y del siervo a travs del enfrentamiento a muerte y la lucha por el reconocimiento, est el ncleo explicativo de la organizacin jerrquica de la sociedad desde el punto de vista de la subjetividad; ese mismo pasaje explica tambin la superioridad a largo plazo del igualitarismo y la solidaridad en las relaciones sociales.



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