Portada :: Europa :: El capitalismo devasta Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-07-2010

Una lgica sin oponente

Julio Anguita
Rebelin


En la dcada de los noventa y en plena fabulacin europesta, economistas espaoles instalados en el status explicaban sin equvocos que el Tratado de Mastricht con sus lmites al dficit, era una autntica reforma constitucional por la va de los hechos y al margen del Parlamento. Es ms, se lleg a decir que el sistema de Seguridad Social no deba ser demasiado generoso Otra cosa es lo que diga la Constitucin (que, en todo caso, no es un modelo de racionalidad econmica).

Quince aos despus Sarkozy pretende una reforma que incorpore a su constitucin la obligatoriedad de impedir el dficit; Obama ha declarado algo parecido; Rajoy lo ha planteado sin ambages y el Gobierno espaol se aplica a ello con diligencia dejando a la Constitucin de 1978 hecha unos zorros en materia de Derechos Fundamentales.

Desde los cuatro puntos cardinales en que se han constituido el FMI, la OCDE, la UE y el BCE se insta a profundas y urgentes reformas laborales. Los gobernantes declaran ante sus pueblos que se debe ganar la confianza de los mercados (vocablo esotrico con la que se encubren, difuminan y se agazapan entidades tan concretas como bancos, financieros, inversores, agiotistas y gobiernos que los acogen en su seno). Los poderes pblicos hacen bueno aquella expresin de Tietmeyer cuando fue presidente del Bundesbank: los polticos deben acatar las decisiones de los mercados. Dnde est la Democracia?

Estos gurs saben perfectamente que los recortes en salarios, pensiones, inversiones y gasto pblico, aadidos a la facilidad y baratura del despido y a la precariedad subsiguiente, no crean empleo ni tampoco relanzan la economa; es ms, lo reconocen paladinamente. Utilizan la coartada de la racionalidad econmica como el velo ideolgico que encubre -so capa de cientifismo- sus intereses de clase dominante. Son conscientes de que no pueden dejar ni un resquicio libre por el que los dominados -si se organizan- puedan obligarles a rendir y pagar las cuentas de los robos, manipulaciones, errores, trampas y dems delitos que han conducido a esta situacin de crisis. Quieren dejar claro que no hay alternativa a su poder, a sus intereses, a sus mtodos y a sus montajes ideolgicos. Conocen mejor que nadie que no hay nada ms poltico que la Economa. Se trata de de que los otros no caigan en la cuenta. Reconocen de facto que existe la lucha de clases y se aplican a ganarla en todo momento.

Esto ha sido posible porque el mundo social, ideolgico, sindical, poltico y tico que dice representar a los dominados, ha tiempo que se aline con los valores y prcticas del llamado pensamiento dbil; es decir la aceptacin de la lgica de los otros, aunque con espordicas, dbiles e intiles protestas de vez en cuando. Piensen los lectores en el apoyo incondicional y acrtico de determinadas organizaciones y creadores de opinin al proceso de montaje de este bodrio llamado UE. La lgica dominante carece- hoy por hoy- de oponente estructurado y con entidad suficiente para ejercer de rplica y contrapropuesta eficaz.

Porque una lgica slo se combate con otra distinta, confrontada, alternativa y organizada. Una lgica que site a la ciencia econmica como un instrumento al servicio de las necesidades humanas y no como la realizacin absoluta de un logos externo e independiente a las decisiones y voluntades de la ciudadana.

Esa otra lgica, ligada a la humanidad cercana y concreta, niega consecuentemente todas y cada una de las tres divinidades del dios capitalismo. El mercado, la competitividad y el crecimiento sostenido no slo se han mostrado a lo largo de esta crisis como mecanismos intiles para resolverla sino que han sido la causa de sta y las anteriores. Pero es que adems, la simple formulacin de algunos de ellos, como es el caso de la competitividad predicada para todas y cada una de las naciones del planeta, es en s misma una insalvable contradiccin in trminis.

Es hora de fijar con decisin la preeminencia de la Democracia, los Derechos Humanos y la Carta de la Tierra. Y ello conlleva valores, actitudes y propuestas radicalmente diferentes a las que, fracasadas, son reiterativamente maquilladas como verdades incuestionables. Slo desde una lgica y prctica alternativas conceptos como austeridad, racionalidad, planificacin, eficiencia, productividad, solidaridad, sentido comn y tica cvica cobran su exacto significado.

Y no es una cuestin de grandes declaraciones sino de organizarse en toda Europa para dar la respuesta alternativa, continuada y estratgicamente organizada. Los conatos desganados de movilizacin se circunscriben a cada pas mientras la agresin proviene de la UE en su conjunto. Dnde est la Confederacin Europea de Sindicatos?

Recordemos cmo en los prolegmenos de la I Guerra Mundial el patrioterismo chauvinista arrastr a bastantes organizaciones obreras a una locura blica que objetivamente no les concerna. Ahora es preciso y urgente organizar el caamazo socio-poltico de una Europa unida institucionalmente, con un presupuesto comn digno de tal nombre, una fiscalidad compartida, una economa coordinada y una sola voz en el concierto internacional. Y eso no vendr de ellos.

Si la dictadura de los mercados no es contestada; si la alienacin economicista se asume con fe de carbonero o si la docilidad a inercias electoralistas que difuminan el conflicto esencial no es obviada, slo nos quedar la reedicin de las lgrimas de Boabdil de Granada.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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