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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-07-2010

Una estrategia con trampa en Afganistn

Alberto Piris
Repblica.es


Dentro de la confusa guerra que se desarrolla en Afganistn -y que una vez ms ha recabado la atencin de la ministra espaola de Defensa y de sus altos mandos militares, con una visita relmpago a Kabul y a la nueva base de nuestras tropas-, un incidente sufrido por el contingente britnico el mismo da de la citada visita sirve para poner de manifiesto otros peligros que acechan a las fuerzas all desplegadas.

Entre los dirigentes polticos de los pases que intervienen en las operaciones militares en territorio afgano, es comn intentar acallar las protestas de la opinin pblica insistiendo en que, ms que combatir, sus ejrcitos despliegan all para instruir a los afganos a fin de que puedan hacerse cargo de la situacin lo antes posible. Coincide esto con uno de los aspectos principales de la estrategia que propugna el general Petraeus, ampliamente difundida por los medios de comunicacin, para cumplir los planes de retirada establecidos por el presidente Obama. Su principal valor es psicolgico, porque permite divisar una luz al final del tnel, al establecer unos plazos, por discutibles que puedan parecer, para poner fin al despliegue militar y traer las tropas a casa.

Formar soldados y policas afganos aparecera as como una misin menos arriesgada y con mayores expectativas de xito que prolongar una guerra a la que no se ve fin y que obliga a unos esfuerzos continuados y a unos sacrificios cuya justificacin es cada vez ms difcil. Que sean los propios afganos los que persigan y aniquilen a los talibanes es el objetivo final que se anuncia. No es difcil ver en esto una adaptacin a los tiempos actuales de aquella estrategia de vietnamizacin con la que Nixon y Kissinger intentaron poner fin a lo que ya entonces apareca como un conflicto envenenado y de negativas repercusiones para la poltica interna de EEUU; sus resultados son de sobra conocidos.

Pues acaba de suceder que uno de esos soldados afganos, que en su periodo de formacin comparta vida y misiones con una unidad britnica (un regimiento de Infantera de los famosos gurkas nepaleses) asesin a un capitn britnico, a un oficial de la misma nacionalidad y a un soldado gurka, adems de herir a otros cuatro soldados antes de darse a la fuga e incorporarse a la insurgencia, segn inform un portavoz talibn. No es la primera vez que las tropas britnicas sufren incidentes de estas caractersticas.

Tanto el presidente afgano como el general Petraeus expresaron su psame por lo ocurrido. El general aadi: Esta es una misin conjunta, soldados afganos y de la Alianza combatiendo codo a codo contra los talibanes y otros extremistas. Tras otros sucesos anlogos se haba dado la orden de que los soldados britnicos estuvieran siempre armados en el interior de sus bases y que en las patrullas mixtas uno de ellos se mantuviera siempre vigilante empuando su arma automtica. Es evidente que estos asesinatos harn que aumente la desconfianza entre los soldados britnicos y sus homlogos afganos, lo que no contribuir al xito de la misin formativa que, para ser eficaz, ha de basarse en una cierta confianza recproca entre instructores e instruidos.

Para evitar esos efectos negativos, un portavoz del ejrcito britnico asegur: Es fundamental que comprendamos esto bien: se trata de nuestra estrategia de salida hemos de instruir al ejrcito nacional afgano hasta un nivel y una calidad que les permitan asumir el combate en cuanto estn listos. Un analista militar de la misma nacionalidad declar: Este soldado [el afgano causante del atentado] poda ser un excelente soldado que se radicaliz o que se pas a los talibanes tras su periodo de formacin. De un caso aislado no pueden extraerse conclusiones generales. Esto no cambia las cosas en trminos prcticos, pero s en el aspecto poltico, porque hace ms difcil explicar a la opinin pblica la estrategia adoptada.

El pasado mes de junio bati todos los registros de bajas en los nueve aos de guerra, con 103 muertes; y en lo que va transcurrido de julio han muerto ya 40 combatientes. Los explosivos improvisados, instalados en calles, caminos y carreteras, son las armas ms letales y producen numerosas bajas tambin en la poblacin civil. Es comprensible, por tanto, que en todos los pases participantes en esta guerra se extienda la preocupacin sobre si las estrategias adoptadas podrn alcanzar algn objetivo, y de qu objetivo se trata. Ahora, adems, la estrategia de afganizacin del conflicto sufre un duro revs con el incidente aqu comentado. Cualquier soldado aliado, en su misin formativa de los soldados afganos, temer ver en sus alumnos al asesino que en un momento imprevisto acabe con su vida. As no puede llevarse a efecto la instruccin militar bsica.

En EEUU, hay analistas que ni siquiera ven claro qu se puede entender por el final de la guerra, y temen que traiga al pueblo estadounidense nuevos y peores problemas y costes econmicos en un futuro Afganistn de una posguerra que muy pocos se atreven a imaginar. Sospechan que los intereses creados por EEUU en ese pas generarn nuevas y complejas situaciones de las que ser difcil desentenderse a corto plazo. Nada nuevo hay en esto. Recordemos el viejo principio fundamental de que en las guerras se sabe cundo se entra, pero no cmo ni cundo se sale. En esta tesitura estn ahora los que participan -o participamos- en el enrevesado conflicto afgano.

http://www.republica.es/2010/07/15/una-estrategia-con-trampa-en-afganistan/



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