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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-07-2010

Estadlatras: Me permiten disentir?

Javier Biardeau R
saberescontrahegemonicos.blogspot.com


" El Estado es un rgano de dominacin de clases, un rgano de opresin de una clase por otra, es la creacin del orden que legaliza y afianza esta opresin, amortiguando la lucha de clases. El proletariado slo necesita el Estado temporalmente. Nosotros no discrepamos en modo alguno con los anarquistas en cuanto al problema de la abolicin del Estado como meta final. Lo que afirmamos es que para alcanzar esta meta es necesario el empleo temporal de las armas, de los medios del Poder del Estado para emplearlos contra los explotadores. Para destruir las clases es necesaria la dictadura temporal de la clase oprimida. " (Lenin: la real polmica de Marx con los anarquistas)

I.- Momento del llamado principio-esperanza (Ernst Bloch):

Lo ms elemental muchas veces se pierde de vista: no habr nuevo socialismo fuera del espacio de la revolucin democrtica permanente e instituyente , lo cual implica diferenciarla de cualquier fe supersticiosa en los lmites constitucionales y en la forma-Estado; fe heredada por prcticas, representaciones y discursos de 200 aos de colonialismo interno, de modernizacin capitalista refleja, trunca y dependiente para Nuestra Amrica; y en el caso de Venezuela, de sub-cultura del petrleo, de conformacin del Estado populista clientelar, de patrimonios, prebendas y privilegios, producto de modalidades parasitarias de la acumulacin delictiva de capitales.

A algunos intelectuales, funcionarios y polticos les da escozor que se plantee el debate entre la forma-Estado y la forma-Comuna. El realismo de sentido comn, el pragmatismo, el oportunismo, las viejas estadolatras de aparato, propias de una izquierda cargada de hbitos ideolgicos, sean socialdemcratas o estalinistas, o el hecho mismo que se viven las tensiones, conflictos y antagonismos de una potencial transicin post-capitalista , plantean que es sensato no debatir si el pensamiento crtico socialista, puede seguir encadenado al imaginario instituido de la forma-Estado: En efecto, cada uno de nosotros lleva interiorizada, como la fe del creyente, esa certeza de que la sociedad es para el Estado () no se puede concebir sociedad sin Estado. (Pierre Clastres).

Muchos malos lectores del llamado "autonomismo", o del "marxismo crtico, abierto y libertario", por ejemplo, extraen como consecuencia que la idea de revolucin para estas corrientes, no puede consistir en una alteracin radical de la relaciones de poder y en una toma del Estado. Mucho se hubiese evitado, si siguiendo a Foucault, se hicieran distinciones entre el concepto de relaciones de poder y sus efectos de conjunto: los estados de dominacin . Gramsci tena suficientemente claro, como el "poder de unas clases-sobre otras clases", es inmanente al campo de constitucin de la separacin entre gobernantes y gobernados. Y Marx tena suficientemente claro que la forma-Estado era parte del complejo ensamblaje de la alienacin poltica.

El Estado nacional (y cualquier forma-Estado) es una expresin concentrada de relaciones de dominacin de una sociedad: de gobierno sobre las personas, de coloniaje sobre etnias subalternas, de imposicin de un imaginario nacional, un rgano para el dominio de clases. Cuando la izquierda bien-pensante se queda en la mera lucha por la toma de Estado, dejan intactas muchas de las lgicas, prcticas, representaciones y discursos de la forma-Estado capitalista. Cambian el mundo, dicen, pero manteniendo el "poder concentrado" de la forma-Estado, en manos no de la clase trabajadora revolucionaria, ni del "pueblo organizado, movilizado y consciente", sino de la cadena de sustituciones (partidos-aparatos, gobiernos controlados bsicamente por sectores medios radicalizados, o bajo el liderazgo de personalismos carismticos).

El mando jerrquico, vertical y concentrado es justamente una condicin de imposibilidad para una revolucin democrtica permanente , cuyos actores-sujetos populares comienzan a desplazarse desde la potencia constituyente del ejercicio directo del poder, hacia los vagones de cola de las revoluciones o del llamado proceso.

Se dice comnmente que los gobiernos progresistas de Amrica Latina se estn valiendo del Estado para regular la economa (que sigue siendo bsicamente capitalista), para inducir tambin el crecimiento econmico (cuando lo hay, tambin de tipo capitalista), para desarrollar polticas sociales (favorables al orden, la seguridad, la ley y la paz capitalistas). De este modo, los gobiernos progresistas gestionan las funciones tpicamente capitalistas de acumulacin, regulacin y legitimacin funcionales al mantenimiento del dominio de los factores reales de poder.

El keynesianismo de izquierda y el populismo, anudan tanto un patrn de politizacin como una economa poltica progresista, se dan la mano para impedir imaginar y pensar alternativas radicales de reproduccin material basadas en el socialismo radical, distintas a las prcticas de unidades de produccin y distribucin cuyo fundamento reproduce el antagonismo de clase, y formas de desigualdad sustantiva bajo la divisin jerrquica y vertical del trabajo.

En este contexto material, el tema de las funciones de la forma-Estado capitalista, se confunden con las funciones de un estado de transicin al post-capitalismo. Obviamente no son las mismas funciones, ni tareas, ni las mismas formas organizativas ni las mismas prcticas del Estado capitalista. Acaso el llamado "Estado de transicin" es una continuidad del Estado capitalista?

Transformar el Estado capitalista implica desmantelarlo, derrocarlo, destruirlo. No hay excusas ni retrica florida para suponer que se trata de reformas de fachada, de nombres sin cambiar lgicas, practicas y representaciones. Al desmantelarlo hay que crear nuevas instituciones, espacios, aparatos, nuevas prcticas, formas de organizacin que no reproduzcan en lo esencial las lgicas y practicas del gobierno sobre las personas, sobre los movimientos sociales y populares, sobre las clases subordinadas, sino todo lo contrario: un gobierno directo con las gentes y de las gentes, con los movimientos sociales y de los movimientos sociales, con las clases populares y del pueblo trabajador.

Se trata, como deca Lenin en sus mejores momentos, de un semi-Estado de transicin . La izquierda bien-pensante, sin embargo opta por un Lenin -"hombre de Estado", edificador del "Estado socialista", un Lenin pues "realista". Pero seamos realistas, pidamos lo imposible: no quedemos encadenados al inconsciente poltico de la forma-Estado. Fue Lukacs el que alguna vez dijo que los puntos fuertes y dbiles del Estado se hallan en la manera en que ste se refleja en la conciencia de los hombres. La forma-Estado es tambin una representacin ideolgica.

Los gobiernos progresistas de Amrica Latina , sus dirigentes y funcionarios, comienzan a mostrar sntomas de desconexin y debilidad del apoyo popular, de identificacin con las lgicas y prcticas del Estado capitalista. Si bien rescataron el papel de la poltica y del Estado frente al neoliberalismo, no han ofrecido algo distinto de las recetas keynesianas y del populismo histrico.

De all que en plena coyuntura para transformaciones post-capitalistas, sea posible que la izquierda progresista , comience a experimentar una fatal carencia de potencia creativa para imaginar un mundo distinto de relaciones, prcticas e instituciones polticas y econmicas, basadas en efectivamente en la igualdad sustantiva y en la superacin del antagonismo de clases .

La edificacin de las bases materiales del socialismo radical, implica inevitablemente la construccin de una economa social, popular, alternativa y comunal de propiedad social o colectiva, bajo modalidades auto-gestionadas de administracin , as como con prcticas democrticas de planificacin de conjunto , en articulacin con la funcin de comando poltico-econmico de un Estado de transicin , sometido a un intenso y extenso proceso de democratizacin de funciones .

No es a travs del cambio cosmtico de la meloda dominante de polticas econmicas, marcadas unas por el go (keynesiano-pro-cclico), y otras por el stop (monetarismo-neoliberal), que se cambiara la rocola capitalista. La msica capitalista sigue sonando y a gran volumen. No hay meloda socialista. Tampoco superar el capitalismo, la planificacin burocrtica al estilo del socialismo real, con su apego a la centralidad del estatismo autoritario y el fetichismo del partido-nico. Hay que reconocer que todava hay mucho de desarrollismo en la llamada izquierda progresista. El desarrollismo de izquierda sigue atado al mito de la neutralidad ideolgica de las "fuerzas productivas".

En gobiernos progresistas hay muchas ganas de gobernar-sobre, pero pocas de hacer efectivamente revoluciones democrticas y socialistas. Se suea con la elevacin constante del empleo formal (pero con atributos reales de precarizacin, sean abiertos o velados), generalmente aumentado la nomina y la clientela del Estado, impulsando a veces el crdito a pequeas y medianas empresas, y tratando de ampliar el poder adquisitivo de los salarios directos o indirectos. Sin embargo, los gobiernos progresistas mantienen toda la terminologa heredada del neoliberalismo: hablan de "sector informal", de "pobreza crtica", de "programas sociales focalizados". Muestran una pattica debilidad ideolgica para avanzar en la construccin de otro mundo posible.

Obviamente, las medidas urgentes son aceptables en tiempos de desempleo crnico a corto plazo, no estn mal para superar los "ciclos cortos" de coyuntura. Pero desde all, no hay revolucin productiva ni cambio estructural en el sentido de una transicin post-capitalista. La responsabilidad no es exclusiva de los gobiernos progresistas. Bajemos un peldao. Qu ocurre con los partidos, o alianzas polticas progresistas que no impulsan revoluciones; es decir, cambios estructurales? Que ocurre dentro de la "contra-elite" poltica que supuestamente conduce luchas anti-neoliberales y dibuja horizontes anti-capitalistas?

Los Gobiernos desean partidos dciles. Los partidos dciles desean militantes dciles. Los partidos y militantes dciles, desean movimientos sociales y populares dciles. Pero los movimientos sociales y populares, se cansan de los gobiernos, de los partidos y de sus militantes dciles. Los mandan muchas veces, como decimos coloquialmente "largo palcarajo".

Es responsabilidad de quines, que se presenten esas fisuras o abismos entre la izquierda social y la izquierda poltica? De los gobernantes o de los gobernados? Los movimientos sociales, populares, barriales y de los pueblos originarios, no es que abandonen la lucha por la construccin de hegemonas alternativas , es que el muro de los partidos de gobierno y de los gobiernos progresistas , se convierte injustamente en una condicin de imposibilidad para las hegemonas alternativas.

La construccin de hegemonas alternativas implica bajarse del pedestal del poder-sobre, de la mata de coco de la arrogancia, de la corruptela del poder, de la sub-cultura del cargo, que se instala lamentablemente en el espacio de las nuevas elites de los partidos dciles de izquierda y sus "gobiernos progresistas", e incluso como en sus portavoces intelectuales, ahora "intelectuales palaciegos".

Tal vez estos intelectuales palaciegos deban volver a leer Miseria de la filosofa de Marx, cuando dice, refirindose a las corrientes tericas de economa:

Luego sigue la escuela humanitaria , que toma a pecho el lado malo de las relaciones de produccin actuales . Para tranquilidad de conciencia se esfuerza en paliar todo lo posible los contrastes reales; deplora sinceramente las penalidades del proletariado y la desenfrenada competencia entre los burgueses; aconseja a los obreros que sean sobrios, trabajen bien y tengan pocos hijos; recomienda a los burgueses que moderen su ardor en la esfera de la produccin. Toda la teora de esta escuela se basa en distinciones interminables entre la teora y la prctica, entre los principios y sus resultados, entre la idea y su aplicacin, entre el contenido y la forma, entre la esencia y la realidad, entre el derecho y el hecho, entre el lado bueno y el malo . La escuela filantrpica es la escuela humanitaria perfeccionada . Niega la necesidad del antagonismo; quiere convertir a todos los hombres en burgueses; quiere realizar la teora en tanto que se distinga de la prctica y no contenga antagonismo . Dicho se est que en la teora es fcil hacer abstraccin de las contradicciones que se encuentran a cada paso en la realidad. Esta teora equivaldr entonces a la realidad idealizada . Por consiguiente, los filntropos quieren conservar las categoras que expresan las relaciones burguesas, pero sin el antagonismo que constituye la esencia de estas categoras y que es inseparable de ellas . Los filntropos creen que combaten en serio la prctica burguesa, pero son ms burgueses que nadie . As como los economistas son los representantes cientficos de la clase burguesa, los socialistas y los comunistas son los tericos de la clase proletaria. Mientras el proletariado no est an lo suficientemente desarrollado para constituirse como clase; mientras, por consiguiente, la lucha misma del proletariado contra la burguesa no reviste todava carcter poltico, y mientras las fuerzas productivas no se han desarrollado en el seno de la propia burguesa hasta el grado de dejar entrever las condiciones materiales necesarias para la emancipacin del proletariado y para la edificacin de una sociedad nueva, estos tericos son slo utopistas que, para mitigar las penurias de las clases oprimidas, improvisan sistemas y andan entregados a la bsqueda de una ciencia regeneradora. Pero a medida que la historia avanza, y con ella empieza a destacarse, con trazos cada vez ms claros, la lucha del proletariado, aquellos no tienen ya necesidad de buscar la ciencia en sus cabezas: les basta con darse cuenta de lo que se desarrolla ante sus ojos y convertirse en portavoces de esa realidad. Mientras se limitan a buscar la ciencia y a construir sistemas, mientras se encuentran en los umbrales de la lucha, no ven en la miseria ms que la miseria, sin advertir su aspecto revolucionario, destructor, que terminara por derrocar a la vieja sociedad. Una vez advertido este aspecto, la ciencia, producto del movimiento histrico, en el que participa ya con pleno conocimiento de causa, deja de ser doctrinaria para convertirse en revolucionaria.

Pasar a una ciencia revolucionaria (M. Lwy). Esta es la tarea de los portavoces intelectuales de los gobiernos progresistas, alejarse del palacio y sintonizarse con la multitud constituyente . Derrocar la vieja sociedad, el viejo Estado, la vieja economa poltica, sus viejas instituciones, sus doctrinas.

Obviamente, los movimientos sociales y populares contra-hegemnicos deben apoyar a los gobiernos progresistas, pero participar sin bozales en los bloques de fuerzas que apoyan aspectos, contenidos o medidas revolucionarias, no solo manteniendo su autonoma sino criticando desde la raz, los aspectos de regulacin social del antagonismo, sus timideces, sus inconsecuencias, y hasta sus perfiles reaccionarios y autoritarios, presentes en estos mismos gobiernos.

En esto consiste la construccin de una nueva hegemona poltica democrtica . Potenciar el espritu crtico , contestatario, subversivo, rebelde de los movimientos sociales y populares contra-hegemnicos . Cuando los "gobiernos progresistas" acusan a los movimientos sociales y populares de "subvertir el orden", confiesan que han entrado en su etapa senil , muestran sus perfiles reaccionarios. Se muestran incapaces de avanzar en las transformaciones de fondo que exigen las clases trabajadoras y populares.

Postergar el espinoso asunto de las bases materiales de la transicin post-capitalista es sencillamente una forma de escurrir el bulto, de intentar continuar una mascarada, un espectculo-comandado por elaboradas estrategias de propaganda poltica. Nadie duda que se pre-figura una larga y profunda lucha econmica, poltica, jurdica, ideolgica y cultural, para volver a colocar el socialismo radical a la orden del da . Pero hay que comenzar con tener cierta fortaleza en las piernas, cierta consistencia entre el dicho y el hecho, para comenzar la larga marcha. Partiendo del populismo o del keynesianismo de izquierda no se llegar muy lejos. Incluso, ya se ha llegado al llegadero.

No hay que dividir fuerzas para reconocer que los llamados "gobiernos progresistas" tienen piernas flojas . Ciertamente, hay que mantener a toda costa el "mal menor" frente al "mal mayor", consolidar una amplia alianza de movimientos sociales y polticos de izquierda, acumular fuerzas para impedir que caigan por sus propias debilidades estos "gobiernos progresistas", pero clarificando el horizonte revolucionario, a la vez que estableciendo los programas mnimos comunes para avanzar, con piernas firmes, paso a paso.

La izquierda social de Nuestra Amrica, ya no slo es anti-neoliberal, sino que comienza a vislumbrar el horizonte anticapitalista como cuestin civilizatoria. Son palabras y desafos mayores, donde su juega la posibilidad misma de la continuidad de la especie humana sobre este planeta. De all que no pueden perderse los hilos que conectan las transformaciones de mediano plazo (pues ya el largo plazo es la muerte asegurada para las generaciones venideras, bajo las condiciones dominantes) con las transformaciones inmediatas.

Cuando se analicen los resultados electorales por-venir (En Brasil, Argentina o Venezuela), los "gobiernos progresistas" y sus "partidos en el gobierno", estarn tentados a echarle la culpa a la inmadurez de las masas populares, si los resultados les son adversos. Esto expresa que les cuesta mirarse en el espejo, mirar la paja de su propio ojo. En Venezuela se construy una frmula que nunca logr aplicarse a fondo: revisin, rectificacin y reimpulso . Las llamadas 3R siguen siendo, como otras frmulas innovadoras: letras muertas . La llamada "contralora social" sigue atada de manos frente al poder de las burocracias recin instituidas. En algn momento, el pueblo organizado se sacudir este yugo .

La gran victoria de los primeros aos, fue construir formas de nacionalismo popular progresistas que podran podra evaporarse, si las dirigencias no advierten que el burocratismo, la arrogancia, las corruptelas y su carencia de voluntad radical transformadora, son la condicin de posibilidad para el reflujo revolucionario.

El nacionalismo popular progresista , puede devenir en mascarada de nacionalismo burgus , sin nada que ver con las luchas anti-capitalistas. Justamente, all reside el impasse del anlisis concreto de la realidad concreta de nuestro tiempo. El socialismo radical es incompatible con el mantenimiento de frmulas cada vez mas desgastadas, como el keynesianismo de izquierda o el viejo guin populista.

Por tanto, el imaginario social radical puede postular la significacin histrica de un retorno reflexivo y crtico a la democracia socialista de consejos del poder popular , acto pertinente para salir de este impasse, as sea como horizonte regulativo. Construir el "doble poder" junto y a pesar de algunas fracciones conservadoras de los "gobiernos progresistas".

Un retorno crtico (no religioso ni doctrinario) a Marx, puede despejar algunos principios del horizonte de libertad y liberacin , para impulsar nuevas formas de pensamiento y accin contra-hegemnicas de signo claramente socialistas.

Incluso, un reconocimiento de las aristas libertarias del propio Marx, ms all de la primera divisin de aguas entre marxismo y anarquismo, podra revitalizar un horizonte utpico que es licuado en el seno de las representaciones dominantes de la burocracia gubernamental:

" El Estado es un rgano de dominacin de clases, un rgano de opresin de una clase por otra, es la creacin del orden que legaliza y afianza esta opresin, amortiguando la lucha de clases. El proletariado slo necesita el Estado temporalmente. Nosotros no discrepamos en modo alguno con los anarquistas en cuanto al problema de la abolicin del Estado como meta final. Lo que afirmamos es que para alcanzar esta meta es necesario el empleo temporal de las armas, de los medios del Poder del Estado para emplearlos contra los explotadores. Para destruir las clases es necesaria la dictadura temporal de la clase oprimida ".

Tanto Marx como Engels fueron marcados por la posibilidad (de cuo Saint-simoniano) de pasar de una nocin del Estado como gobierno sobre los hombres, a una posible administracin de las cosas. Para ellos, el trnsito post-capitalista pasaba, en trminos generales pero admitiendo algunas variaciones histricas, por un "pueblo trabajador en armas" y por una "dictadura temporal de la clase oprimida". Comparando estos enunciados, podemos analizar cun lejos estn las "nuevas elites progresistas" de la vieja teora revolucionaria. En las actuales circunstancias, podramos hablar de las implicaciones de semejante posicin para referirnos al bio-poder y a la bio-poltica. Sin embargo, Marx expres una vitalidad de la voluntad radical de la que carecen los "eunucos progresistas", incluso si asumimos cualquier sublimacin mnima de las enunciados-consignas referidas, al "empleo temporal de las armas" y de "dictadura revolucionaria".

Por otra parte, la palabra asociacin en Marx, aparece conjuntamente con la posibilidad de imaginar un entramado de productores libremente asociados. As mismo, la crtica a la veneracin supersticiosa del Estado , es justamente la raz del problema de alienacin poltica. En el fondo, En Marx y Engels hay analogas entre la alienacin religiosa y la alienacin poltica: "En el Estado toma cuerpo ante nosotros el primer poder ideolgico sobre los seres humanos ". A los estadolatras no les gusta que se les recuerde esta frase:

Siendo el Estado una institucin meramente transitoria, que se utiliza en la lucha, en la revolucin, para someter por la violencia a los adversarios, es un absurdo hablar de Estado popular libre: mientras que el proletariado necesite todava del Estado no lo necesitar en inters de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejar de existir. Por eso nosotros propondramos remplazar en todas partes la palabra Estado por la palabra comunidad (Gemeinwesen), una buena y antigua palabra alemana equivalente a la palabra francesa Comuna. (Carta de Engels a Bebel-1875)

El poder popular y comunitario ser uno de los eslabones claves para desplazar el nfasis desde la tesis de la lucha por los gobiernos progresistas, hacia las fuerzas sociales y polticas contra-hegemnicas. Desde all, se construirn las bases materiales, institucionales y simblicas de sociedades de transicin al socialismo. Este giro radical exige replantear s los marcos jurdicos e institucionales existentes, slo permiten profundizar en un paradigma renovado de socialismo democrtico, o incluso interrogarse si se desea luchar por algo ms radical que esto, lo que implica analizar si el eslabn clave de un trmino que no entusiasma (socialismo democrtico), es justamente una revolucin permanente por la democracia socialista .

Marx y Engels, en el prlogo de la edicin alemana de El Manifiesto, 24 de junio del 72, aadieron: "La Comuna ha demostrado, sobre todo, que la clase obrera no puede simplemente tomar posesin de la mquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines ". Tambin Marx y Engels escribieron en "El Manifiesto Comunista" en el contexto del siglo XIX europeo:

" Sustituir la mquina del Estado, una vez destruida, por la organizacin del proletariado como clase dominante, por la conquista de la democracia. El proletariado se valdr del Poder para ir despojando paulatinamente a la burguesa de todo el capital, de todos los instrumentos de la produccin (...) Tan pronto como, en el transcurso del tiempo, hayan desaparecido las diferencias de clase y toda la produccin est centrada en manos de la sociedad, el Estado perder todo carcter poltico. "

Sin una democracia de la multitud popular, del pueblo trabajador como composicin de clase polticamente gobernante, para Marx y Engels, era poco probable transicin alguna al post-capitalismo. En este punto quisiramos aclarar que, en cuanto a la abolicin de la organizacin de la sociedad en su forma jurdico-poltica, de lo que se trata (para Marx-Engels) es de superarla, ya que se intentaba establecer una forma de democracia acorde con la hegemona de las clases populares.

En este sentido, la primera alusin a este tema se encuentra en el Miseria de la Filosofa: () La clase trabajadora sustituir, en el curso de su desarrollo, a la antigua sociedad civil, una asociacin que excluir las clases y su antagonismo, y no habr ms poder poltico propiamente dicho ().

En el Manifiesto se encuentran los siguientes enunciados: Si el proletariado, en la lucha contra la burguesa, se constituye necesariamente en clase, por medio de la revolucin se transforma a s mismo en clase dominante y, como tal, destruye violentamente las viejas relaciones de produccin, suprime, junto con estas relaciones de produccin, tambin las condiciones de existencia del antagonismo de clase y las clases en general, y por consiguiente tambin su propio dominio de clase.

A mediados del siglo XIX, el elan revolucionario era la destruccin violenta, la supresin de las condiciones de existencia del antagonismo de clase. Las revoluciones pacficas del siglo XXI parecen devoradas por la economa del humanitarismo filantrpico , ya mencionado en Miseria de la filosofa. Fue Kennedy el que coloc la guinda para comprender esa suerte de pasaje entre revoluciones pacficas (comprendidas estrechamente como reformas tipo alianza para el progreso), y las revoluciones violentas (la vieja consigna de la contencin del comunismo).

El asunto es ms complejo. En la medida en que no se abran las compuertas a las revoluciones democrticas y socialistas, en medio de condiciones donde se hace patente el magma de la exclusin social, las opresiones mltiples y la negacin cultural, se incubarn factores latentes de "violencia poltica". O se avanza en la democracia social de participacin ampliada de las clases populares , o desde el mundo de vida de lo popular, se abrirn escenarios de lucha armada .

De all que seguimos planteando como "horizonte regulativo", que se trata de superar esta forma de organizacin jurdico-poltica llamada forma-Estado capitalista, que la forma-Comuna puede ser una forma poltica expansiva e incluyente , mientras todas las precedentes formas de gobierno han sido unilateralmente represivas. Es decir, que las diferentes formas que puedan construir el socialismo, buscarn ser ms democrticas que las actuales formas capitalistas de la organizacin de la sociedad. All se juega la posibilidad misma de la democracia socialista .

Karl Marx describi en su texto: La Comuna de Paris, los errores cometidos por la clase proletaria en su tarea de gobernar a los franceses y tambin cmo se debera haber actuado. Relat que tras conseguir el Poder, el proletariado no tuvo que dejar intacta la maquinaria del estado existente, sino que debi eliminar, sin pausas y a grandes pasos, las estructuras e instituciones de la burguesa ; es decir llevar a cabo, desarrollar, el proceso poltico hasta su ltima instancia, alcanzando la "extincin del Estado burgus".

Justamente, es este horizonte de libertad y liberacin , el que pretende enterrarse por parte de los nuevos socialismos estado-cntricos y sus "gobiernos progresistas". En vez de suponer la radical democratizacin del Estado, como precondicin de la abolicin futura del Estado, plantean tcitamente el fortalecimiento por la va de la concentracin jerrquica y vertical del poder en manos del aparatos-partidos-Estado. Un retorno a la falacia del populismo o del estalinismo en clave tropical.

Por tanto, ni el Estado ni la Constitucin existente son ms que variables, no axiomas inmodificables. Deca Rosa Luxemburgo:

Cada Constitucin legal es producto de una revolucin. En la historia de las clases, la revolucin es un acto de creacin poltica, mientras que la legislacin es la expresin poltica de la vida de una sociedad que ya existe. La reforma no posee una fuerza propia, independiente de la revolucin. En cada periodo histrico la obra reformista se realiza nicamente en la direccin que le imprime el mpetu de la ltima revolucin, y prosigue mientras el impulso de la ltima revolucin se haga sentir. Ms concretamente, la obra reformista de cada periodo histrico se realiza nicamente en el marco de la forma social creada por la revolucin. He aqu el meollo del problema. (Luxemburgo: Reforma o Revolucin)

Sin embargo, en desacuerdo parcial con la Rosa Roja, no todas las Constituciones nacen de revoluciones. Sera necesario corregir la afirmacin: nacen de actos de poder, tanto de revoluciones, golpes de timn como de contra-revoluciones. No existe una lnea histrica progresiva de revoluciones triunfantes. Hay marchas y contra-marchas, hay flujos y reflujos, hay tendencias al Socialismo, pero hay contra-tendencias hacia la Barbarie (Tambin el Pinochet paranoico-agresivo y su derecha histrica, hicieron su Constitucin a la medida).

II.- Momento del llamado principio de realidad (Freud) o de rendimiento (Marcuse):

Marcuse dira que todo realismo encierra una claudicacin de la Utopa. De all que en Mayo 68 se planteaba: "seamos realistas, pidamos lo imposible". Sin embargo, exigir realismo es parte de una identificacin con lo existente; es decir, con los que se ha hecho dominante. La conexin entre Reforma, Revolucin y Constitucin nos es til para enfatizar en la siguiente idea: en cada perodo histrico la obra reformista se realiza nicamente en la direccin que le imprime el mpetu de la ltima revolucin, y prosigue mientras el impulso de la ltima revolucin se haga sentir . Con un suplemento, cuando la Constitucin es obra de un poder constituyente originario . El problema de la relacin entre Socialismo, Revolucin y Constitucin se concentra all.

Cules son los principios y disposiciones para la produccin legislativa, que utilizando el impulso constituyente, pueden delinear o edificar en concreto las formas o modelos de socialismo democrtico-radicales y participativos para Venezuela ?

Cuando se habla, por ejemplo, de pueblo legislador se omite lo esencial: el pueblo constituyente , el pueblo que hace efectivamente revoluciones, no desde el parlamento burgus, sino desde la conjuncin de fuerzas extraparlamentarias y parlamentarias, ejerciendo de manera directa la soberana popular .

Soberana popular que al mismo tiempo se enfrenta al reconocimiento de la diversidad popular, a la unidad y diversidad del pueblo-multitud . Democracia social y participativa, ciertamente, pero a la vez democracia sin liquidar diversidades . Sin concesiones con la derecha capitalista, ni al espritu jacobino de la unificacin desptica . Algunos observan, con cierta razn, que al constitucionalizarse la revolucin se entr en un momento reformista. Se entr de lleno en el "principio de la realidad instituida", con un tcito repudio a la potencia constituyente. Continuemos.

El apego apasionado a la Constitucin de 1999 en Venezuela, por ejemplo, conduce a varios horizontes, con lmites claramente precisables. En el mejor de los casos: a construir instituciones para impulsar una mayor y mejor democracia participativa, as como formas de economa mixta con un fuerte sector de economa social, popular, alternativa y comunal. Es prcticamente imposible imaginarse esa tarea sin poder popular, sin protagonismo del pueblo trabajador y de las clases populares.

En el peor de los casos: puede darse alguna variante de socialdemocracia reformista con enclaves liberales ; bajarle la mecha de intensidad a la democracia participativa, hasta convertirla en una vieja democracia de elites o cogollos . Esto lo puede hacer una coalicin poli-clasista dirigida por sectores medios con una prctica reformista, acorde con el guion de " movilizar a los de abajo para tomar el poder, y conciliar a los de arriba para mantenerse en el mismo ". Ambas opciones estn presentes en la Constitucin de 1999.

El apego apasionado a la Constitucin de 1999 no permite ni una vuelta de tuerca hacia la derecha neoliberal , ni los saltos de garrocha del socialismo leninista , propio de los manuales con marca URSS. Menos an, es posible la opcin del calco y copia del Despotismo Burocrtico con sus eufemismos: Estado obrero con deformaciones burocrticas . Aqu Bruno Rizzi tena razn frente a Trotsky: Colectivismo Burocrtico , algo no imaginado por Marx ni Engels.

La Constitucin de 1999 no permite estos vuelos de la izquierda de tradicin bolchevique. Pero abre otras compuertas. Quien olvide u omita deliberadamente el papel protagnico del espritu constituyente, huele a reforma sin horizonte de revolucin . La construccin del socialismo de la propiedad social, colectiva o comunitaria, de la democracia directa , en el caso de Venezuela, se encuentra frente a dilemas cargados de tensiones, confusiones y ambivalencias. Uno de sus dilemas es desenmascarar dimensiones de autoengao: no hay lneas de tendencia dominantes que se muevan en la direccin de la democracia participativa de signo socialista, sino hacia viejos formatos de populismos de izquierda y/o socialismos de marca burocrtica ya conocidos . All reside parte de la decepcin y desaliento de algunos sectores.

Se ha instalado para algunos colectivos, una clsica situacin de doble vnculo , que solo se puede romper, con la intervencin de una multitud popular: movimientos sociales, populares, barriales y de los pueblos originarios, que derrumben los muros del burocratismo, la ineficiencia, la corruptela, el cogollo y la nomenclatura de privilegiados (de la revolucin, obviamente). Los chantajes morales, la manipulacin culposa o el uso poltico de miedos y vergenzas, en estas circunstancias, estn a la orden del da. - Pero, se mueve -, dira Galileo.

El gran drama existencial de los revolucionarios re-convertidos en altos funcionarios, es justamente un asunto de mantenerse en el poder-sobre-otros , amasando privilegios, y a la vez arengando para una revolucin que termina siendo re-interpretada desde abajo como revolucin truncada, traicionada o confiscada . Cuando se desenmascara el espectculo-comandado desde arriba, la evaluacin de tal revolucin, interpela a quienes ocupan cargos de responsabilidad en la direccin poltica. La nomenclatura de privilegiados comienza a dudar si no ser mejor, asumir el nuevo rol de clases econmicamente ascendentes y polticamente conservadoras. Dijo usted revolucin? Llammosla ahora: "revolucin institucional" (PRI dixit ). Se enfrentan a una clsica "incongruencia de roles y status" y a nuevas "posiciones de sujeto". Generalmente, terminan en las filas de la nueva clase dominante. Como evitarlo?

Sabemos que el modelo de revolucin leninista condujo desde temprano a la prefiguracin del despotismo burocrtico, primero en el partido-aparato, luego un Estado con deformaciones burocrticas, consolid un rgimen poltico-econmico-cultural desptico, por mltiples condiciones, razones y decisiones que conviene dilucidar. All tambin surgi una nueva capa dominante. Se institucionaliz el partido-nico, junto a un Estado muy poco democrtico con exuberantes deformaciones burocrticas, dominado por un cogollo-camarilla, condiciones propicias para no hacer ningn modelo de socialismo basado en todo el poder a los soviets. De "todo el poder a los soviets" se pas a "todo el privilegio a la nomenclatura".

Luego, eso de Estado de todo el pueblo de la Constitucin de 1936, era el Estado de la camarilla dcil del partido-nico dominado por Stalin: la famosa nueva clase y su a la postre tentacular nomenclatura privilegiada. Sabemos hoy que Trotsky se qued corto en su crtica presente en La Revolucin Traicionada, texto ejemplar para comprender engaos y auto-engaos. De nuevo, cmo evitarlo?

Una solucin ha sido dibujada en el texto de Marx: La Comuna de Paris. Si parece muy radical, habr que inventar nuevas modalidades de control social y popular para evitar la institucionalizacin de nuevos privilegios (ustedes recuerdan aquella finta llamada "Ley de emolumentos?). Entre las 3R y la famosa "Ley de emolumentos" se puede trazar una balada de "pasos en falso". Mientras tanto, el espectculo-comandado aparenta poder continuar ad infinitum .

En cambio, una transicin democrtica al socialismo en las actuales circunstancias, implica inevitablemente un contenido democrtico del socialismo que concrete el control social y popular directo de muchas reas que aparecan como cotos vedados de la forma-Estado capitalista (Algo que Allende saba muy bien, y que fue aprovechado por una coalicin de centro-derecha para preparar las condiciones del Golpe junto al imperialismo norteamericano).

All se abre otro dilema poltico para tareas mucho ms sofisticadas y selectivas de neutralizacin poltica de los sectores golpistas, generalmente aliados a las conexiones del pentgono, junto a la neutralizacin de la desestabilizacin poltica, econmica, jurdica y meditica de fachada democrtica, que tambin saben utilizar el arte de las formas combinadas de lucha. Pero en el caso de los nuevos gobiernos progresistas o de socialismo "color rosa", el asunto es ms complejo: quien conspira contra el propio gobierno, son sectores del propio gobierno . Los grupos privilegiados del propio gobierno progresista acumulan poder a la sombra de la arenga revolucionaria, y asumen cualquier tctica para reforzar la tesis de que entre el dicho revolucionario y el hecho revolucionario, tiene que haber mucho trecho. Sin embargo, se hacen cada vez ms patticas las costuras de esta tctica de confiscacin o postergacin de la revolucin.

Una de las tcticas preferidas de estos grupos privilegiados es instigar a lo objetivamente imposible. Quemar a la revolucin en su propia radicalizacin. Empujan leyes incoherentes e inviables y "cocinan en su propia salsa" a los mpetus revolucionarios. De este modo, en vez de madurar condiciones, pudren la acumulacin de fuerzas. Habr entonces que volver a plantear obviedades? Que es til o no para la acumulacin de fuerzas de las actores-sujetos populares? Por all va la elemental sensatez: en cada medida, en cada acto, en cada decisin, en cada declaracin, evaluar si se acumula efectivamente fuerza en la red del actor-sujeto que llamamos multitud popular.

Para avanzar es preciso afinar y afirmar que los modelos de socialismo congruentes con las Constitucin de 1999, son variaciones ms moderadas o ms radicalizadas del socialismo democrtico , basado en una democracia participativa de alta intensidad . En vez de soar con una repeticin de la toma del palacio de invierno, el asunto es cmo mantener el espritu constituyente vivo, avanzando en la acumulacin de fuerzas alrededor de la democracia participativa de signo socialista .

Se trata de socialismo democrtico, de democracia socialista ? Muy bien, vamos a construir la red del actor-sujeto popular que encarne este proyecto de la multitud. En primer lugar, donde se ha construido la mediacin social-organizativa del pueblo trabajador ? No se trata slo de un "partido-plataforma de los trabajadores", de la lucha poltica del pueblo trabajador, que no puede sustituirse por ningn "partido poli-clasista de masas controlado por sectores medios ms menos radicalizados". No confundamos un movimiento anticapitalista de multitudes con una organizacin tipo APRA. Se trata adems de la unidad social-organizativa que lucha por los intereses econmico-sociales del pueblo trabajador antagnico al metabolismo social del Capital. Habla usted de una central unitaria revolucionaria como brazo industrial del mundo del trabajo? Donde est? Cuales sus actores, movimientos, corrientes?

En segundo lugar, Donde est la coordinadora autnoma de movimientos sociales y populares, para acumular fuerzas sociales bajo el paraguas de un proyecto socialista en construccin? Donde est? Donde est una coordinadora de colectivos barriales, que aglutine las expresiones organizativas, que haga efectiva una plataforma de movimientos sociales y populares como frente nico revolucionario? Y en ellas, que papel juegan los trabajadores intelectuales y de la cultura, los cientficos y artistas, los tcnicos y los promotores de los saberes populares. Donde est la animacin de revolucin cultural ms all de cuatro paredes y del poder del escritorio; en sentido literal de la Burocracia que administra polticas culturales? Donde estn las expresiones autnomas de los pueblos originarios, donde estn los colectivos afro-venezolanos, los colectivos estudiantiles, los movimientos campesinos, de mujeres, de diversidades sexuales?

La red del actor-sujeto que llamamos multitud popular para la democracia socialista no es una correa de transmisin poltica (en el mejor de los casos, como frente de masas), ni una correa de transmisin electoral (en el peor, ganado electoral activado para un ritual competitivo entre elites) por parte de un aparato-partido.

Es la multitud constituyente, el pueblo trabajador con sus expresiones organizativas autnomas, el acumulador de poder que encarna la posibilidad efectiva del socialismo democrtico, entendindolo como ejercicio de la democracia de consejos del poder popular. Con centros de direccin poltica y social, con articulaciones necesarias para consolidar de modo estable una direccin colectiva de la revolucin. De abajo hacia arriba. Sin tanto paracaidismo impositivo de la disciplina de cogollo.

Si se pierde esta posibilidad histrica, ser por actos de poder de la derecha capitalista, o por la degeneracin populista en una partidocracia clientelar de corte personalista. La Constitucin de 1999 no permite ni nostalgias leninistas ni guevaristas, en funcin de edificar instituciones bajo sus parmetros ideolgicos. Tampoco nada de Stalinismo ni de Maoismo. El socialismo democrtico es su contenido y lmite, guste o no guste. Cualquier otra opcin pasa por activar el poder constituyente originario .

El impulso constituyente de 1999 no da sino para formas de socialdemocracia revolucionaria maximalista (socialista y democrtica de verdad-verdad) o reformista-minimalista (el populismo de izquierda o el reformismo socialdemcrata). Basta leer la Constitucin para reconocer hasta donde es posible estirar los trminos . Si se desea otra cosa distinta al marco de las disposiciones fundamentales , habr que re-posicionar la dialctica constituyente-constituido . Pues cualquier lectura atenta del Estado social y democrtico de derecho y de justicia , sabe lo que significan los lmites polticos de esta forma-Estado . Obviamente desde all, no es posible establecer ninguna mediacin concreta para la frmula marxiana de la "abolicin del Estado". Desde all, podremos hacer deconstrucciones, hermenuticas, crtica de las ideologas, pero como ha planteado Eco, hay lmites en la interpretacin, donde se juegan agenciamientos sedimentados en tradiciones, y actos de poder, que pueden terminar en decodificaciones aberrantes. Ni la estrategia deconstructiva permite que la democracia social se confunda con el Estado de todo el pueblo a lo Stalin.

Por tanto, si se tratase de una revolucin democrtica y socialista, el asunto ira no por el sendero de un pueblo legislador, como consigna hueca de multitud popular, sino que ira a favor del viento de la Constituyente que se asoma . Pueblo-multitud constituyente de la democracia de consejos , comunas, propiedad colectiva, de efervescencia revolucionaria , de asambleas populares permanentes , de democracia directa, autogestin, radios prensas y medios alternativos-comunitarios, de contra-cultura, de movilizacin festiva para construir otro mundo posible, de revolucin del cuerpo y la palabra, de tantos acontecimientos de enunciacin y apasionamiento, que serian parte de un tiempo transformacional .

Pero nada de eso. Aterricemos. El espectculo-comandado tiene dos grandes operadores: la derecha de siempre, y un movimiento nacional-popular progresista que se ha burocratizado en su cima , en nuevo cogollo, en nueva clase, en nomenclatura en slo 10 aos. Una "nueva clase boli-burguesa" que en medio de contradicciones con el movimiento popular, pretende controlar el nudo de las controversias en el seno de un partido calcado del modelo leninista (centralismo democrtico que teje siempre el centro poltico burocrtico ) pero sin una clara direccin colectiva revolucionaria. Un cogollo de privilegios, de poder e influencia enorme. De all muchas decepciones y malestares, que se manifiestan en cualquier registro de opiniones sobre el partido de la revolucin. Se abandon la potencia del movimiento-plataforma, y se recrean los encuadramientos sin mnimas auto-reflexiones crticas.

En este contexto, nos quieren convidar a votar. Honestamente, no entusiasman de alegra contagiosa, ni con el miedo a la amenaza real de la derecha histrica (que avanzar bsicamente por los errores del cogollo chavista), ni con la esperanza vaca de casi todo (pues el cogollo no ofrece sino su descomposicin grotesca, bloqueando mucho asociar los contenidos de la praxis socialista con algunas de las destacadas figuras de la direccin nacional, estadal y local del "proceso").

Hacia donde ira la transicin al socialismo? Esto slo lo decidir el pueblo-multitud. El espectculo centrado exclusivamente en el "mande-comandante" o en el partido vacio de democracia socialista y lleno de "disciplina de cogollo", en trminos generales, ha terminado.

Cualquier otra cosa que una nueva constituyente creando sus condiciones de ventaja poltica para una revolucin socialista, por ahora, sera una rectificacin indispensable para aclarar los trminos del Socialismo Democrtico (Ahora Chvez habla de socialismo democrtico, y la autodenominada izquierda revolucionaria autntica en el seno del chavismo, los llamados leninistas de partido-nico, no lo acusan de reformista. Para ellos sera slo una inteligente maniobra de distraccin del Comandante-Presidente). Cada grupsculo tiene derecho a construir sus propios fantasmas colectivos.

Sin embargo, aparecen sntomas del reflujo revolucionario. Las palabras no son neutras. No se puede abusar de la confusin ideolgica, combinada con la ineficiencia en la resolucin de demandas sentidas del mundo popular, con una devaluacin mucho peor que de la dimensin cambiaria, llamada devaluacin de la pasin revolucionaria . Nadie ama por simple obligacin o disposicin administrativa. Esto termina significando aquella tesis que transfigura la pasin revolucionaria en conciencia administrada del deber social. Una tica, una esttica, una afectividad para la liberacin no se reduce a un simple dispositivo de moralina, calcada de los axiomas de los pastores de rebaos.

Cmo se junta el socialismo democrtico enunciado por Chvez, por ejemplo, con el guevarismo de unos, con el estalinismo de otros, con el populismo rampante, con la decadencia de las corruptelas? Tal vez, Antonio Aponte, o directamente Valderrama, podra darnos la respuesta.

En algo estamos de acuerdo con nuestros idelogos del socialismo autntico. En el peor de los escenarios, la indefinicin socialista podra entrampar interminablemente con elasticidades semnticas, con aberraciones interpretativas, generando ms confusin ideolgica en el terreno legislativo, apelando a recursos desgastados, a excesos de hermenutica constitucional, o al pattico trfico de influencias y sentencias, que reforzar el devenir del proceso a la dependencia a judicializar la poltica , tctica que tender a agotarse por entropa de la semitica jurdica (se les ver cada vez ms el mogote a los signos discordantes), confundiendo reforma con revolucin, y a ambas con decadencia.

Tambin deca Luxemburgo: Va en contra del proceso histrico presentar la obra reformista, como una revolucin prolongada a largo plazo y la revolucin como una serie condensada de reformas. La transformacin social y la reforma legislativa no difieren por su duracin sino por su contenido. El secreto del cambio histrico mediante la utilizacin del poder poltico reside precisamente en la transformacin de la simple modificacin cuantitativa en una nueva cualidad o, ms concretamente, en el pasaje de un periodo histrico de una forma dada de sociedad a otra.

Nuestro punto de vista es, no una afirmacin de un proyecto deseado, sino un anlisis de la posibilidad histrica objetiva : desde la Constitucin de 1999 es posible construir por variedad en los lmites, no cualquier modalidad de socialismo, sino aquellas basadas en la democracia social y participativa de profundo protagonismo popular ; en fin, estilos de socialismos democrticos y participativos , de economa mixta con un fuerte sector de economa social, popular, alternativa y comunal , que tendr relaciones con el sector pblico, con el sector privado, y con las intrusiones de la tendencias contradictorias de la economa mundial.

Obviamente, esto puede desilusionar a algunas inercias ideolgicas: bolche-trotskistas, guevaristas a lo MIR-histrico, estalinistas o maostas de cualquier ralea o pelaje. Pero la desilusin nace si la Constitucin es un lmite infranqueable , si lo jurdico se impone a lo poltico.

La otra va son los poderes creadores del pueblo-multitud-constituyente ; e incluso, otras opciones (para m descartables), como re-activar el leninismo insurreccional, la guerra popular prolongada o la mitologa guerrillera. Si este ultimo fuese el caso, se pasara de facto de una revolucin democrtica, electoral y pacfica, a una revolucin socialista en los trminos ms clsicos.

Hay que sealarlo sin pudores: las formulaciones contenidas en aquel impulso revolucionario (1999) no dan ms all que para formas de socialismo democrtico renovados por la democracia participativa, radical y plural, una economa mixta que reconoce la coexistencia de la propiedad privada (art.115) con la propiedad colectiva (art. 308), pero que no confunde la economa social, popular, alternativa y comunal con una variante del estatismo autoritario . Una economa mixta de signo socialista que tendr una compleja y tensa relacin de antagonismo con los monopolios pblicos, privados y transnacionales. En este marco jurdico-poltico, tambin la oposicin capitalista, tratar de diluir los potenciales transformadores , optando por desempolvar el imaginario del capitalismo democrtico de bienestar .

En este contexto, la tensin explosiva est presente en cada paso que se da, en cada declaracin contradictoria, en cada medida ejecutiva, en cada iniciativa legislativa, en cada decisin jurisdiccional. Si se quiere agarrar el toro por la raz, el asunto esta en clarificar sin medias tintas la relacin entre Democracia y Socialismo en Venezuela . A los camaradas que descalifican esta posicin llamndola reformista, no queda ms que decirles: no es posible meter el enorme genio del Che, de Lenin o Trotsky en los lmites de sta Constitucin de 1999.

El resto son puros actos de poder o constituyentes de facto. Pues son las propias contradicciones de la edificacin del socialismo bolivariano las que estn generando problemas auto-inducidos. Por ejemplo, cmo se asimila eso de Socialismo democratizando la propiedad privada, pero a la vez se dice que se construye un partido anticapitalista y marxista? Por que no avanzan las reformas de cdigo de comercio, las leyes de propiedad social, de comunas, de economa social, popular, comunal o alternativa? Con alguna roca dura nos habremos topado. Por ms recurso al argumento de las etapas. Vaya usted a saber como se asimila el populismo con el guevarismo, un toque de keynesianismo, y cuando haga falta, una que otra devaluacin de signo neoliberal, en nombre de Carlitos Marx!

A Carlos Andrs Prez se le endosa la frase: Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. Ya salimos del beso mortal del FMI. Triste y pattico sera estar frente a un gran extravo de la revolucin bolivariana, que culmine en un oxmoron todava ms pattico: lo uno y lo otro y todo lo contrario. Sera el Beso mortal del estatismo autoritario. Seamos optimistas. Aqu en Venezuela sucede lo imposible: las cucarachas vuelan tan rpido como un colibr. El debate sigue, pues, abierto.


Fuente: http://saberescontrahegemonicos.blogspot.com/2010/07/estadolatras-me-permiten-disentir.html



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