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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-07-2010

Las mximas del patriota

JF-Cordura
El blog de Cordura


Que te libren tus dolos cuando clames!, pero a todos ellos se los llevar el viento, un soplo los arrebatar; mas el que en m confa tendr la tierra por heredad y poseer mi santo monte.
(Isaas 57: 13).

Lo ms significativo del fervor patritico-futbolero de estos das no son los incidentes habidos, muertes incluidas. Ni las celebraciones ruidosas y chabacanas, con algn jurgolista metido a 'showman' a pesar de su escasa gracia. Ni el escupitajo de Piqu. Ni los pechos al aire en la Gran Va de no s qu famosa de la tele. Ni siquiera creo que lo sea el propio hipernacionalismo espaolista, tan absurdo, desatado estos das, con una (indita) profusin de banderitas, an visibles aqu y all.

Lo ms significativo ha sido la alegra, o mejor dicho, la desmesura de la misma. Demasiada por tan poco. Mucho ruido para tan pocas nueces (o es que son muchas nueces meter ms bolas por una puerta que los rivales?). Es cierto, segn todos los expertos nacionales y extranjeros, que Espaa jug bien (y que, por ello, necesit recurrir menos al juego duro que otras selecciones). Es probable que fuera la mejor. Pero esto, reconzcase, no hace ms relevante el motivo de fondo (el relativo a las bolas). Y acaso la celebracin hubiera sido menor si Espaa hubiera ganado injustamente?

La desmesura en cuestin refleja muchas frustraciones ocultas, pero quiz tambin numerosas huidas hacia delante. En tamaa explosin de alegra, orgsmica, hay que ver un alto grado de insatisfaccin latente que busca colmarse por la va hedonista. A la vez, un ansia de pertenencia e incluso de inmanencia (la disolucin en el Uno-Todo es siempre la aspiracin ltima, consciente o no, de quien no aguanta ms su condicin de individuo). Sed de absolutos y autoengaos masivos. Carnaza de la buena en la Era Neorreligiosa.

La sociedad espaola estaba ms al lmite de lo que muchos crean. Pero eso la hace ms madura para la tirana emergente. La idolatra que en estas semanas estamos presenciando gracias al xito jurgolero confirma, para quien tuviera dudas, que la ilustrada Modernidad est muerta y enterrada. Incluso la Posmodernidad, pues nuestro tiempo lo preside ya firmemente un determinado espritu irracional y religioso (por desgracia, en el peor sentido de la palabra). Espaa nos une, hemos ledo en otro blog. La seleccin, (supuesto) cemento cohesionador de una nacin con una unidad histricamente precaria, llega a suplantar a la nacin misma (ver, ms abajo, el punto 7 de Las mximas del 'patriota'). Esa adoracin por la bandera yo no la he visto nunca antes, osa declarar, y no precisamente como crtica, una conocida periodista, ya veterana. Adoracin (se le escap?), de eso se trata. Por increble que parezca. Adoracin de una bandera y de unos dolos heroicos que se pasearon en carroza por el centro de Madrid (pero, acaso no lleg a crearse aos atrs hasta una religin en honor a un jurgolista, quiz el mejor de la historia?). Adoracin como ebriedad arrodillada, como sustitutivo de la mediocridad y el fracaso cotidianos, como dulce evasin y fusin con el Todo supremo encarnado en sus mejores avatares.

Pagana desmesura. En las lneas siguientes nos concentraremos en una de las principales consecuencias de la misma, la ms instrumentalizable polticamente: esa manifestacin de patriotismo en su versin ms visceral y epidrmica. El guiado por el deber (de oculta matriz totalitaria) de identificarse, idoltricamente, con la Patria. Sin ms. Pero que, debidamente manipulado, puede servir de base para la ms atroz subordinacin al Poder. Para la definitiva prdida de nuestra condicin de ciudadanos.

Para leer el texto ntegramente: http://lacomunidad.elpais.com/periferia06/2010/7/16/las-maximas-del-patriota-



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