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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-07-2010

Desmontaron la carpa

Joxean Agirre Agirre
Gara


El circo mundialista, con el pretexto del ftbol, cerr sus pistas el pasado domingo, dejando en Sudfrica divisas, basura y un aluvin de ancdotas relacionadas con la mercantilizacin del deporte y el endiosamiento de un puado de millonarios con espinilleras. Por no dejarme nada en el tintero o apuntarme al discurso faciln del intelectual anaerbico, reconocer que el espectculo del deporte popular por excelencia no me provoca arcadas; es ms, me alegra que la Real haya subido a Primera Divisin, y me gusta ver a Messi correr con el baln pegado al pie. Pero ni la alegra ni el gusto aludidos forman parte de mis preocupaciones.

S me preocupa el desbordamiento de las emociones patriticas que han inundado buena parte de nuestros pueblos y barrios con el pretexto de la victoria final de la roja. No he sentido la tentacin de transmutarme en alemn ni en holands y, ms all del fair play deportivo, tampoco me importa un pimiento que sea la seleccin espaola la que haya ganado el Mundial. Por mucho que la hinchada espaola tenga mal perder y peor ganar, el que vibre con los goles de Villa y las paradas de Casillas, tena motivos sobrados para celebrarlo; en su casa o en la calle.

De hecho, el que la exaltacin patritico-futbolera haya llegado hasta esos extremos de paroxismo colectivo tiene una sencilla explicacin sociolgica: la necesidad de amplias capas sociales de identificarse con los ganadores, de sumarse a una colectividad exitosa y de dejarse llevar por la turbia riada que han expandido los principales medios de comunicacin. Es gratificante reivindicarse de la mayora y actuar en consecuencia, perdiendo en el camino las dudas, los problemas y la propia personalidad.

Concejales del PP de Bizkaia se fotografiaron junto a la estatua del lehendakari Jos Antonio Agirre, ubicada en la calle Ercilla de Bilbo y, no contentos con su gesta, se vanagloriaron de ello en Facebook. Cientos de niatos con banderas espaolas se concentraron en los aledaos de sus rutas de alterne de las capitales, e incluso llegaron a confraternizar con la Guardia Civil, como fue el caso de Donostia, en donde espontneos se encaramaron a los ptrols para vitorear a Espaa y a la Benemrita. Lo sorprendente no es que estas hazaas acontezcan en ciudades en donde el peso electoral del espaolismo es superior al del sentimiento nacional vasco. Si hay algo que debe ponernos en alerta es la aceptacin en el plano de la normalidad social de exhibiciones de nacionalismo espaol en nuestro territorio, por lo que ste comporta de negacin y represin de otras identidades y aspiraciones nacionales.

Esas manifestaciones de felicidad deportiva son, en Euskal Herria, reflejo o prolongacin del avance poltico e institucional del espaolismo? No me atrevo a ser categrico en ningn sentido, pero no me cabe la menor duda de que son respuestas a un estmulo poltico y a un trabajo ideolgico concienzudo del estado. Sentirse espaol o vasco sera un ejercicio igualmente legtimo si no fuera porque Espaa, como concepto institucionalizado, niega y pisotea a Euskal Herria: tanto el concepto como su materializacin poltica. En eso consiste el orgullo patrio espaol por excelencia, desde los tiempos de la colonizacin de Amrica, pasando por los aos en que asesinar rifeos o mambises era deporte nacional, o cuando decenas de millares de personas aclamaban al caudillo en la Plaza de Oriente madrilea. Por entonces lo rojo se denominaba colorado, pero el gesto autoritario y faccioso asociado al escudo, la bandera, el himno y la espaolidad era casi idntico.

El Mundial termin, regresaron los hroes con la cuenta corriente chorreando euros, y el desmantelamiento de la carpa meditica ha sumido a Espaa en su verano de crisis, paro galopante y fiasco del modelo de estado. Obligados a reinventarse, los parados hablan de ftbol en la cola del INEM.

Ese mismo fin de semana, en cambio, el espaolismo se encontr con una marea humana en Barcelona y miles de vascos en Donostia que escenificaban el bye, bye Spain de manera contundente. Sin pretender quitarle importancia o valor poltico a aquellas manifestaciones, s creo que hay que hacer bastante ms para aflojar la tenaza que el Tribunal Constitucional y todo el sistema institucional espaol suponen para nuestros pueblos. Dicho de otra manera, la movilizacin popular, sea estrictamente poltica o reivindicativa, o deportivo-patritica, es una manifestacin peridica o constante que precisa de un complemento ineludible: la conquista progresiva del poder. El Estado espaol lo tiene, y es omnmodo; en Euskal Herria y en Catalunya las fuerzas soberanistas se muestran capaces de articular mayoras y de movilizar a la sociedad, pero an estn lejos de visualizar el estado vasco o cataln como un estadio accesible. El poder es espaol o espaolista, y la fuerza del contrapoder independentista es pequea. Hay que replantearla.

En un escenario de crisis generalizada, la vertebracin autonmica de Espaa pasa por sus peores horas. El tiempo poltico actual es, por consiguiente, crucial para cuestionar de raz la estructura institucional que nos oprime. En el plano de los objetivos polticos, la creacin del estado vasco y el diseo de una estrategia capaz de articular mayoras es lo ms importante. Y la construccin nacional, en todos los mbitos, debe regirse por criterios de acumulacin y avance.

Siendo ms concreto, en lugar de enfundarnos la camiseta holandesa, trabajemos y activemos a jugadores y aficin en la consolidacin y oficialidad de las selecciones vascas; es mucho ms eficaz para luchar contra las incineradoras el llevar a la prctica un sistema alternativo de recogida y gestin de residuos urbanos; y el poder municipal, por su potencial cercana a la poblacin, por su condicin de referente institucional en anteriores estadios de la lucha soberanista vasca (Estatuto Vasco de Lizarra, Udalbiltza), es uno de los ejes, por excelencia, de ese avance al que me refera. Hay que concretar todo ese ideario alternativo.

La nica estrategia inasimilable para los estados no es la que tiene como aliento fundamental la respuesta fctica de los vencidos, como sostena en estas pginas el historiador Lorenzo Espinosa. La nica que les aterra, ms all del miedo personal de sus esbirros, es la que pone en tela de juicio su entramado de poder y dominacin. Y esa estrategia debe tener a una mayora poltica y social detrs, activada, confiada, ilusionada con un proyecto y una hoja de ruta clara bajo el brazo. Es una consecuencia a extraer de las experiencias de Argel, de Lizarra-Garazi y de Loiola. La idoneidad de los instrumentos, sea en la construccin nacional, sea en la confrontacin con los estados, viene determinada por la cantidad de fuerzas que consigamos liberar y organizar. Pero para ello, antes tenemos que hacer mudanza, y en eso est la Izquierda Abertzale: definiendo su estrategia, reforzando su cohesin, tejiendo alianzas, ofreciendo un proyecto consistente que aglutine una nueva mayora.

Han desmontado la carpa mundialista y los problemas reales de Espaa se abren paso en la actualidad. Euskal Herria sigue siendo el primero de la lista.

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20100718/210766/es/Desmontaron-carpa



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