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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-07-2010

Ms all de la violencia y de la no violencia
La cultura de la resistencia

Ramzy Baroud
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


La resistencia no es una banda de hombres armados empeados en causar estragos. No es una clula de terroristas que traman maneras de volar edificios.

La verdadera resistencia es una cultura.

Es una rplica colectiva a la opresin.

La comprensin de la verdadera naturaleza de la resistencia, sin embargo, no es fcil. Ningn byte informativo podra ser suficientemente exhaustivo para explicar por qu la gente, como gente, resiste. Incluso si una tarea tan ardua fuera posible, las noticias podran preferir no transmitirla, ya que se estrellara directamente contra interpretaciones dominantes de la violencia y de la resistencia no violenta. La historia de Afganistn debe quedar limitada al mismo lenguaje: al-Qaida y los talibanes. Hay que representar a Lbano en trminos de un Hizbul (Partido de Dios) amenazante, respaldado por Irn. Eternamente hay que mostrar a Hams en Palestina como un grupo militante que jura destruir el Estado judo. Todo intento de ofrecer una interpretacin alternativa equivale a simpatizar con los terroristas y justificar la violencia.

La refundicin deliberada y el abuso de la terminologa casi han imposibilitado prcticamente que se comprenda, y por lo tanto que se resuelvan realmente, sangrientos conflictos.

Incluso los que pretenden simpatizar con naciones en resistencia contribuyen a menudo a la confusin. Activistas de los pases occidentales tienden a seguir una comprensin acadmica de lo que sucede en Palestina, Iraq, el Lbano, y Afganistn. Por lo tanto ciertas ideas se perpetan: los atentados suicidas son malos, la resistencia no violenta es buena; los cohetes de Hams son malos, las hondas son buenas; la resistencia armada es mala, las vigilias frente a las oficinas de la Cruz Roja son buenas. Muchos activistas citarn a Martin Luther King Jr., pero no a Malcolm X. Inculcarn una comprensin selectiva de Gandhi, pero nunca de Guevara. Este discurso supuestamente estratgico ha despojado a muchos de lo que podra ser una comprensin preciosa de la resistencia como concepto y como cultura.

Entre la comprensin reduccionista dominante de la resistencia como violenta y terrorista y la desfiguracin alternativa de una experiencia cultural inspiradora y apremiante, se pierde la resistencia como cultura. Las dos definiciones preponderantes no ofrecen otra cosa que descripciones estrechas. Ambas presentan a los que tratan de transmitir el punto de vista de la cultura de la resistencia como si estuvieran casi siempre a la defensiva. Por lo tanto escuchamos repetidamente las mismas declaraciones: no, no somos terroristas; no, no somos violentos, realmente tenemos una rica cultura de resistencia no violenta; no, Hams no est asociado a al-Qaida; no, Hizbul no es un agente iran. Irnicamente, escritores, intelectuales y acadmicos israeles reconocen mucho menos que sus homlogos palestinos, aunque los primeros tienden a defender la agresin y los ltimos defienden, o por lo menos tratan de explicar su resistencia a la agresin. Tambin es irnico que en lugar de tratar de comprender por qu la gente resiste, muchos tratan de debatir cmo reprimir su resistencia.

Al hablar de resistencia como cultura, me refiero a la elucidacin de Edward Said de la cultura (como) una manera de luchar contra la extincin y el exterminio. Cuando las culturas resisten no intrigan ni juegan a la poltica. Tampoco maltratan con sadismo. Sus decisiones sobre si emprender la lucha armada o emplear mtodos no violentos, sobre si atacar o no a civiles, sobre si conspirar o no con elementos extranjeros, son todas puramente estratgicas. Tienen poca o ninguna relevancia con el concepto de resistencia en s. La mezcla entre los dos es manipuladora o simplemente ignorante.

Si la resistencia es la accin de oponerse a algo que se desaprueba o con lo que no se est de acuerdo, entonces una cultura de la resistencia es lo que ocurre cuando toda una cultura llega a esta decisin colectiva de oponerse al elemento irritante a menudo una ocupacin extranjera-. La decisin no est calculada. Se genera a travs de un largo proceso en el cual la conciencia de uno mismo, la autoafirmacin, la tradicin, las experiencias colectivas, los smbolos y muchos otros factores interactan de maneras especficas. Esto podra ser nuevo para la riqueza de las experiencias pasadas de esa cultura. Pero es en mucho un proceso interno.

Es casi como una reaccin qumica, pero incluso ms compleja ya que no siempre es fcil separar sus elementos. Por lo tanto tampoco es fcil comprenderla completamente y, en el caso de un ejrcito invasor, no se puede reprimir fcilmente. Es como trat de explicar el primer levantamiento palestino de 1987, que viv ntegramente en Gaza:

No es fcil aislar fechas y eventos especficos que desatan revoluciones populares. La rebelin colectiva genuina no se puede racionalizar a travs de una lnea coherente de lgica que cubra el tiempo y el espacio; es ms bien la culminacin de experiencias que unen al individuo al colectivo, su consciente y subconsciente, sus relaciones con sus entornos inmediatos y con lo que no es tan inmediato, y todo choca y explota en una furia que no se puede reprimir (My Father Was A Freedom Fighter: Gazas Untold Story)

Los ocupantes extranjeros tienden a combatir la resistencia popular mediante diversos medios. Uno incluye una cantidad variada de violencia dirigida a desorientar, destruir y reconstruir una nacin segn una imagen deseada (Lea La doctrina del choque de Naomi Klein). Otra estrategia es debilitar los componentes mismos que dan a una cultura su singular identidad y sus fuerzas interiores y as debilitar la capacidad de resistencia de esa cultura-. La primera requiere poder de fuego, mientras que la segunda se puede lograr mediante mtodos flexibles de control. Numerosas naciones del Tercer Mundo que alardean de su soberana e independencia podran, en realidad, estar muy ocupadas, pero debido a sus culturas fragmentadas y subyugadas a travs de la globalizacin, por ejemplo son incapaces de comprender la dimensin de su tragedia y dependencia. Otras, que podran estar efectivamente ocupadas, poseen a menudo una cultura de resistencia que imposibilita que sus ocupantes logren algunos de sus objetivos deseados.

En Gaza, Palestina, aunque los medios hablan interminablemente de cohetes y de la seguridad de Israel, y discuten quin es realmente responsable del mantenimiento de los palestinos como rehenes en la Franja, no se presta ninguna atencin a los nios que viven en carpas en las ruinas de las casas que perdieron en el ltimo asalto israel. Esos nios participan de la misma cultura de resistencia que Gaza ha vivido durante los seis ltimos decenios. En sus cuadernos de notas dibujan a combatientes con fusiles, nios con hondas, mujeres con banderas, as como tanques y aviones de guerra amenazantes de Israel, tumbas marcadas con la palabra mrtir, y casas destruidas. Por doquier, se utiliza constantemente la palabra victoria.

Cuando estuve en Iraq presenci una versin local de los dibujos de esos nios. Y aunque todava no he visto los lbumes de recortes de nios afganos tambin puedo imaginar fcilmente su contenido.

Ramzy Baroud (www.ramzybaroud.net) es un columnista internacionalmente reconocido y editor de PalestineChronicle.com. Su libro ms reciente es My Father Was a Freedom Fighter: Gazas Untold Story (Pluto Press, London).

Fuente: http://www.counterpunch.org/baroud07152010.html

rCR



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