Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn: 25 aos de su fallecimiento
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-07-2010

Teora y Prctica. La trayectoria intelectual de Manuel Sacristn Luzn
La intelectualidad europea de la segunda posguerra

Miguel Manzanera
Rebelin

Capitulo 2


1. El decubrimiento del 'otro' en la clase obrera victoriosa de la guerra (situacin cultural de la sociedad europea tras la experiencia histrica de la Segunda Guerra Mundial).

En la voz "Filosofa" escrito para la Enciclopedia Espasa -escrito en 1958 cuando ya militaba en el Partido Socialista Unificado de Catalua- Sacristn ha situado tres corrientes como las principales de la filosofa europea de la posguerra: el existencialismo, el positivismo y el marxismo; si bien el marxismo aparece disfrazado -las condiciones polticas no podan permitir probablemente otra opcin- junto con dos apartados ms: "El movimiento racionalista" y la filosofa de Teilhard de Chardin, bajo el nombre de "Filosofas de intencin cientfica y sistemtica" (SPMII, 171 y ss.).

Esto no es, desde luego, un mero disfraz. A veces las 'condiciones polticas' -por denominar con un eufemismo la brutal represin fascista, pero tambin para denominar ms ampliamente los condicionamientos de la necesidad poltica que muchas veces no deja expresar abiertamente lo que se dira de otro modo- obligan a adoptar formas de expresin que, por el rodeo que realizan para mostrar lo que se quiere decir, establecen mediaciones nuevas para la teora defendida y enriquecen su lenguaje y su alcance. Del mismo modo que la prctica proletaria, realizada en difciles condiciones de opresin, origina nuevas formas de institucionalizacin social que apuntan hacia una nueva sociedad. Es el caso de los Quaderni del carcere de Gramsci con sus valiosas investigaciones parablicas y sus aportaciones al lenguaje marxista. En el artculo de la Enciclopedia Espasa, al agrupar junto al marxismo a la corriente racionalista y a los cristianos progresistas, representados stos por Teilhard de Chardin, Sacristn muestra cules son por derecho propio los interlocutores privilegiados, y al mismo tiempo los aliados polticos por excelencia, del marxismo.

La descripcin por Sacristn de la filosofa en la Europa de los diez aos que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, se centra en las tres corrientes mencionadas; aparte hay algunos elementos secundarios que son mencionados colateralmente para completar la descripcin. Estas corrientes principales de la posguerra son: el existencialismo y corrientes afines, cuyo inters se centra en el anlisis del sujeto humano, y no de la realidad fsica, por ejemplo, ni el de los principios del conocimiento (SPMII 95); el positivismo y corrientes afines, reflexin sobre los procedimientos y la epistemologa de la ciencia y cuya crisis a mediados de los aos 50 recoge Sacristn; y el marxismo -adems de las filosofas de intencin cientfica y sistemtica-, este ltimo predominante en la U.R.S.S. y en el proletariado europeo desde la revolucin sovitica, y que Sacristn ve como heredero del humanismo europeo progresista.

Respecto del existencialismo, Sacristn subraya siguiendo a Copleston que todo pensamiento existencialista desemboca, con mayor o menor claridad, en una propuesta de conversin del hombre a determinada autenticidad (SPMII, 95). Dentro del existencialismo de mediados de siglo, Sacristn seala distintas corrientes, y cita como principales representantes a Karl Jaspers y Martin Heidegger en Alemania, Jean Paul Sartre y Gabriel Marcel en Francia y Nicola Abbagnano en Italia. Como corrientes afines se encuentran el personalismo de Mounier y el historicismo del ltimo Ortega.

Una versin del existencialismo, el personalismo, fue el pensamiento que fue adoptado por el grupo de estudiantes universitarios que entraron en colisin con el rgimen de Franco en los aos 40. La penetracin del existencialismo en Espaa tuvo varios momentos. En primer lugar, la filosofa de Unamuno, bsqueda del hombre concreto y sed de inmortalidad que slo en la experiencia mstica encuentra satisfaccin. Despus est la influencia de Heidegger y Jaspers en Ortega1, cuya filosofa es una racionalizacin de los temas existencialistas. En tercer lugar, dos filsofos espaoles alcanzan su madurez de pensamiento durante los aos 40-50, recibiendo la influencia existencialista aunque su pensamiento est dirigido por las nociones tradicionales: Zubiri y Garca Bacca. La formacin del pensamiento de Sacristn est en relacin con todos ellos, pero la influencia de Ortega ha sido fundamental para la educacin filosfica de las jvenes generaciones espaolas de la posguerra. Teniendo en cuenta que Ortega era en aquellos tiempos un pensador subversivo para el rgimen franquista, no es difcil comprender que aquellos jvenes hicieran adems una interpretacin que acusaba rasgos contra el Estado franquista. Por ello a este grupo de intelectuales habra que denominarle orteguianos de izquierda, y sus miembros, que fundaron diversas revistas culturales, provenan de la ruptura izquierdista de la Falange, el 'falangismo liberal' o 'de izquierdas', al que se le aadieron algunos elementos provenientes de los sectores no integrados de la sociedad espaola de los 40.

 

Qu era, pues, el existencialismo europeo de los aos 40?. Ante todo rechazo del cientificismo de la filosofa positivista y reflexin sobre la subjetividad humana, sobre la libertad humana como proyecto personal y sobre la tica como bsqueda de autenticidad. Para los existencialistas quedaba claro que la ciencia no era capaz de resolver los problemas esenciales del hombre, como la tremenda crisis europea de la primera mitad del siglo XX, acompaada de las dos guerras mundiales, haban dejado bien patente: al tiempo que un gigantesco desarrollo cientfico y tecnolgico, se produca una creciente inestabilidad de las sociedades humanas y una alienacin mayor de los seres humanos en sociedad. Se trataba entonces de llegar, mediante el anlisis de la conciencia del sujeto, a los elementos esenciales de la subjetividad para conducir al ser humano hacia su libertad por la creacin de un proyecto personal forjado en la autenticidad del encuentro consigo mismo.

En realidad, el existencialismo era una respuesta, desesperada en buena medida, a las sacudidas econmicas y sociales que produca el inestable desarrollo del capitalismo de principios de siglo2. El concepto de 'angustia' heideggeriano refleja el desvalimiento de las sociedad alemana ante la desastrosa economa de la Alemania de la Repblica de Weimar. Es el horizonte de la proletarizacin creciente de la sociedad, anunciado por Marx como tendencia ineludible del capitalismo, lo que capas medias de la sociedad rechazaban con tanta violencia como mostraron las guerras mundiales. Nada lo pone de manifiesto de modo ms claro que la nusea que siente ante una tranquila tarde de domingo el personaje de una novela de Sartre, que se hizo famosa hasta el punto de llegar a ser smbolo de una generacin de europeos.

El existencialismo fue, desde su origen en Kierkegaard, una llamada al irracionalismo frente a la racionalidad econmico-productiva de una sociedad burguesa que se impona cada vez ms irremediablemente en la Europa de los dos ltimos siglos. Una llamada a la poesa frente al clculo de beneficios, a la subjetividad frente al 'Absoluto objetivo' de la sociedad y el Estado burgueses teorizados por Hegel, al valor de la lites 'autnticas' frente a la democratizacin radical de la sociedad exigida por la clase obrera.

Esto cambi con el fin de la Segunda Guerra Mundial. El caso paradigmtico para lo que me interesa mostrar aqu es Sartre. No porque Sacristn, buen conocedor de la filosofa de Sartre, haya sido un seguidor incondicional de sus tesis. Para Sacristn, Sartre ha sido un objeto de estudio de mucho inters, pero con distancia. Por ejemplo, en las conferencias que pronunci Sacristn sobre el pensamiento de Sartre con motivo de su muerte, se refiere a l como no marxista. Sin embargo, algunas de las posiciones intelectuales y vitales de Sacristn tienen una afinidad indudable con las Sartre; especialmente, su reflexin juvenil sobre la libertad, el matiz kantiano de su marxismo con su crtica de la epistemologa marxista y la importancia concedida al compromiso poltico, deben verse como un paralelismo entre ambos pensadores. Si Sacristn se alej rotundamente de los postulados existencialistas fue especialmente por el desprecio generalizado en los existencialistas hacia la ciencia. Pero lo que ahora nos interesa de Sartre es que ste ha sido el existencialista que ha confesado ms sinceramente los condicionamientos sociales de su trayectoria vital.

Me refiero a la primera seccin de las Cuestiones de mtodo que fueron publicadas como prlogo a la Crtica de la razn dialctica. Esta seccin, que se denomina "Marxisme et Existencialisme" y tiene apenas 25 pginas fue publicada primeramente en dos entregas sucesivas de Les Temps Modernes, revista dirigida por Sartre, (13e anne, n.139, Septembre 1957, y n.140, Octobre 1957). Entresaco las citas importantes de este escrito: Pero lo que por el contrario empezaba a cambiarme era la realidad del marxismo, la pesada presencia en mi horizonte de las masas obreras, cuerpo enorme y sombro que viva del marxismo, que lo practicaba y que ejerca a distancia una atraccin irresistible sobre los intelectuales de la pequea burguesa [...]: lo que nos turbaba no era la idea; tampoco era la condicin obrera de la cual tenamos un conocimiento abstracto pero no la experiencia. No; era la una unida a la otra; era, como habramos dicho entonces con nuestra jerga de idealistas en ruptura con el idealismo, el proletariado como encarnacin y vehculo de una idea.3

Veremos concretamente -en los textos de los intelectuales barceloneses de Laye que constituyen el grupo generacional cataln de Manuel Sacristn y en los de otros intelectuales espaoles de su generacin- la verdad de estas palabras, ms all de la personalidad de Sartre y del grupo de edad al que ste perteneci y al que se refiere el plural de su texto. La clase obrera est ah en el horizonte de la sociedad burguesa: se trata de una clase social sometida que est trabajando por su propia hegemona social, y que posee sus propios instrumentos conceptuales que oponer a la ideologa dominante; ideologa a la que, en cambio, estn sujetos los pequeos burgueses, intelectuales y cultos, pero no independientes, clase tambin subordinada, aunque no explotada.

La rebelin pequeo burguesa contra el inestable capitalismo surcado de violentas crisis econmicas en los aos 30, dio origen a los movimientos fascistas, con su demagogia que imitaba la simbologa de las organizaciones obreras. El propio Sartre confiesa respecto de s y sus compaeros de edad que corran el peligro de desembocar en el fascismo (op.cit.p.26). La ambigedad de las actitudes en la poca anterior a la guerra, que Sartre describe en este esquema autobiogrfico, son caractersticas de una poca: es el querer jugar un papel histrico de una clase a la que este papel no le corresponda: la construccin de la sociedad nueva, que slo poda ser socialista. Todo esto cambi con la guerra. Vuelvo al texto de Sartre: [...]pero hizo falta toda la historia sangrienta de este medio siglo para que llegsemos a alcanzar la realidad de la lucha de clases y para situarnos en una sociedad desgarrada. Lo que hizo saltar el envejecido marco de nuestro pensamiento fue la guerra (op.cit.p.27).

Sacristn ley estas pginas, que aparecieron primero en la revista Temps Modernes -la publicacin dentro de La crtica de la razn dialctica es de 1960-. Las debi leer con mucha atencin, como lo demuestra el que entresacase una cita de esta misma pgina, 27 en la edicin de Losada, para hablar de Sartre en la voz "Filosofa" de la Enciclopedia Espasa (1958):

Estbamos convencidos al mismo tiempo de que el materialismo histrico constituye la nica interpretacin vlida de la historia, y de que el existencialismo sigue siendo la nica aproximacin concreta a la realidad. No pretendo negar las contradicciones de esta actitud (SPMII, 106).

Ms adelante, cuando veamos la relacin entre existencialismo y marxismo en el propio Sacristn, tendremos en cuenta estas pginas. Ahora nos interesa fundamentalmente su contenido biogrfico. Encontramos en las declaraciones sartreanas que el fenmeno que se poda comprobar en la evolucin intelectual de los jvenes universitarios espaoles, se da tambin, salvando las distancias, entre la pequea burguesa intelecual francesa. Es el siguiente: se da un momento de ascenso de la ideologa fascista en los aos 20-30, que atrae a los jvenes de clase media hacia la rebelin radical. Este proceso se invierte a partir de los aos 40, cuando estalla el conflicto mundial, y especialmente desde el ao 43, cuando la victoria de las fuerzas aliadas es ya tan slo cuestin de tiempo. Lo que diferencia a las situaciones de cada grupo de edad especfico es la diferente situacin histrica de su nacionalidad; pero dos hechos generales deben anotarse para entender la evolucin de una buena parte de estos intelectuales: uno, la atraccin que la clase obrera ejerce en las capas medias de la sociedad -hasta el punto de que la ideologa fascista slo puede ganrselas a travs de una falsa imitacin de las instituciones de aqulla-, y dos, que el hecho de la guerra y ms an la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial marca un cambio de rumbo en las actitudes de estos intelectuales.

Y es que la guerra fue para Europa la victoria de las clases populares encabezadas por el proletariado. Fueron los partidos comunistas los que organizaron la resistencia e hicieron posible la liberacin. Fue la U.R.S.S. el pas que ms contribuy a la guerra en vctimas y en esfuerzo blico. Como consecuencia de esta victoria varios pases del centro de Europa entraron en el socialismo. China hizo la revolucin en 1949. El balance de la guerra fue netamente favorable a las fuerzas de izquierda. La consciencia de esta situacin poltica, de esta correlacin de fuerzas en la lucha poltica favorable para la izquierda liderada por el Partido Comunista, fue expresada por el Secretario General del Partito Comunista Italiano, Palmiro Togliatti, en su discurso al X Congreso en 1962: Hace diecisiete aos que termin la Segunda Guerra Mundial con la victoria de las fuerzas democrticas y socialistas. En estos dicisiete aos se ha desarrollado, en los principales pases y sobre la arena internacional, una lucha sin cuartel... El progreso ha sido ms fuerte que la conservacin y la reaccin. El socialismo ha obtenido victorias decisivas.4

Tambin el filsofo marxista hngaro Gyrgy Lukcs ha sido consciente de la importancia poltica de la victoria contra el fascismo en la Segunda Guerra Mundial y de las perspectivas abiertas para el socialismo con esta victoria. En una conferencia celebrada en 1956, Lukcs afirmaba: [...] esta guerra mundial trajo una inconmensurable ampliacin del socialismo. En Europa tuvo como consecuencia la realizacin de las democracias populares; naci la gloriosa revolucin china. Esto significa: La contradiccin segn la cual nuestra estrategia y nuestra tctica estaban determinadas no por la oposicin fundamental de la poca, la oposicin entre capitalismo y socialismo, sino por la que exista entre fascismo y antifascismo, era una autntica contradiccin dialctica, la expresin del movimiento histrico real.5

Nada expresa tan bien la alegra de esta victoria como los escritos de Ernst Bloch. Especialmente, El principio esperanza. Pues como ha dicho Gyrgy Lukcs al comienzo de sus Prolegmenos a una esttica marxista -traducida por Manuel Sacristn en 1966-, lo que haca valioso el sentimiento de esperanza en aquel momento era la inmensa posibilidad, abierta por la revolucin leninista en Rusia, de construir un mundo nuevo. A llenar esa posibilidad con los contenidos utpicos que forman el sueo de la humanidad, con los proyectos de liberacin humana contenidos en los mejores deseos de la humanidad reflejados en mitos, leyendas, religiones y utopas, estaba dirigido el libro de Bloch. Su intencin era mostrar los modelos de la liberacin que estaban prefigurados en la fantasa milenaria de la especie humana. Con ello poda ofrecer una orientacin a las poblaciones de los estados socialistas acerca del camino a seguir. La consecucin de la paz, la fraternidad, la igualdad y la libertad, el desarrollo de una tecnologa que permita a los seres humanos dominar la naturaleza sin destuirla, la redencin y la felicidad para los desheredados, las utopas de la felicidad terrenal y las del orden justo y armonioso de la sociedad humana, todo ello constituye un material riqusimo que hay que explorar e investigar y que debe servir para fijar los fines que una sociedad socialista debe proponerse alcanzar. Hoy que aquella posibilidad ya se ha cerrado, lo que ms podemos lamentar es que Bloch tuviera que abandonar un pas 'socialista' por no poder decir lo que pensaba.

 

El fnomeno que nos interesa y que he venido comentando, la atraccin de la pequea burguesa hacia la clase obrera -ese fenmeno inverso al potenciado por las ideas dominantes-, es manifestacin de una necesidad de libertad en la experimentacin de la propia vida no ceida a las convenciones y prejuicios de una sociedad clasista, y manifestacin, sobre todo, de la necesidad de reconocer al 'otro' ms all del narcisismo predominante en la cultura burguesa. La clase obrera se ha constituido en el 'otro' para la pequea burguesa intelectual en un determinado momento de la historia de modo difuso y seminconsciente, segn muestra Sartre. Para ste, el sentido del auto-reconocimiento de los intelectuales pequeo-burgueses en la clase obrera se explica del siguiente modo: Este proletariado lejano, invisible, inaccesible, pero consciente y agitado, nos daba la prueba -oscuramente para muchos de nosotros- de que no estaban resueltos todos los conflictos (op.cit.p.26). Los jvenes burgueses pueden sentir en su sentimentalidad que los conflictos no estn resueltos. Pero la sentimentalidad no prueba la realidad de una subjetividad desencajada: slo una realidad desencajada puede mostrar la verdad de una subjetividad rota. Entonces las afueras se hacen interiores, identificaciones propias, al mostrar la exterioridad real del conflicto interno.

Nadie sinti tan fuerte en su espritu esta atraccin 'hacia abajo' que la clase obrera ejerce sobre la pequea burguesa de la posguerra como una mujer, que abandon su puesto de profesora del Liceo para hacerse obrera de la Renault, Simone Weil. Ella se convertira en smbolo para los jvenes intelectuales de Laye. Pues para muchos de estos jvenes, y principalmente para Sacristn, la mascarada fascista de la imitacin pseudo-'obrerista' habra descubierto una verdadera vocacin: para l las contradicciones del credo joseantoniano fueron algo puramente vivido. Pero no slo para los falangistas de izquierda, ya en ruptura con la Falange, fue Simone Weil un ejemplo de accin tica. Tambin personas tan alejados de este mbito como los hermanos Ferrater y que se unieron al grupo de los disidentes falangistas, sintieron la llamada de la vocacin de Weil como ejemplo de accin tica. Quin era, pues, esta mujer? Cul fue esa experiencia suya que result ser tan importante?.

Simone Weil naci el 3 de febrero de 1909 en una familia de intelectuales parisinos y estudi en el Liceo la enseanza secundaria con aprovechamiento y buenas calificaciones. Despus de licenciarse en filosofa, a partir de 1931 ensea en diversos Liceos. Pero en 1934 abandona la enseanza para ponerse a trabajar en la fbrica Renault como pen no cualificado. En 1936 participa en la guerra de Espaa durante unos meses dentro de un grupo internacional de anarquistas. Vuelve a Francia en 1937 y despus de la ocupacin de este pas por las tropas alemanas, en 1940 tiene que emigrar por su condicin de juda. Muere en agosto de 1943 en un hospital ingls.

Simone Weil, que escribi bastante en sus pocos aos de vida, estaba hondamente interesada por el cristianismo, especialmente en su lado mstico, aunque era totalmente opuesta a la Iglesia como jerarqua, y por el marxismo como pensamiento de la clase obrera, aunque milit en grupos muy prximos al anarquismo. Pero lo que interes especialmente a los intelectuales catalanes, como grupo, fue principalmente su prctica de desclasamiento, su participacin de la vida de la clase obrera desde dentro; y esto, no como mero cuadro del movimiento obrero o como intelectual orgnico del mismo, aunque, sin duda, esto tambin lo fue con grandes contradicciones. Sus experiencias directas como parte de la clase trabajadora, experiencias de desclasamiento, fueron recogidas en un volumen, La Condition Ouvrire6, que fue traducido y publicado en Barcelona en 1962 por la editorial Nova Terra, con el ttulo Ensayos sobre la condicin obrera. Su aparicin en francs en 1951 fue saludada por una recensin de Gabriel Ferrater en las pginas de Laye, nmero 18 -en nmeros anteriores de la revista Sacristn haba recensionado otros libros de Weil ya publicados-.

Su experiencia como militante en el movimiento obrero organizado fue la siguiente: el grupo de referencia bsico fue en un principio para ella el de los sindicalistas ms duros, un grupo que se haban entusiasmado por la revolucin sovitica y despus se haban desengaado por la burocratizacin stalinista. Se agrupaban alrededor de la revista Rvolution Proltarienne, grupo cercano a la CNT espaola. Sin embargo, su participacin en la guerra de Espaa cambi su perspectiva: las atrocidades de la guerra la alejaron de la revolucin armada por su crueldad y promovi el pacifismo durante los aos inmediatamente anteriores a la guerra mundial. Despus pudo comprobar que algunos de los activistas del pacifismo colaboraban con el nuevo rgimen francs apoyado por las tropas hitlerianas y sufri un profundo desengao. Es en este momento cuando se acenta su acercamiento al cristianismo.

Esta vida es una autntica leccin de arrojo y valenta al servicio del ideal de justicia. La veracidad con la que Weil afronta los problemas fundamentales de la sociedad capitalista -la divisin en clases, la alienacin del proletariado, la esperanza de una nueva organizacin de la produccin que termine con la alienacin proletaria y con el estado de injusticia-, es incuestionable. La contradictoriedad en la que su propia accin se mova, animada por la pasin y no por el clculo racional, tambin. Es esta caracterstica de su personalidad la que hace que Weil pueda ser encuadrada en el existencialismo. La primaca del elemento tico inmediatamente sentido y actuado; la autenticidad de su vida personal, con sus consecuencias: incapacidad para insertarse en la accin colectiva acordada en el grupo, refugio en la interioridad, anhelo de lo absoluto de la personalidad individual. Weil es una pequeo burguesa que, como Sartre, siente la presencia de la clase obrera en su horizonte; pero a diferencia de ste, su mayor arrojo, su pasin por la justicia y el sentimiento de esperanza que suscita la Revolucin sovitica7, la llevan a una vida de total entrega a una experiencia que es clave en la sociedad capitalista desde sus orgenes -puesto que sta se funda en la creacin y explotacin de una clase que debe vender su fuerza de trabajo para sobrevivir-: la proletarizacin y el desclasamiento. Ofrezco un resumen de los puntos principales de la experiencia obrera de Simone Weil: ificultad para vivir con absoluta autenticidad la experiencia del proletariado industrial por su condicin de intelectual; la sujecin brutal al trabajo de la fbrica le produce sentimientos de docilidad; cada instante libre de sufrimientos y de humillaciones tiene que ser recibido como una gracia; la tentacin ms fuerte de la vida proletaria es no pensar; el obrero que quiere conservar su dignidad se ve constreido a luchas cotidianas consigo mismo, a una ruptura interior prolongada, a un perpetuo sentimiento de humillacin, a sufrimientos morales agotadores, puesto que se ve en la necesidad permanente de rebajarse para satisfacer las exigencias de la produccin y de volverse a levantar para no perder su propia estima.

2. El caso espaol: el grupo Laye.

Esteban Pinilla de las Heras, miembro del grupo que editaba Laye, ha escrito un libro de memorias sobre aquel perodo de la vida intelectual espaola, En menos de la libertad (Barcelona, Antrhopos, 1989), y en especial, sobre aquella revista de principios de los aos 50, Laye. No basta recordar -dice Pinilla de las Heras- que aquellos eran unos aos de dictadura militar y de opresin clerical, de cierre forzoso del pas a tendencias intelectuales y vitales transpirenaicas, de cartillas de racionamiento, de tuberculosis, de hambre, emigracin a Argentina o Venezuela. Fueron aos tambin de intensos debates y luchas [...] (op.cit..17). En ese pas sumariamente descrito aqu por Pinilla, Laye fue instrumento de expresin y centro de debate poltico para el grupo de intelectuales barceloneses que se apartaron de la aceptacin pasiva y generalizada del rgimen franquista por la sociedad espaola de aquellos aos.8

Laye pudo salir a la luz como boletn profesional y cultural del Colegio de Doctores y Licenciados en Barcelona, gracias al apoyo financiero de la Delegacin de Educacin Nacional en Barcelona. La lnea de pensamiento predominante en ella es el existencialismo, pero con deslizamientos conceptuales que muestran la influencia marxista. Los autores de filosofa ms comentados son Jos Ortega y Gasset -especialmente por Sacristn-, Xavier Zubiri -cuyo filosofar en aquel momento frisaba con el existencialismo-, Martin Heidegger, Jean Paul Sartre y Simone Weil. Esta ltima era objeto de una admiracin especial. Pinilla de las Heras afirma a este respecto: Manuel Sacristn y Gabriel Ferrater publicaron en Laye extensos comentarios a las primeras ediciones (obviamente pstumas) de los escritos de Simone Weil, e incluso Laye lleg a anunciar la confeccin de un nmero monogrfico9 dedicado al estudio de los textos de quien ya entonces era juzgada como una de las grandes figuras intelectuales europeas en los tormentosos aos que condujeron a la Segunda Guerra Mundial. Ese nmero de Laye no lleg a publicarse (op.cit.p.12)

S se publicaron estudios sobre Zubiri y Heidegger -ste de muy especiales caractersticas, como veremos- y numerosas recensiones, entre stas la resea por Sacristn de la traduccin de Jos Gaos del Sein und Zeit de Heidegger. Aparte de numerosos artculos de contenido cultural. Pero lo caracterstico de las inquietudes intelectuales del grupo Laye es la centralidad de su inters por Simone Weil. Centralidad que hemos de comprobar inmediatamente y se ha intentado explicar. Esta centralidad es la de su voluntad de proletarizacin, como rasgo caracterstico no tanto de su personalidad sino de la poca, y, an ms que de la poca que vivi Weil, de toda la poca capitalista.

Los anlisis marxistas del fenmeno fascista en la Europa de entreguerras apuntan a su explicacin a travs de fenmenos estructurales del desarrollo capitalista de la poca y de la reaccin de las distintas clases sociales ante esos fenmenos. La forma subjetiva que tom esta reaccin entre las clases medias puede verse retratada en la filosofa de Heidegger: es la angustia del desclasamiento, la negacin del valor de la vida en comn, el misticismo de la subjetividad puesta en relacin con el Ser manifestndose en el tiempo. Pero esa angustia y esa negacin -como muestra Lukcs en El asalto a la razn- no son sino reacciones de la subjetividad individualista ante el proceso inexorable de proletarizacin de la sociedad entera que produce el desarrollo de la sociedad industrial. De ah la contradictoriedad y la ambigedad bsicas en la que se mueve el fascismo: rechaza demaggicamente el capitalismo al tiempo que procura mantener las relaciones de produccin existentes.

El caso de Weil es justamente el contrario. Ha comprendido el sentido de la historia y quiere ir lo ms rpidamente hacia l con una inmensa voluntad alimentada de esperanza. Ella se gua por un sentido innato de la justicia y una fe en el proceso de la historia como proceso de salvacin que tienen hondas races en la religin juda. Por eso es tan llamativa su decisin: en una Europa en la que las clases medias se aprestan a la defensa de sus privilegios, preparando la guerra ms atroz de la historia de la humanidad, ella con sencillez y humildad va hacia los condenados. Su accin no se funda en el clculo ni en un anlisis marxista que le indique la futura victoria proletaria: ella no sabe que esto suceder, ni confa en milagros revolucionarios, ni tampoco lleg a ver el fin de la guerra mundial. E incluso el horror que comprob en la guerra de Espaa le hizo confundirse y defender un dudoso pacifismo en el momento de mayor peligro.

Por qu los jvenes intelectuales barceloneses de Laye se interesaron por este problema? Por diversos motivos. Sacristn y los falangistas de izquierda por desengao ante el franquismo, y tambin por la educacin falangista recibida, demaggica pero idealista: la autenticidad de Simone Weil supona una mediacin para su acercamiento a la clase obrera. Los otros jvenes burgueses que participaron en la revista desde afuera del rgimen, como el catalanista Gabriel Ferrater, probablemente por recuerdo de la experiencia histrica de una Repblica en la que la alianza de clases entre la pequea burguesa y el proletariado estuvo a punto de dar un vuelco a la historia de Espaa. Y todos ellos por la intuicin de que aquella experiencia de Weil era algo ms que mero herosmo personal, que sin duda lo era.

La recensin de Gabriel Ferrater en Laye del libro de Simone Weil, incide en tres puntos: primero, en las crticas de Weil al proceso seguido en Rusia despus de la Revolucin sovitica; segundo, en la cuestin obrera, llegando a la conclusin que Weil no ha descubierto nada nuevo a pesar del valor de su experiencia; tercero, la conclusin positiva es que la experiencia le ha servido para algo, de todos modos, a Weil: para descubrir la vaciedad del mundo burgus -algo que cualquier persona honrada e inquieta puede comprobar sin necesidad de ir a trabajar agotadoramente en la fbrica-. Lo importante de la recensin es que demuestra que Gabriel Ferrater est preocupado en buena medida por la problemtica obrera y reconoce las inquietudes pequeo-burguesa por la explotacin. La cala en la obra de Weil no es muy honda -en cierto modo se trata de un aprovechamiento anticomunista de Weil-, pero se ilumina desde el conocimiento de los toricos clsicos de la Economa Poltica, Marx incluido.

Gabriel Ferrater reconoce que la cuestin obrera es precisamente la ms grave y urgente cuestin. Que el tema del trabajo y de la clase obrera es una cuestin de importancia para el grupo de Laye, viene demostrado por bastantes textos. Por ejemplo, el poema de Jaime Gil de Biedma publicado en el nmero 16 de la revista, noviembre-diciembre de 1951, pgina 38, "Alguien que duerme". En este poema leemos que, Alguien est presente/ que duerme en las afueras. Las afueras de Barcelona, como las de Madrid o las de Pars, estn pobladas por los grandes barrios obreros, barrios que en alguna ocasin se han denominado precisamente barrios dormitorio: Las afueras son grandes/ abigarradas, profundas, Gil de Biedma evoca en estos versos la presencia de la clase obrera en su horizonte de pequeo burgus. Y esa presencia, sin ser hostil -es alguien que duerme-, s es extraa e incomprensible para su sensibilidad:

Precisamente, unos aos ms tarde, Luis Goytisolo escribira una novela que titul Las afueras. Para Gil de Biedma la presencia no es hostil, pero s extraa. Esta presencia es el descubrimiento de otro universo vital y humano, el universo de las clases explotadas, que produce espanto, como una acusacin muda, en las convenciones clidas que sostienen la vida de las capas acomodadas. Es un 'otro', un otro que posee un conocimiento aterrador, cuyo descubrimiento podra cambiar irreparablemente la vida del poeta. En la invocacin inquietante de este otro hay tambin el semidesvelado descubrimiento de una vocacin, de una llamada. Puede aventurarse que detrs de estos versos hay una lectura de Weil y una meditacin sobre la 'condicn obrera'? Pienso que s. En el nmero 14 de Laye, junio-julio de 1951, haban aparecido las recensiones de Sacristn sobre cuatro libros de Simone Weil: La pesanteur et la grce, Attente a Dieu, L'Enracinement y La Connaissance surnaturelle. Y el tema de Weil estaba en el ambiente del grupo aquel ao.

La clase obrera duerme en las afueras, en el lmite u horizonte de los jvenes burgueses. Tal vez algn da despierte. De hecho, el 24 de marzo de 1951, para mostrar que no todos los conflictos estaban resueltos, se haba producido la huelga de los tranvas en Barcelona, una gigantesca movilizacin ciudadana seguida por una huelga obrera. La censura reinante impide que en Laye se haga mencin de ello. Por el contrario, el nmero 12 de marzo-abril de 1951, se disfraza -para no levantar sospechas como el coac de las botellas de los versos de Lorca- con un artculo del cannigo Jess Montagut Roca encabezado por la pregunta "Conduce el regionalismo al separatismo?" y salpimentado con elogios a Jos Antonio, indiscutible maestro, y otro de Jos P. de la Puente, "Sobre la democracia liberal", con citas de Hitler y Mussolini.

Pero el tenor subversivo de la experiencia de Weil se puede encontrar subrepticiamente manifestado por doquier en los artculos de la revista. En el nmero 18, Gabriel Ferrater comenta la pintura de Miguel Vill, acompaando su comentario de la lmina de un cuadro, La Taberna. En este cuadro un personaje -un personaje que se puede identificar como perteneciente a la bohemia artstica- con indumenteria obrera est sentado en una mesa de caf, una tpica mesa de mrmol redonda de las que hay en muchas tabernas en este pas. No lleva camisa y la chaqueta va sobre una prenda sin cuello, un jersey. Sobre la mesa pipa y botella. Gorra de obrero, barba de unos das sin afeitar. La cabeza se apoya sobre el puo cerrado de la mano y el codo se apoya sobre la mesa. Es el pensador de Rodin, el pensador clsico, transfigurado en moderno, proletarizado. Su mirada est perdida, fija en las ideas y no en el mundo real. Tal vez un poco melanclica. El artculo de Gabriel Ferrater no dice una palabra sobre el tema; se limita a registrar la tcnica. Pero esta imagen recuerda la exclamacin de Sacristn cuando visita Heidelberg: [...]si la tradicin cultural es esencial y no estpidamente formalista, resulta compatible con la proletarizacin ms radical del modo de vida (Laye 7-8, p.9).

El grupo de Laye aprovecha las experiencias de los artistas en el terreno del desclasamiento, lo que se ha denominado la bohemia, para sealar la tendencia a la proletarizacin en la sociedad. Que uno de los mximos inspiradores de esta toma de consciencia haya sido Sacristn se puede demostrar a partir de sus textos. Pero antes se puede mostrar cmo esta tendencia aparece tambin en los otros textos de Laye. En Laye 11, enero-febrero de 1951, en las pginas de la separata de la revista que trata de los temas profesionales de los licenciados, O.Galindo escribe un artculo sobre la situacin del profesorado titulado "En torno a las nuevas Bases de trabajo y algo ms". En l hay un cierto tono corporativista y de distanciamiento frente a las clases proletarias, y no slo de reivindicacin social. Sin embargo, este prejuicio se ve sobrecompensado por la protesta: Logrado el salario suficiente y con el fin de garantizar su efectividad, deberan aplicarse medidas drsticas contra los agiotistas, intermediarios sin escrpulos y, en general, contra aquellos que, guiados por su egosmo y haciendo honor al homo homini lupus de Hobbes, perjudican los intereses de la comunidad, y someter, a toda esa picaresca de gentes que no trabajan, y cuyos medios de vida son un interrogante, al cumplimiento inexorable del precepto bblico: "ganars el pan con el sudor de tu frente. (op. cit. 7)

Es el recuerdo de la poltica del Frente Popular de la II Repblica, alianza de la pequea burguesa intelectual con la clase obrera, lo que late en el fondo de este alegato. No es una poltica revolucionaria del proletariado lo que aqu se propugna, sino una poltica de renovacin y reformas profundas de la sociedad espaola, una poltica que restablezca la solidaridad entre las capas sociales por el respeto al trabajo honrado y el desprecio de la especulacin y el fraude, alimentados tradicionalmente en Espaa por las formas econmicas y el sistema poltico de las clases dominantes.

En este mismo nmero de la revista, Jess Ruiz, en la seccin de comentario poltico titulada Entre sol y sol, y que lleva como epigrama la significativa frase Hasta en el sueo son los hombres obreros de lo que pasa en el mundo, habla de la poltica interior de los Estados Unidos. Seala el robustecimiento poltico del proletariado, del despertar de su conciencia poltica con el New Deal de Roosevelt y de la elevada sindicalizacin de la clase obrera americana. No hace falta recordar que Roosevelt fue el aliado de la U.R.S.S. en la guerra contra el fascismo europeo y que su poltica interior puso las bases del Estado del Bienestar, que ha sido la poltica socialdemcrata de la posguerra hasta hoy en da. El robustecimiento poltico del proletariado ha sido, en la experiencia histrica de la pequea burguesa intelectual catalana, la garanta de la democracia, quizs no tanto desde las posiciones revolucionarias de la Confederacin Nacional de Trabajadores anarquista, como desde la moderacin estratgica del Partido Socialista Unificado de Catalua, afiliado a la III Internacional.

El concepto de trabajo se hace central. Es posible que no todos los redactores de Laye hayan sido plenamente conscientes de esta tendencia. Pero un curioso artculo de Alberto del Campo en el nmero 21, noviembre-diciembre de 1952, de la revista sobre "El trabajo material en la filosofa de Martin Heidegger" muestra la fuerza con que estos jvenes reivindican la nocin de trabajo. Del Campo en su artculo quiere enmendar la plana a la traduccin del Sein und Zeit de Gaos. Lo hace de modo que muestra qu es lo que verdaderamente le importa a aquel grupo de intelectuales del que forma parte, y en esto carece de significado que sus propuestas tengan poca verosimilitud.

La traduccin de Gaos de Sein und Zeit, como seala Sacristn en la recensin que hace para el nmero 17 de la revista aparecido meses antes, es de gran calidad. El artculo de Alberto del Campo es, por tanto, un juego en parte retrico, pero que le permite llegar hasta donde quiere. No se puede fabricar un Heidegger de izquierdas sin grave engao. Pero, conocindose el engao de antemano, la retrica, al tiempo que se hace finos humor e irona, sirve para mostrar cmo puede aprovecharse la filosofa de Heidegger para fines ms humanos que la defensa del nacional-socialismo. Cito este artculo en la p.9 de Laye 21: El hombre est determinado a un trato continuo y forzoso con los entes que encuentra en su mundo y a esta determinacin de su ser que le acarrea tales tareas, Heidegger le denomina Besorgen (Sein und Zeit 57), trmino que J.Gaos ha traducido por 'curarse de'. Pero si pensamos que en todos estos modos concretos de la Besorgen siempre encontramos un trato con las cosas, un quehacer, un trabajo, por qu no traducir, pues, Besorgen por trabajo, expresin mucho ms viva y eficaz que la que propone Gaos? [Y a continuacin se remacha el clavo:] Y an podramos concretar y perfilar ms esta traduccin, si entendiramos por trabajo, el "trabajo manual".

Este texto opone a la problemtica de la autenticidad en Heidegger, las formas de la propiedad y la impropiedad en la existencia, al tema de la cada del Dasein en la cotidianeidad, su realidad social. Pero Sacristn ha rendido homenaje a esa interpretacin, que pudo ser la suya en 1952, recordndola con una cita del artculo en su tesis doctoral sobre Heidegger. La justificacin consiste recordar ciertas races hegelianas del pensamiento de Heidegger.10 Lo que permite a Sacristn la superacin de la filosofa de Heidegger es un anlisis de la inautenticidad existencialista que le lleva a descubrir la alienacin en sentido marxista-hegeliano y a distinguir entre vida cotidiana alienada y vida cotidiana autntica all donde Heidegger negaba toda autenticidad.

Ahora bien, con esta forma de no querer entender a Heidegger desde Hegel, del Campo muestra la verdad de la angustia heideggeriana y la huida del mundo: no hay ms autenticidad que la del mundo del trabajo para el ser humano y querer escapar a l es descender a los infiernos. Al final del prrafo, a vuelta de pgina, Alberto del Campo concluye su razonamiento: Al adoptar este trmino [la traduccin de Besorgen por trabajo] vinculamos a Heidegger nada menos que con Hegel, el cual defina la actitud del hombre frente a la naturaleza como trabajo.

Es claro cmo las categoras marxistas o racionalistas en general, aqu la categora de trabajo acuada por Hegel, subvierten el discurso de los filsofos de la derecha en manos de estos intelectuales obligados a guardar silencio bajo el rgimen represivo de la dictadura fascista. Estos jvenes se han hecho orteguianos de izquierda -del Campo cita a continuacin a Ortega: La vida es quehacer-, utilizan su filosofa, encuentran siempre un punto de divergencia con l, la democracia y la libertad frente al elitismo, y se posicionan junto a la clase obrera. En el mismo artculo de del Campo se dice: el hombre trasciende, pues, el mundo natural para crear un mundo nuevo, el de su trabajo, que es propiamente donde vive y se mueve: el verdadero mundo de sus ocupaciones, de sus intereses y tareas.

Se habla de Heidegger, pero parece que se est pensando en Engels. En el existencialismo predominante en Laye se han filtrado ideas que responden a la experiencia de la clase obrera. El rechazo de la corrupcin y la falsedad del fascismo les lleva al encuentro con el marxismo. Por eso, estos intelectuales estn tan cerca de Simone Weil. Y si bien es cierto que reconocen el magisterio de Ortega, encuentran el modo de no someterse a sus categoras.

Sntesis de hegelianismo marxista y existencialismo pretende ser la posicin de Sartre en Les Temps Modernes; o al menos Sartre ha valorado la filosofa que pretenda esa sntesis; vase, por ejemplo, el artculo de Les Temps Modernes comentado ms arriba. Esta relacin del existencialismo con Hegel -y con su continuacin natural en Marx- desarrollada por diversos pensadores franceses de los aos 50, y que Sacristn ha tenido en cuenta para elaborar su artculo Filosofa para la Enciclopedia Espasa (SPMII 204-205). Cul es la relacin de Sacristn con estas corrientes hegelianas del existencialismo? El punto terico central del existencialismo respecto de la filosofa de Hegel es la subjetivacin de la teleologa: Sacristn defender en sus escritos la inexistencia de una finalidad objetiva en la historia y ste es el rasgo bsico de la persistencia del modo de pensar existencialista en el Sacristn posterior.

Los jvenes del grupo Laye, adems, estn lo suficientemente al tanto de la evolucin del pensamiento como para estar informados de lo que pasa en Madrid. En los nmeros 19 y 20 de la revista, Jess Nez informa del ciclo de conferencias de Xavier Zubiri en la Cmara de Comercio de Madrid. El ttulo de este artculo publicado en dos entregas es "En Madrid: Zubiri y la libertad". En estas conferencias, Zubiri, despus de haber dado un repaso a las concepciones de la libertad en las distintas filosofas, expone su posicin. En primer lugar -dice Jess Nez al exponer la filosofa explicada por Zubiri- es un error creer que la conciencia es una realidad substantiva[...] Su contenido es puramente formal; es el modo con que el hombre recibe las impresiones del exterior (Laye 20, 100). El concepto de substantividad es central en Zubiri y ser recogido y utilizado por los miembros del grupo Laye, y en especial por Sacristn, aunque ste, como veremos, lo utiliza siempre adjetivado. Lo substantivo para Zubiri es lo que tiene una correspondencia en la sensibilidad humana, frente a lo formal de la conciencia. La exposicin de Zubiri tiene un matiz kantiano, pero Zubiri acenta los rasgos sensibles del sujeto humano frente al formalismo intelectualista kantiano y define al sujeto humano como 'sensibilidad intelectiva'. Estos conceptos son importantes para el desarrollo del pensamiento espaol de aquellos aos. Pero lo que en aquella coyuntura ms import probablemente a los intelectuales de Laye, lo que se puso de relieve, fue la temtica de la libertad en Zubiri, anclada en la consideracin de la persona humana, como contestacin a la censura franquista y eclesial: El ser humano no es persona porque exista una ley moral, como la filosofa tradicional afirma, sino por la misma capacidad de ver realidades, o en suma, porque es inteligente (op.cit.102).

Ver la realidad es lo que ha hecho que los falangistas de izquierda hayan abandonado, en medio de un profundo desengao, la demagogia de sus idelogos. Ver la realidad es, por tanto, lo que les ha hecho personas, lo que les permite comprender el tremendo error del elitismo falangista, de querer mantener la desigualdad y el orden por encima de la justicia. Esta frase de Nez pide a los intelectuales que comienzen un nuevo camino. Importa menos que la doctrina de la libertad de Zubiri no sea adoptada en otros aspectos ms concretos, como en su afirmacin, bastante tradicional, de la libertad como indeterminacin frente al estmulo. Lo importante es que Zubiri al hacer hincapi en la decisin fundada en la capacidad de ver realidades, en la decisin inteligente como elemento constitutivo esencial de la personalidad libre -y esto lo hizo con matices propios de la tradicin existencialista por ser el lenguaje ms asequible en aquel momento- y no en la responsabilidad moral como fundamento de la tica, resumi una experiencia histrica, descargando la conciencia de los intelectuales del pesado fardo del pasado e invitndoles a comenzar una nueva tarea. Era, sin duda, lo que la situacin del pas estaba exigiendo.

Por otro lado, al decir de Nez, Zubiri centr en Sartre su exposicin del existencialismo en aquellas conferencias (op. cit. 99). Otro dato sintomtico del acercamiento del pas a la izquierda existencialista, como forma encubierta de hacer un discurso subversivo. Ni Zubiri acepta la posicin de Sartre, ni ste haba escrito todava la Crtica de la razn dialctica; pero Sartre era ya interlocutor privilegiado del marxismo, y charlar sobre ste sera, sin duda, una especie de guio para el entendido del auditorio.

En un terreno ms poltico, ms inmediatamente crtico y con menos mediaciones filosficas, se encuentran los artculos de Pinilla de las Heras -firmaba con el seudnimo de Arvaco-, recogidos en una seccin titulada "Honor a quien cultiva su hacienda". Preocupado por el problema de la facultad de creacin e innovacin de los hombres y de la sociedad espaola (Laye 18, p.29), su programa no poda dejar de ser subversivo. Escriba en Laye 16: Solamente una consciencia crtica es capaz de llevar siempre adelante al hombre, hacindole seor del conocimiento y del mundo (p.27). El llamamiento tico a la consciencia crtica es paralelo al de Zubiri. Pero la referencia est ampliada ms all del marco catlico de Zubiri cuando se pide que el hombre sea seor del conocimiento y del mundo. Todo ello supone superar la tradicin de oscurantismo que domina la historia espaola desde el final del Renacimiento, y buscar una tradicin humanista que, aun existiendo, ha sido perseguida generalmente por las clases gobernantes.

En el terreno de la crtica literaria, Jos Mara Castellet hace este llamamiento a la tradicin humanista espaola en sus artculos. En Laye 12, 46, en el artculo Las tcnicas de la literatura sin autor, dice: Ahora deberamos hablar del verdadero sentido de la novela contempornea, del nuevo humanismo que nos llega de su mano, de su significacin asctica, de su posible arribo a las playas de una nueva mstica. Humanismo, ascetismo y mstica, son los componentes de una de las mejores tradiciones espaolas, la de Santa Teresa de Jess, San Juan de la Cruz y Fray Luis de Len. Otra tradicin que Castellet ve renacer en las obras de Camilo Jos Cela es la picaresca. En Laye 18, 55, en un artculo titulado "La colmena (Notas con estrambote)", escribe: Si no estuviramos convencidos de la exactitud de la conocidad frase de Eugenio D'Ors "todo lo que no es tradicin es plagio", La colmena vendra a demostrarnos la implicacin afirmativa del apotegma[...]

El hacer uso de la tradicin de la picaresca ha permitido a Cela describir la problemtica que llevaba consigo el espaol de los aos cincuenta. En fin, para finalizar esta descripcin somera de alguno de los aspectos ms importantes de aquel oasis en la cultura espaola de la posguerra que fue Laye, nada ms que mencionar, aparte de la crtica al nacionalismo conservador de Prat de la Riva en Laye 11, el artculo de Enrique Badosa en Laye 18, titulado "La conciencia de la muerte en la poesa de Miguel Hernndez", que levant polvareda y promovi la crtica desde otras pginas impresas por su atrevimiento; los homenajes a Pedro Salinas en su muerte y a Blas de Otero por su Redoble de conciencia, y finalmente un bello artculo sobre esttica de Joan Ferrater en Laye 19, titulado "Aspectos de la obra de arte" y encabezado por un epigrama de Shaftesbury: "The beautifying not the beautified/ is the really beautiful".

3. El caso Sacristn: el personalismo existencialista.

Si el existencialismo y la filosofa de Ortega han transmitido a Sacristn que el hombre es actividad tanto como pensamiento -pero atribuyendo a la actividad prctica una cualidad peyorativa tradicional en la filosofa desde los griegos-, Sacristn, ya desde sus primeros escritos, ha tomado esa idea con una consecuencia que se aparta en la direccin opuesta. Dentro del grupo de Laye, es en Sacristn en quien la tendencia a la proletarizacin que caracteriza a la sociedad capitalista aparece de modo ms consciente. Las primeras reseas de Simone Weil, escritas por l, aparecen en Laye 14, es decir, en el nmero de junio-julio de 1951. Pero los primeros libros publicados de esta autora aparecieron en Francia en 1948 cuando ella ya haba muerto y constituyeron un notable suceso cultural y filosfico. Si Sacristn ley estos libros nada ms publicarse o lo hizo ms tarde, cuando hizo las recensiones para Laye, es prcticamente lo mismo: el tema de la experiencia de Simone Weil estaba en la atmsfera cultural de la Europa de la posguerra como experiencia generalizada. Se ver ahora cmo Sacristn ha captado este momento histrico.

En Laye 3, mayo de 1950, Sacristn escribe el primer artculo sobre el tema. Se titula "Comentario a un gesto intrascendente". En ste trata Sacristn de explicar una experiencia alemana: [...]en una Universidad de Alemania los estudiantes han decidido establecer un intercambio con los obreros de determinadas industrias de la ciudad. Los obreros acudirn a las aulas en el perodo de vacaciones de los estudiantes, que les sustituirn en los talleres. La medida, por ltimo, obliga a un trabajo permanente a los profesores que se han adherido a ella (SPMIII 12). Sacristn aplaude la medida y la describe como una toma de conciencia crtica frente a la sociedad de clases (SPMIII 14). Esa consciencia crtica est inmediatamente unida a una prctica que busca formas de superacin de la sociedad clasista. Al mismo tiempo Sacristn realiza una reflexin terica que justifica su actitud: la crtica de la visin orteguiana de la sociedad como un todo orgnico -Nunca un conjunto de personas puede constituir un cuerpo (SPMIII 15)-, organicismo que proveniente de la sociedad medieval. Por eso la nica manera de mantener la cohesin social es compartir las experiencias de los dems seres humanos, e incluso vivir como ellos al menos por una poca: Unos obreros del espritu -"perfectum opus rationis"- y unos obreros de la materia han sabido cederse mutuamente sus ventanas sobre la vida[...] stos han prestado un angosto ventanuco, cada vez ms cerrado por la costra de ciegos sudores milenarios, pero que permite hundir la vista en insospechadas profundidades vitales (SPMIII 16). Esta ltima frase permite sospechar que Sacristn haba ledo a Weil antes de escribir el artculo.

Deduccin a partir de la cual se ofrece un principio poltico para la reconstruccin social: La sociedad debe poner al alcance de todos los hombres en cuanto tales, al margen de toda especializacin, los medios adecuados para la profundizacin de la existencia (SPMIII 15). Sacristn es en estos momentos un humanista. Ha recibido, por la mediacin de Ortega11 -en este texto puede verse implcita la crtica de Ortega a la "barbarie del especialismo"-, la tradicin cultural del Renacimiento y del Barroco espaoles. Pero no es todava un ilustrado con un programa de educacin universal del gnero humano por las luces de la razn. Esto ha de llegar despus, cuando profundice en su estudio de la filosofa contempornea y se despierte su inquietud por la ciencia, cuando reciba plenamente el influjo marxista de lucha por la creacin de una nueva cultura.

Y al mismo tiempo, en esas breves lneas estn condensados los temas que constituyen la reflexin sobre la sociedad en el perodo de la posguerra: la proletarizacin forzada por el desarrollo capitalista; la necesidad de aceptar esa experiencia al modo de Weil, como un bien que enriquece la personalidad; la abolicin de la divisin de la sociedad en clases que aliena a unos y otros; la visin materialista de la sociedad que supera falsas imgenes organicistas de tipo feudalizante, como es la de Ortega; la reflexin sobre la sobreexplotacin de los trabajadores que introduce el modo capitalista de produccin.

Ese humanismo renacentista, con su concepcin del hombre integral y su modelo en Leonardo da Vinci, es tambin el que inspir la filosofa de Spinoza12. La separacin de cuerpo y alma, de actividad espiritual y actividad corporal en la divisin social del trabajo, es vista como uno de los grandes males por el humanismo. Es tambin la idea que inspira la utopa de Goethe como muestra Sacristn en su estudio sobre ese autor (SPMIV 103-104) -y ste es un motivo de su congenialidad con l-13. La sociedad y cada uno de sus miembros debe hacer lo posible -en palabras del Sacristn ms joven y apasionado- para evitar esta deformidad que consiste en ser slo cuerpo embrutecido por el trabajo corporal extenuante, o slo alma alienada o inautntica por su incapacidad corporal y la necesidad de la servidumbre de los otro. Veremos cmo Sacristn ha vuelto una y otra vez sobre este problema a lo largo de su vida para encararlo de distintas maneras, buscando siempre una solucin equilibrada que permita avanzar hacia la abolicin definitiva de la sociedad de clases.

El deseo de abolir las clases sociales con la prctica, o al menos de aminorar sus efectos, produjo algunas interesantes experiencias. Cito el testimonio de Carlos Pars en la entrevista que concedi a Juan F.Marsal: Otra cosa en la que colabor con el SEU de aquellos aos fue en el Servicio Universitario de Trabajo (SUT). Era un organismo que se creo con el objeto de que los estudiantes universitarios participasen en la vida de los trabajadores incorporndose durante los veranos al trabajo en fbricas, en minas, en construccin de pantanos, en la pesca, en el campo. Era un intento de llevar a la prctica algunos de los ideales revolucionarios o, ms genricamente, sociales. Se pretenda romper la incomunicacin de clases y dar al estudiante la experiencia del trabajo fsico del obrero y su forma de vida. Yo estuve en una mina de carbn en Barruelo de Santilln, en el verano de 1955. En parte fue una idea impulsada por el padre Llanos [...] La idea tena un significado un poco asctico en el sentido de desarrollar al hombre completo, el ora et labora (op.cit. 205).

La idea, por tanto, no era exclusiva de Sacristn. Conoca el padre Llanos a Simone Weil y los artculos de Laye? O es que la idea surge en las cabezas espaolas naturalmente como una continuidad de la propia tradicin cultural en las nuevas condiciones sociales? En todo caso, lo que resulta tambin significativo es que estos hombres, Llanos, Pars, Sacristn, acabaran todos en el Partido Comunista de Espaa. Recordemos de paso que el padre Llanos se fue a vivir a uno de lo barrios de chabolistas ms pobres de Madrid para compartir su vida con los desheredados; tambin que posteriormente se produjeron movimientos de sacerdotes hacia el trabajo en las fbricas tanto en Espaa como en otras partes de Europa  y que en los aos 70 hubo grupos de estudiantes que abandonaron la Universidad espaola para enrolarse en el mundo del trabajo fabril.

El tema que nos ocupa vuelve a salir en los escritos de Sacristn pocos meses despus del texto arriba citado. En octubre de 1950, Laye 7-8, Sacristn narra sus experiencias de una estancia en Alemania durante el verano. El artculo se llama "Heidelberg, agosto de 1950. Notas de un cursillista de verano". Sacristn describe aqu la vida espartana de los estudiantes alemanes y alaba su participacin en duros trabajos fsicos: Quin incluyera en el Examen de Estado una prueba de desescombro! (p.11). Necesidad de superar la sociedad de clases; y especialmente esa caracterstica propia de la sociedad espaola, atrasada y feudalizante durante el franquismo, de establecer castas hermticamente cerradas en sus mundos jerarquizados. La democratizacin que en Europa han trado las consecuencias de la guerra, la victoria de la clase obrera imponiendo sus representantes en los gobiernos y forzando constituciones igualitarias, este hecho habr de ser percibido por Sacristn como la autntica medida de sus deseos de renovacin de la vida social: cultura y proletarizacin.

Otros detalles de eso mismo. En Laye 13, el artculo escrito en colaboracin con Juan Carlos Garca-Borrn, titulado "Acerca de los cursos de seminario en la facultad de letras", habla de los proletarios de levita, de los que dice el profesor de letras es a la vez el ms proletario (p.11). Sacristn ve claramente el proceso bsico de la sociedad capitalista y se siente, y quiere sentirse, proletario. Es una actitud de entrega ante lo ineludible del destino, de aceptacin total de las condiciones de existencia de la vida humana. En el mismo Laye 13, en la crnica de la ciudad que escribe en cada nmero titulada "Un mes de Barcelona (Mayo 1951)", nos dice que su pensamiento est con los trabajadores manuales: Qu lector piensa en el linotipista? (Perdn. Yo s me acuerdo)(p.45). Sacristn, tan irnico a la hora de contemplar la bajeza moral, no ha puesto aqu ni una gota de irona, sino ms bien al contrario, un profundo respeto. El linotipista, el hombre que maneja los tipos de imprenta para que su pensamiento pueda salir a la luz, es otra persona que trabaja en coordinacin con su propio pensamiento. La ruptura con la imagen organicista, medievalizante, del cuerpo social, que se realiza en el proceso de individuacin de la sociedad moderna, pone directamente a la persona enfrente de la otra persona como un otro, no vinculada a l, plantea directamente el problema de la organizacin social sin mistificaciones y exige el reconocimiento de la igualdad natural entre los seres humanos. Impide recurrir a la ignorancia hacia las clases trabajadoras -como la conciencia hace caso omiso del esfuerzo muscular-.

Finalmente, en Laye 15, en el artculo "Las vacaciones de Barcelona", afirma: las clases medias europeas amenazadas por un descenso de nivel social han derrumbado resueltamente los smbolos de su antigua posicin para intentar mantener los sustantivo de la misma (op.cit. 44). Esto es, las clases medias europeas han dado pasos hacia la democratizacin verdadera de la vida social, derrumbando los smbolos de status para quedarse con su significado: la cultura y el bienestar. Pero derribar smbolos, sobre todo si stos representan posiciones sociales de clase, es tambin derribar barreras entre los hombres.

Lo curioso de las recensiones de las distintas publicaciones de Simone Weil por Sacristn, es que lo que ms parece interesarle es el aspecto mstico de esta mujer. Todava ms importante que la proletarizacin de Weil, le parece su experiencia mstica y, en algn momento, su mtodo de trabajo intelectual. Como hemos visto, la recensin de La Condition Ouvrire corri a cargo de Gabriel Ferrater. Pero es que quizs precisamente aqu hay una clave por desentraar.

Sacristn ha hablado poco de la mstica; lo ha hecho especialmente en relacin con Weil. Hay pocos fragmentos que se dediquen a ese tema. Existe la referencia crtica al misticismo de Unamuno en Tpica del marxismo y los intelectuales -cf. Nuestras Ideas, n.7, diciembre de 1959, 17-. Y en Laye 19, mayo-junio de 1952, se publica su recensin del libro Teologa de la mstica de Anselmo Stolz. Polemizando con el reduccionismo de Stolz, que presenta la racionalidad de la mstica ligada exclusivamente a lo sacramental, Sacristn muestra que la mstica moderna [...] es realmente psicolgica en sus caminos, en su mtodo, aadiendo que en sus grandes figuras ha sido del todo consciente de que lo psicolgico es slo un camino (SPMII 503). Sacristn desarrolla una concepcin de la mstica como forma de racionalidad que supone trabajo interior, lucha por el autocontrol, aceptacin y consentimiento espirituales -que no impiden la lucha por la transformacin, sino que, como muestran los grandes msticos, son una estrategia de transformacin- de la realidad material y social del mundo externo, transfiguracin de los lmites humanos en fundamento de la libertad. Y Sacristn subraya adems la universalidad de esta operacin.

Si Sacristn se preocupa por otra faceta de la personalidad de Weil aparentemente muy alejada del tema de la proletarizacin es, sin duda, por hondura de concepcin. En el horizonte est el ideal humanista del ser humano completo, capaz de alcanzar habilidades y conocimientos muy diversos; est tambin el ora et labora del padre Llanos y el ascetismo de la vida monacal y de la vida autntica. Pero ms en profundidad est una concepcin sublimizada del amor. Por eso, aunque Sacristn haya hablado pocas veces de Spinoza, esta concepcin conecta con la intuicin de la tica de Spinoza: el ser humano, cuya alma en su mayor parte es eterna por haber sido capaz de tener un cuerpo apto para muchas cosas. Y un alma eterna, segn Spinoza, es aquella que posee el amor intellectualis Dei, el amor intelectual a Dios, que es la naturaleza entera, la natura naturans y la natura naturata. Pues aqu resulta que el amor a Dios, el amor que es compenetracin con la naturaleza, es al mismo tiempo capacidad de ascetismo, de renuncia, de consentement, dice Weil. Y es pasin por la justicia, por el reconocimiento de s mismo en el otro: el dao que le hacis a ste, me lo hacis a m mismo. El humanismo es amor a la humanidad, cuya naturaleza no por ser convencin es menos naturaleza.

l mismo, Manuel Sacristn, tradujo el primer texto de Weil al castellano, al idioma de San Juan de la Cruz. Es un pequeo fragmento que narra una experiencia mstica y se public incluido en una de las recensiones de Laye 14. Sacristn no era creyente; pero tena un alma capaz de ser afectada por muchas cosas, un alma capaz de sufrir la propia herida en la herida de otro, que deca Ortega. Precisamente en la resea de un libro de Weil, subraya esta frase: Quelle que soit la croyance professe l'gard des choses religieuses, y compris l'athisme, l o il y a consentemente complet, authentique el inconditionnel la ncssit, il y a plnitude de l'amour de Dieu; et nulle part ailleurs. Ce consentement constitue la participation la Croix du Christ (francs en el original, SPMII 479). Incluido el atesmo. Para Sacristn la participacin en la Cruz de Cristo no pas por la fe, sino por el consentimiento completo, autntico e incondicional a la necesidad. Y para una personalidad apasionada por la justicia esa necesidad es poltica e histrica. Lo veremos.

Posteriormente Sacristn escribi un ensayo sobre Weil para un proyecto editorial que acab no llevndose a cabo. Por tanto, el ensayo no fue publicado. Pinilla de las Heras en su libro En menos de la libertad hace mencin de la existencia de este escrito y publica algunos fragmentos. Segn Pinilla de la Heras es el personalismo de Weil, apoyado por ciertas reflexiones de Ortega, lo que unifica las actitudes de Sacristn en los distintos planos de su personalidad y su pensamiento -poltico, tico, subjetivo-existencial, esttico, antropolgico, y filosfico en general-. Este sera un punto en comn con el resto de los componentes del grupo Laye. Pero el rasgo diferencial con el resto del grupo fue su radicalidad filosfica, que fue su forma de relacionarse con las ideas y que tuvo un contenido de verdad: su radicalidad fue tambin una vocacin tica. Lo que marc la diferente evolucin de Sacristn con respecto a la matriz comn, fue la recepcin especfica del personalismo que l hizo, sintetizado con vastos conocimientos de la tradicin filosfica y profundos intereses en lo humano; y esta recepcin diferencial fue una necesidad de coherencia tica entre las ideas y la prctica. De aqu la profundidad histrica de su trayectoria individual.

El contenido concreto de la radicalidad tica de Sacristn podemos deducirlo de los fragmentos del artculo para la Enciclopedia Univesal Argos -ste era el proyecto editorial- transcritos por Pinilla de las Heras; tomo las siguientes frases: Simone Weil lleva a cabo, en primer lugar, una armonizacin del principio personalista con el principio del amor [...] como quiera que el fin primordial del individuo es su propia perfeccin como persona y sta requiere anto todo cumplimiento de los imperativos bsicos de la conciencia, la persona que ha sido colocada en el centro del reino del ser, es, ante todo, la persona del otro. [...] La formulacin de esta solucin por S.W. adopta una terminologa jurdica: La notion d'obligation prime celle de droit, qui lui est subordonne et relative (L'Enracinament, 7) (op.cit. 200-201)

El principio fundamental de la persona es el amor, significa que cada cual tiene el principio de su fundamentacin como ser, existencial, en el otro. Por eso el derecho, entendido como derecho del individuo, que funda la privaticidad y el orden moral de la sociedad capitalista, es, en el orden terico del personalismo de Weil y en la prctica que funda autnticamente la realidad personal, slo relativo a la obligacin moral respecto al otro; puesto que realmente, existencialmente, se es en el otro, existe la obligacin de amar para ser en otro plenamente uno mismo. O mejor dicho, existe la obligacin de ser amor del ser que se es en otro -conatus spinozista-. Que la clase que est obligada, por la naturaleza misma de ser la clase que es, a poner su ser en lo otro, sea la ms propiamente compuesta por personas, o de individuos ms cerca de ser persona en la medida que adquieran consciencia de su situacin, es una deduccin lgica. No podra fundamentarse mejor la tesis marxista de la clase obrera como sujeto revolucionario de la sociedad: en una sociedad de individuos egostas persiguiendo su inters individual, -'vicios privados, pblicas virtudes'-, el principio de Weil subvierte el orden de principios establecido.

Tambin escribi Sacristn un artculo titulado "Persona" para esta Enciclopedia, y trascrito parcialmente por Pinilla de las Heras en el libro que se viene comentando. En ste se subraya la posibilidad de establecer una teora poltica desde la teora de la persona, y se mencionan las teoras sobre la persona de Ortega y del argentino Francisco Romero. Desde la teora de la persona Sacristn hace una crtica del liberalismo jurdico y del liberalismo econmico, que termina con esta frase: La des-personalizacin de principio llev al gregarismo propio de la ltima fase del capitalismo. Las reacciones antiliberales vieron claramente este fracaso de su enemigo y lo subrayaron fuertemente. (op.cit.p.204).

El proceso de individuacin en la sociedad moderna conduce a la anoma, a la destruccin de los vnculos sociales, que la teora personalista quiere reconstruir afirmando la naturaleza social del individuo humano. Esa afirmacin es el principio del que se deduce la necesidad de una nueva sociedad socialista, y as lo entendi Sacristn a la hora de entrar en el partido comunista. De ese modo Sacristn recoge plenamente el principio revolucionario y anticapitalista de la teora personalista, teolgico-poltica hubiera podido decir Sacristn, de Weil. Ms adelante l ver este principio personalista de la existencia humana como comunismo y sus experiencias polticas y sociales le llevarn a militar en el partido de la clase obrera.



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