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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-07-2010

Del monocultivo a la monocultura

Emiliano Bertoglio
Rebelin


El crecimiento exponencial del cultivo de soja transgnica supone el desmontaje implacable de numerosas prcticas socio-econmicas de pequea escala, sinnimos de autogestin de la existencia, de identidades culturales regionales, de diversidad biolgica y cultural. Todo andamiaje productivo as como las relaciones de produccin que le son inherentes- es igualado hoy al dominante.

Todo monocultivo somete a los pueblos a la dependencia econmica, a la par que los desarticula como tales.

A lo largo y a lo ancho de Argentina la expansin progresiva de las nuevas tecnologas agrcolas promotoras del monocultivo de soja transgnica allana geografas, prcticas tradicionales, modelos de subsistencia, flora y fauna autctonas, empobrece la tierra, y prescinde del hombre y de sus saberes diversos.

Ao tras ao se suceden los anuncios de cosecha rcord, dando por descontado que ello es sinnimo de desarrollo para el pas. En la defensa propuesta o no- de los intereses del gobierno nacional, de los grandes terratenientes, de los empresarios del rubro y de los propios medios de comunicacin que representan, hay algo que las voces de los noticieros no dicen, tan preocupadas por dejar en claro slo el valor de las toneladas de oleaginosas exportadas: se ha pasado de siete millones de hectreas de soja en 2003, a 20 millones en 2009-2010. Se calcula que en toda Argentina hay aproximadamente 31 millones de hectreas de uso agrcola, lo que quiere decir que la soja ya ocupa este ao cerca del 64% de la superficie cultivable total1.

Esta ampliacin de las reas labradas implica la homogeneizacin de la produccin y de las relaciones de produccin al parmetro soja, con el consecuente silenciamiento de andamiajes simblicos tradicionales y sus prcticas, destruccin de espacio nativo, concentracin de latitudes frtiles.

La imposicin de la razn moderna se reedita con este rostro. Dentro de ella el crecimiento econmico es un objetivo racional incuestionable que no reconoce medios invlidos. La extensin y auto-legitimacin de esta lgica genera la no existencia de lo que no encaja en sus lmites racionales, acusado de improductivo: la naturaleza no traducible a mercanca es esterilidad, y el trabajo no alineado es pereza o descualificacin profesional2.

En vastos horizontes de Argentina se impone el color montono de la produccin genticamente modificada, implantada industrialmente. Por un lado, este sistema imperante es no-cultura, resultante de la negacin de las gentes diversas en la tierra, de la ruptura de lo ancestral, de la simplificacin de la existencia a variables cuantificables, del vaciamiento de la vida misma. Y, por otro lado y paralelamente, es supremaca extendida de la cultura de lo mercantil, concentracin excesiva de suelos, radical separacin entre hombre y entorno biolgico, importancia del espacio en tanto valor productivo-econmico individual, alteracin de las condiciones intrnsecamente naturales (manipulacin gentica).

As se va del monocultivo a la monocultura.

Semejante matriz de estandarizacin se encarna tanto hacia el interior de las propias fronteras de la regin argentina tradicionalmente agro-exportadora la pampa-, como en entornos que exceden a sta (proceso manifestado en la avanzada indetenible del modelo hacia nuevas regiones).

Con todo, frente a la creciente homogeneizacin, esta diferenciacin espacial es ya meramente analtica antes que cierta.

Puertas adentro

Con los procesos polticos y econmicos de las dcadas recientes en la zona pampeana se fragmenta el espacio rural, y el campo, adems de atravesar procesos de despoblamiento tambin es vaciado de actores y relaciones sociales histricas, concentrndose bsicamente en sus funciones productivas y generando una redefinicin de su entramado asociativo3.

La falta de apoyo al sector durante los aos noventa, y luego las nuevas tecnologas en semillas y agroqumicos que ayudaron a prescindir de horas y procesos de trabajo, se tradujeron en des-ruralizacin.

Las familias asalariadas fueron expulsadas del medio rural, antiguo espacio de la vida.4 [] cada vez hay menos productores rurales en Argentina. Segn datos de 2009, en todo el pas hay censados 276.581 productores agrarios, la mitad de los que haba registrados en 1969, cuando lleg la primera soja5. [] en los ltimos 15 aos han desaparecido 100.000 productores pobres y campesinos, que hoy pueblan las villas miserias de los centros urbanos6.

Los rditos que aporta el mercado internacional de oleaginosas hacen que se socaven y desestimen otras formas de sustento, las cuales s necesitan del factor humano. Dejan de producirse cultivos diferentes (maz, sorgo, algodn, legumbres, etc.), ganado (vacuno, porcino, ovino), tambo otras y actividades como la horticultura, la fruticultura o la apicultura7.

Las holgadas ganancias se traducen a una renta agraria sojera excesiva. sta favorece adems la concentracin de tierras a manos de pooles de siembra (grupos de inversores), quienes alquilan las extensiones frtiles en detrimento de muchos medianos o pequeos propietarios de tierras que prefieren arrendar su tierra antes que habitarla y trabajarla. En la pampa argentina 6.200 terratenientes poseen el 49 por ciento de la tierra8.

Con esto se uniforma tambin la concepcin de la economa agraria en tanto capitalizacin privada de un pequeo sector excluyente.

Los pequeos poblados que se sostenan con las ganancias generadas por el pen o el pequeo productor tambin se encuentran en riesgo. Hay ms de 60 municipios en peligro de extincin en la provincia de Santa Fe.9

(He aqu, en este apartado, la contra cara de lo que la sociologa citadina frecuentemente estudia como creciente urbanizacin, exclusivamente preocupada por el crecimiento de las urbes. Se desconoce as no slo el origen de dicho fenmeno, sino tambin y fundamentalmente la desarticulacin del espacio rural.)

Pampeanizacin

Mientras tanto, hacia el exterior de las ahora desdibujadas fronteras agrcolas tradicionales de Argentina, el proceso de homogeneizacin adquiere una fuerza mucho ms violenta y repentina. Los desalojos y desplazamientos de comunidades aborgenes y campesinas, as como las apropiaciones de sus tierras, no se resuelven con procedimientos o estrategias sutiles: los pueblos originarios no venden sus tierras ni se van a las ciudades en busca de comodidades y confort, tal se argumenta para el caso de los productores o peones pampeanos.

Las opulentas ganancias que promete el cultivo de la soja y la generacin de especies ms resistentes a condiciones poco favorables han llevado a colonizar a pampeanizar- zonas hasta ahora inexploradas, como algunas partes de Chaco, Santiago del Estero, Tucumn, Salta, el norte de Crdoba, entre otras.

Por caso, En los ltimos doce aos, la superficie de las tierras fiscales existentes en la provincia de Chaco ha disminuido de 3.900.000 a 660.000 hectreas. Pero estas tierras no fueron otorgadas, de acuerdo a la Constitucin provincial, a las comunidades indgenas o a criollos que desarrollan actividades rurales, sino que fueron vendidas (en ocasiones con los propios indgenas adentro) a empresarios madereros y sojeros, principales responsables de la drstica reduccin de los montes ocurrida durante la ltima dcada [] El monte ya no es el antiguo vergel de recursos que brindaba alimentos y medicinas, que permita la vida y la haca posible. Van desapareciendo los rboles que han acompaado las tradiciones y los mitos del pueblo toba. Hay menos lapachos, menos algarrobos, menos itines, menos quebrachos. Disminuyen las especies animales y vegetales, no hay ms marisca, se restringe la pesca. Las abejas, que tradicionalmente han formado parte sustancial de la economa y la alimentacin toba, huyen a otros sitios a causa del desmonte. La depredacin avanza y la gente no tiene sustento10.

La agricultura que promete generar alimentos para todos quienes habitan el bendito suelo argentino deja a la geografa hecha pramo y desolacin. Lejos de servir a las mayoras, el noventa y cinco por ciento de la soja que se produce a nivel mundial se utiliza para alimentar el ganado de Europa y Asia11.

En busca de la tensin transformadora

Este es el paisaje que se impone hoy en Argentina, monoproductivo y monocultural.

Sin embargo, el espacio agrario ha sido histricamente y es incluso hoy un terreno de disputas y de luchas entre el pequeo campesinado, el mercado y el Estado (o el poder colonial-feudal, antes de los Estado-nacin).

El maana se escribe en clave de resistencia y creacin. No pocos sostienen que el foco de las luchas antiimperialistas (anti Estados y anti mercado) se halla hoy en la ruralidad y en el campesinado de la periferia12.

Ahora, puede seguir considerndose tierra y, por lo tanto, espacio de rebelda y vida- a los inmensos llanos de la patria sojera, al campo vaciado?

Mientras tanto, en donde los hombres an habitan, son ellos los que levantan la voz y el puo para que la tierra siga incluyendo a las gentes.

Estn en los puntos de sutura entre las regiones amenazadas por la pampeanizacin vecina y las propias extensiones sojizadas. Pero tambin en el propio corazn del sistema, con quienes quedan dentro de las latitudes asaltadas por el monocultivo e, incluso, con los elementos urbanos de pensamiento decolonializado. Son los que piden una ley de bosques justa y respetuosa de lo natural, son los pequeos productores que luchan por defender las prcticas de una economa alternativa, es la civilidad que se moviliza contra las fumigaciones asesinas o por una alimentacin sana.

Al fin y al cabo todas las fuerzas totalizantes de la historia han mostrado tarde o temprano sus fisuras. Fueron estas grietas las que imposibilitaron su perpetuidad.

Notas:

1 La repblica de la soja, en edicin digital de El Pas (www.elpas.com , 4 de abril de 2010). Espaa.

2 Boaventura De Sousa Santos (2009). Una epistemologa del Sur. Ed. CLACSO / Siglo XXI Editores. Buenos Aires Mxico. p. 111 112.

3 Mario Lattuada y Guillermo Neiman (2005). El campo argentino. Crecimiento con exclusin. Ed. Capital Intelectual. Buenos Aires. p. 44.

4 A fuerza de no caer preso de cierta ingenuidad histrica, debe reconocerse que a su vez el modelo y las relaciones de produccin hoy desplazadas en la pampa argentina fueron en su momento las que se impusieron por sobre otros mtodos y modelos autctonos.

Por otra parte, el carcter totalizante y monocultural del actual modelo de trabajo de la tierra pampeana puede evidenciarse en algunas de las prcticas discursivas que se pusieron en juego a partir del 2008, en el marco del conflicto entre gobierno nacional y productores rurales. Las ideas referidas de los productores, el campo, la Argentina, entre otras, sugeran la existencia de una nica alternativa econmico-productiva: como si la vida de todos los habitantes del pas estuviese implicada de manera directa en lo discutido.

5 La repblica de la soja, op. cit.

6 Los que pierden todo, en revista Chispa (2008). n 228. Buenos Aires. p. 3.

7 Productores cordobeses plantean que el monocultivo quita espacio a la diversidad de flora que necesitan. Hay menos de la mitad de apicultores que hace una dcada. Soja y agroqumicos, una mezcla mortal para abejas, en diario La Voz del Interior (13 de junio de 2010). Crdoba. p. 8 (seccin A). En tanto, muchos pequeos tamberos abandonan el rubro. En 2002 funcionaban 15.000 establecimientos, pero desde entonces ms de 4.000 cerraron sus puertas. La vaquita viva en Pehuaj, pero un da se march (en www.infosur.info , agosto de 2009). En el mismo sentido, otras fuentes indican que la actividad mermara otro 5 por ciento durante este 2010.

8 Matrimonio K: ni nacional ni popular, en revista Chispa, op. cit. p. 3.

9 La repblica de la soja, op. cit.

10 Voces de Resistencia II, en Revista Sudestada (2009). Ao 7, n 66. Buenos Aires. p. 41.

11 En documental Home. Dirigido por Yann Artus-Bertrand (2009).

12 Sam Moyo y Paris Yeros (coordinadores) (2008). Recuperando la tierra. El resurgimiento de movimientos rurales en frica, Asia y Amrica Latina. Ed. CLACSO. Buenos Aires.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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