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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-07-2010

A propsito de un artculo de Juan Torres Lpez
Sobre dos dicotomas: partidos-movimientos; socialdemocracia-izquierda de la izquierda

Joaqun Miras
Rebelin


Tal como Joan [Tafalla] nos expone, al escribirnos sobre el artculo de Juan Torres Lpez [Sobre la impotencia de la izquierda] (1), el final del texto pega un salto muy flagrante y hace trampa; con toda probabilidad es una trampa no consciente; pero en ese final de texto se produce un fuerte non sequitur en relacin con los fines que se enuncian al principio del mismo. Porque propone como medio o instrumento para construir un nuevo bloque social comenzar por la creacin de listas electorales. Torres pasa por alto las consecuencias que acarrea; a saber: en primer lugar, quedar en manos de la parte de clase poltica que haga bandera de ese nuevo proyecto y lo utilice para tratar de rebaar votos.

Y en segundo lugar, y como consecuencia de lo primero, bloquear la posibilidad de que la idea de la actividad directa de los subalternos corra y se abra paso; bloquear la posibilidad de la organizacin de plataformas unitarias de movilizacin concreta y de superacin de la vieja forma partido ("vieja" relativamente; me refiero a lo que se ha entendido por partido desde 1945 hasta ahora, que, a su vez, abarca varias "expresividades"), al darle a las otras facciones profesionales polticas ya existentes argumentos para desautorizar la propuesta por oportunista, y frenar as la penetracin de esas ideas entre sus bases y gente prxima. Porque, como bien sabemos, estas castas polticas son muy competentes a la hora de descubrir analizar y denunciar los engaos y trampas -"aagazas"- de las otras facciones. Saben explicar a las mil maravillas los defectos de los dems para garantizarse la fidelidad de sus adeptos, horrorizados e indignados por las canalladas que sufren sus jefes. Y consiguen solidificar y an petrificar en el inmovilismo a sus propias bases, al grito de la defensa de la propia identidad, hacindoles tragar carros y carretas, precisamente gracias a un enemigo, as providencialmente surgido. Todos conocemos ejemplos y poseemos suficientes experiencias al respecto.

Pero creo que la equivocacin del artculo que aparece tan claramente al final est ya implcita en los argumentos anteriores: cuando se divide la izquierda europea en izquierda socialdemcrata e "izquierda a la izquierda" de la socialdemocracia; y, luego, y en una segunda dicotoma, cuando se procede a la distinguir entre partidos y movimientos.. Creo que esta doble divisin es equivocada.

Me explico -y me manejo con la informacin que poseo, que es mala y poca-. Primero, respecto de la divisin partidaria entre socialdemocracia y su izquierda: con la excepcin de la Linke, que tiene dos almas, como es normal y no puede ser de otro modo en la actualidad, dado su carcter de partido de profesionales, y en ausencia de verdadera movilizacin popular, no veo ninguna fuerza en Europa que no sea y tenga vocacin de convertirse en una fuerza turnante del rgimen poltico oficialmente instalado en cada sociedad respectiva. Precisamente la inconsciente comparacin sin ms de esas otras experiencias emergentes aqu y all, en torno a listas, con la Linke es clara muestra de incomprensin de la especificidad de la Linke que ha posibilitado su singular desarrollo. Porque la Linke es la consecuencia, no del desarrollo afortunado de un proyecto electoral, gracias a la notabilidad de estas o aquellas figuras personales, sino de la existencia previa una base social, si no organizada para la movilizacin, s culturalmente diferenciada, con una moralidad fuertemente normativa y unas expectativas vitales referidas a la vida cotidiana, diferentes a las generadas por el capitalismo del consumo.

Es cierto que esta ignorancia se debe a un silencio ms que sospechoso existente al respecto, pues muchos de los que jalean la Linke aqu y all y la proponen como ejemplo a seguir, callan y tratan de ignorar esto, precisamente: que las bases sociales generadas en la ex RDA el estalinismo- son las que han dado como resultado la aparicin del nico proyecto poltico, expresin de una base moral diferenciada. Dicho esto, lo que queda claro es que la Linke surgi, tal como surgan los viejos partidos antao, a partir de una base cultural autnoma. Que es precisamente lo que a nosotros nos falta y lo que hemos de comenzar a crear como fase previa

Y prosigo con el juicio que me merece la primera divisin propuesta por Torres, esto es, socialdemocracia e izquierda a la izquierda de la socialdemocracia: Con la salvedad -o duda en su favor- que me merece algn rgimen poltico de los pases escandinavos, no veo ningn rgimen poltico que no est en la lnea poltica ferozmente ultraliberal dictada por la burocracia europea; vale decir, en una lnea de revolucin social y poltica, de accin revolucionaria procapitalista; o si se prefiere, de contrarrevolucin activa en plena ofensiva, lanzada sin rebozo alguno ya en este momento y plenamente triunfante. Por tanto, en la medida en que estas fuerzas pretenden acceder a las instituciones polticas como forma de hacer poltica y no se plantean el problema de la organizacin social y cultural alternativa como base previa, estn llamadas a quedar enredadas en las dinmicas institucionales impuestas por esos regmenes polticos. Para hacer esta evaluacin, no me atengo a las declaraciones programticas de los diversos partidos, sino a las polticas prcticas de gestin que asumen al poner los pies en las instituciones municipios, etc-.

Estamos en julio, y el ejemplo que se me ocurre es bastante trivial: con independencia de la fuerza poltica que sea, y de que se denomine a la localidad Pamplona o Irua: hay alguna fuerza que se atreva a oponerse a esa locura consumista, despilfarradora y beoda que se denominan sanfermines?. Prosperidad, puestos de trabajo, lo nuestro, se dir.

Desde luego, en todas las fuerzas polticas que se denominan de izquierdas, tanto en las socialdemcratas como en las de la "izquierda de la izquierda", hay en ellas bases sociales populares, arropadas en las viejas identidades de las mismas, que si bien no consiguen reproducir y actualizar sus identidades pasando el testigo a las nuevas generaciones y ejerciendo polticamente como cuadros de masas, siguen preservando sus ideas en el interior de esas organizaciones. Son personas que no tienen influencia alguna sobre los "staffs" -es la palabra adecuada, por higinica y posmoderna- dirigentes. Hoy los staffs dirigentes ni tan siquiera salen ya de las bases populares. Las cooptaciones de esas formaciones se realizan al margen de las militancias, y por tanto, esos staffs, ni comparten ni han conocido esas identidades culturales.

Paso a la segunda dicotoma propuesta por Torres. Tampoco me parece acertada la otra divisin: partidos/movimientos. Qu movimientos? Se puede considerar como tales a las vanguardias altermundistas, a las planillas de personas que sostienen entidades paraestatales al arrimo de "ayudas y subvenciones" tales como las que los ministerios y las conselleras dan a la dona, a tal o cul grupo verde, a tal o cual, "proyecto" presentado con el fin de crear "yacimientos de empleo" pblico en tal o cul barriada? A las ONGs, quiz? Dentro de ese batiburrillo, mezcladas con quienes saben ingeniarse sus pesebres, hay tambin gentes que se mantienen al margen de los enjuagues, y ese sector es "majo y tal" -pues como nosotros-; pero eso no es un "movimiento". "Movimiento" es otra cosa, y es precisamente lo que se echa en falta. Curiosamente en ciertos pasos del artculo de este amigo, l mismo parece reconocer su inexistencia en este momento y parece echarlo tambin en falta.

Y llegamos entonces, creo yo, a un punto en el que ya el texto de Torres Lpez no "incursiona". Porque precisamente lo que requiere al menos un momento de reflexin es, precisamente la explicacin del parn general, de la general desmovilizacin. El hecho de que la crisis est pudiendo ser aprovechada por la derecha, esto es, por el capitalismo ms feroz y financiero, como el elemento definitivo para liquidar hasta la ms insignificante y modesta lnea poltica de tipo social de las mismas polticas sostenidas en las instituciones por las fuerzas denominadas de izquierda. El hecho de que la crisis es, precisamente, el elemento que ayuda a desmovilizar an ms a la gente. Porque, puede que yo me equivoque, pero la crisis ha desmontado o barrido o, quiz, ha hecho visible -quiz sea esto- la desaparicin de las pocos sectores sociales que an parecan quedar activos, mnimamente organizados. Ciertas corrientes populares de pensamiento vivas an hace quiz, 15 aos favorables a la movilizacin, herederas del movimiento antifranquista...-pero esto es impresionismo e intuicin mas, claro.

Y creo que en el artculo de Torres Lpez no se valora la cultura de las generaciones de los mileuristas y de los dems trabajadores asalariados que se han incorporado al trabajo en los ltimos 25 aos -dos generaciones casi- bajo el rgimen de las socialdemocracias procapitalitas, y de los partidos de "izquierdas a la izquierda" partidos comunistas y trotskistas, y los restos de sus naufragios, dicho en cristiano, con algn brote verde; pues: qu otros?- que se apuntaron al carro de tratar de mojar en el voto de esos votantes aceptando sin debatir la cultura que se impona: basada en un consumo cotidiano muy elevado -aunque sea una mierda en cuanto a su calidad real-, altsimo en gasto en carburantes, en consumo de ocio profesionalizado , en vacaciones fuera de casa, en compra y disposicin de gadgets, visuales y telefnicos, en automviles, etc., cosas todas en las que se basa el prestigio y la identidad del individuo. Una cultura que prestigia la riqueza, el modo de vida de los ricos y de los famosos, y que alberga expectativas de enriquecimiento, de xito social, tan ilusas como ardientes...toda una derrota cultural impensable hace 30 aos, cuando el asalariado ms conservador tena conciencia de que los trabajadores no se hacen ricos nunca de ningn modo . Y que nadie poda hacerse rico honradamente; y que ms tiene el rico cuando empobrece que el pobre cuando enriquece etc. Toda esta nueva cultura debe ser sumada, desde luego, a lo que haba de despolitizacin y de deseo de vivir mejor, de las anteriores generaciones que fueron troqueladas por el fascismo del consumo, desde los aos 60.

Creo que si queremos tener un espejo fcil, de las consecuencias de todo esto en los proyectos morales, podemos vernos en la derrota y disgregacin de la otra institucin cultural de este pas: la iglesia. Cmo se aferra a una lucha por la dentellada a los presupuestos del estado, por el poder poltico, cmo se esfuma la militancia de base entre sus gentes, cmo se vaca y ritualiza en formalismos, etc...y, por ejemplo, en los escolapios ya no hay ni clase de religin as que no tienen problema de alternativa a la religin como asignatura...-.En fin perdonad estas vaciedades.

El despiste del texto es tan gordo que propone en estas condiciones, comenzar a pegarle al hierro en fro, esto es, comenzar la reconstruccin del partido antes de la existencia del movimiento, de nueva moralidad, de rearme de la moral de lucha, de la recuperacin de criterio- y lo propone, precisamente, como medio para hacer surgir el movimiento.

Por supuesto creo que no se puede separar ms que de forma casi, casi, casi, "analtica" la idea de partido de intelectual orgnico-, de la idea de movimiento. Creo que, desde un determinado respecto son indiscernibles -el mismo respecto que lleva a Gramsci a decir que Estado y Sociedad civil son inseparables-.Y desde otro, son tan slo discernibles como materiales constituyentes de un todo orgnico: se llamar partido al conjunto y suma de los activistas que impulsen microgrupos organizados, estables, de movilizacin y accin en todo un territorio, a los activistas cuyo nivel de actividad les empuje a buscar y relacionarse con otros individuos que, como ellos, dinamicen y animen en otros lugares grupos semejantes, con la intencin de poder coordinar acciones e intercambiar experiencias, con el fin de crear un nuevo sujeto social mayor, con independencia del credo que ellos crean profesar. De modo que para que pueda ir originndose uno de los cabos de este binomio, ha de ir cuajando y formndose el otro. Y en ausencia de un proceso tal llammosle dialctico, aunque a m la palabra me sobre porque no me aade nada a la elaboracin de la idea- lo que puede surgir es un nuevo proyecto institucional, un nuevo yacimiento de trabajo que d de comer a algunos profesionales de la poltica.

Pero para vernos en una tal nueva situacin, antes habr de haber movilizaciones, luchas, rechazo a lo que hay, comunicacin pblica -eso lo viene a sealar Torres-....o sea habr que trabajar en la lnea de recomponer una moral y unas mores, de proponer una reforma moral e intelectual. Que sea de recibo el discurso, al menos, el discurso, de que para garantizar, sanidad escuela, enseanza superior , trabajo repartido y con garantas y derechos, pensiones, calefaccin, agua potable y dems servicios , medios culturales dignos en general, hay que recuperar la soberana sobre la sociedad, y esto significa una guerra terrible por salirse del banco europeo y del euro -hasta aqu, nada parece tener que ver con el da a da-, y que eso, el bloqueo de los flujos del capital financiero, de los prstamos tomados sin control, de las inversiones de los fondos internacionales de inversinetc, acarrea un tremendo descenso del consumo. Que, como mnimo, se discuta y se acepte intelectualmente este discurso, que se acepte una renuncia al tipo de vida que actualmente embarga nuestras expectativas vitales, o sea un cambio de forma de vida...y que se piense que eso es lo deseable.

No sera distinta la consecuencia acarreada por la otra posibilidad a defender por una izquierda moral, que yo veo ms difcil an: la creacin de una alternativa poltica de masas de mbito europeo, que ponga las bases de un nuevo proyecto civil europeo contra el capital financiero y la circulacin de dinero fcil

Para terminar, y aunque no tenga que ver directamente con el texto que comentamos, quiero traer aqu a memoria colectiva otro elemento silenciado por actual silencio de guerra fra y que he recordado mientras escriba sobre la Linke. El Estado de bienestar ha pasado a ser historia. Las enrgicas polticas impulsadas por el gobierno europeo de coalicin no slo los Durao Barroso, tambin Almunias- y por el FMI de coalicin un Strauss Kahn intercambiable con Rato- imponen medidas inmediatas, fundamentales, de demolicin del mismo; es su orden del da. No debemos sorprendernos. Estas polticas fueron el resultado de una correlacin poltica de fuerzas que las impona, y haca aconsejables. Es la correlacin de fuerzas que surge en 1945 como consecuencia de la derrota del nazifascismo, fundamentalmente por el esfuerzo blico acometido por la URSS, la que impuso, por la fuerza de las cosas esta polticas. La guerra fra posterior aconsejaba a los pases capitalistas tener en calma la retaguardia y garantizarse la desmovilizacin de la izquierda a base de aceptar los derechos sociales bienestar - y civiles que sus representantes pudiesen ocupar las periferias institucionales- de los trabajadores . Una vez liquidada la experiencia sovitica y rota aquella correlacin de fuerzas, en ausencia de unas clases populares movilizadas, aquella poltica careca, carece, ya de valedores.

Apostilla final: Por qu me parece reveladora la descomposicin actual de la iglesia espaola. Como sabemos por ltimas noticias la mayora de los matrimonios celebrados en Espaa han pasado a ser civiles; tenemos aqu una muestra emprica de la prdida del control de la Iglesia, incluso sobre los rituales de paso de nuestra sociedad. Pero para percibir la importancia y el sentido profundo de estos cambios y la consiguiente disgregacin eclesistica, debemos tener en cuenta las particularidades de la iglesia catlica espaola. sta, y segn sus propias categoras, no fue nunca una iglesia militante, sino una iglesia triunfante. Tras la Desamortizacin, y con la prdida de su autonoma econmica que le haba garantizado hasta entonces autonoma en relacin con el poder poltico por ejemplo, su posicin respecto de los primeros Borbones durante el siglo XVlll-, pas a aliarse de forma inseparable con el rgimen imperante. Esta nueva situacin cuaja con Isabel ll, reina que recibi las ms altas distinciones del reino pontificio cuyo monarca era Po nono. La monarqua espaola mantendra un ejrcito expedicionario en los estados pontificios hasta 1868, que, junto con el ejrcito francs hasta Sedn 1871-, sostendran la monarqua vaticana il Papa, re-.

Pero esto ltimo es poco relevante; o, en todo caso, sirve a los efectos de probar la trabazn que se produce entre la Iglesia jerrquica espaola y el poder econmico y poltico. Esta slida unin se continu bajo la Restauracin, con la dictadura de Primo de Rivera y con el rgimen franquista. En este rgimen, 3 obispos espaoles eran miembros natos del parlamento fascista, etc etc. Las opciones polticas e ideolgicas de la iglesia espaola fueron siempre ferozmente contrarias a los intereses populares y a la democracia. Pero, y esto es lo sorprendente, en Espaa, a pesar de la escasa militancia popular de la iglesia institucional espaola en el pueblo, a pesar del alejamiento respecto del movimiento obrero y de todo movimiento popular organizado y a pesar de la defensa encendida de los intereses polticos de la oligarqua espaola actitud por completo distinta de la de la iglesia catlica de los Pases Bajos, Malinas, o de parte de l a iglesia catlica francesa, tras la tercera repblica, etc.- una base cultural popular autnoma, fuertemente normativa, reproduca necesidades culturales antropolgicas- de carcter moral, y necesitaba de la institucin eclesistica para satisfacerlas, pues las expresaba a travs de la misma. Desde luego, all donde las clases populares entraban en relacin con otras posibilidades culturales e institucionales, de tipo religioso, de expresin de sus imperativos normativos, de sus sentimientos, etc, stas podan vencer fcilmente a esta iglesia aristocratizante, lejana y aliada al poder; por ejemplo, la santera entre la masa popular cubana negra.

En consecuencia, el alejamiento actual de la iglesia espaola institucional respecto de las clases populares es la inveterada, y no es esto lo novedoso. S lo es la prdida de relacin con las clases populares. Una prdida que es prueba del hundimiento de las culturas populares autnomas, fuertemente normativas que eran las mismas culturas autnomas que generaban el suelo moral del que era orgnica la izquierda. Y as estamos tambin nosotros.

Nota:

[1] Juan Torres Lpez, Sobre la impotencia de la izquierda. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=110043

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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