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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-07-2010

Economa social y democracia comunal

Carlos Rivera Lugo
Rebelin / Claridad


Escribo nuevamente sobre un tema que un analista radial vespertino en Puerto Rico bautiz en estos das con cierto reproche que me produjo vergenza ajena- como la oda a la democracia participativa. Quienquiera potenciar cambios verdaderos en estos tiempos est forzado a aprender de las inditas experiencias de lo comn que estn determinando los nuevos rumbos de la Amrica nuestra, incluyendo el de Puerto Rico. Pero el que en cambio prefiera la comodidad yerma de la retrica ideolgica y las prcticas polticas de ayer, que siga prisionero del eterno retorno de la nada poltica.

Nuestra Amrica experimenta una dcada de transformaciones paradigmticas que ha tenido como eje la democratizacin radical de su modo de vida. Cansada de soportar las hip critas prdicas de Estados Unidos y la Unin Europea, los autoproclamados paladines de la democracia global, por fin de las entraas mismas de nuestras sociedades se ha ido materializando un nuevo y diferenciado paradigma democrtico: la democracia de lo comn.

A diferencia del modelo poltico euro-estadounidense, cuyo poder real de decisin est en manos de unas elites polticas y econmicas que slo expresan sus particulares y excluyentes intereses de clase, el nuevo modelo democrtico de la Amrica nuestra se apuntala precisamente en la autodeterminacin y participacin activa del soberano popular en las decisiones polticas y econmicas fundamentales, tanto en sus dimensiones colectivas e individuales.

La sociedad toda se apropia del Estado para refundarlo desde s misma, es decir, desde los valores e intereses, las aspiraciones y expectativas de las comunidades y movimientos que expresan su potenciada voluntad ms all de las esferas tradicionales del Estado. As, el Estado se refunda a partir de su socializacin y democratizacin real. Y para que la democratizacin sea real tiene que penetrar adems y sobre todo en el proceso de produccin social y distribucin de la riqueza.

Es muy sencillo: cmo se puede seguir justificando que un proceso de produccin cada da ms social y cooperativo, sin embargo advenga en un proceso estrictamente privativo, excluyente y egosta a la hora de la reparticin de sus frutos? La Organizacin de las Naciones Unidas denunci en un informe reciente que el 1 por ciento de los ms ricos en el planeta se han adueado del 40 por ciento de la riqueza global. Entretanto, la mitad ms pobre slo recibe el 1 por ciento de dicha riqueza.

Ahora bien, m ientras las instituciones polticas en Estados Unidos y Europa sufren una decidida cooptacin y corrupcin por parte de los grandes intereses, y sus socio-economas se hunden en la inestabilidad producto de las lgicas salvajes del capital, desde la Amrica nuestra han surgido ejemplos de nuevos referentes polticos y econmicos que son objeto de la admiracin de muchos, tanto en el Sur como en el Norte. Ello queda refrendado adems por el hecho de que a la misma vez que las economas del Norte se asoman nuevamente a un repunte recesivo, se espera que las economas de la Amrica Latina tengan un crecimiento de un 4.5 por ciento, segn los pronsticos del Banco Mundial.

Un caso ilustrativo de este ejemplar repunte econmico sureo es Venezuela, sobre todo a partir de su modelo de economa social predicado en la idea compartida por laureados economistas como el estadounidense Joseph Stiglitz- de que no puede haber crecimiento y, ms an, desarrollo sin bienestar comn. Es por ello que contrario a la campaa ideolgicamente parcializada de gran parte de los grandes medios de comunicacin contra el gobierno venezolano encabezado por el presidente Hugo Chvez Fras, el presidente de la Asamblea General de la ONU, Ali Abdessalam Treki, reconoci recientemente que ese pas suramericano constituye un modelo paradigmtico para los dems pases de la regin en cuanto al adelanto de los objetivos de desarrollo trazados por dicha organizacin mundial hacia el 2015.

Asimismo, en un Informe del 2009, la Comisin Econmica para Amrica Latina y el Caribe (CEPAL) reconoci que Venezuela est a la vanguardia en la superacin de la pobreza y la desigualdad en la regin. Para ello dedica una proporcin significativa de su presupuesto nacional a programas sociales. Por ejemplo, en 2009 fue el 45.7 por ciento. Ello le ha permitido reducir la pobreza de 80 por ciento en 1999 a 30 por ciento en 2009, y bajar la pobreza extrema durante ese mismo periodo de 17.1 por ciento a 7.2 por ciento.

Ms recientemente, el gobierno de Venezuela se ha propuesto potenciar el desarrollo de otro eje fundamental de su revolucin bolivariana: la democracia de las comunas. Propuesta como un elemento esencial de la construccin de una nueva geometra del poder, apuntalada en el soberano popular como fuerza constituyente permanente, la Ley de Comunas, aprobada ya a finales de junio pasado en primera discusin por la Asamblea Nacional, aspira a reconocer legalmente lo que ya de hecho existe a travs del pas, as como eliminar las trabas burocrticas que a veces se le interponen y facilitar su desarrollo. Segn el Ministerio del Poder Popular para las Comunas y Proteccin Social, existen ya unos 11,761 consejos comunales constituidos y otros 200 en construccin.

Bajo l a nueva legislacin, la comuna es definida, desde una perspectiva micropoltica a lo foucaultiano, como una especie de microestado dentro del Estado. Son tres sus componentes esenciales: (1) el asamblesmo como expresin del autogobierno comunal; (2) la administracin de las competencias y servicios propios de la gobernanza de la organizacin social a escala local; y (3) la democratizacin del orden econmico, particularmente en lo referente al sistema de produccin y distribucin de la propiedad social.

La Ley de Comunas promueve la ms eficaz desconcentracin y democratizacin del poder mediante la participacin directa de la ciudadana en las decisiones y la gestin de las polticas pblicas, incluyendo las actividades de produccin social. Para ello contar con una serie de instrumentos, previamente aprobados por los habitantes de las comunas, como lo es una Carta Comunal, bajo la cual se enunciar una normativa poltica y econmica bsica que privilegiar el bien comn sobre el inters particular. Tambin se crea un Consejo de Planificacin, un Banco Comunal y un Parlamento Comunal. Este ltimo es la principal instancia del autogobierno comunal y, como tal, aprobar una normativa para la regulacin de la vida social y comunitaria. El Derecho ampla as sus fuentes materiales hacia la comunidad, ms all de la esfera estatal clsica.

En ese sentido, el Estado bolivariano se hace expresin de la fuerza normativa de las acciones del soberano popular. Es decir, facilita el proceso mediante el cual el nuevo Estado y democracia de lo comn, como expresin del poder del soberano popular, se construye, como slo puede hacerse, desde abajo. La comuna se constituye en ese espacio local desde el cual edificar la nueva sociedad comprometida con el bienestar comn.

Se aleja as el actual proceso revolucionario bolivariano de los desbancados predicados ideolgicos vanguardistas que pretenden hacer ver que el nuevo modo comn de vida es algo que puede y debe ser impuesto desde arriba, por algn lder o partido ilustrado. La transformacin es comn, es decir, constituye el resultado de las potentes y comunes voluntades de los ciudadanos, o no ser. El poder se refunda desde el pueblo, depositndolo en sus plurales manos soberanas. Esta parece ser la sabia determinacin de esta nueva revolucin dentro de la revolucin.

Puntualiza al respecto la reconocida intelectual marxista chilena y asesora del presidente Chvez, Marta Harnecker , que la democracia no significa representatividad burguesa, sino protagonismo popular, creatividad popular, iniciativa popular. Y abunda: Democracia que significa no imponer las soluciones por la fuerza, sino ganar las mentes y corazones de la gente para el proyecto que queremos construir y construirlo con ellos, es decir, ganar la hegemona en trminos gramscianos. Y, como dice el Presidente Chvez, las mentes y corazones se ganan en la prctica, creando oportunidades para que la gente vaya entendiendo el proyecto en la medida en que va siendo constructora del mismo (Las comunas, sus problemas y como enfrentarlos, Caracas, 2009).

Reflexionar acerca de estas cosas no es mero diletantismo. En la resolucin correcta o errada de esta problemtica lo que est juego, ni ms ni menos, es el futuro de la revolucin, concluye acertadamente Harnecker.

* El autor es Catedrtico de Filosofa y Teora del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos, en Mayagez, Puerto Rico. Es, adems, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueo Claridad. 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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