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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-07-2010

Veladas prohibiciones, descaradas intenciones

Beatriz Morales Bastos
Gara


Hace escasas semanas, el Senado espaol aprob una mocin que insta a su Parlamento a prohibir el uso del burka y el niqab en los espacios pblicos, incluida la calle. Ahora este debate se ha trasladado a la Asamblea francesa de la mano de su ministra del Interior, Michelle Alliot-Marie, en clara sintona con otras leyes ya aprobadas en el Estado francs o con su famoso debate sobre la identidad nacional -francesa, claro-.

Todo esto nos lo quieren vender como un logro y un avance para la libertad y la dignidad del las mujeres. Menos mal, pobrecitas de nosotras, gracias a estas buenas gentes que se preocupan de nuestra tutela y de decirnos cmo hemos de usar nuestro cuerpo, cmo hemos de vivir nuestra sexualidad y, ahora, incluso cmo hemos de vestirnos... ya nos podemos sentir liberadas. Ya nos podemos sentir tan libres como las occidentales que, como es bien sabido, hace ya dcadas se deshicieron de las ataduras de la opresin machista y ahora pueden dedicarse a exportar la frmula de su xito por todos los rincones del planeta.

Ya se sabe que, tal y como explica la investigadora social Sandra Gil, las mujeres migrantes somos vctimas de nuestra cultura, de nuestros maridos, de nuestras tradiciones, de nuestra ignorancia; en definitiva, de nosotras mismas. Y si adems somos musulmanas, ya no os queremos ni contar. Es lgico que se pueda decidir por nosotras. A fin de cuentas, somos el reflejo de nuestros propios pases: incapacitadas, dependientes, sumisas, tradicionales y subdesarrolladas; nada que ver con las modernas, independientes y emancipadas mujeres de la sociedad europea.

Si estas ltimas deciden hacerse monjas de clausura para redimir el pecado original de todas la Evas del mundo, no es por imposicin de ningn tipo, sino como resultado de un profundo proceso de reflexin y pensamiento mstico que slo los seres superiores pueden llegar a alcanzar. Las dietas del melocotn o las operaciones de ciruga esttica para cumplir con los cnones de belleza del sistema patriarcal son un acto ms de catarsis liberadora. Por supuesto, es mucho ms degradante para su dignidad el que una joven de 16 aos vaya al instituto con la cabeza cubierta por un pauelo a que les pida a sus padres que le paguen una operacin de aumento de pecho por haber aprobado el bachillerato.

No sabemos a quin pretenden engaar. Que estas iniciativas cuenten con el respaldo de partidos como la UMP de Sarkozy, el PP, CiU o UPN (como todo el mundo sabe, vanguardia poltica de la lucha por la liberacin de las mujeres) nos da una idea de por dnde van los tiros.

No se trata de liberar a nadie. Sencillamente, se trata de invisibilizarnos todava ms. De atacar nuestras seas culturales y de identidad. En definitiva, islamofobia y machismo en estado puro. El hecho de que como reaccin a estos ataques cada vez ms mujeres musulmanas, progresistas y feministas decidan llevar el hiyab por razones no tanto religiosas sino polticas, para luchar contra esta invisibilizacin y defender su presencia en la sociedad sin tener que renunciar a lo que son, no debera sorprender a nadie y s suscitar una reflexin.

Si de verdad se preocupan por nuestra libertad y nuestra dignidad, en vez de prohibir el uso del niqab y el burka, algo anecdtico en las calles de los estados espaol y francs, cuya legislacin nos toca padecer en Euskal Herria, por qu no invierten estos esfuerzos y energa en la lucha contra la explotacin y las condiciones tan indignas como humillantes en las que estamos trabajando miles de mujeres migrantes, principalmente en el sector del servicio domstico y el de cuidados? Hay que ser hipcrita para hablar de la libertad de las mujeres y al mismo tiempo poner en marcha todos los mecanismos legales y sociales para negarnos los derechos ms elementales como trabajadoras y ciudadanas.

De qu otro modo se puede explicar si no que las denuncias por malos tratos presentadas por mujeres en situacin administrativa irregular sean respondidas inmediatamente por la Polica con la apertura del correspondiente expediente de expulsin contra la denunciante, el cual se ejecuta automticamente en caso de que en la sentencia no se den por probados dichos malos tratos. Quin se puede atrever a denunciar bajo estas circunstancias? Lo dicho, los vemos realmente preocupados por la salvaguarda de nuestros derechos y nuestra libertad.

Pero todo esto debemos circunscribirlo en una estrategia que va an ms lejos. Como deca Tariq Ramadan recientemente en una interesante entrevista (GARA, 2010-6-19), esto slo es un intento de los poderes polticos y los medios de comunicacin para instrumentalizar estas controversias, sobre todo en una coyuntura de crisis econmica. Se trata de crear un enemigo sobre el que podamos proyectar todos nuestros problemas y frustraciones, y culpabilizarle de ello. Es siempre lo mismo, dice Tariq Ramadan: t eres el malo y nosotros los buenos. En Euskal Herria esta estrategia es de sobra conocida. Slo quieren despistarnos y que nos enfrentemos entre nosotras y nosotros, en vez de que aunemos fuerzas para luchar contra los verdaderos causantes de nuestros problemas.

A nosotras no nos engaan. Ante tanta imposicin y desprecio, estamos dispuestas a seguir saliendo a la calle, cada una vestida como le d la gana, a protestar y a defender nuestros derechos, revindicando, junto al resto de las mujeres vascas, que aqu vivimos y aqu decidimos, tambin sobre estas cuestiones.

Inshallah!


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