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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-07-2010

Ciencia, Civilizacin Y Barbarie (V)
Violencia, una mirada multidisciplinaria

Sergio Barrios Escalante
Adital


"Por si fuera poco, los chimpancs cuidan los vnculos familiares,
lloran la muerte de sus madres y adoptan a los hurfanos"
(F. Capra; 2002, p. 86).


Introduccin:

El objetivo central del presente texto es brindar una mirada multidimensional respecto al fenmeno de la violencia, observndolo en algunas de sus mltiples, complejas y sutiles manifestaciones, en busca de nuevos enfoques para su abordaje multidisciplinario.

Como sabemos, el primer paso de cualquier mtodo de indagacin cientfica es la observacin atenta. Y al final de todo proceso cognitivo, la meta suprema es llegar a conocer con cierta profundidad la esencia y magnitud del fenmeno bajo estudio, como primer paso para cualquier intento de intervencin o incidencia sobre el mismo.

En el presente ejercicio, se aborda en primer lugar, el carcter transhistrico de la violencia; luego, sus implicancias como fenmeno micro-estructural; y en seguida, se atiende el fenmeno en algunas de sus vertientes macro-estructurales.

Desde una perspectiva marxista (enfoque cientfico que resalta el papel de los factores y la realidad objetiva sobre lo subjetivo), convendra invertir el orden aqu presentado (revisar antes lo macro-colectivo y luego lo micro-individual), sin embargo, la razn de atender primero lo individual, responde a la intencin especfica del autor del presente escrito, en cuanto a subrayar aspectos muy sutiles que intervienen en el fenmeno de la violencia, y que por lo general pasan desapercibidos para el socilogo o el analista poltico, aunque quiz no para el psiclogo social y el antroplogo social y cultural.

Lo ideal es ver los dos grandes aspectos del problema (macro-micro; objetivo-subjetivo), como las mitades simtricas de una "naranja". Hay una permanente interrelacin dialctica entre ellas. Se producen millones de actos de violencia cada segundo en todos los rincones del mundo (desde tirar alevosamente una pequea cscara de banano justo en la grada externa de la puerta de salida de un autobs, hasta el oscuro tecncrata que toma el telfono y ordena el bombardeo areo de una aldea repleta de nios, mujeres y ancianos).

En algunos casos prima lo subjetivo sobre lo objetivo, y en otros a la inversa.

De igual manera, en algunos casos lo macro-estructural (colectivo e institucional), se impone como actor desencadenante de fenmenos de violencia, y en otros momentos, es al revs, lo micro-individual (la elevada subjetividad y complejidad del cerebro humano), es lo que se impone como factor clave.

Buda, Marx y el carcter transhistrico de la violencia.

El "smmum Bonum", la esencia de todo el pensamiento de los creadores del budismo y el marxismo, convergen al menos en una misma conclusin (aunque sean divergentes en otra gran cantidad de asuntos), respecto al diagnstico sobre la condicin principal que caracteriza a la civilizacin humana.

Cuando el buda histrico, el prncipe Gautama, sali por vez primera fuera de los artificiales y protegidos ambientes de sus monrquicos progenitores, es decir, cuando por vez primera sali a tomar contacto directo con el mundo real, y constat su esencia descarnada, exclam: "Sarvam dukham, sarvam anityam" ("Todo es doloroso, todo es pasajero").

Muchos siglos despus, mientras Marx caminaba reflexivo por las desiertas calles londinenses de la Gower Street, pocos minutos despus de abandonar la enorme sala de lectura de la Biblioteca del Museo Britnico, lugar donde dej muchos aos de su vida, exclam: "la violencia es la partera de la historia".

Conclusin inicial: Desde la primera y ms grande de todas las conflagraciones (aquella apertura violenta con la que se origin el universo que ahora habitamos), hasta el ms reciente asesinato, ocurrido apenas hace cinco minutos, toda la realidad est atravesada por diversas formas de violencia. Como humanidad somos hijos de ella, y a todo cuanto podemos aspirar es a intentar comprender algunas de sus principales causas y manifestaciones, para as reducir o minimizar al menos algunos de sus efectos perniciosos o perturbadores.

La violencia como fenmeno micro-estructural.

Carl Gustav Jung, el genial psicoanalista que nunca recibi (ni necesit) un premio Nobel, sostena que el crptico trmino "Umbra Solis" ("Sombra del Sol"), no era otra cosa ms que el lado oscuro, el lado siniestro que todo ser humano lleva oculto dentro de si. Es el lado inconfesable que incluso el mismo "portador" oculta de s mismo (a).

A esa parte de la psiquis, tan minuciosa y profundamente estudiada por los antiguos alquimistas y modernos psicoanalistas (y que la mitologa griega identific con el metafrico nombre de "Caja de Pandora"), Jung le acu el trmino de "Sombra". All va detrs de nosotros a donde quiera que vayamos.

"La sombra", de acuerdo con el Dr. Jung, representa en esencia aquellos problemas morales que el individuo no puede, no quiere (o no se atreve) a resolver" ("Jung on alchemy": Nathan Schwartz-Salant; Routledge, London, 1995, p. 72).

Y en esa misma tnica que era tan especialmente marcada en Jung (y que algunas veces le acarre crticas por otorgar demasiado nfasis al rol de lo subjetivo-individual en los problemas sociales), este brillante psicoanalista sostena -muy a despecho de lo que solemos explicar los socilogos y politlogos-, que en buena medida las convulsiones sociales y su violencia concomitante se debe a la prdida de conexin de los individuos con su "centro psquico" (con su "esencia" diran los filsofos vendantas miles de aos atrs).

Y en esa lnea de pensamiento sostena que la misma palabra "crazy" (loco), proviene del trmino "cracked", que significa "fragmentado". Es decir, bajo su ptica, el mundo es cada vez ms violento porque su psiquis est cada vez ms fragmentada (o "alienada" como suele decirse en las vertientes sociolgicas).

En otro momento, y en otro contexto cognitivo, Eliade, el gran Mircea, al analizar el importante rol de los smbolos y mitos en la historia de la humanidad, argumentaba que desde tiempos remotos hasta hace muy poco tiempo, los grandes relatos mitolgicos haban dotado de sentido existencial a los seres humanos, pero con la llegada del hombre moderno y su arrogante y materialista obsesin por destruir mitos y dioses, produjo un enorme vaco interior que no ha podido llenar con los avances de la ciencia, la tecnologa ni con el consumo compulsivo.

Segn l, la crisis del hombre moderno es la crisis de su idea de progreso, una nocin derivada de la concepcin lineal del tiempo, la cual, habramos de heredar del zoroastrismo, el judasmo, el cristianismo y de la religin musulmana.

De acuerdo con Eliade (cito textualmente);

"El hombre moderno -no religioso- asume una nueva "situacin existencial" (en comparacin con el "tradicional", que se mantena fiel a sus "hierofanas"). Para el hombre tradicional, los eventos histricos ganaban significacin imitando lo sagrado, los eventos trascendentales. En contraste, el hombre laico carece de modelos sagrados acerca de cmo debe ser la historia o la conducta humana, de modo que l debe decidir por s mismo acerca de cmo debe proceder su historia. De hecho, l mismo se reconoce como el nico sujeto y agente de la historia, y rechaza toda inclinacin hacia la trascendencia" ("Mitos y Smbolos"; M. Eliade, 1952).

Y Prosigue;

"Debido a esta nueva "situacin existencial", "lo sagrado" se transforma en el primer obstculo para la "libertad" del hombre no-religioso. Al visualizarse as mismo como el propio hacedor de la historia, el hombre laico se resiste a todas las nociones de un orden exteriormente impuesto o un modelo que el supuestamente debe obedecer" (Op. cit).

"El hombre moderno se hace as mismo -contina Eliade-, y l solo sentir que se auto-realiza completamente, en proporcin a cuanto el logre desacralizarse as mismo y al mundo. El realmente no se sentir libre mientras no haya terminado con el ltimo dios" (Op. cit).

Por supuesto que debe advertirse que una lectura superficial y fuera de contexto sobre estas expresiones de Eliade, dara como resultado cometer el error de interpretar que este brillante historiador, estuviera propugnando por un rechazo de la ciencia y un volver atrs hacia el oscurantismo religioso del medio evo, o un abandonarse en brazos del pernicioso fundamentalismo sectario-religioso.

Cuando habla del hombre "tradicional" y "religioso", lo hace en el sentido antropolgico ms amplio, en particular, como referencia a la inclinacin natural hacia lo numinoso, y no en la moderna nocin restringida de persona adepta a cualquier sistema religioso institucionalizado.

Segunda conclusin: En base a la opinin cualificada de estos dos grandes sabios del siglo XX, tenemos identificados otras dos vertientes probables que alimentan los sustratos subjetivos de la violencia; por una parte, la fragmentacin psquica (en la ptica de Jung), y por otro (en la perspectiva de Eliade), el hasto y la angustia existencial provocada por el advenimiento de un mundo des-acralizador y anti-hierofanista, es decir, moderno y fanticamente materialista.

La violencia como "resonancia simblica".

En la tenaz lucha de la sociologa en contra de las aberraciones del conductismo (y sus irracionales reduccionismos biologistas), se dejaron de lado ciertos aspectos fisiolgicos y psicolgicos que en ocasiones intervienen como factores causales en el fenmeno de la violencia.

Pero tal parece que ahora resulta muy difcil intentar negar la existencia de un tipo (o varios tipos) de violencia, cuyo origen se encuentra en ciertos contenidos o pulsiones latentes en las profundidades del inconsciente individual.

Otto Rank (que a diferencia de Jung, segua ms la lnea freudiana), argumentaba que al momento del nacimiento todos lo hacemos en medio de intensas sensaciones de gran violencia y hostilidad. Al respecto, J. Fabricius nos recuerda que la fuerza con la cual el tero expulsa a la criatura que est naciendo equivale a una presin de 45 libras, llegando incluso, en ciertos casos, a extremos cercanos a las 105 libras ("Sexualidad y misticismo; las tcnicas erticas de la iluminacin" Barrios, S.; Dossier, 2010).

Melanie Klein, destacada investigadora en los aos sesenta, siguiendo las hiptesis planteadas por Rank y Freud, respecto a lo que denominaban el "trauma del nacimiento", desarroll investigaciones que la llevaron a plantear por vez primera, las similitudes existentes entre los agudos sentimientos de "ansiedad persecutoria" y "ansiedad depresiva" que experimentan muchos neonatos, y las sensaciones que experimentan las personas adultas que padecen ataques de naturaleza esquizoide-paranoide (Op. cit).

De hecho, tal y como sostiene Klein, en los primeros 3 4 meses de vida, el neonato sufre frecuentes ataques de "ansiedad persecutoria" (como remantes "frescos" del recuerdo del "trauma del nacimiento"), y por sobre todo, segn sostiene ella, sufre de mltiples rachas de ira, de mucha clera, que a menudo le distorsionan momentneamente el rostro y le hacen sacudir con rabia su pequeo cuerpecito (Op. cit).

Quiz por ello, esa "mala levadura" que Nietzsche atribua de manera casi congnita a los seres humanos, encuentra en algunos casos particulares un "caldo de cultivo" favorable en ciertos individuos, y especialmente, cuando observamos que ciertos entornos sociales en combinacin con determinados eventos biogrficos negativos (caracterizados por cadenas de diversas violencias e injusticias que muchas veces deber enfrentar el individuo a lo largo de su vida), terminan por hacer "resonancia" activando contenidos psquicos latentes.

En otras palabras, la realidad social -el mundo externo- cataliza o activa ciertos componentes psquicos internos que en mltiples ocasiones terminan desencadenando diversos patrones de conducta agresiva o violenta. De manera paradjica, la sociedad engendra y a la vez castiga la violencia.

En una perspectiva "frommiana" (derivada de Erick Fromm), podramos decir que un orden social altamente jerarquizado e hiper-clasista, contribuye grandemente a sembrar los "vientos" que luego la sociedad habr de "cosechar" y recibir en sentido de "boomerang", transformados en "huracanes".

Desde una visin sociolgica, esto se agrava an ms, si consideramos la tremenda violencia psicolgica que todava se ejerce en las sociedades latinoamericanas, mediante la pervivencia de prcticas coloniales como la "pigmentocracia", y diversas modalidades de discriminacin semi-feudales que no terminan de desaparecer en muchos rincones de nuestro continente.

Violencia y manipulacin neuroqumica.

Otra vertiente importante de la violencia como fenmeno micro-estructural, lo constituye la manipulacin neuroqumica de gran escala, prctica nefasta del capitalismo ms inescrupuloso y voraz, que cada vez se est extendiendo y que debemos encarar antes de que sea demasiado tarde.

Cuando el socilogo intenta comprender sus vastas manifestaciones y consecuencias, debe primero hacer un esfuerzo elemental para conocer ciertas realidades fisiolgicas y mdicas, no para convertirse en charlatn o en un "profano impertinente", sino para conocer las races naturales de este fenmeno.

Basta con conocer la opinin de los expertos en relacin a los efectos perniciosos que provoca la masiva manipulacin neuroqumica en el cerebro humano, en particular, mediante la manipulacin gentica de mltiples alimentos bsicos, en frmacos y en diversos productos agro-qumicos.

Cuando se da un vistazo rpido y general a la literatura mdica, uno encuentra, por ejemplo, que la evolucin estructural y funcional de los llamados Lbulos pre-frontales, han sido y son cruciales en el desarrollo no solo de los individuos, sino adems, en el avance mismo de la sociedad, al punto que son conocidos como "los rganos de la civilizacin".

Esta parte del cerebro humano corresponde a la capacidad de concentracin, de perseverancia, de disfrutar, de pensar abstractamente, de fuerza de voluntad y de sentido del humor, y en ltimo trmino, de la integracin armnica del yo.

Y sin embargo, est comprobado que es posible afectar a travs de diversos frmacos y alimentos tan importante seccin de la estructura cerebral. Cito algunos casos a manera de ilustracin.

El Doctor Richard Davidson, investigador de la Universidad de Wisconsin, sostiene que frmacos de uso tan extensivo y comn como el Prozac, Paxil y Zolof (empleados como anti-depresivos), pueden alterar perfectamente el funcionamiento del Lbulo pre-frontal, tanto para bien como para mal.

Cuntos millones de personas dependen actualmente de un consumo cotidiano de estos frmacos para poder "funcionar" socialmente de manera regular? No tengo el dato estadstico a la mano, pero si se sabe que es muchsima gente.

Otro caso lo ilustra la antroploga e investigadora Hellen Fischer. Ella cita en su libro "Why we Love? ("Por qu amamos?"), que el consumo intensivo de ansiolticos y anti-depresivos inhibe en el organismo la produccin de dopamina, importante neurotransmisor involucrado en el apetito y la respuesta sexual efectiva ("The Science of Love": Revista Forbes.com: 06/28/204).

Ella manifiesta su sospecha de que factores como estos podran estar incidiendo en las cada vez ms elevadas tasas de divorcio y separaciones, particularmente, entre ciertos estratos sociales de los pases anglosajones.

Dichas conclusiones probablemente no son extensivas a las zonas latinoamericanas, pero si ilustran el punto, es decir, la incidencia real de los frmacos sobre los lbulos pre-frontales.

Jennifer Luke, otra investigadora britnica, realiz una investigacin sobre el problema de la "fluorosis" y present sus principales conclusiones en su tesis doctoral en 1997, intitulada; "The Effect of Fluoride on the phisiology of the pineal gland"; J. Anne Luke ("El Efecto del Fluoruro sobre la fisiologa de la glndula pineal"), tesis que someti ante la Escuela de Ciencias Biolgicas, de la Universidad de Surrey (Reino Unido).

La principal conclusin de su investigacin es que existen sospechas sobre los posibles efectos negativos en el abuso con el fluoruro, especialmente, en relacin al funcionamiento de los rganos sexuales, que en nios y adolescentes son regulados por la glndula pineal a travs de la sntesis de melatonina.

Tiene esto alguna relacin con el surgimiento del fenmeno de la hiper-sexualizacin en la conducta de muchas nias y pberes? Quiz es muy temprano para aventurarlo. Sin embargo, este es un fenmeno aparentemente "cultural" que recientemente est saliendo a flote en varios pases anglosajones pero tambin en Brasil.

Una parte del creciente problema de la manipulacin neuroqumica a gran escala, lo puso en el tapete recientemente el presidente Evo Morales, no sin causar risas y burlas entre los "ignorantes ilustrados".

El mes recin pasado (abril, 2010), mientras se desarrollaba la Cumbre Mundial por el Clima y la Tierra, en Cochabamba, Bolivia, el presidente Morales denunci la manipulacin qumica y hormonal en el caso de la produccin industrial del pollo, y sus efectos perniciosos sobre la salud humana.

El problema no se lo ha inventado el presidente Morales. Est siendo profusamente investigado por una parte de la comunidad cientfica, donde existe alarma por la falta de tica de muchas transnacionales que estn manipulando genticamente muchos alimentos de consumo diario y masivo.

Silvia Ribeiro, por ejemplo, es una acuciosa investigadora del Grupo ETCR, en Mxico, que tiene varios aos de estar denunciando el problema. En tal sentido, ella cita a la propia Academia Americana de Medicina Ambiental (AAEM), que en una declaratoria hecha pblica por la entidad hace un ao (mayo 2009), advierte de los peligros a la salud humana por el consumo de alimentos genticamente modificados, y pide se declare con urgencia una moratoria a su produccin y distribucin, hasta que investigaciones independientes y fiables dictaminen en definitiva sobre el asunto ("Alerta Mdica: los transgnicos amenazan la salud": La Jornada; 07/06/2009).

La misma investigadora ha denunciado igualmente los problemas y riesgos a la salud con la leche proveniente de una hormona transgnica de crecimiento bovino de propiedad de la Monsanto (denominada "Somato-Tropina Bovina -BST), la cual se le inyecta a las vacas en Mxico y EEUU para que produzcan el doble de leche ("Mala Leche"; Silvia Ribeiro; La Jornada; 14/10/207).

De acuerdo con Ribeiro, esta hormona transgnica no slo enferma al ganado, sino adems, provoca en la leche una elevacin de otra hormona denominada IGF-1 ("Factor de crecimiento insulnico tipo 1), que estara asociada con el surgimiento de cncer de seno, prstata y coln (Op. cit).

La violencia como fenmeno macro-estructural.

Este es el aspecto en el cual est ms generalizado el estudio y tratamiento de la violencia. La pobreza general y extrema parece ser el factor ms importante, junto con los fenmenos psico-sociales negativos que desencadena la cultura de masas, a travs de la manipulacin que llevan a cabo los medios masivos de comunicacin.

En tal sentido, parece entonces relevante y crucial que siendo los nios y los jvenes el grupo etario mayoritario en la poblacin mundial, los estudios sobre la pobreza se centren cada vez ms en este importante segmento, pues de lo que suceda con ellos depender el futuro de la humanidad.

Al respecto, conviene prestar atencin a los recientes diagnsticos llevados a cabo y hechos publicos recientemente. Uno proviene de Naciones Unidas ("El Informe Mundial sobre la violencia contra los nios y nias"), donde se pone de manifiesto el dato terrible de abusos de diversa clase en distintos pases y entornos (hogares, escuelas y centros clandestinos de trabajo), en contra de al menos 300 millones de nios y nias.

El otro estudio (en realidad un "primer borrador" de "Trabajo Decente y Juventud"), de la Organizacin Internacional del Trabajo (OIT), advierte que la actual crisis mundial ha repercutido en por lo menos 600 mil jvenes que han perdido su empleo, afectando a un total de 7 millones de jvenes urbanos (OIT: Panorama Laboral 2009).

El mismo estudio da cuenta de que en Amrica Latina hay actualmente 104 millones de jvenes, de los cuales, el 34 % slo estudia; el 33 % slo trabaja; el 13 % estudia y trabaja; y el 20 % no estudia ni trabaja (Op. cit).

Ya hace un par de aos (2007), la misma entidad descubri en un estudio similar, que en Amrica Latina como promedio general, un elevado 44 % de los jvenes comprendidos entre los 15 y 25 aos no trabajaba ni estudiaba, siendo Honduras el pas con el porcentaje ms alto (el 39 %), mientras que Venezuela represent entonces el nivel ms bajo (el 12 %).

Ante tales cifras, no resulta sorprendente que la criminalidad sea una opcin cada vez "ms natural", entre vastos segmentos de esta poblacin latinoamericana.

Ya mucho antes, Pierre Bourdieu (socilogo francs ya fallecido), sostena;

"No se puede jugar con la ley de la conservacin de la violencia: toda la violencia se paga, y la violencia estructural ejercida por los mercados financieros, en la forma de despidos, prdida de seguridad etc., se ve equiparada en forma de suicidios, crimen, delincuencia, drogas, alcoholismo, un sinnmero de pequeos y grandes actos de violencia cotidiana".

Conclusin general:

El abordaje del cada vez ms complejo fenmeno de la violencia (social, laboral, fsica, psicolgica, econmica, alimentaria, cultural etc.), requiere necesariamente de mtodos y enfoques decididamente multidisciplinarios, en los cuales participen la ms amplia representacin de los diversos segmentos sociales.

No es un asunto meramente de ms policas y ms crceles. Ojal el problema fuera as de sencillo.

Fuente: http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=47841



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