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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-07-2010

Los medios masivos y el conflicto en Colombia

Rubn Daro Zapata
Pueblos


Sin dudas, esta ltima dcada fue fatal para el periodismo colombiano. Ante la polarizacin poltica del pas, los grandes medios masivos entregaron definitivamente su independencia y compromiso tico en funcin de los intereses del proyecto poltico de la elite, representada en lo esencial por el gobierno de lvaro Uribe Vlez, lo que redund en la pobre calidad informativa y analtica de los contenidos periodsticos.

En el peridico de Medelln El Colombiano, por ejemplo, donde el bajn se ha sentido ms por el compromiso de los dueos con la casa poltica de los Valencia Cossio (actual Ministro del Interior y de Justicia), despidieron a dos de las voces ms reconocidas e independientes del periodismo nacional, Reinaldo Spitaleta y Javier Daro Restrepo, por sus crticas al gobierno. Fernando Garavito (autor de la columna El seor de las moscas) fue despedido de El espectador por desvelar las relaciones del entonces candidato presidencial Alvaro Uribe Vlez con el narcotrfico y el paramilitarismo antioqueo.

Pero el compromiso de los grandes medios (RCN, Caracol, El Tiempo, etc.) con un proyecto poltico neoliberal, autoritario y excluyente, no se ha quedado en el silenciamiento de las voces independientes; sino que ms bien stas han terminado por convertirse en una caja de resonancia del gobierno para publicitar sus diversos programas o puntos de vista evitando tocar los temas complicados para el gobierno o maquillndolos a su conveniencia.

Frente a este proyecto, el conflicto armado se erige como el principal obstculo: hay que acabar con l como sea y, si no se puede, negarlo. sta ha sido la intencin del gobierno de Uribe, replicada incesantemente en los grandes medios de comunicacin en Colombia. Uribe fue ungido por los medios masivos de comunicacin en 2002 para acabar con este conflicto (en seis meses), ante la supuesta actitud endeble del gobierno de Pastrana.

Pasos y esfuerzos para deslegitimar el proceso de dilogo del gobierno de Pastrana con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)

Desde ese momento no hizo falta investigar a los responsables de secuestros, extorsiones y asesinatos, porque todo delito de este tipo tena un solo y seguro responsable: las FARC. O, al menos, as lo sentenciaron en cada caso los medios masivos. Cuando se conoci que alguno de esos crmenes eran responsabilidad de bandas de delincuencia comn, los medios igual insistieron en su versin, no se sintieron obligados a rectificar.

El 15 de mayo del ao 2000, por ejemplo, dos delincuentes colocaron un collar bomba a una seora, Elvia Corts, exigindole a su marido una suma de 15 millones de pesos. Esta imagen dio la vuelta al mundo por la televisin y se estamp en muchsimos peridicos. Tan famosa fue la historia que luego la recre para televisin la productora Huella latente, lo que sirvi para desprestigiar a las FARC y al proceso de paz. Desde entonces los medios vendieron la imagen del presidente Pastrana como la de un alcahuete o, en el mejor de los casos, un incompetente. Pero no hicieron el mismo esfuerzo de difusin cuando se comprob que los autores del collar bomba eran delincuentes comunes y no integrantes de las FARC.

Es imposible negar que mientras se desarrollaba el dilogo entre gobierno y lasFARC, stas ltimas seguan expandindose militarmente, y que incluso utilizaron la zona de distencin como fortn militar. En lo que no insistieron estos medios fue en advertir que al mismo tiempo, mientras dialogaba con la guerrilla, el gobierno de Pastrana desarrollaba polticas neoliberales que ocasionaron airadas protestas en los sectores sociales (como recortes en salud, educacin y saneamiento). Tampoco se preguntaron los medios qu incidencia poda tener en las futuras negociaciones de paz el desarrollo del Plan Colombia por parte del gobierno colombiano en acuerdo con el estadounidense.

En poco tiempo los medios de comunicacin presentaron un verdadero mesas que prometa, a travs de su poltica de seguridad democrtica, devolver la confianza a los inversores extranjeros y convertir Colombia en un verdadero paraso para el capital. Para ello, la misin fundamental era acabar con la guerrilla, ms que en el plano militar en el plano del discurso. Por eso los medios masivos de comunicacin asumieron las mximas del discurso uribista: en Colombia no hay conflicto y las guerrillas apenas s son un grupo de facinerosos que aterrorizan a la poblacin civil. Una de las caractersticas de los medios masivos de comunicacin que se profundiz en estos ocho aos de gobierno de Uribe tiene que ver con la adopcin de las fuentes oficiales como nica fuente y el discurso oficial como manual de estilo. Al agudizarse el conflicto social, los medios masivos se desmarcaron tambin, no del gobierno sino de sus opositores, y en buena medida multiplicaron el estigma de que estar contra el gobierno era ser subversivo, guerrillero y, por tanto, terrorista.

Ya no resulta posible afirmar que los medios masivos de comunicacin son algo as como el cuarto poder, que fiscaliza y vigila el comportamiento de los otros tres para garantizar la salud de la democracia. No son ya una voz imparcial (como han querido mostrarse todo el tiempo) ni representan el inters general del pueblo colombiano.

La caja de resonancia

Desde entonces los medios de comunicacin de masas se concentraron en transmitir de forma acrtica los partes de guerra gubernamentales. Los primeros aos del gobierno de Uribe fueron de capturas masivas, generalmente de personas integrantes de organizaciones sociales, siempre acusadas de terrorismo o de colaboracin con organizaciones terroristas. Todos los das en el noticiero las cmaras filmaban a 20 30 personas que haban sido capturadas. Pero pocas veces hubo un seguimiento juicioso a este tipo de informacin. Y en un pas donde la justicia corrupta suele equivocarse con frecuencia, caba esperar que ante la presin por los resultados las equivocaciones se multiplicaran. Pero los medios no lo consideraron un problema, y ni siquiera se preocuparon por transmitir que la mayor parte de estos capturados salan libres en menos de seis meses por falta de pruebas.

Si fuera por las cifras de guerrilleros muertos, capturados o reinsertados presentadas por el gobierno a travs de los medios, en Colombia se habra acabado tres o cuatro veces con la guerrilla que encontr el presidente Uribe al iniciar su mandato. Sin embargo, los medios masivos siguen contentndose con transmitir las cifras como loros repetidores.

El gobierno instaur su forma directa de gobernar en los medios, con su voz regaona y sus salidas de tono cuando la confrontacin era directa, con el irrespeto ms grande a la dignidad de su cargo y a la de los periodistas. Y, a pesar de esto, siempre encontr espacio suficiente para aparecer en los medios como si lo hiciera desde su casa, o desde un consejo comunitario, algo que utiliz tambin para cautivar mediticamente a la ciudadana colombiana.

Los medios masivos invisibilizan a las vctimas

Mientras el gobierno acababa mediticamente con el conflicto y con las guerrillas, se aprestaba tambin a finiquitar la desmovilizacin de los paramilitares, lo que le reportara suficiente rdito poltico y, adems, le permitira encausar ese pasado borrascoso que amenaza su curriculo poltico. Para ello cre la Ley de Justicia y Paz (2005), que en el fondo solo buscaba reinsertar a los paramilitares con el menor trauma posible, sin garantizar realmente ni la justicia ni la paz ni la reparacin. Por el contrario, meti al congreso un proyecto de reforma rural que prcticamente legitima el despojo al que los paramilitares haban sometido a millones de campesinos en todo el territorio nacional.

Con unos medios de comunicacin crticos, comprometidos con una sociedad justa e incluyente jams hubiera podido instaurarse en pas alguno una poltica como la del gobierno de Uribe, y mucho menos prolongarse a dos periodos y llegar a la desfachatez de amenazarnos con un tercero. Pero este gobierno lleg al extremo de eliminar el delito poltico de los expedientes de los grupos revolucionarios, a la vez que inventaba la frmula para declarar a los paramilitares como delincuentes polticos a fin de poderlos amparar con amnistas y programas de reinsercin.

A propsito de este circo montado con ocasin de la supuesta desmovilizacin de los paramilitares, a finales de julio de 2005 se realiz el II Encuentro Nacional de Vctimas de Crmenes de Estado, que pretenda ser un espacio de deliberacin y de presin para que el Estado colombiano asumiera la responsabilidad en el sinnmero de desplazados, desparecidos y asesinados a manos de los paramilitares en connivencia con las fuerzas armadas. A este segundo encuentro no asistieron los grandes medios masivos (ni El Tiempo ni Caracol ni RCN), entre otras cosas porque las mismas organizaciones de las vctimas mantenan seras desconfianzas frente al papel que han jugado estos actores en esta dura situacin que les ha tocado vivir. Lo que sucedi al da siguiente de la clausura del encuentro pareci darles la razn.

An sin asistir al Encuentro, el diario El Tiempo public un comunicado supuestamente elaborado por los organizadores del evento. Segn lo publicado, el Encuentro terminaba acusando a las guerrillas de las FARC y el ELN de ser los principales grupos terroristas violadores de los derechos humanos en el pas, y exigindoles reparacin. Esta informacin contradeca las conclusiones del Encuentro y se transformaba, ms bien, en un sealamiento a las organizaciones participantes. All se denunciaban los crmenes de Estado y la Ley de Justicia y Paz, aprobada apenas una semana atrs. Segn las vctimas, esta Ley aseguraba la impunidad de los crmenes cometidos por el Estado y de toda la estrategia paramilitar desarrollada por el mismo Estado.

En el V Encuentro Nacional de Vctimas de Crmenes de Estado, realizado en julio del 2009, la estrategia de los medios fue otra, pero igual de nefasta. Haca pocos das se haba conocido el asesinato en la selva de diez de los once diputados que permanecan capturados en poder de las FARC. Los grandes canales de televisin (RCN y Caracol) enviaron a sus presentadoras de farndula a cubrir el evento, como si de una fiesta se tratara. Pero realmente nada contaron sobre lo que pasaba all: las periodistas insistan, a pesar de las versiones de los asistentes, en que aquel era un encuentro nacional de vctimas en general, diluyendo la significacin de las responsabilidades del Estado en la estrategia paramilitar. Desde all mismo se centraron en entrevistar por telfono a familiares de las personas secuestradas y asesinadas, minimizando lo que ocurra en el Encuentro. Era, a todas luces, una actitud consciente y premeditada de invisibilizacin de las vctimas de los paramilitares y el Estado.

Difcilmente podr medirse el dao que la actitud de los medios masivos en Colombia durante estos ltimos aos ha producido en el tejido social y en la confianza de la gente, herida ya de por s por un conflicto que dura casi cincuenta aos. Y ms difcil an ser resarcir estos daos. Los grandes medios han sido los que le han permitido conservar a Uribe altos ndices de popularidad (prefabricando encuestas), a pesar de todos los escndalos que lo han asediado.

La bomba de los falsos positivos no la destaparon los medios colombianos: fueron las organizaciones defensoras de derechos humanos, en colaboracin con organizaciones internacionales, las que lograron situar el tema en la agenda internacional. Y, sin embargo, tambin en esta ocasin cubrieron las espaldas del presidente, intentando transmitir la idea de que se trataba de algunos militares descarriados, cuando se trataba del resultado de las presiones de la seguridad democrtica sobre los resultados.

Hoy los medios intentan inflar, de la misma manera que inflaron la figura de Uribe, la figura de Antanas Mockus, desviando la atencin sobre los programas concretos de gobierno de cada uno de los candidatos. El peligro se avecina: una popularidad hinchada artificialmente es la puerta de entrada al autoritarismo poltico, al fascismo disimulado. Eso fue lo que mantuvo erguida e impoluta la figura de Uribe, a pesar de todas las denuncias en su contra, de los altos funcionarios corruptos y comprometidos con el paramilitarismo, de su estilo de mayoral y su moral mafiosa, incluso a pesar de los psimos resultados en materia social.

Rubn Daro Zapata es economista y filsofo. Colabora habitualmente con el peridico colombiano Periferia.

Fuente: http://www.revistapueblos.org/spip.php?article1910

rCR



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