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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-07-2010

El controvertido Jorge Maach

Graziella Pogolotti
Cubarte


Hace poco, se present una tesis de doctorado sobre la crtica literaria de Jorge Maach. La circunstancia me condujo, una vez ms, a rememorar la polmica personalidad de uno de los intelectuales que, sin dudas, alcanz mayor visibilidad durante nuestra repblica neocolonial, indispensable para descifrar los matices y complejidades de aquella etapa.

Fue mi profesor de Historia de la Filosofa en la universidad de La Habana. A lo largo de un ao nos detuvimos en el estudio de los presocrticos, con el apoyo de una antologa de textos publicada por Julin Maras. Era un excelente orador acadmico. Su dominio del lxico, su capacidad para articular un discurso coherente garantizaban una sorprendente habilidad para la improvisacin tersa y fluida. Vesta con sobria elegancia trajes de colores neutros iluminados por corbatas de buen gusto. Siempre corts y puntual, guardaba cierta distancia de los estudiantes. A diferencia de otros profesores, a pesar de su presencia activa en el espacio pblico como poltico y periodista, se mantena al margen de la turbulencia universitaria. Poco despus de producirse el golpe de Batista, la Universidad del Aire que conduca a travs del circuito CMQ, sufri un violento atropello. La FEU lo invit entonces a hablar en la escalinata, en ocasin de un aniversario de la cada de Antonio Guiteras. Afirm que el golpe contaba con el respaldo del imperialismo y propuso, a modo de resistencia pasiva, dejar de comprar productos norteamericanos.

Formado en prestigiosas universidades europeas y norteamericanas, dueo de una extensa cultura y excelente prosista, se situ muy pronto a la cabeza de su generacin. Sin embargo, su trayectoria ilustra el drama del intelectual en el contexto de la repblica neocolonial. Integrante del grupo minorista, clan disperso segn Carpentier, form parte del equipo fundador de la Revista de Avance. Ambos conglomerados heterogneos coincidan inicialmente en el proyecto de contribuir al afianzamiento de la nacin cubana lacerada por la mutilacin de sus anhelos independentistas. Aspiraban a modernizar y desprovincianizar el pas. Establecieron nuevas coordenadas culturales. Revitalizaron los estudios sobre nuestras tradiciones histricas y literarias. Impulsaron el rescate de la obra de Jos Mart. Abrieron paso a la vanguardia.

Sujeto a las inevitables polmicas impuestas por el suceder generacional, el alcance real del vanguardismo no ha sido despejado del todo entre nosotros. Su impronta se ha reducido con frecuencia a la renovacin de los lenguajes artsticos. En realidad, implic una transformacin sustancial de la mirada. La contribucin sustantiva de los jvenes que se definieron en la llamada dcada crtica consisti en revelar los valores de la cultura popular. El hallazgo repercuti en la visin de la historia, en la primaca concedida a los estudios etnogrficos y al cambio de perspectiva respecto a las relaciones interraciales. Ese factor, junto a razones de orden poltico, precipit la bifurcacin de caminos por parte de los fundadores.

La contradiccin se manifiesta con nitidez en un texto clsico de Jorge Maach, La crisis de la alta cultura en Cuba. Muy crtico respecto a la depauperacin de valores que adverta en su tiempo, el pensador propone un modelo contrapuesto: el de la proyeccin de los intelectuales del reformismo decimonnico. Corresponde pues, a las minoras portadoras de un saber letrado, sentar las bases para el rescate de la nacin. Mientras tanto, las ideas de Fernando Ortiz maduraban rpidamente en el anlisis concreto de los datos de la realidad. Ejercan el magisterio siempre ambicionado por Maach y quebraban las costras mentales heredadas del coloniaje. Cargadas de futuridad, reconocan la nacin cubana en la multiplicidad de sus races y en la complejidad de una composicin social nacida de una estructura esclavista.

Con la prrroga de poderes impuesta por Machado, desapareca la Revista de Avance. La poltica pasaba a ocupar el primer plano. Unidos desde fecha temprana por una amistad fraternal, Jorge Maach y Juan Marinello tomaron rumbos opuestos, atravesados por rupturas y reconciliaciones. Fundador del ABC, Maach llegara a ser ministro y congresista. Distanciado de sus correligionarios, integrara el Partido del Pueblo Cubano (ortodoxo) e intentara fundar el Movimiento Nacionalista Revolucionario. Marinello, en cambio, suscribi el marxismo y se convirti en dirigente comunista. Ambos, sin embargo, coincidieron en la fidelidad al estudio de la obra de Jos Mart. Coincidieron tambin en la aspiracin a construir la nacin cubana. El conflicto se situaba en la definicin del concepto de patria y, por consiguiente, en las vas para hacer posible la plenitud de su soberana.

Se percat Maach de las consecuencias nefastas, en lo poltico y en lo econmico, del plattismo. No lleg a desentraar la naturaleza real del imperialismo, por lo que no lleg a entender que su proyecto intelectual operaba en el vaco. Careca del sustento de una burguesa nacional, ahogada por la dependencia neocolonial. Su carcter y su formacin lo llevaban a un conservadurismo esencial, hecho de cautelas y de permanente bsqueda de frmulas conciliadoras. Muy a su pesar, se vio envuelto en controversias de toda ndole. Con Rubn Martnez Villena y con Ral Roa, con Jos Lezama Lima y con Cintio Vitier. Su correspondencia refleja, adems, un spero encontronazo con Virgilio Piera. Opositor de Machado y de Batista, las circunstancias de su vida lo condujeron a definirse frente a una revolucin que se radicalizaba y tena que afrontar el ataque directo del imperio en Playa Girn.

Olvidado durante mucho tiempo, Jorge Maach recupera el lugar que le corresponde en el panorama de la cultura nacional. Su vida y su obra adquieren un trgico y aleccionador perfil. Atrapado en las contradicciones de su tiempo, no pudo plasmar, en la obra cumplida, las posibilidades latentes en su talento y en su saber.

Fuente: http://www.cubarte.cult.cu/paginas/actualidad/conFilo.php?id=15385



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