Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-07-2010

Repensar la poltica antes de refundar la izquierda
O: Qu hacer antes de cmo hacerlo

Joaqun Miras Albarrn
N 158 de Tempos Novos


La quiebra de la izquierda en Espaa, como consecuencia del abandono de la movilizacin social y de su absorcin en las instituciones ha dado lugar a que, un poco por todas partes, una y otra vez, surjan propuestas y proyectos de creacin de nuevas organizaciones que sean instrumentos tiles para salir del marasmo.

Estas intenciones no tienen en s mismas nada de objetable.

Una vez conocemos las formulaciones concretas de los diferentes esbozos de proyecto alternativo, sin embargo, encontramos siempre las mismas o parecidas ideas de base que, una y otra vez, fracasan, desde que hace ya decenios comenzasen a inspirar los intentos de renovacin poltica. Esta inquietante recurrencia se debe a que tienen su origen en una y la misma cultura poltica.

Todos estos proyectos comienzan por la cuestin organizativa. Todos ellos parten del anlisis, o simplemente recogen la experiencia habida, de la facilidad con la que los dirigentes de las fuerzas polticas de la izquierda se han profesionalizado y han aceptado la lgica del poder institucional, la racionalidad impuesta por los presupuestos hacendsticos, los aparatos funcionariales, y las demandas del mercado o de la economa etc. Y a partir de esta experiencia, los diversos proyectos de regeneracin tratan de concretar propuestas organizativas cuyo objeto es el control de los cargos, tanto de los internos a la fuerza poltica como de los institucionales. Una sntesis de estas medidas, que son en s completamente racionales y sensatas, recogera probablemente, entre otras: la rendicin de cuentas regular de los cargos ante las asambleas partidarias, la rotatividad de cargos, el mandato nico, la posibilidad de remocin del cargo en el momento en que la base partidaria o la ciudadana le pierda la confianza, sin necesidad de tener que probarle nada en contra no tiene por qu ser algo solo posible en caso de comportamientos ilegales, tales como la corrupcin, sino algo realizable en cuanto los fideicomisarios pierden el crdito habido ante sus comitentes-, etc, etc. Estas ideas que tratan de reforzar los mecanismos de democracia y soberana partidaria y ciudadana, podran ser, tambin, completados por algunos otros ms, propios de la tradicin histrica de la democracia. Por ejemplo: el sorteo de los cargos. Esta forma de eleccin pertenece en exclusiva a la tradicin de la democracia y constituye un desideratum y una aspiracin perenne, para escndalo y gallinceo encocoro de los aristocratizantes defensores de la teora de elites de todos los tiempos por ejemplo, el liberalismo-. En una institucin verdaderamente democrtica ningn miembro dotado de regular intelecto puede estar en condiciones de no saber desempear de la forma correcta las directrices polticas elaboradas por el colectivo. De no ser eso as, se produce lo que se denomina falta de transparencia poltica, que consiste en el secuestro de los conocimientos que son condicin indispensable para la prctica de la actividad poltica misma incluidos los que constituyen el, know how - y esto es, por s mismo, revelador de una flagrante inexistencia de democracia. Por qu razn el dirigente de turno ha de tener ms capacidad que cualquiera de nosotros, la chusma plebeya, de extraer conclusiones para la poltica de los informes y los anlisis elaborados por tcnicos economistas y abogados? La poltica democrtica no solamente es coram populo, es praxis protagonizada por la plebe.

En resumen, y con independencia de que estas medidas se disean una y otra vez para luego no ser aplicadas, o ser violadas por los profesionales de la poltica, todas ellas son, sencillamente, imprescindibles. Su incumplimiento nada dice en contra de su necesidad. Nadie puede pretender salir al paso de todas estas nuevas propuestas democrticas en nombre de la eficiencia, etc. Donde se incumplan o no se den, no existe ya la democracia.

Pero estos contrapesos y contra balances no deben hacernos olvidar que, hasta aqu, no hemos sometido a reflexin qu es lo que entendemos como el objeto de la actividad poltica. La actividad poltica considerada por esos modelos institucionales democrticos se limita al conjunto de actividades que se generan desde las instituciones polticas del estado municipios, autonomas, administracin central...-. y a los eventuales congresos de estructuras profesionalizadas de hacer poltico como pueden ser los sindicatos, verdaderos organismos paraestatatales financiados por fondos del estado.

Una vez la poltica queda as reducida y naturalizada...el miembro del partido que ha conseguido hacerse con el desempeo de la ejecucin de tareas en esos mbitos pronto se percata de que en realidad, slo se hace lo que l hace, de que no existe otra actividad que la que l ejecuta. Como l est a los compromisos internos que se fraguan en el seno de las instituciones del estado, que en ausencia de movilizacin organizada, son los nicos procedimientos de sacar algo, la conclusin del profesional es siempre la misma: eso es lo que hay; y ms coloquialmente, y entre los amigos: no hay ms cera que la que arde y todo el pescao est vendido, etc. El cargo electo en las instituciones, el profesional poltico, interpreta los tejemanejes en los que participa como saber poltico sustantivo slo para iniciados arcana imperii-. Y las posibles fiscalizaciones de su actividad por parte de las bases, como un estorbo. Utiliza su posicin preeminente para asegurarse ser imprescindible, y se perpeta, e incluso lo hace autojustificndose con buenas razones.

El lector mismo aadir a esta explicacin sobre las causas de esta reproduccin de la profesionalizacin y secuestro de la poltica, otros elementos igualmente reales. Por ejemplo, la resistencia a abandonar el ascenso de posicin social que significa el desempeo de estos cargos para los polticos profesionales procedentes de las clases populares, y, tambin, en casos, el enriquecimiento mediante la corrupcin, etc. Pero yo deseo poner de relieve aquella causa principal que es, adems, otra de las consecuencias de la reduccin de la poltica a la actividad institucional.

En el caso poco probable de que un dirigente del tipo tribuno de la plebe del tipo Anguita o Beiras- se enfrente al colectivo de profesionales de la poltica, el aparato de dirigentes profesionales, convertido en conjuncin astral, lo fulmina y se desembaraza de l, a pesar de su verbo feliz y de su hermoso busto romano.

Poltica Municipal, autonmica, estatal, parlamentos variosinstituciones polticas del estado. Pero y el mundo?Tenemos algo que decirle al mundo? Qu podemos decir y proponer al activista de base, o al ciudadano, que no desea ser profesional poltico, ni cargo electo en las instituciones del estado que no quiere no significa que no se le deba obligar, llegado el momento; precisamente l es, seguro, y precisamente por no quererlo, el mejor, el ms de confianza-, sino que desea poder llevar propuestas de organizacin y accin a los vecinos de su escalera, o a los de su barrio y comunidad, o a los hipotecados como l, o a las trabajadores de su lugar de trabajo, o a los de su asociacin cvica, ya sea vecinal, deportiva, o recreativa; al que quiere crear nuevas instancias de organizacin molecular directa de personas para que puedan deliberar y desempear , ellas mismas, la actividad que sea desde la protesta y reivindicacin a las ms positivas-?

En el modelo poltico considerado por las propuestas democratizadoras habituales, el mundo, la vida cotidiana, el acaecer diario del hacer de las gentes est, simplemente fuera de consideracin.

Esta falta de capacidad para ver la vida humana, en toda su densidad, de dejarla pasar, y luego, ver las cosas como en imagen invertida, e interpretar que es la gente la que pasa de la poltica, es consecuencia de una cultura poltica comn, compartida, sumamente arraigada, que impide ver y hacer otras cosas. Y esta cultura poltica que expulsa de la consideracin poltica la vida cotidiana de la gente, opera as porque carece de la capacidad de percibir el mundo existente, precisamente, en trminos de cultura, de orden cultural en el sentido antropolgico de la palabra: la cultura como usos y costumbres que ordenan la accin y producen y reproducen la vida cotidiana; la cultura entendida como el conjunto de saberes y habilidades tcnicas y tecnolgicas

valores, expectativas y aspiraciones, finalidades y objetivos que orientan nuestra praxis individual en su totalidad y posibilitan que produzcamos y reproduzcamos nuestra vida. Cultura, ella misma existente y producida debido a la frrea, aplicada, constante voluntad prxica de los individuos que formamos la sociedad

Porque la cultura, as entendida como el conjunto de saberes que nos permiten actuar cotidianamente en todos los mbitos de actividad en los que participamos, desde el trabajo hasta el consumo, desde el estudio al esparcimiento, desde la actividad en solitario a la que exige participacin colectiva inmediata, existe y se perpeta como consecuencia del esfuerzo y del empeo constantes que ponemos en ello todos y cada uno de los sujetos, y debido a que nos empleamos a fondo asumindola con conviccin. La cultura entendida como el Espritu Objetivo, o la totalidad de saberes civilizatorios, heredados y acrecidos, slo existe por el compromiso profundo en su reproduccin y actuacin por parte de todos y cada unos de los Espritus Subjetivos individuales, que son la consciencia intelectual y actualizadora, prxica de aquel. Este es un matiz de no poca importancia. Porque, segn eso, hasta la perpetuacin y reproduccin de la cultura existente es algo slo realizable por la consciente aplicacin a ello de los sujetos, y sin esta voluntad, la cultura decaera.

De hecho esta miopa cultural de la izquierda que nos hizo aceptar todo cambio cultural como positivo o, si ms no, como indiferente, nos someti a la mayor derrota de la historia desde la Revolucin francesa, a saber, no el hundimiento de la URSS, sino la provocada por la incomprensin de que tras la segunda guerra mundial un nuevo capitalismo de bienes de consumo para la vida cotidiana de las personas necesitaba ahormar una nueva cultura de vida, de usos, de costumbres, adecuada a sus nuevas capacidades productivas. Que los valores del individualismo capitalista penetraban la vida cotidiana de la gente. Esa nueva cultura fue celebrada como el progreso por la izquierda.

Esa nueva cultura inducida por el capitalismo, sin resistencia alguna por parte de la desprevenida izquierda, es la base material, esto es, la condicin indispensable, que posibilita la produccin y reproduccin de la economa capitalista, la cual no es sino la sobrestructura de aquella base material. Tambin es, en consecuencia, el Taln de Aquiles del capitalismo. El desapego de los sujetos respecto de esa cultura cotidiana de vida y su compromiso con otras formas de vida determinara que el capitalismo, hoy aparentemente tan slido, se desvaneciera en el aire. Sin esas actuales formas de vida, y sin esas expectativas que nos empujan, en nuestro fuero interno, al vivir que llevamos, sin el compromiso individual tan firme en la activa, protagonista, auto actuacin de unas formas de vida, imprescindibles para la produccin y reproduccin el capitalismo, ste es inviable. Porque el capitalismo, sus saberes tcnicos, sus saberes organizacionales, sus actividades, sus principios, sus ideales de vida, etc, es una cultura: es esa cultura.

En la tradicin poltica de la izquierda hubo mentes agudsimas, escasas y desatendidas, que haban preconizado el desarrollo de prcticas polticas inspiradas en estas ideas. Polticas cuyo objetivo es el cambio de la cultura existente y el desarrollo de una cultura popular autodeterminada. Esto es, la creacin de verdadera poltica, que sustituya a esas otras tecnologas de intervencin ingenieril sobre la sociedad desde las instituciones y aparatos del estado. Antonio Gramsci, que propona una estrategia de lucha en el nivel micro de la sociedad civil con objeto de imponer la Reforma moral e intelectual de la misma. Moral, es decir, mores, costumbres de vida, usos y prcticas de la vida cotidiana. Unas costumbres, un ethos, que determinaran el verdadero vivir libre. Esta finalidad exige la lucha directa en la sociedad civil, por la hegemona de los propios principios y valores axiolgicos, sin lo cual no es posible generar una nueva cultura. La cultura nueva ser, solo puede ser, el resultado de los miles y miles de pequeas microacciones deliberadas y ejecutadas por la praxis de millones de seres humanos. El sujeto social del futuro se construye, y esto se logra creando una nueva cultura

Hay que recordar aqu a Arthur Rosenberg que recuperaba tambin estas ideas que estn en la entraa del pensamiento poltico clsico. Rosenberg nos recuerda que la democracia, desde Aristteles, es el nombre de un ethos, no de un procedimiento electoral. Adems Rosenberg nos explica que la democracia es el nombre de un movimiento de masas, que es el que genera esa cultura, y en donde reside la misma. Movimiento que lucha por constituirse en poder poltico soberano. La democracia entendida como slo un procedimiento electivo nada tiene que ver con la tradicin de la democracia. El procedimentalismo democrtico es una reduccin de la democracia producida por el liberalismo.

Es imperativo recordar al viejo Georg Lukacs y a Pier Paolo Pasolini, quienes se percatan de que el capitalismo de produccin de bienes de consumo para la vida cotidiana exige la manipulacin y aniquilacin de las culturas autnomas populares existentes y su sustitucin por otras cuyo desideratum sea el consumo. Y que esto implica la destruccin de la base cultural en la que se generaba la izquierda. Y al historiador Edward P. Thompson quien comprende que la clase obrera es una construccin cultural fruto de la organizacin para la lucha y para el ejercicio de la vida en comn, que integra en su seno, en coherencia con esto, un proyecto poltico inspirado en la democracia jacobina. Entre nosotros, cabe recordar que fue Manuel Sacristn quien introdujo e intent hacer, sin xito, la mediacin poltica de estas ideas. Y creo que se puede cerrar aqu la nmina sin hacer afrenta por olvido a nadie ms.

En el encabezado de este artculo yo propona que, antes de ponernos reflexionar sobre los procedimientos organizativos nuevos, era aconsejable que pensramos sobre lo que deba ser considerado el objetivo primordial, fundamental de la actividad poltica: qu hacer. El objeto de la actividad poltica es, segn esta reflexin apuntada aqu, la actividad cultural, la praxis creadora de una nueva cultura democrtica de vida. Este es el objetivo poltico primordial, verdaderamente democrtico adems, porque es irrealizable sin que se concierna en l la mayora de las individualidades de la plebe, que son consideradas por otras formas de entender la poltica como un agente poltico despreciable. En consecuencia, cuando se hagan propuestas organizativas habr que tener presente la necesidad de sacar al mundo la poltica y de invitar a protagonizar la prctica poltica y la creatividad cultural a cuantos ms personas, mejor Pero, una vez aqu, creo que llega a su fin el propsito que tena este artculo.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter