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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-08-2010

Espaa
Reformas laborales, salida de la crisis (por la puerta falsa)

Fernando Luengo
Sin Permiso


Parece mentira, pero es cierto, la reforma del mercado de trabajo ocupa un lugar estelar en el debate sobre las estrategias para la superacin de la crisis econmica. Poco importa que sta se haya incubado en el sector financiero del mundo capitalista desarrollado, propagndose con rapidez al tejido productivo y causando una profunda contraccin del producto y del empleo. Una crisis global que apuntaba al corazn mismo del proceso de acumulacin invitaba, casi obligaba, a un debate sobre los modelos de crecimiento inspirados en la globalizacin y la financiarizacin de los procesos econmicos. Pues no, mientras que el casino sigue prcticamente intacto la distribucin de la renta y la riqueza que lo alimenta, los beneficios extraordinarios y la opacidad de los mercados donde operan los grandes jugadores-, el mercado de trabajo centra la atencin. Como si la consolidacin del todava magro crecimiento econmico y, ms an, la mejora de la competitividad de las empresas y las naciones dependiera de su reforma.

Dos son los argumentos que respaldan este planteamiento. En primer lugar, la rigidez del mercado laboral es un lastre que dificulta la adaptacin de las empresas a un entorno cambiante que exige dosis crecientes de flexibilidad. En segundo lugar, el aumento de los costes laborales presiona sobre los precios, en un contexto donde la competencia global y de manera muy especial la procedente de los pases de bajos salarios es cada vez ms intensa, al tiempo que merma los mrgenes de beneficio, comprometiendo la viabilidad del proyecto empresarial.

De este tronco argumental se derivan sendas conclusiones. La primera apunta a la necesidad de liberalizar las relaciones laborales, convertir los costes fijos (salariales) en variables, reducir o incluso eliminar las interferencias administrativas de manera que los procesos de contratacin y despido se gestionen con la mayor autonoma y flexibilidad entre las partes afectadas, trabajadores y empresarios. La segunda plantea moderar el comportamiento de las retribuciones de los trabajadores con el objeto de que su nivel y evolucin sean compatibles con la recuperacin de los beneficios, pues stos son el motor del proceso de acumulacin y, en esa medida, de la reestructuracin competitiva de las empresas. Si, como resultado de todo ello, la actividad econmica se dinamiza y desaparecen las trabas a la contratacin, aumentarn el empleo y los salarios. En definitiva, todos ganan.

Una pregunta, quizs ingenua: por qu razn cabe esperar que ahora funcione lo que antes no ha dado resultados? Por un lado, la mayor parte de los gobiernos europeos han introducido a lo largo de las dos ltimas dcadas diferentes reformas encaminadas a la desregulacin del mercado de trabajo; por otro, el ritmo de crecimiento de los salarios ha sido inferior al de la productividad del trabajo. La dinmica laboral ha contribuido as al aumento de los beneficios y a la mejora de la competitividad de las empresas, sin que a cambio haya mejorado el balance ocupacional y se hayan obtenido buenos registros en materia de crecimiento.

Un momento!! Puede que lo anterior sea cierto, pero, se nos dice, la razn estriba en que el paquete de reformas no se ha aplicado con la suficiente profundidad, amplitud y contundencia. Pero hasta dnde deben llevarse esas reformas? en qu espejo debe mirarse una Europa que pretende alcanzar altas cotas de competitividad y al mismo tiempo avanzar en la cohesin social y en los derechos laborales y civiles, personales y colectivos?

Ambas preguntas nos introducen en el debate sobre el contenido y los confines de los cambios que deberan aplicarse en el mercado laboral. Antes de realizar algunas consideraciones sobre el particular, conviene precisar que el mercado de trabajo no slo es un espacio singular muy diferente de cualquier otro mercado- sino que adems es una de las piedras angulares de las polticas sociales. La obtencin de un empleo digno, con derechos y adecuadamente remunerado, el reconocimiento de la negociacin colectiva, la prestacin de un subsidio del que se puedan beneficiar los trabajadores que pierden su ocupacin y la existencia de un salario mnimo constituyen componentes bsicos de las polticas de cohesin social.

As pues, las reformas laborales que debilitan la presencia de las instituciones, otorgan espacios crecientes al mercado y refuerzan la posicin del capital frente al trabajo representan una carga de profundidad dirigida a la lnea de flotacin de los estados de bienestar europeos. Estamos ante una batalla de gran recorrido donde el objetivo es ampliar los espacios de negocio del sector privado, batalla que, por cierto, tambin se est librando en otros frentes, como el de las pensiones, la educacin o la sanidad.

Ms all de estas consideraciones, la concepcin dominante de la reforma laboral permanece anclada en la geografa, a todas luces insuficiente, de la competitividad-coste, omitiendo asimismo el hecho de que los costes laborales representan una parte variable segn empresas e industrias- pero relativamente reducida de los costes totales que enfrenta la firma. Se ignoran as otros factores de mayor calado estratgico, distintos del coste y del precio, que desbordan con mucho la esfera laboral; entre otros, la cultura empresarial, el entorno institucional, la calidad de las infraestructuras, el entramado educativo o el sistema de ciencia y tecnologa. Pero solo desde un planteamiento capaz de integrar esta complejidad y de detectar las interacciones y sinergias que existen entre planos tan diversos ser posible elaborar diagnsticos adecuados, capaces de acometer con garantas el desafo competitivo.

Las polticas de moderacin salarial, situadas en el corazn de las estrategias competitivas, adems de traducir un diagnstico de corto recorrido y, por esa razn, de efectos limitados, presentan, cuando menos, dos derivadas adicionales. La primera es su impacto restrictivo sobre la demanda agregada de la economa, forzando la instrumentacin de polticas de signo exportador, acudiendo a espacios donde no ha dejado de intensificarse la presin competitiva. La segunda acaso menos visible, pero no por ello de menor enjundia- es que las demandas o exigencias de contencin salarial terminan por impregnar la cultura empresarial; hasta el punto de que se sigue apelando a esa milagrosa receta an cuando el patrn dominante de las ltimas dcadas ha sido que los salarios han avanzado (cuando lo han hecho) por debajo de la productividad del trabajo.

Estamos ante un debate de mucha trascendencia que no cabe eludir, con implicaciones de gran calado para la poltica econmica. En paralelo la crisis econmica representa una oportunidad para alumbrar nuevas ideas y estrategias y Europa puede jugar un destacado papel en ese proceso renovador. jala la reflexin sobre las reformas laborales se integre en una ms estratgica sobre los modelos productivos, sociales y medioambientales.

Fernando Luengo es profesor de Economa Aplicada e investigador del Instituto Complutense de Estudios Internacionales (Universidad Complutense de Madrid).


http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3514


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