Portada :: Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-08-2010

Las vicisitudes de Federico Garca Lorca despus de su muerte

Jess M Montero Barrado
Rebelin


Para empezar   

La bsqueda hasta diciembre pasado de los restos humanos de Francisco Balad Melgar, Joaqun Arcollas Cabezas, Discoro Galindo Gonzlez y Federico Garca Lorca en Fuente Grande, municipio de Alfacar, no ha dado los resultados esperados. Se haba basado en el testimonio que Manuel Castilla Blanco, uno de los enterradores, dio a Agustn Penn en 1955 y Ian Gibson en 1966. Ha sido una bsqueda llena de polmica, con posturas divergentes. Se inici a instancias de la CGT, que est personada judicialmente en nombre de las familias de Francisco Balad y Joaqun Arcollas, militantes de la CNT, que acompaaron a Garca Lorca en la muerte. Las diversas asociaciones que defienden la recuperacin de la memoria histrica han apoyado la excavacin, como lo hacen con cuantas actuaciones sean necesarias para esclarecer los crmenes cometidos por el bando vencedor de la guerra. La familia del Garca Lorca no se ha mostrado partidaria de la excavacin, aunque la mayora tampoco ha impedido que se llevara a cabo, reconociendo el derecho a hacerlo por quienes la han promovido. Desde los medios de comunicacin de la derecha han tachado a todo esto de un circo, a la vez que rechazan abiertamente todo este tipo de investigaciones bajo el argumento de que no es necesario remover el pasado. La Junta de Andaluca, por su parte, se ha mantenido en una posicin intermedia, a modo de Poncio Pilatos, permitiendo la excavacin, que fue dictada por orden judicial, pero rechazando excavaciones en otros lugares entre Alfacar y Vznar.

La trascendencia de una muerte

La muerte de Federico Garca Lorca fue en su momento un golpe duro contra el bando sublevado. Fue conocida casi de inmediato en Granada, aunque no se hizo pblica. Corri de boca en boca, porque la familia supo de ella, tambin las personas ms allegadas y, adems, algunos de los que intervinieron en su muerte hicieron ostentacin de ello. A los pocos das fueron llegando rumores al bando republicano, seguramente transmitidos por quienes pudieron huir de la ciudad o de las zonas ocupadas por los sublevados. Por la trascendencia del suceso la prensa republicana se hizo eco en cuanto se tuvo conocimiento de l. El primer peridico en hacerlo fue El Diario de Albacete , que el 30 de agosto se pregunt en forma de titular Ha sido asesinado Garca Lorca? (Gibson, 1981: 283). Lo que vino despus entra dentro de las reacciones propias de una noticia importante, tanto en el bando republicano como en el mbito internacional. Sacar a la luz el rumor, buscar informaciones fidedignas o contrastar la informacin se fue sucediendo despus.

Mientras los rumores se fueron convirtiendo en sospechas e indicios cada vez ms fiables, no hubo al principio ninguna declaracin oficial sobre lo ocurrido. Se sabe que pronto se dio paso a una contrainformacin desde el bando sublevado tergiversando lo ocurrido (Gibson, 1981: 283 y ss.) . Se empez el 10 de septiembre en el diario La Provincia de Huelva con la inculpacin al bando republicano (Ya se matan entre ellos) y el lanzamiento de infamias (el ser correligionario de Azaa en poltica, en literatura y en... cmo diramos? Ah, s: en sexualidad vacilante), sin que esa rueda de mentiras y calumnias no parara durante mucho tiempo. La respuesta dada en octubre desde el gobierno civil al telegrama enviado por el escritor britnico Herbert George Wells, en el que se pedan noticias sobre el paradero del poeta, fue evasiva, adems de malvada: Ignoro lugar hllase Federico Garca Lorca (Gibson, 1998: 555).

En mayo de 1937, como ha documentado Gibson (1981: 280), el marqus Merry del Val cometi la imprudencia de hablar de su fusilamiento: eran peligrosos agitadores que abusaban de su talento y educacin para conducir a las masas ignorantes por malos caminos (). Todos ellos fueron condenados despus de haber sido juzgados por un tribunal militar. El asesinato de Lorca siempre fue uno de los cargos que ms pensaron contra el rgimen, del que el mismo Franco sali al paso para el peridico mexicano La Prensa en noviembre de 1937, cuyas declaraciones reprodujo el ABC de Sevilla en enero de 1938: ese escritor muri mezclado con los revoltosos. Son los accidentes naturales de la guerra (Gibson, 1981: 300-301).

La huella de su muerte en la literatura del momento

La literatura ha dejado reflejado a travs de poemas memorables las muestras de dolor y condena por su muerte. As lo hicieron en su momento Antonio Machado (Muerto cay Federico / -sangre en la frente y plomo en las entraas- / ...Que fue en Granada el crimen / sabed -pobre Granada!-, en su Granada), Rafael Alberti (No tuviste tu muerte, la que a ti te tocaba), Miguel Hernndez (Qu sencilla es la muerte: qu sencilla, / pero qu injustamente arrebatada!), Pablo Neruda (Federico, te acuerdas / debajo de la tierra, / te acuerdas de mi casa con balcones en donde / la flor de Junio ahogaba flores en tu boca?), Luis Cernuda (Por esto te mataron, porque eras / verdor en nuestra tierra rida / y azul en nuestro oscuro aire), Emilio Prados (En dnde est Federico? / Slo responde el silencio: / un temor se va agrandando, / temor que encoge los pechos), Pedro Salinas (Mataron a un ruiseor / tan slo porque cantaba), Pedro Garfias (Tambin yo quiero hablarte, Federico / con esa ruda voz que ahora me brota / del mar de mi garganta), Nicols Guilln (Sali el domingo, de noche, / sali el domingo, y no vuelve. / Llevaba en la mano un lirio, / llevaba en los ojos fiebre; / el lirio se torn sangre, la sangre tornse muerte), entre otros.

Se ha escrito, y especulado, sobre cmo el poeta predijo su propia muerte a travs de la poesa. En Poeta en Nueva York se encuentra el poema Fbula y rueda de los tres amigos, que acaba con estos versos: Cuando se hundieron las formas puras / bajo el cri cri de las margaritas, / comprend que me haban asesinado. / Recorrieron los cafs y los cementerios y las iglesias, / abrieron los toneles y los armarios, / destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro. / Ya no me encontraron. / No me encontraron? No. No me encontraron. / Pero se supo que la sexta luna huy torrente arriba, /y que el mar record de pronto! / los nombres de todos sus ahogados. Tambin en Baladilla de los tres ros, del Poema del cante jondo , aparecen: El ro Guadalquivir/ tiene las barbas granate/ los dos ros de Granada/ uno llanto y otro sangre. Y hasta en la breve composicin Cancin de la muerte pequea: Me encontr con la muerte. / Prado mortal de tierra).

Son responsables Queipo de Llano y Franco?  

La muerte de Garca Lorca ni fue aleatoria ni aislada. Estaba inscrita en la estrategia del terror y la ejemplaridad que buscaban los cerebros y ejecutores del golpe de julio de 1936. Una estrategia que se ha estudiado minuciosamente (Casanova, 2002; Reig Tapia, 2000; Espinosa, 2003 y 2006; Gonzlez Vzquez, 2006; Ortiz, 2006) y que desde el primer momento qued plasmada por escrito. A ella se refiri Antonio Bahamonde (2006), que fue durante unos meses delegado de Propaganda en Sevilla con Queipo de Llano, y estaba en las Instrucciones Reservadas que el general Emilio Mola dict en abril de 1936, donde se expresaban trminos como extrema violencia y castigos ejemplares. Unas instrucciones que se fueron aplicando y desarrollando minuciosamente sin piedad para sembrar el terror, para dejar la sensacin de dominio eliminando sin escrpulos ni vacilacin a todos los que no piensen como nosotros ("Instrucciones" del propio Mola del 19 de julio). Slo as tienen sentido declaraciones como las de Queipo de Llano en sus charlas de Unin Radio Sevilla: Maana vamos a tomar Peaflor. Vayan las mujeres de los rojos preparando sus mantones de luto; o de Juan Yage tras la toma de Badajoz: Claro que los fusilamos. Qu esperaba? Supona que iba a llevar 4.000 rojos conmigo mientras mi columna avanzaba contrarreloj? Supona que iba a dejarles sueltos a mi espalda y dejar que volvieran a edificar una Badajoz roja? (Preston, 1998: 211).

Se ha indagado mucho sobre la intencionalidad de matar a Garca Lorca desde las altas esferas del bando sublevado. Por ello se ha aludido a los generales Queipo de Llano y Franco. El primero, el llamado virrey de Andaluca, fue el general que triunf en Sevilla y desde cuya posicin pudo sentar las bases del control de otras provincias andaluzas, el paso de las tropas africanas por el Estrecho y la marcha de stas por Badajoz con destino a Madrid. Un personaje que dio muestras de un gran sadismo, aderezado de una zafiedad clasista y machista sin parangn. Franco, por su parte, en el momento de la muerte de Lorca era slo, que no era poco, el jefe de las tropas africanas, que acababa de soldar en Cceres con el Ejrcito del Norte que desde el principio control el general Mola.

En Granada, por supuesto, le tenan ganas a Garca Lorca las derechas reaccionarias de todos los colores. La posible alevosa de su muerte se bas en su condicin de homosexual, una orientacin sexual inadmisible dentro de la homofobia del fascismo. De ah los continuos insultos de maricn.

Los primeros pasos: Claude Couffon y Gerald Brenan  

Se ha mencionado con frecuencia que el francs Claude Couffon y el britnico Gerald Brenan han sido los primeros en indagar sobre la muerte de Lorca. Lo hicieron prcticamente al mismo tiempo y, lo que puede parecer curioso, llegaron a conclusiones parecidas.

Couffon era estudiante cuando lleg a Granada en 1948, a donde viaj para conocer ms sobre la muerte de Lorca. En aquellos momentos se saba de su muerte en el verano de 1936, pero no acerca de los pormenores. Couffon fue el primero que se acerc al barranco de Viznar, donde se fusil a centenares o quizs millares de personas, y donde tambin fueron enterradas. Es donde Couffon sigue defendiendo que tuvo lugar su muerte. En 1951 escribi en Le Figaro Littraire , a instancias de Franois Mauriac, el artculo Ce que fut la mort de Federico Garca Lorca. Dos aos despus sali en Quito el libro El crimen fue en Granada y en 1962 A Granade, sur le pas de Garca Lorca.

Un ao despus que Couffon lleg a Granada Brenan, hispanista britnico ya conocido entonces por su conocida obra El laberinto espaol. Antecedentes sociales y polticos de una gran tragedia: la guerra civil . En 1950, tras su estancia en Granada, incluy pormenores de la muerte de Lorca en un captulo de su libro La faz de Espaa. Se convirti, as, en el primer escritor que public el lugar de la muerte de Lorca, que era el mismo que Couffon tena entre sus apuntes. El que publicara antes sus indagaciones resulta circunstancial, en parte porque Couffon era todava un estudiante y Brenan ya un veterano profesor y escritor conocedor de la realidad espaola, pues haba recalado por primera en Espaa en 1919. Por qu esa coincidencia en el momento del viaje y en sealar el lugar del crimen? Si lo primero es aleatorio, lo otro es producto de las circunstancias temporales. Los dos bebieron las mismas fuentes. Los dos se han referido al ambiente de miedo y silencio que conocieron en Granada. Un miedo que atenazaba a quienes haban sufrido directa e indirectamente los rigores de la represin. Y un silencio que abarcaba a todo el mundo, desde quienes haban ganado la guerra, porque les interesaba, hasta quienes la haban perdido, que callaban por miedo. Pero no fue un silencio completo. El que se indicara a Couffon y Brenan el barranco de Viznar, creo que ilustra que exista memoria sobre ese lugar tan siniestro, dada la dimensin de lo ocurrido all, y arrojo para transmitirla. Que fuera o no el lugar del crimen contra Lorca y sus compaeros ahora es lo menos importante.

Un paso ms decidido: Agustn Penn

Agustn Penn era un escritor de origen cataln, hijo de un matrimonio exiliado en Puerto Rico. En 1955 inici en Granada una investigacin in situ sobre la muerte de Garca Lorca, lo que le llev a entrevistarse con numerosas personas. Verdugos, cmplices, miembros de la familia del poeta y de la familia Rosales, enterradores... Fue as como conoci a Ramn Ruiz Alonso, dirigente de la CEDA granadina durante la Repblica, de la que lleg a ser diputado en 1933, y muy activo en las tareas represivas durante los primeros meses de la guerra. Fue una de las personas claves. De l supo que conoci como nadie los pormenores de su muerte, pues fue el primero a quien le habl de lo ocurrido despus de la guerra. De l sac la conclusin que fue el que dirigi la detencin de Lorca. Penn tambin encontr la partida de defuncin de Federico y se hizo con la matriz del nico documento oficial en el que el rgimen reconoca la muerte de Garca Lorca. Otro personaje que conoci fue el enterrador Manuel Castilla, al que le llamaban Manolillo el Comunista, que aport el lugar donde fue fusilado Garca Lorca y sus compaeros. Para l no fue el barranco de Vznar, sino otro lugar, no muy lejano: Fuente Grande, en Alfacar. Fue ah donde acab colocndose el monolito recordatorio y donde se ha procedido a la reciente excavacin fallida.

Cuando Penn regres a Amrica en 1956, despus de ao y medio de estancia en Espaa, lo hizo con la numerosa informacin recopilada en forma de diario de campo, fotografas, documentos escritos, grabaciones sonoras, trascripciones de testimonios orales, borradores de captulos, anotaciones Un fruto muy valioso e inmenso, que fue conocido con el tiempo como la maleta de Penn. En ella se encuentra el archivo lorquiano del escritor cataln, todo un tesoro.

Sin embargo, en vida Penn no se decidi a publicar el libro que tena proyectado. Se ha especulado sobre ello, pero lo cierto es que en 1976, tras su muerte y por decisin suya, decidi que el archivo pasara al dramaturgo estadounidense William Layton, un amigo personal, ya entonces instalado en Espaa, con quien comparti el inters por la vida y obra de Garca Lorca. Casi todo lo que sabemos de Penn ha sido despus de su muerte y a travs de otras personas, de lo que han dicho de l y su obra, y de lo que han publicado desde sus documentos.

El que ms ha escrito: Ian Gibson  

Gibson es el escritor que ms tiempo ha dedicado a investigar y escribir sobre Garca Lorca. Irlands de nacimiento, tiene la nacionalidad espaola desde 1983, gracias a su larga relacin con nuestro pas desde que a mediados de los 60 decidi hacer una tesis sobre la poesa del granadino para, de inmediato, orientarse a investigar sobre su muerte. Como hizo Penn aos antes, se sumergi entre las gentes y los lugares de Granada para intentar profundizar en lo ocurrido. Y all volvi a encontrarse bsicamente con lo que ya conocido. Es decir, con Ruiz Alonso, Castilla, la familia Lorca, los Rosales Teniendo en cuenta que Penn no haba publicado nada importante acerca de Lorca, para Gibson, sin embargo, su principal referente en esos aos fue Brenan.

En 1971 Ruedo Ibrico sac a la luz en Pars la obra de Gibson La represin nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico Garca Lorca . Era la primera investigacin documentada sobre la muerte de Lorca, en la que no faltaba un acercamiento a su biografa, realizada con abundante documentacin. Ocho aos despus, en 1979, sali, ya en Espaa, una edicin corregida y ampliada con el ttulo El asesinato de Federico Garca Lorca .

Dentro de los trabajos de su primera etapa Gibson hizo un anlisis amplio y documentado. En esos momentos nadie escribi tanto. Para el historiador irlands la muerte tuvo lugar en Fuente Grande, en el trmino municipal de Alfacar, y sita la fecha en la madrugada del 19 de agosto, basndose en la partida de defuncin del maestro Discoro Galindo. Responsabiliza a Ruiz Alonso, en esos momentos todava vivo, de la detencin de Lorca y de ser el personaje clave en el conocimiento de su muerte. Hace principal responsable al comandante Jos Valds Guzmn, gobernador de Granada. Atribuye a Queipo de Llano, ante las dudas de Valds sobre lo que tena que hacer, las palabras Dle caf, mucho caf, segn el testimonio de un contertuliano del gobernador (1981: 228-229). Saca a colacin la ostentacin que hizo en su da Juan Luis Trescastro de ser uno de los autores de la muerte de Lorca y su homofobia ms que enfermiza: yo le met dos tiros en el culo por maricn (1981: 277-278).

El intento exculpatorio de un falangista: Eduardo Molina Fajardo  

En 1983 sali a luz, post mortem , el libro Los ltimos das de Garca Lorca del periodista granadino Eduardo Molina Fajardo. Desde aos antes haba estado investigando acerca de la muerte de Lorca y por su condicin de falangista pudo acceder a personas y documentos con cierta facilidad. En el libro, publicado por iniciativa de su viuda, aparece una recopilacin de 48 entrevistas y 79 documentos.

Las principales novedades estn relacionadas con la fecha y los lugares de fusilamiento y enterramiento, y con la procedencia de los testimonios (Castro, 1983; Arias, 2008; y Tapia, 2009). Molina se haba entrevistado con Jos Mara Nestares Cullar, capitn y jefe de la Falange de Vznar en agosto de 1936, quien le relat la llegada de Garca Lorca y otros tres detenidos ms el da 16 de agosto a La Colonia, en Vznar, lugar donde quedaban recluidos quienes iban con destino a la muerte en el Barranco de Vznar. All lleg por la noche el teniente de la Guardia de Asalto Rafael Martnez Fajardo con las cuatro futuras vctimas y la orden de fusilamiento firmada por el gobernador Valds, y desde all sali horas ms tarde para el lugar de fusilamiento, en el campo de instruccin de las tropas, antes de llegar a la Fuente Grande, a la derecha de la carretera, segn se va a Alfacar, despus de pasado el puentecillo. El fusilamiento ocurri, por tanto, en la madrugada del 17 de agosto.

Otro testigo, Pedro Cuesta Hernndez, carcelero falangista en La Colonia, le inform a Molina en 1969 sobre el mismo lugar: Pasando por Vznar hacia all, antes de llegar a la Fuente Grande, a la derecha, en un sitio como un pozo; era algo as como un pozo alargado, pero con forma de pozo, de haber sacado de all tierra gris; pero ya estaban los muertos en la sepultura. Sin embargo, para Cuesta el piquete lo mandaba otra persona, Jos Hernndez, cabo de la Guardia de Asalto.

En el libro de Molina se detallan otros pormenores de Nestares, que escuch de su subordinado Manuel Martnez Bueso cosas que Cuesta ya haba contado, como lo del pijama de Lorca, la muleta de Discoro Galindo e incluso unas palabras del poeta, que, herido tras los primeros disparos, dijo: Creed en Dios, tened piedad!.

La implicacin de nuevas personas llev a que un hijo de Rafael Martnez Fajardo llegara a querellarse contra la viuda de Molina Fajardo. En el acto de presentacin del libro, el tambin periodista Juan Bustos aludi entre las razones de que no publicara que tema alterar la tranquilidad de ciertas gentes. El que no se hayan encontrado los restos de Lorca en la excavacin de Fuente Grande ha vuelto a sacar a luz algunas de las aportaciones de Molina.

Se ha escrito de Molina que sus aportaciones en general han sido escasas, buscando ante todo la exculpacin del falangismo, a la vez que ha culpado directamente a los miembros de la CEDA como responsables de la muerte de Lorca. Las escasas aportaciones en parte se pueden explicar por lo tardo de la salida del libro, teniendo en cuenta que Gibson haba escrito ya sus dos primeras obras sobre el tema.

La polmica en torno al archivo de Penn  

Siguiendo a Marta Osorio (2009), Layton lleg en 1980 a un acuerdo con Gibson para que se hiciera cargo temporalmente del archivo lorquiano heredado de Penn, con el fin de que pusiera orden a la informacin y publicara una obra sobre las investigaciones de su amigo. Al pasar bastante tiempo sin que se hiciera realidad el acuerdo y ver adems que Gibson utilizaba parte de la documentacin de Penn en la biografa que el escritor irlands estaba publicando sobre Lorca, Layton le requiri en 1989 que devolviera el archivo. En 1990, antes de hacerlo, Gibson edit Diario de una bsqueda lorquiana (1955-1956) , basado en una parte pequea de la documentacin de Penn y con una pobre aportacin documental. El escaso xito del libro y la decepcin por lo ocurrido llev a que Layton dejara en manos de Marta Osorio la responsabilidad de sacar a la luz el trabajo de Penn.

En 2000 sali a la luz Miedo, olvido y fantasa. Crnica de su investigacin sobre Federico Garca Lorca (1955-1956) , una recopilacin ms amplia de lo escrito por Penn, acompaada de varias fotografas y la reproduccin de varios documentos escritos. La haba hecho Marta Osorio, que fue la autora del prlogo, que titul Historia de una investigacin, y que sirve como referencia para conocer los avatares del archivo de Penn.

Siguen apareciendo ms testimonios  

En 1998 apareci en la exposicin Federico Garca Lorca y Granada una carta escrita por Manuel Luna durante la guerra (para Gibson, en 1939; para Miguel Domingo, entre febrero de 1937 y agosto de 1938) y dirigida a Melchor Fernndez Almagro. El primero era un fascista de la poca, mientras el segundo, conocido historiador durante el franquismo, haba coincidido en los aos 20 en la Residencia de estudiantes con Lorca y otros miembros de la Generacin del 27. Su contenido no tiene desperdicio dentro de la literatura fascista de la poca y en ella se hace mencin a su participacin en la muerte de Lorca: Hicimos una buena limpia. Algunos das despus cogimos al gran canalla de Garca Lorca -el peor de todos- y lo fusilamos en la Vega, junto a una acequia. Qu cara pona! Abrazaba los brazos al cielo. Peda clemencia. Cmo nos reamos viendo sus gestos y sus muecas! Pertenec a la ronda depuradora de Ruiz Alonso.

Una obra de ltima hora

Recientemente se ha publicado de Gabriel del Pozo Lorca, el ltimo paseo . La obra ha sido presentada como un paso ms en el esclarecimiento del rompecabezas. Una de las cosas que ha rebatido ha sido la validez del testimonio de Manuel Castilla acerca del lugar de fusilamiento y enterramiento de Lorca y sus compaeros. Los resultados de la excavacin le han dado la razn. Para l se trat de una informacin llevada por el miedo, en la confianza de Castilla de que no se hiciera una excavacin. Del Pozo, por su parte, apunta que Lorca la dimensin internacional que tom el suceso llev al rgimen a eliminar cuantas pruebas pudieran incriminarlo. Por eso fue desenterrado, sin que sepa dnde puede estar. Para ello se basa en Penn, quien durante su estancia en Espaa recogi de Antonio Gallego y Burn, alcalde de Granada durante la guerra, lo siguiente: El lugar de la tumba en Vznar haba sido cambiado por orden de las autoridades, que temiendo las consecuencias de aquel asesinato decidieron ocultarlo para impedir que pudiera convertirse en un arma propagandstica de enorme valor para el bando republicano.

Del Pozo es tajante a la hora de sealar a Jos Valds, gobernador de Granada, como el culpable: Aquellos das era el nico hombre que tena poder para ello en Granada. Y con ello exime de responsabilidad a Franco, aunque no as de la eliminacin de las pruebas, y tambin a Queipo de Llano. Para este ltimo se basa en unas declaraciones de la actriz Emma Penella, hija de Ramn Ruiz Alonso, quien le transmiti el testimonio de que la orden slo era la de asustar a Lorca con el fin de que le llevara al paradero de Fernando de los Ros.

Y entramos as en una de las partes ms controvertidas del libro. Del Pozo mantuvo una entrevista hace unos aos con Penella, con la condicin de ser slo publicable tras su muerte, en la que exonera a su padre de la responsabilidad de la detencin y muerte de Garca Lorca. Seala a Miguel Rosales como la persona que sac al poeta de la casa de los Rosales, siendo el propio Miguel y Ramn Ruiz Alonso quienes lo condujeron sin esposar al Gobierno Civil. Llama la atencin, sin embargo, que esa exoneracin, que abarca a otra de las personas que se haba relacionado con la detencin y muerte, Juan Luis Trescastro, se contradiga con la ostentacin que en su tiempo hicieron los dos como verdugos de Lorca. La frase de Penella [mi padre] fue vctima de las disputas por el poder entre la CEDA y los falangistas destila o inocencia o indecencia, como si su padre, dirigente provincial de la CEDA y diputado en 1933, fuera un simple militante.

La imputacin de Miguel Rosales exonera a la vez a Concha Garca Lorca, mujer de Manuel Fernndez Montesinos, alcalde de Granada fusilado das antes. Para Antonio Ramos Espejo ( Crnicas de Gerald Brenan. Desde la Alpujarra a Mlaga ) fue la hermana del poeta quien delat el paradero de Federico ante las amenazas sufridas. Una acusacin que sirvi a la familia Rosales para salir indemne de los hechos.

Para acabar  

El Guernica de Picasso, la poesa de Garca Lorca, las novelas y pelculas de Hemingway y Malraux, y la poesa inglesa sobre la guerra espaola fueron manifestaciones de esta inmensa conmocin moral que la propaganda comunista utiliz con tenacidad y maestra para crear la ms odiosa imagen de la Espaa nacional, y con ella, de la Iglesia Catlica (Southworth, 1963: 170). Lo escribi Rafael Calvo Serer en 1962 en su obra La literatura universal sobre la guerra de Espaa . Ms recientemente Ricardo de la Cierva escribi en 1999 en La victoria y el caos que Sobre Lorca se ha cebado de tal forma la propaganda de la izquierda cultural en la posguerra y en la transicin, con la cooperacin sospechossima de grandes rganos de la derecha, y con tal sentido de la unilateralidad y la manipulacin, que provocan la hartura de la opinin pblica y el propio desdoro del poeta (Martn Rubio, 2005: 208). Para ngel David Martn Rubio, autor de Los mitos de la represin en la guerra civil (2005: 208), La muerte de Federico Garca Lorca, desgraciada y lamentable como tantos otros asesinatos, ha servido para que se difundiera la idea de que el Frente Popular tuvo a su lado los primeros intelectuales de Espaa y de todo el mundo mientras los sublevados no habran contado con ningn apoyo relevante en el terreno de la cultura. Jos Manuel Rodrguez Pardo, por su parte, hace un ao se expres en estos trminos en su artculo Revisionismo histrico de la Leyenda Negra antiespaola: Nadie niega su asesinato, pero fue producto de una venganza personal, no de la aversin de los rebeldes a la figura del personaje (2009). Meses despus, en octubre, cuando se iniciaban las excavaciones en la fosa de Alfacar, el diario La Razn titulaba un artculo de Vctor Fernndez as: Pasen y vean: el circo de Federico Garca Lorca. Todos ellos son testimonios de lo que ha suscitado la muerte de Garca Lorca entre la derecha espaola a lo largo de los aos.

La postura de la familia de Garca Lorca ha sido la de mostrarse contraria a la exhumacin de los restos de Garca Lorca y por ello a que se haya llevado a cabo la excavacin en Fuente Grande. En 2005 hizo pblico un comunicado en el que manifestaba estar en contra de una excavacin, sin que eso supusiera negar la legitimidad de quienes la pedan. La argumentacin hacan de la siguiente manera: Estamos convencidos, y en ello basamos nuestras opiniones, de que las circunstancias de la muerte de Federico Garca Lorca, por lo que se refiere a la constatacin de la memoria histrica, son lo suficientemente conocidas como para que en su caso particular no haya que remover sus huesos. As mismo, han defendido que sus restos, de encontrase, deben mantenerse donde fueran depositados, pues la existencia de una fosa comn es parte de la verdad histrica.

En las excavaciones de finales de 2009 no se descubrieron los restos de Garca Lorca ni los de las personas que le acompaaron en la muerte por fusilamiento. Para Jos M Pedreo (2009), de la Federacin Estatal de Foros por la Memoria, el intento por localizarlos tan slo ha servido para poner en bandeja a la derechona espaola la posibilidad de atacar ms despiadadamente la memoria democrtica en el estado espaol y fortalecer las tesis revisionistas de los pseudo-historiadores pro-franquistas. Palabras duras que buscan que se tome en serio por parte de las autoridades polticas la recuperacin de la memoria histrica para todas las vctimas, esas miles de personas que perecieron en Granada por una represin cruel y despiadada.

Luis Garca Montero (2009), tambin en el fragor de la desilusin por los resultados de las excavaciones, ha coincidido en resaltar lo importante: volvamos a lo incontestable. Garca Lorca fue ejecutado por el ejrcito franquista, entre Vznar y Alfacar, con la implicacin de las ms altas instancias militares, como uno ms de los 5.000 republicanos granadinos. Pero no ha olvidado que Garca Lorca era tambin un poeta nico, y por eso su muerte pas a representar de forma inmediata el sufrimiento de las vctimas y la dignidad del ser humano contra la barbarie.

Desde el primer momento quienes se encargaron de matar al poeta, quienes lo permitieron o quienes se alegraron, no han parado de decir y desdecirse, de encubrir y ocultar, de mentir y calumniar, de manipular y justificarse Todo un juego macabro que ha buscado despistar sobre lo que realmente ocurri. Muchas son las personas que lo supieron y en esta ceremonia de la confusin que han ido tejiendo, han pretendido irse con sus secretos a la tumba, quizs con la certeza de que todo quedaba oculto. Pero no debemos olvidar que las manos que firmaron las sentencias, las que las ejecutaron o las que las saludaron brazos en alto, formaban parte de lo mismo: un proyecto poltico y social de muerte que hubo de durar cuatro dcadas. Ese fascismo que todava sigue extendiendo su sombra en nuestros das.  

Bibliografa de referencia

ARIAS, Jess (2008). Pero nunca se encontraron?, en Diario de Crdoba , 22 de septiembre.

BAHAMONDE, Antonio (2005). Un ao con Queipo de Llano (Memorias de un nacionalista) . Sevilla, Espuela de Plata.

BLANQU, Andrea (2001). Garca Lorca: el hombre que rompi la mscara, en La Jornada Semanal , 9 de diciembre, n. 353, http://www.jornada.unam.mx.

CASANOVA, Julin (coord.) (2002). Morir, matar, sobrevivir. La violencia en la dictadura de Franco . Barcelona, Crtica.

CASTRO, Eduardo (1983). El ltimo libro sobre el asesinato de Lorca desencadena una querella y gran expectacin en Granada, en El Pas , 21 de enero de 1983.

COUFFON, Claude (2009). Sera ms bonito dejar el misterio sobre Lorca, entrevista de Ramn Ramos, en http://www.elcorreoweb.es, 29 de noviembre.

ESPINOSA, Francisco (2003). La columna de la muerte. El avance del ejrcito franquista de Sevilla a Badajoz . Barcelona, Crtica.

El enigma de Lorca. Una investigacin iniciada por Gerald Brenan y continuada por Ian Gibson, en http://www.laopinincorua.es, 18 de octubre de 2009.

ESPINOSA, Francisco (2006). La justicia de Queipo. Violencia selectiva y terror fascista en la II Divisin en 1936: Sevilla, Huelva, Cdiz, Crdoba, Mlaga y Badajoz . Barcelona, Crtica.

FERNNDEZ PALMERAL, Ramn (2006). Por qu fusilaron a Federico Garca Lorca?, en http://www.revistaperito.com.

FERNNDEZ, Vctor (2009). Pasen y vean: el circo de Federico Garca Lorca, en La Razn, 17 de octubre, http://www.larazon.es.

GARCA LORCA, Federico (1977). Poesa. Teatro. Artculos . Barcelona, Crculo de Lectores.

GARCA LORCA, Federico (1996). Poeta en Nueva York . Madrid, Ctedra.

GARCA MONTERO, Luis (2009). Memoria revisada de Garca Lorca. Volvamos a lo incontestable, El Pas, 19 de diciembre.

GIBSON, Ian (1981). El asesinato de Federico Garca Lorca. Barcelona, Bruguera.

GIBSON, Ian (1998). Vida, pasin y muerte de Federico Garca Lorca. 1898-1936 . Barcelona, Plaza & Jans.

GIBSON, Ian (2007). Cuatro poetas en guerra. Antonio Machado, Juan Ramn Jimnez, Federico Garca Lorca, Miguel Hernndez . Barcelona, Planeta.

GONZLEZ VZQUEZ, Salvador (2006). La terapia represiva como defensa de la Espaa conservadora (1934-1945), en Congreso Internacional La Guerra Civil Espaola , Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, edicin electrnica, http://dialnet.unirioja.es.

JIMNEZ, Hilario (2009). Alberti y Garca Lorca. La difcil compaa . Sevilla, Renacimiento.

LUNA, Manuel [1937 1938]. Carta ntegra de Manuel Luna a Melchor Fernndez Almagro, en http://www. larazon.es/noticias/noti_cul2831.htm, 4-06-2007, y http://www.foroporlamemoria.info/noticia_pdf.php?id_noticia=1768

MARTN RUBIO, ngel David. (2005). Los mitos de la represin en la guerra civil . Madrid, Grafite.

ORTIZ, Juan (2006). Del golpe militar a la guerra civil. Sevilla 1936 . Sevilla, Taller de Editores Andaluces.

OSORIO, Marta (2009). Historia de una investigacin, prlogo de PENN, A gustn (2009), Miedo, olvido y fantasa. Crnica de la investigacin de Agustn Penn sobre Federico Garca Lorca (1955-1956) . Alboroque (Granada), Comares.

PEDREO, Jos M (2009). La frivolidad poltica de las instituciones en el tratamiento de la Memoria Histrica, en Rebelin , 30 de diciembre, www.rebelion.org.

PENN, Agustn (2009). Miedo, olvido y fantasa. Crnica de la investigacin de Agustn Penn sobre Federico Garca Lorca (1955-1956) . Alboroque (Granada), Comares.

POZO, Gabriel (2009). Lorca, el ltimo paseo. Claves para entender el asesinato del poeta. Granada, Ultramarina.

PRESTON, Paul (1998). Franco, Caudillo de Espaa. Barcelona, Mondadori.

REIG TAPIA, Alberto (2000). Memoria de la guerra civil. Los mitos de la tribu. Madrid, Alianza.

RODRGUEZ, Juan Carlos (2009). Palas y excavadoras, en el 73 homenaje de la muerte de Lorca, en http://ecodiario.eleconomista.es, 20 de agosto.

RODRGUEZ PARDO, Jos Ramn (2009). Revisionismo histrico de la Leyenda Negra antiespaola, en El Catoblepas , n. 90, agosto, http://www.nodulo.org.

RUIZ MANTILLA, Jess (2008). Los sobrinos de Lorca, divididos, en El Pas, 18 de octubre.

SOREL, Andrs (1977). Yo, Garca Lorca . Bilbao, Zero.

SOUTHWORTH, Herbert R. (1963). El mito de la cruzada de Franco. Crtica bibliogrfica. Pars, Ruedo Ibrico.

TAPIA, Juan L. (2009). Los testimonios de Gallego Burn y Molina Fajardo cobran fuerza, en ABC, 19 de diciembre de 2009,

Una exposicin de Agustn Penn aporta documentacin indita de sus investigaciones sobre Federico Garca Lorca, http://www.granadaenlared.com, 13 de junio de 2006.

ZERN, Lina (2006). La muerte de Garca Lorca en el Figaro Littraire , en Laberinto de Milenio Diario , Mxico, 19 de agosto, http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=426219 y http://www. fondodeculturaeconomica.com/prensaImprimir.asp?art=738.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter