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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-08-2010

Australia
La crisis en las antpodas

Joseph E. Stiglitz
Project Syndicate


La gran recesin de 2008 lleg hasta los rincones ms alejados de la Tierra. Aqu, en Australia, se refieren a ella como la CFM: la crisis financiera mundial.

Kevin Rudd, que era primer ministro cuando sobrevino la crisis, aplic uno de los planes de estmulo keynesiano mejor concebidos de pas alguno del mundo. Comprendi que era importante apresurarse a actuar, con dinero que se gastara rpidamente, pero que haba riesgo de que la crisis no acabara pronto. Por eso, la primera parte del estmulo consisti en subvenciones en metlico, seguida de inversiones, que tardaran ms en ejecutarse.

El estmulo de Rudd dio resultado: Australia tuvo la ms corta y ms superficial de las recesiones de los pases industriales avanzados, pero, irnicamente, se ha centrado la atencin en que no se gast parte del dinero de las inversiones todo lo bien que se debera haber hecho y en el dficit fiscal que causaron la contraccin y la reaccin del Gobierno.

Naturalmente, debemos esforzarnos por que se gaste el dinero lo ms productivamente posible, pero los seres humanos y las instituciones humanas son falibles y la tarea de velar por que se gaste el dinero bien entraa costos. Dicho en la jerga econmica, la eficiencia requiere equiparar el costo marginal relacionado con la asignacin (tanto obteniendo informacin sobre los beneficios relativos de los diferentes proyectos como supervisando las inversiones) con los beneficios marginales. Dicho brevemente: gastar demasiado dinero para prevenir el despilfarro resulta despilfarrador.

Si bien de momento la atencin est centrada en el despilfarro del sector pblico, ste palidece en comparacin con el despilfarro de recursos resultante de un sector financiero privado que funciona mal y que en los Estados Unidos asciende ya a billones de dlares. Asimismo, el despilfarro resultante de no utilizar plenamente los recursos de la sociedad consecuencia inevitable de no haber dispuesto de un estmulo rpido y cuantioso supera el del sector pblico en un orden de magnitud.

Para un americano, la preocupacin australiana por el dficit y la deuda resulta en cierto modo divertida: su dficit como porcentaje del PIB es inferior a la mitad del de los EE.UU.; su deuda nacional bruta es inferior a la tercera parte de la de stos.

El fetichismo del dficit nunca tiene sentido: la deuda nacional es slo un aspecto del balance general de un pas. Reducir inversiones muy rentables (como la educacin, las infraestructuras y la tecnologa) simplemente para reducir el dficit es en verdad ridculo, pero en particular en el caso de un pas como Australia, cuya deuda es tan reducida. De hecho, si nos preocupa, como debe preocuparnos, la deuda a largo plazo de un pas semejante fetichismo del dficit es particularmente estpido, ya que el mayor crecimiento resultante de esas inversiones pblicas producir ms ingresos fiscales.

Hay otra irona: algunos de los mismos australianos que han criticado los dficits han criticado tambin propuestas de aumento de los impuestos a las minas. Australia tiene la suerte de estar dotada de una gran riqueza de recursos naturales, incluido el mineral de hierro. Dichos recursos forman parte del patrimonio del pas. Pertenecen a toda la poblacin. Sin embargo, en todos los pases, las compaas mineras intentan obtener esos recursos gratuitamente... o por el menor precio posible.

Naturalmente, las compaas mineras deben obtener una rentabilidad justa de sus inversiones, pero las compaas extractoras de mineral de hierro han obtenido un beneficio inesperado cuando sus precios han aumentado espectacularmente (hasta casi duplicarse desde 2007). El aumento de los beneficios no es el resultado de su proeza minera, sino de la enorme demanda de acero por parte de China.

No hay razn para que las compaas mineras recojan esa recompensa para s mismas. Deben compartir la bonanza de los elevados precios con los ciudadanos de Australia y un impuesto a la minera apropiadamente concebido es una forma de garantizar ese resultado.

Se debera reservar ese dinero para un fondo especial que se debera utilizar para inversiones. El pas se empobrecer inevitablemente, al agotarse sus recursos naturales, a no ser que aumente el valor de su capital humano y fsico.

Otra cuestin que cuenta en los antpodas es el calentamiento planetario. Aunque no era un negacionista del cambio climtico, el anterior gobierno australiano, encabezado por John Howard, se sum a la irresponsabilidad del Presidente George W. Bush en relacin con el cambio climtico: otros tendran que hacerse cargo de velar por la supervivencia del planeta.

Fue particularmente extrao, en vista de que Australia ha sido uno de los grandes beneficiarios del Convenio de Montreal, que prohibi los gases destructores de la capa de ozono. Los agujeros en la capa de ozono expusieron a los australianos a la radiacin causante de cncer. La comunidad internacional se uni, prohibi esas substancias y ahora se estn cerrando los agujeros. No obstante, el gobierno de Howard, como el de Bush, estuvo dispuesto a exponer todo el planeta a los riesgos del calentamiento planetario, que amenaza la propia existencia de muchos Estados insulares.

Rudd prometi en su campaa invertir esa posicin, pero el fracaso de las negociaciones sobre el cambio climtico en Copenhague el pasado mes de diciembre, cuando el Presidente Barack Obama se neg a formular en nombre de los Estados Unidos el tipo de compromiso que haca falta, dej al gobierno de Rudd en una posicin embarazosa. El fallo del dirigente de los EE.UU. tiene consecuencias planetarias.

Los ciudadanos deben pensar en la herencia que dejarn a sus hijos, parte de la cual es las deudas financieras que les transmitirn, pero otra parte de nuestra herencia es medioambiental. Es hipcrita afirmar que se siente preocupacin por el futuro y despus no velar por que el pas sea compensado por el agotamiento de sus recursos o pasar por alto la degradacin del medio ambiente. Peor an es dejar a nuestros hijos sin infraestructuras adecuadas y las dems inversiones pblicas necesarias para ser competitivos en el siglo XXI.

Todos los pases afrontan esas cuestiones. A veces, podemos verlas con mayor claridad al observar cmo las afrontan otros. La forma como voten los australianos en sus prximas elecciones puede ser un presagio de lo que est por venir. Esperemos por su bien y por el del mundo que no se dejen engaar por las florituras retricas y las manas personales y vean las cuestiones ms amplias que estn en juego.

Joseph E. Stiglitz es profesor en la Universidad de Columbia y premio Nobel de economa. Su ltimo libro, Freefall: Free Markets and the Sinking of the Global Economy (Cada libre. Mercados libres y el desplome de la economa mundial), est publicado tambin en alemn, espaol, francs y japons.

http://www.project-syndicate.org/commentary/stiglitz128/Spanish


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