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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-08-2010

Arte y prctica de la mentira poltica

Alberto Piris
Repblica de las ideas


En 1733 public Jonathan Swift (el autor de Los viajes de Gulliver) un breve opsculo titulado El arte de la mentira poltica. En l se define la mentira poltica como el arte de hacer creer al pueblo falsedades saludables y hacerlo a buen fin. Que la mentira tenga un buen fin no quiere decir que propenda a algo intrnsecamente bueno sino que satisfaga los deseos de quienes, por profesin, se dedican a este sutil arte, que por lo general son siempre los miembros de la clase gobernante.

Para un lector de hoy no deja de ser significativa la alusin que el autor hace a la guerra, como actividad poltica muy apta para generar mentiras: Sin un gran nmero de esas falsedades saludables -opina Swift- no habramos alimentado tanto tiempo la guerra. Se refiere a la Guerra de Sucesin Espaola, por la que el pueblo ingls no senta mucho entusiasmo y en la que Espaa perdi Gibraltar y Menorca, pero que satisfaca los intereses del partido whig (los futuros liberales).

Tiene tambin un estrecho paralelismo con otras situaciones actuales lo que se refiere a las que l llama mentiras para aterrorizar, una de cuyas reglas bsicas consiste en no ensear al pueblo con demasiada frecuencia objetos terribles, no sea que acabe acostumbrndose a ellos (No piensa el lector en las armas de destruccin masiva?). Respecto a otro tipo habitual de mentira poltica, el que tiene por objeto animar y enardecer al pueblo, aconseja no sobrepasar los grados habituales de verosimilitud, que sean variadas y no insistir obcecadamente en una misma y nica mentira.

Si hasta aqu he hecho, para conocimiento del lector, un breve extracto de este sencillo manual de teora poltica, que en algunos momentos roza aspectos tocados por Maquiavelo en forma didctica y por Orwell de manera predictiblemente novelesca, un curso completo sobre la prctica de la mentira poltica se est desarrollando en Londres durante las sesiones del llamado comit Chilcot, que investiga la participacin britnica en la Guerra de Irak. La leccin principal sobre el arte de la mentira poltica ha corrido a cargo de la seora Eliza Manningham-Buller, que diriga los servicios secretos internos (el denominado MI5, equivalente en cierta forma al FBI estadounidense) durante la poca de Tony Blair.

Lejos de coincidir con las alucinaciones de Bush en su febril guerra total contra el terrorismo, la directora afirm que esa guerra haba aumentado significativamente la amenaza terrorista en Inglaterra. Aleg que la amenaza que supona Sadam Hussein antes de la invasin era pequea, pero que la eliminacin del dictador proporcion a Osama Ben Laden una til cabeza de puente en Irak y radicaliz a la juventud musulmana britnica.

Sobre el peligro que las supuestas armas nucleares iraques presentaban en combinacin con la actuacin de grupos terroristas, declar: No era una preocupacin a corto ni a medio plazo ni para m ni para mis colegas. Las invasiones de Irak y Afganistn s contribuyeron a radicalizar a toda una generacin musulmana que interpret esas guerras como un ataque contra el islam.

Afirm que no existan pruebas de la implicacin de Iraq en los atentados del 11-S contra EEUU, en lo que la propia CIA estaba de acuerdo. Fue precisamente esto lo que impuls al Secretario de Defensa de EEUU, Rumsfeld, a organizar un nuevo servicio de inteligencia que le resultase ms manejable y obsecuente que la CIA.

El grupo de trabajo establecido en Washington, para coordinar los servicios de inteligencia de EEUU, le pareci a la directora del MI5 falible; dijo tambin que no haba analizado a fondo el problema de Iraq y que la informacin utilizada para invadir este pas fue improvisada. Al solicitarle el presidente del comit una impresin final de conjunto, declar que lo ms importante a resear era el peligro de entrar en guerra basndose en informaciones incompletamente elaboradas.

Tanto al pueblo britnico engaado por Blair, como a los estadounidenses manipulados por Bush o los espaoles que creyeron a Aznar a pie juntillas, Jonathan Swift no hubiera dudado en calificarlos de pueblos crdulos, que aceptaron falsedades saludables con el buen fin de apoyar los innumerables intereses existentes en torno a ambas guerras, intereses que a ellos no les producan ventajas sustanciales, pero s a los artistas que manejaron a su gusto el Arte de la mentira poltica.

Fuente: http://www.republica.es/2010/08/12/arte-y-practica-de-la-mentira-politica/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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