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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-08-2010

Prologo a la 2 edicin del libro frica, la madre ultrajada
Detuvo Kagame realmente el genocidio ruands?

Juan Carrero Saralegui
Rebelin


Un buf daire esfondr els castells de la mentida i la nua veritat brillar de llum vestida.1

Este poema del mallorqun Miquel Ferr est grabado en un monolito al pie de la antigua y sorprendente escalinata de 365 peldaos que une el municipio de Pollena con El Calvari, una pequea ermita del siglo xiv. Est dedicado por el Ayuntamiento a las vctimas de la intolerancia que se desencaden en Espaa a partir del 18 julio de 1936, fecha del inicio de la Cruzada de liberacin franquista que en menos de cuatro aos ocasion un milln de muertos. Dcadas de resistencia y coraje fueron necesarias, pero finalmente se derrumbaron los castillos de la mentira. Tambin un 18 de julio, en el ao 1994, los libertadores del FPR/EPR (Frente Patritico Ruands/Ejrcito Patritico Ruands), tras la conquista de Gisenyi el da anterior y la huida del Gobierno ruands legtimo, pusieron fin a la guerra que haban iniciado haca menos de cuatro aos, dejando igualmente tras de s un milln de cadveres y un pas arrasado.

Unos poderosos padrinos occidentales financiaron a estos extremistas tutsis de ascendencia ruandesa que, formando an parte del ejrcito ugands, el NRA (National Resistance Army), atacaron al pas de sus ancestros. Ms an: los sostuvieron con todo tipo de apoyos encubiertos, incluido el militar, y justificaron en los grandes foros diplomticos internacionales la grave agresin a Ruanda que haban iniciado el 1 de octubre de 1990. Finalmente, cuatro aos despus, con la inestimable ayuda de los grandes medios de comunicacin de los que disponen, consiguieron presentarlos ante el mundo como aquellos que detuvieron el genocidio, es decir el genocidio llevado a cabo a su vez por los exaltados extremistas hutus en la primavera de 1994.

Este incuestionable axioma sobre su noble papel de liberadores aparece an hoy, a pesar de ser absolutamente falso, como un estribillo inevitable e insoportable en la inmensa mayora de cuanto se publica referente a ste gran conflicto. Esta cantinela suena una y otra vez para restar gravedad y banalizar los crmenes del FPR/EPR posteriores a aquella primavera de sangre, e incluso para justificarlos y reclamar comprensin hacia ellos. Suena siempre para minimizar los crmenes posteriores al genocidio de la primavera de 1994, ya que sobre los anteriores y simultneos casi nunca suele haber referencia alguna: es como si esos crmenes no hubiesen sucedido, como si el mismo FPR/EPR no hubiese aparecido en la escena hasta la primavera de 1994, como si incluso slo hubiese sido creado precisamente para detener ese genocidio. Tanto es el poder de distorsionar la realidad que tienen los grandes medios de comunicacin que, en la prctica, pueden hasta cambiar a su antojo la cronologa.

Efectivamente el genocidio sufrido por cientos de miles de tutsis del interior de Ruanda finaliz cuando el FPR/EPR consigui la victoria y el control del pas. Pero est perfectamente documentado que la lite del FPR/EPR no tena el menor inters en detener el genocidio. A la cpula de esta organizacin criminal slo le importaba una cosa: alcanzar el poder lo ms rpidamente posible. Estn ms que documentados dos hechos: que todas sus estrategias se desentendan sistemtica y calculadamente de las masacres que realizaban en ese momento los extremistas hutus y que sus acciones militares estuvieron exclusivamente orientadas a la conquista del poder lo ms rpidamente posible y sin reparar en la criminalidad de los mtodos. As consta incluso a nivel judicial: en el Auto en el que, el 6 de febrero de 2008, el juez de la Audiencia Nacional espaola Fernando Andreu Merralles dictaba orden de arresto contra 40 mximos cargos del FPR/EPR e imputaba, a pesar de su inmunidad presidencial, a Paul Kagame, entonces presidente del FPR/EPR y ahora actual presidente tambin de Ruanda.

Todo esto adquiere especial gravedad cuando se toma conciencia de que el FPR y sus poderosos padrinos internacionales optaron como va para alcanzar el poder por un modus operandi que haca de la provocacin la clave principal. En especial, optaron finalmente por el magnicidio con plena conciencia de que con l desataban el genocidio. El juez antiterrorista francs Jean-Louis Bruguire, tras investigar durante aos el atentado del 6 de abril de 1994 en el que fue derribado el Falcon 50 presidencial y perdieron la vida los presidentes hutus de Ruanda y Burundi junto a sus diez acompaantes, emiti el 17 de noviembre de 2006 una orden de arresto contra nueve altos responsables del FPR. As mismo consider que, dada la clara responsabilidad en dicho atentado por parte de Paul Kagame, y dada su condicin de inmunidad presidencial que impeda y sigue impidiendo que sea juzgado por un Tribunal francs, deba ser entregado al TPIR (Tribunal Penal Internacional para Ruanda), por el que s podra ser objeto de persecucin. Por ello, mediante una demanda transmitida por va diplomtica, inform oficialmente al secretario general de la ONU de los elementos pertinentes de la investigacin as como de los cargos recogidos contra Paul Kagame, lo hizo a fin de que lo someta, en tanto que necesario, al seor fiscal del Tribunal Penal Internacional para Ruanda con la finalidad de impulsar acciones contra l por su presunta participacin en el atentado del 6 de abril de 1994, hecho que entran en la competencia de esta jurisdiccin.

En dicha orden, el juez llegaba a afirmar: [] para Paul Kagame, la eliminacin fsica del presidente Habyarimana se impuso a partir de octubre de 1993 como el nico medio de lograr sus fines polticos, es decir una victoria total, y esto al precio de las masacres de los tutsis llamados del interior []. El general Paul Kagame opt deliberadamente por un modus operandi que, en el contexto particularmente tenso reinante tanto en Ruanda como en Burundi entre las comunidades hutus y tutsis, slo poda conllevar como reaccin unas sangrientas represalias hacia la comunidad tutsi que le ofreceran el motivo legtimo para reiniciar las hostilidades y alcanzar el poder con el apoyo de la opinin internacional.

Por todo ello, la cpula del FPR/EPR no tena inters alguno en detener las grandes masacres sufridas por las gentes de su propia etnia que haban vivido en el interior de Ruanda durante las ltimas tres dcadas, gentes a la que esa lite tutsi extremista consideraba traidores por no haberse exiliado cuando la monarqua tutsi fue democrticamente rechazada en 1961. Ms an: esa cpula criminal hizo cuanto estuvo en su mano para impedir cualquier intervencin internacional que hubiese podido detener el genocidio. Saban bien que tal intervencin habra obstaculizado al mismo tiempo su marcha imparable a sangre y fuego hacia el poder. Y efectivamente lograron boicotear dicha intervencin. En realidad sus grandes padrinos internacionales, los poderosos lobbies anglosajones que actuaban por medio de los gobiernos de Estados Unidos y del Reino Unido, estaban tanto o ms interesados que ellos mismos en evitar cualquier movilizacin internacional y en convertir disimuladamente a Ruanda en el centro neurlgico y militar de su anhelada nueva zona africana de influencia, la riqusima frica Central, expulsando a Francia de ella.

Slo dos aos despus, en octubre de 1996, las gentes del FPR/EPR ya se sentan lo suficientemente fuertes, con las espaldas sobradamente cubiertas por esos importantes padrinos, como para iniciar su segunda cruzada, la que en realidad importaba a sus grandes protectores: la conquista de Zaire. El saldo, por ahora, es de casi nueve millones de vctimas mortales: ms de tres millones de ruandases fallecidos, ya sea en Ruanda o en el Congo, en su gran mayora hutus, y ms de cinco millones de congoleos. Sin contar una multitud igualmente impresionante de seres humanos profundamente heridos, fsica o psquicamente. El hecho de que una parte importante de estas vctimas no hayan sido asesinadas violentamente con las armas, sino que hayan muerto por causas directamente relacionadas con las agresiones militares sufridas por ambos pases, no resta importancia a tan impresionantes cifras.

Por aadidura, actualmente, empresas con sede en Londres especializadas en el blanqueo de imagen y un numeroso grupo de grandes medios de comunicacin presentan a Paul Kagame como el gobernante modlico que ha encaminado a su pas en la senda del progreso. Ocultan que tal progreso en la capital, Kigali, progreso que en casi nada beneficia a la gran masa hutu del interior, es el resultado del expolio del Congo. Prefieren adornan al rgimen del FPR con los ms variados logros: la presencia de un 53% de mujeres en el Parlamento, las mosquiteras en las ventanas par luchar contra la malaria, la prohibicin de bolsas de plstico, etc. Entre tanto los ms altos responsables polticos mundiales, liderados por Barack Obama, callan; diversos gobiernos siguen financiando incondicionalmente a este gran criminal; el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, lo presenta como sper hroe de la lucha contra el hambre y otras plagas que asolan nuestro mundo; la comunidad internacional tolera una farsa de elecciones en el que los candidatos de la oposicin y los profesionales de la prensa independiente han sido asesinados, encarcelados y/o agredidos, en las que se ha obligado a la poblacin a mostrar su voto a los miembros del FPR que presiden las mesas electorales; etc. La mentira y el cinismo se enseorean de nuestro mundo. Pero los pueblos de Ruanda y el Congo no deben dudarlo: antes o despus, la desnuda verdad brillar de luz vestida.

Artculo relacionado: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=105808

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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